6 de mayo de 2016

Silencio


A veces hay demasiado ruido, ... las voces, las máquinas, las discusiones, los tonos, los ritmos distorsionados, los sonidos que reverberan bajo unos auriculares, las conversaciones públicas y supérfluas, el timbre de los móviles  ... Nos hemos acostumbrado a vivir entre alboroto y hablamos sin escucharnos, miramos sin ver, conversamos sin atención, tendemos al monólogo.

Necesitamos el silencio, no el que aisla, el que nos convierte en exclusivos; el bueno es el silencio que contempla, que relaja, que sirve de descanso, de fuente de energías. El silencio de quien respira el aire puro de un bello paisaje de montaña, de quien contempla una puesta de sol, el mar azul o las estrellas de una noche limpia y luminosa. El silencio que repara, que  "desfragmenta" nuestra cabeza, tantas veces llena de ideas mezcladas y confusas, que serena el corazón cuando anda desolado, tenso, descompuesto.

El silencio nos ayuda a pensar, a comenzar de nuevo, ... incluso a hacer menos daño, porque hay veces en las que hablamos demasiado, y el silencio se convierte en el arma de los prudentes, de los templados, de quienes transmiten paz.

¡Bendito silencio!, que podemos convertir en oración que sube y baja, porque hay ocasiones en las que hasta sobran las palabras.



2 comentarios:

Nélida G.A. dijo...

Pues sí, totalmente de acuerdo contigo.
El silencio está infravalorado. El bueno,el que como bien dices se torna necesario y vital. Aislarse de tanto ruido externo y centrarse en la paz y el sosiego que da el silencio, es una manera de reencontrarse con uno mismo y el mundo entero.
Muchos no logran conseguirlo.
Dichoso y afortunado quien lo experimenta.
Un abrazo.

Brunetti dijo...

Como escribió un poeta cuyo nombre ya he olvidado, "No hables si lo que tienes que decir no es más hermoso que el silencio".

O algo así.

Buen fin de semana,