23 de mayo de 2016

¿Y quién piensa en aquéllos que ponen el hombro?


¿Quién no ha necesitado en alguna ocasión consuelo, apoyo, ... alguna palmadita en la espalda?.  Es humano necesitar cariño, desahogar penas, ... hasta descargar agravios; también tiene que ver con ese egoismo que asoma del interior en cuanto nos descuidamos, con las fragilidades propias, las flaquezas personales ...

Y hay personas especialmente dotadas para ejercer el papel de paño de lágrimas, para poner un hombro sobre el que verter lágrimas. Y lo están porque son generosos, alegres, simpáticos, ... o una mezcla de todo ello; ... tal vez son más fuertes que nosotros, o disimulan más sus debilidades. Es de agradecer tener amigos, amigas a quienes acudir en los momentos complicados, cuando aparece el dolor, la tristeza, el desencanto.

Consolar, animar, dar aliento son formas maravillosas de cultivar la amistad, de ejercercitar esa acción tan de agradecer como es la de "estar ahí" ... a veces basta con escuchar, mirar, sonreir para darle respiro al otro. Pero, dicho queda, en la naturaleza humana se esconde un punto de egoísmo que no deberíamos fomentar ... no es bueno que mientras apoyamos nuestras cuitas en hombro ajeno, ni se nos ocurra pensar en las que puede tener su propietario .... con nosotros conviven personas muy sólidas, capaces de ver y oir rebosando paz y cariño a la vez que soportan contrariedades probablemente mayores que las de aquellos a quienes escuchan. Sin duda es algo que les honra, pero diría muy poco de nosotros si les buscáramos como desaguadero y ni nos plantearamos si también sufren y lo que podemos hacer nosotros por ellos.

2 comentarios:

Brunetti dijo...

Como le dijo un gato a otro, a todos nos gusta que, de vez en cuando, alguien nos pase la mano por encima del lomo.

Salud!

Buho Evanescente dijo...

hola! coincidimos con vos y tu reseña, todos necesitamos ser oidos alguna vez, al fin y al cabo, todos somos humanos.