21 de enero de 2014

Descubriendo nuestro particular Oxford



Cuenta C.S. Lewis que cuando siendo un estudiante de final de bachillerato viajó por vez primera a Oxford con el fin de examinarse para la obtención de una beca que le permitiera estudiar allí la carrera, bajó del tren y tras salir de la puerta de la estación de ferrocarril al exterior con su maleta a cuestas, le llamó la atención la fealdad de la vía que asomaba tras ella, fue avanzado por las calles confiando encontrar a la vuelta de cada esquina la belleza de edificios y jardines que daba fama a la pequeña villa universitaria, pero tras atravesar unas cuantas calles solamente vio casas y tiendas cochambrosas y al avistar que ya asomaba el campo, señal de que la ciudad llegaba a su fin, su asombró se convirtió en profunda decepción al descubrir que Oxford no era más que un pueblo gris y feo. Solamente unos momentos después, al volver sobre sus pasos, observó a lo lejos las torres y campanarios de edificios e iglesias típicas de Oxford, todas ellas de una majestuosa belleza y se dio cuenta de su error, pues había salido de la estación por la puerta trasera, habiéndose topado con el barrio de Botley, un descuidado y cochambroso suburbio de Oxford.

Al leer esta curiosa anécdota del excelente ensayista británico ha venido a mi pensamiento las veces en las que los hombres caemos en idéntico error, y fruto de esa misma torpeza contemplamos nuestro propio pasado y los aconteceres diarios desde un prisma equivocado, y vamos por la vida decepcionados y cabizbajos por nuestra acentuada incapacidad para descubrir la auténtica verdad de esa vida y de esos sucesos, pues los valoramos con las "orejeras" de nuestra subjetividad, y esa facilidad que tenemos para salir por la puerta equivocada, por la gatera. Y lo mismo cabe decir de nuestra habilidad para valorar negativamente y a las primeras de cambio a las personas, me temo que muchas veces somos injustos con nuestros semejantes por haber incurrido en el error de tomarles en consideración desde una perspectiva completamente distorsionada. Lewis tuvo la suerte de descubrir la verdad y la humildad de admitir su yerro, la de cosas buenas que podemos estar perdiéndonos.
 
 
 

7 comentarios:

Tommy dijo...

Al hablar de C. S. Lewis es inevitable acordarse de Anthony Hopkins, que lo interpretó brillantemente en "Tierras de penumbra" de Richard Attenborough. O de "Las crónicas de Narnia", una de sus obras más divulgadas gracias a una serie de pelis para jóvenes.

susana dijo...

Es cierto que la perspectiva de lo que miras lo cambia todo. Un beso.

Anónimo dijo...

Cartas del diablo a su sobrino; de lo mejor que he leido en mi vida

Tintin dijo...

Gran idea transmites Modestino.

El sabio nunca se pone en lo peor ni busca en los demás la culpa de las cosas

Modestino dijo...

Me gusto la peli, aunque el personaje de Lewis no termina de caer simpatico. Las cronicas de Narnia no me atraen excesivamente, no me suele gustar la cosa fantastica.

Modestino dijo...

Pues de lo que se trata es de qué cambies la perspectiva Susana.

Modestino dijo...

Puede que sea un libro ya mítico, de los que consolidan autor.