16 de mayo de 2016

A golpe de silbato

Soy de esos españoles que hicieron la mili ... casi todos hemos oido eso de que los hombres nos ponemos insoportables cuando comenzamos a hablar de nuestro servicio militar. La situación, no obstante, pierde fuerza en la medida en que va a hacer veinte años desde que en este país desapareció el servicio militar obligatorio ... y como se supone -esperemos- que no se va a reponer, tal impertinencia de los varones está llamada a su extinción ... otras quedarán.

Tuve un tío que llegó a coronel y definía el hecho de "cumplir con la patria" como "no hacer nada, pero desde muy temprano". Mi experiencia confirma que algo de eso hay ... pero sobre todo, lo que recuerdo con menos aprecio -hay otras vivencias que conservo en mi memoria con bastante mayor agrado- es la sensación de funcionar "a golpe de silbato": esa especie de obsesión por la uniformidad, la esclavitud por vivir usos y costumbres, la erección de la puntualidad, la fijeza como criterio irrenunciable de vida.

En la vida civil, social, profesional, ... también hay ocasiones en las que me siento como sometido al "siempre se ha hecho así", a institucionalizar lo esencial y lo que no es, a convertir la referida puntualidad de virtud en manía. No invito ni a la informalidad ni al desorden, pero cuando a los españoles se nos acusa de improvisación, siento la tentación de pensar que a lo mejor a germanos, británicos o nórdicos, con tanta fama de estrictos y formales, les vendría bien algo de flexibilidad.

A lo mejor no tiene que ver, pero me viene a la cabeza aquel pasaje del Evangelio: "Mirad las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No sois vosotros mucho mejores que ellas?" ... leerlo me viene bien, ultimamente, cuando necesito paz ... me ayuda a plantearme dar a las cosas un sentido más ligero ... al menos a algunas.