19 de noviembre de 2015

El zaguero Williams



El rugby es uno de esos deportes de los que lo ignoro casi todo. En los años 70 seguí con cierto interés lo que entonces se llamaba "Torneo 5 naciones" y que con el tiempo se ha ido ampliando a unas cuantas más; allí aprendí lo que era una melee, la "touche", el ensayo, la transformación y poco más. Me consta que el equipo lo forman 15 jugadores y que entre ellos hay una posición importantísima: el zaguero. Este es el último defensor, quien inicia el primer contraataque y suele precisar de brazos largos, piernas largas y una capacidad de dar la patada efectiva para alejar el peligro y meter presión al equipo contrario.

En esos años citados mi equipo favorito era el de Gales, que si no me equivoco solía ser además el más brillante de todos. La posición de zaguero era ocupada por John Peter Rhys Williams, un "mocetón" que se caracterizaba por sus grandes patillas, su melena al viento, unas largas piernas y la permanente costumbre de jugar con las medias bajadas del todo. De Williams recuerdo su liderazgo, su habilidad para lanzar con tino el balón y meterlo entre los palos, el hecho de haber llegado a realizar cinco ensayos con su selección, algo francamente excepcional en un zaguero y una gravísima lesión que le tuvo fuera de la actividad deportiva durante muchísimo tiempo.

Ahora, evocando mis recuerdos del rugby de su época y del propio personaje, descubro que en 1977 fue galardonado con la Orden del Imperio Británico por sus servicios al Rugby y que Williams era Doctor en medicina, hecho que trae a mi memoria la ya célebre comparación entre fútbol, deporte de caballeros jugado por villanos y rugby, deporte de villanos jugado por caballeros.

2 comentarios:

tomae dijo...

Son seís, los países de el torneo; junto a los cinco clásicos Inglaterra, Escocia, País de Gales, Irlanda y Francia en el 2000 se incorporó Italia.

Abrazo¡¡¡

Brunetti dijo...

En aquella remota época de la que hablas, yo también era seguidor de la selección de rugby del País de Gales. Creo que todos los de nuestra generación lo éramos, seguramente porque era la que más ganaba.

En aquellos partidos en blanco y negro del Torneo de las Cinco Naciones de los sábados por la tarde en la cadena UHF, lo que más me impactaba era el entusiasmo con que los aficionados de uno y otro equipo cantaban a capela sus respectivos himnos.

Algo tenía aquel juego de gente aparentemente ruda que, aunque no lo entendiera demasiado, hacía que me quedara "pegado" a la pantalla. De hecho, hoy día me sigue gustando.

Salud!