31 de mayo de 2013

Me debo estar haciendo mayor

 
Debe de ser así; cuando estoy en un acto público, en una conferencia o en una reunión y a alguien le suena el móvil me pongo nervioso y no puedo evitar, al menos, un pensamiento de reproche ante lo que considero un descuido lamentable, incluso una falta de respeto ... incluso en ocasiones ¡la gente contesta!, ... y ya no digo cuando el aparato suena en Misa o aquellas ocasiones en que estás atendiendo una visita y oyes de nuevo el sonido "tipo" de "Nokia", el himno del Madrid, el de España o "Rumores de la caleta" ... ¡también en uno y otro caso hay quien contesta!, ... y es que hace años en Misa las "viejitas" rezaban piadosamente, mientras que ahora les suena el móvil ... Es posible que menda se encuentre anclado en criterios trasnochados, que me falte comprensión y adaptación a los avances tecnológicos, que haya convertido en dogma de fe criterios de urbanidad que ya han prescrito.

Sí, me debo de estar haciendo mayor, por eso se me revuelven las tripas en algunas primeras comuniones, y no sólo porque algunos y algunas aprovechan para ajustarse unos modeletes que me parecen -posiblemente porque soy un anticuado- una ofensa a la estética y el buen gusto, también porque observo que al personal le importa una higa lo que está ocurriendo en el altar, que la ceremonia es para ellos una especie de fiesta próxima al cachondeo, no alejada de una feria organizada por la Casa de Andalucía o de una rifa. Y los invitados hablan, cuchichean, opinan y dejan a sus churumbeles que emulen a Usain Bolth por los laterales del templo, se desmelenen y masquen chiclé, ... y si pasa por mi mente un pensamiento crítico aparece el complejo que me lleva a terminar pensando que me falta flexibilidad y mi educación es más bien carpetovetónica ... vamos, que voy entrando en años a toda velocidad. Hasta es posible que, además, de mayor me haya radicalizado algo, pues he llegado a tener la impresión de que lo que en mi niñez era una acto entrañable y familiar se aproxima ahora más a una despedida de soltero.

Sí, me estoy haciendo mayor, la gente me mira la corbata y en algunas ocasiones intuyo que por ello me califican de rico y estirado sin conocerme -ni a mi ni a mi recortada nómina-, a lo mejor es más adecuado a las circunstancias el chandall o una camiseta con lema reivindicativo ... Si cedo el asiento a una señora en el autobús sospecho que son más los que me consideran pedante, pasado de moda o machista, y ya no digamos esa necesidad que uno no sabe si real o injustificada de esforzarse por vivir la naturalidad cuando comprala el ABC o tiene la ocurrencia de entrar en una iglesia fuera de horas de culto ... que sí, que me hago mayor y ésto no hay quien lo pare.

30 de mayo de 2013

Espaldarazo al fútbol

 
La noche del pasado sábado vimos un partido de fútbol; ¡vaya novedad!, dirán algunos, pero es que dio gusto contemplar a 22 jugadores entregados en busca de la victoria, corriendo de principio a fin, llegando al límite, jugando bien, sabiendo todos y cada uno lo que tenían que hacer. Nada que ver con el fútbol especulativo al que nos tienen acostumbrados por estos andurriales, sin figuritas de porcelana quejándose a todas horas, sin personajes fingiendo lesiones, sin chulerías gratuitas, sin obsesos de la mejora de contratos ni "pijaitos" más pendientes de qué nuevo deportivo comprar o de cual es la marca de colonia más actual... una fiesta del fútbol que nos hizo disfrutar y confirmar que la nuestra no es, ni de lejos, la mejor liga del mundo. Al final se llevó el gato al agua el Bayern de Múnich, pero perfectamente el resultado hubiera podido ser el inverso ... dio lo mismo, el vencedor fue el fútbol de verdad.

Disfruté viendo jugar a dos porteros de primera fila, dos gatos que pararon balones increibles; dar lo máximo a jugadores que hace tiempo que lo son todo en el fútbol, como Lahn, Schweinsteiger, Ribery, Hummels, ... y sobre todo a Robben, un jugador excepcional, de esos que el Madrid convierte en futbolistas de "usar y tirar" porque da la impresión de buscar más la portada, el capricho y la venta de camisetas, un hombre que lleva años luchando sin suerte y que, tras desperdiciar varias ocasiones "de libro", terminó dando la victoria a su equipo con un gol magistral, de los de sangre fría, habilidad y clase. Y también disfruté con esos jugadores como Lewandoski, Reus, Alaba o Gundogan que están llamados a ser las estrellas de la década.

Los "futboleros" somos así, sufrimos por nuestro equipo, nos amargamos con derrotas, descensos y crisis institucionales, y olvidamos que viendo las cosas con otra perspectiva siempre nos quedan ocasiones para disfrutar con el fútbol sin más, sin adjetivos que lo ensucian y descafeinan.

29 de mayo de 2013

¡Maldito freno de mano!


Vete a saber por qué extraña razón ayer por la tarde me dio por preguntarme dónde están los límites entre el deseo de ser mejor y la aceptación de la propia manera de ser; la pregunta me pareció a priori complicada, ya que a primera vista cabe encontrar cierta incompatibilidad entre las ganas de mejorar y una postura que muchos llamarían conformista aunque, si uno se pone a pensar con más calma, puede llegar a la conclusión de que la clave está en no confundir las cosas: posiblemente se trata de mantener diariamente el esfuerzo por limar defectos, mejorar poco a poco, a la vez que uno asume que en el camino de esta vida le toca desempeñar un papel que no tiene que ser necesariamente idéntico al del vecino, vamos que que para hacer lo que debes, cumplir lo que estas obligado a cumplir, se cuenta con tus propias características, o dicho con otras palabras, que es bueno aceptarse como se es y asumir que debes de arar con el carácter, los talentos y las limitaciones que Dios te ha dado. En ocasiones uno escucha a personas que, generalmente llenas de buena intención, no se sabe si buscan convertirte en un clon de una perfección que no se sabe si existe -o sí se sabe- o, peor aún, si lo que intentan es convertir en criterio ineludible de funcionamiento lo que no son más que ideas propias o convicciones personales. Lo malo es que los que tendemos a la inseguridad corremos el peligro de achicarnos ante la firmeza de esos aspirantes a liderar al resto del mundo y podemos terminar circulando con el freno de mano puesto, vacilantes entre lo poco que nos convencen los argumentos del otro y el miedo a incurrir en errores que frecuentemente sólo lo son en las previsiones de quien los anatematiza.

Para recuperar la confianza me han venido bien las recientes palabras del Papa Francisco, quien en la misa celebrada el pasado 23 de mayo en la Casa Santa Marta, ha señalado que "la originalidad cristiana "no es una uniformidad" y ha advertido contra el riesgo de convertirse en insípidos, como "cristianos de museo". El Papa Bergoglio le dio vueltas a la célebre frase de Jesucristo cuando decía que los cristianos han de ser la sal de la tierra y concluía diciendo que "cuando predicamos la fe, con esta sal", los que "reciben el anuncio, lo reciben a su manera, como para las comidas". Y así, "cada uno, con sus propias peculiaridades, recibe la sal y esta se vuelve mejor". El Papa concretaba que "¡La originalidad cristiana no es una uniformidad! Toma a cada uno como es, con su propia personalidad, con sus propias características, con su cultura y lo mantiene así, porque es una riqueza. Pero le da algo más: ¡le da el sabor! Esta originalidad cristiana es hermosa. Pero cuando queremos crear una uniformidad --en que todos son salados de la misma manera--, las cosas serán como cuando una mujer arroja sal en exceso y se siente solo el sabor de la sal y no el sabor de esa sabrosa comida salada. La originalidad cristiana es esto: cada uno es como es, con los dones que el Señor le ha dado".. Ya se que la cita es larga, pero yo le agradezco a este pontífice argentino, simpático, cercano, bondadoso y poco dado a los circunloquios que nos ofrezca luces y nos plantee la vida, adornada con la exigencia de un compromiso cristiano, desde la perspectiva de la libertad, la aceptación de uno mismo y la visión de un Dios que no se enfrenta con el hombre sino que lo apoya.

En el fondo uno piensa que Jesucristo, que era Dios y por lo tanto conocedor de las complicadas interioridades humanas, decidió simplificar los mandamientos recibidos en su día por Moisés cuando tuvo que aguantar las "peculiariedades" de los judíos en el desierto camino de la tierra prometida, resumiendo todos en uno: "Amaros los unos a los otros como yo os he amado", y ahí debe estar el límite, en querer, en comprender, en hacer el bien, ... luego cada cual podrá ser más echado para adelante o menos, más inquieto por unos temas o por otros, andar lleno de proyectos o tendente a la nostalgia, del Madrid, de la Juve o del Bayern, ... ¿qué más da? ... levantemos de una vez el freno de mano.

28 de mayo de 2013

Adios al teniente de SWAT

El sábado 18 de mayo falleció en Thousand Oaks (California) el actor norteamericano Steve Forrest; tenía 87 años y su nombre no llamaría en exceso la atención si no fuera por su papel protagonista en "Los hombres de Harrelson", una de esas series de televisión de gran aceptación popular y que terminan siendo míticas. Harrelson y sus hombres se convirtieron en alguien más de la casa como años antes lo habían hecho personajes como "El Santo", "Ironside", "Kojac" o "Marcus Welby", que no son más que los cuatro primeros ejemplos que me vienen a la cabeza. "Los hombres de Harrelson" -"S.W.A.T.", en su título original- constó de 37 capítulos que se filmaron entre 1975 y 1976, y en nuestro país fue una de esas series que "pilló" a los televidentes desde el principio; sin ninguna duda, los niños de la época jugaron con sus hermanos, primos y amigos a imitar a estos héroes de ficción que siempre luchaban por restablecer el camino del bien y salvar a los "buenos" de los "malos". Y es que en esos tiempos todavía teníamos claro quienes eran los buenos, tal vez porque éramos unos ingenuos, aunque prefiero esta mentalidad que la perversión de etiquetar a todo defensor de la ley como una especie de "monstruito" amante de la violencia y la corrupción, algo que aprovecho la circunstancia para decir que me parece muy injusto. "S.W.A.T." significa "Special Weapons and Tactics", y se trata de un equipo o unidad de élite incorporado en varias fuerzas de seguridad; sus miembros están entrenados para llevar a cabo operaciones de alto riesgo que quedan fuera de las capacidades de los oficiales regulares, como es el caso del rescate de rehenes, la lucha contra el terrorismo y determinadas operaciones contra delincuentes fuertemente armados. Recuerdo que cada episodio era seguido con una atención máxima, que a pesar e que uno ya sabía que al final todo saldría bien, no se dejaba de sufrir por un desenlace que aunque no dudabas iba a ser féliz lo interiorizabas incierto.

Forrest representaba al Teniente Dan 'Hondo' Harrelson, el jefe de la unidad, un individuo que, además de su aspecto de galán, ofrecía una sensación de persona segura de sí misma y con capacidad de liderazgo; su segundo de a bordo era el Oficial Jim Street, interpretado por Robert Urich, un actor de cierto calado, protagonista de distintas series televisivas y que falleció prematuramente a consecuencia de un cáncer. Otro personaje era el Sargento Deacon, interpretado por Rod Perry; Deacon era el típico policía valiente al que le tocaban las intervenciones más directas, era de color, pues en toda serie de la época tenía que haber siempre un negrito simpático y leal. Mark Shera representaba al Oficial Luca, típico agente de origen italiano, bastante "guaperas" y cuya especialidad eran las cuestiones tecnológicas, mientras que el quinto componente del grupo era el Oficial T.J. McCabe, encarnado por James Coleman y que hizo célebre la frase de Harrelson: "T:J: al tejado", lugar donde siempre acababa el rubio policía.

El currículum de Steve Forrest va más allá de "S.W.A.T.", y así en las décadas de los 50 y los 60 aparecie en algunas películas acompañando a actores de nivel: "Hombres de infantería" (1953), de Richard Brooks, junto a Richard Widmark y Karl Malden, "Campo de batalla" (1953), de Richard Brooks, junto a Humphrey Bogart"Trigo y esmeralda" (1953), de Robert Wise, junto a Jane Wyman y Sterling Hayden, "El fantasma de la calle Morgue" (1954), de Roy del Ruth, junto a Karl Malden, "Prisionero de su traición" (1954), de Roy Rowland, junto a Robert Taylor y Janet Leigh, "Bedevilled" (1955), de Mitchell Leisen, compartiendo cartel con Anne Baxter, "El ídolo viviente" (1957), de Rene Cardona, "La indómita y el millonario" (1959), de Richard Quine, con Jack lemon y Doris Day, "El pistolero de Cheyenne" (1959), de Georges Cukor, con Sofía Loren y Anthony Quinn, "Estrella de fuego" (1960), de Don siegel, junto a Elvis Presley, "Cinco mujeres marcadas" (1960), de Martin Ritt, junto a Jeanne Moreau, Vera Miles y Silvana Mangano, "Sola ante el peligro" (1961), de Vincent Sherman, junto a Debbie Reynolds, "El canario amarillo" (1963), de Buzz Kulik y "Los viajeros del tiempo" (1964), de Ib Melchior, junto a Preston Foster. a partir de allí su presencia es habitual en la tele, siendo invitado especial en series de éxito como "Bonanza", "Alfred Hitchcock Presenta", "El Virginiano", "El Fugitivo", y "El gran Chaparral". Tras "S.W.A.T." también tuvo éxito con "The Hatfields and the McCoys", con Jack Palance de co-protagonista y "Capitán América" (TV). Posteriormente intervino en films como "North Dallas Forty" (1979), de Ted Kotcheff y protagonizada por Nick Nolte, "Queridísima mamá" (1981), de Frank Perry, junto a Faye Dunaway, "Espías como nosotros" (1985), de John Landis y "El corredor de la muerte" (1996), de Tim Metcalfe.

De cualquier manera, sin duda Steve Forrest siempre quedará como el Teniente Harrelson de "S.W.A.T.". Descanse en paz.

27 de mayo de 2013

Barbarie islamista en Londres

 
El asesinato el pasado miércoles en Woolwich, localidad ubicada en el sur de Londres, de un soldado a manos de un fanático islamista fue algo sin duda estremecedor; la forma en que se realizó el crimen y el vídeo que autor y cómplices tuvieron la frialdad y el cinismo de grabar sobre la marcha dan al suceso un toque verdaderamente dramático. Eso sí, tal vez corramos el peligro de no dar a los hechos la importancia que tienen; una visión ligera de lo ocurrido podría llevar a pensar que estamos ante un hecho aislado, ante una barbaridad cometida por un par de locos cegados por la sinrazón, como si el único terrorismo susceptible de ser calificado como tal fuera el que se despliega con grandes medios, a través de coches bomba, tiroteos indiscriminados o aviones suicidas. El Gobierno inglés se ha tomado muy en serio lo ocurrido y me parece que hace muy bien; afortunadamente no estamos hablando de unos cuantos muertos y decenas o incluso centenares de heridos, pero la agresión cometida reviste unos caracteres que mueven a la preocupación: los autores declararon que "iniciaban una guerra en Londrés" y "nunca iba a dejar de combatirnos", mientras se habla de ataques a mezquitas y tensión en las comunidades musulmanas.

En la prensa leí el viernes que en Londres ha aumentado en un 67% la población musulmana, a la par que ha descendido en un 13% la cristiana; en estos momentos ya no cabe hablar tanto del peligro de los grandes grupos terroristas, sino de la preocupante posibilidad de un auténtico estallido social. Las autoridades británicas, con David Cameron a la cabeza, tienen ante sí el reto de poner los medios para evitar que ésto vaya a más: sería muy grave -y muy triste- que se produjera el doble fenómeno de generalizarse agresiones como la ocurrida en Woolwich, de que se convirtiera en frecuente lo que hasta ahora es un hecho aislado, a la vez que hubiera quien cayera en el error de tomarse la justicia por su mano. Tengo muy claro que el mundo islámico hay un buen número de gente de bien, de ciudadanos cuyos ideales, preocupaciones e inquietudes son tan saludables y dignos de respeto como los nuestros, pero otra parte , no pequeña, se ha convertido en un problema y gordo.

Un drama como el comentado vuelve a ponerme en la cabeza una idea que martillea mis pensamientos cada vez más veces y con más intensidad, el hecho de que vivimos en una Europa decadente, sin principios ni fundamentos morales sólidos, a lo que ahora cabe añadir una economía hundida en el barro: un conjunto de circunstancias que nos hace frágiles, incapaces de reaccionar con firmeza y nos convierte en blanco de sucesos trágicos que huele a que serán cada vez más dolorosos y cada vez más numerosos.
 
 

25 de mayo de 2013

¿Qué pasa en Estocolmo?

 
Nuevos disturbios en Estocolmo por cuarta noche consecutiva

La ola de revueltas comenzó cuando un inmigrante con problemas psíquicos murió por disparos de la policía

"La periferia de Estocolmo fue escenario la pasada noche de nuevos disturbios, por cuarta noche consecutiva, informaron medios locales suecos. De acuerdo con esas fuentes, los alborotos se concentraron en varios suburbios al sur de la capital, mientras que también hubo algunos incidentes aislados en barrios apartados del propio Estocolmo.
 
Al menos un policía resultó herido, al lanzar grupos de jóvenes piedras contra el contingente antidisturbios, cuanto éstos trataban de impedir que se incendiaran contenedores de basura.

En la ciudad sueca de Malmö se produjeron asimismo algunos incidentes y hasta tres automóviles fueron incendiados en un barrio periférico.
Se trata de la cuarta noche consecutiva con incidentes de estas características, lo que supone la mayor oleada "

Siempre había oido decir que la sueca era una sociedad ejemplar; nadie parecía dudar que allí imperaba el "Estado del bienestar" y la sociedad era justa, avanzada e igualitaria. Quienes nos aficionamos, en mi caso hace más de doce años, a los libros de Mankell descubrimos que no era oro todo lo que relucía, y en la trastienda de ese lugar que nos mostraban socialmente paradisíaco se escondían viejos demonios, algo que, bien pensado, no debería extrañarnos si caemos en la cuenta de que mucho de lo edificado se hizo desde el materialismo más frío y demoledor. Cuando no hay principios, valores que suponen el cimiento y el armazón social, o cuando éstos son difusos e inconcretos, el mero progreso material es fácil que tenga un límite y que terminen aflorando las limitaciones de una estructura social en la que se ha prescindido, por ejemplo, de Dios.

Los disturbios se están desarrollando en la periferia de Estocolmo, en suburbios del sur de la capital de Suecia y por mucho que la chispa quen hizo arder todo fue la muerte violenta de un hombre por parte de la Policía, muchos analistas llaman la atención de que estos sucesos ocurran en unos barrios que tienen en común la alta concentración de población de origen inmigrante y los problemas económicos que se han agudizado con la crisis de los últimos años. Esta situación trae al debate dos problemas que se superponen: el peligro de los conflictos relacionados con los inmigrantes, algo que conlleva tanto el riesgo del racismo y la xenofobia como el de la creación de ghettos que fomenten la agresividad de sus miembros y el que haya cada vez más personas, de fuera y de dentro, que sobrepasen los umbrales de la pobreza y se sumen a la tentación de convertir su descontento en violencia.

Lo ocurrido en la capital sueca quedará probablemente en el recuerdo de unos días conflictivos con consecuencias dañinas, pero mal haríamos en no darnos por enterados, en no escarmentar en cabeza ajena y en considerar que todo anda medianamente bien y estos incidentes son tormentas de verano. A mí me preocupan, y mucho, tres cosas: la realidad de una sociedad que no es justa, la intuición de que tras estas protestas que pueden tener su buena parte de justificación hay quienes mueven los hilos y buscan reacciones que no sospecho vayan a ser para bien y esa ceguera que dan la impresión de tener los gobernantes de nuestro continente, quienes parecen vivir en una burbuja que mira, a través de un espejo que desfigura, una Europa idílica cuando en realidad cabría calificarla como decadente y frágil.

23 de mayo de 2013

Falleció Moustaki



Georges Moustaki falleció esta mañana en Niza a la edad de 79 años a consecuencia de la enfermedad pulmonar que hace cuatro le obligó a retirarse del mundo de la canción. Moustaki había nacido en Alejandría y su verdadero nombre era el de Giuseppe Mustacchi; el cantante asumió el nombre de Georges en honor de George Brassens, un hombre al que siempre consideró su maestro. Si tenemos en cuenta que Moustaki trabajó mucho tiempo con Edith Piaff podremos llegar a la conclusión de que el cantante fallecido se inspiró en lo mejor de la música francesa de la segunda mitad del siglo pasado. Recuerdo que la primera vez que tuve conocimiento de este artista fue en una gala internacional retransmitida en directo por TVE allá por finales de los años 60; yo estaba acostumbrado a los programas nacionales en los que aparecían Raphael, Karina, Los Brincos, ... y quienes actuaban allí no me sonaban de nada; como grandes atracciones finales aparecieron un señor muy feo de pelo y barbas enormes y una cantante de color bastante gruesa y con una voz espectacular; no recuerdo quien era ésta, pero a partir de entonces el nombre de Georges Moustaki no se borró de mi mente y con los años se convirtió en una de las voces que más me han gustado, en un personaje cuyas canciones me pongo a escuchar cuando necesito relajarme. Dicen que el inglés es la lengua de la música moderna, algo que no dudo, pero tengo bien claro que el francés es la de las canciones románticas y hermosas, algo en lo que Moustaki era verdaderamente un primer espada.

Moustaki siempre hizo honor a su aspecto bohemio y libertario; en 1951, con 17 años, se instaló en París posiblemente la ciudad más adecuada para alguien como él al que le gustaba la vida ausente de reglas y protocolos y que tenía verdadera devoción por la canción francesa. Al principio Moustaki fue más compositor que intérprete; tras beber de la fuente inagotable de Brassens, tuvo un idilio con Edith Piaff, para quien compuso bastantes temas, entre los que destaca su éxito "Milord", sin olvidar "Eden blues", "Les orgues de barbarie" o "Le gitan et la fille". La relación con la Piaff no fue exclusivamente musical, sino que ambos fueron amantes, con toda la complejidad que supone si pensamos en la especial personalidad de la cantante. Posteriormente compuso para Yves Montand, Barbara, y, especialmente, para Serge Reggiani; de esta época son algunos de sus grandes éxitos: "Sarah", "Ma Solitude", "Il est trop tard", "Ma Liberté" y "La Dame brune" que interpretó a dúo con Barbara. Hasta 1968 Moustaki vivió fundamentalmente de los derechos de autor.

En 1969 comienza una nueva época en la vida profesional de Georges Moustaki, pues fue el año en el que se lanzó definitivamente a la interpretación con una canción que es todo un himno: "Le meteque", un tema precioso, una canción inmortal que nadie puede cansarse de escuchar; se rata de un tema que nace impulsado por la filosofía surgida del mayo francés. Se trata de una canción de amor y tiene algo de autorretrato “sentimental”. recojo una explicación extraída de otro blog -"Corazón de canción"-: "La música está inspirada en los ritmos tradicionales griegos, empezando con un buzuki al que se le unen guitarras y un aro pandereta como percusión, manteniendo todos un tono sosegado que permite que la voz del cantante se despliegue con su fraseado claro. La letra es una historia en dos partes, la primera nos describe lo que ha sido su pasado, del que ni reniega ni tampoco alardea, con sus buenos momentos de placer y los malos de sufrimiento, y que demuestra que conoce lo que es la vida. Y en la segunda se lanza a declararle su amor a la que está escuchando, a la que le promete una pasión sin final en la que el interpretará el papel que ella desee.". Moustaki tiene otras composiciones preciosas: "Il y avait un jardín", "Méditerranéen", "Joseph", "Marche De Sacco Et Vanzetti", "Grand-père", "Natalia", "L'Homme Au Coeur Blesse", ... odo un elenco para disfrutar durante mucho rato.

Moustaki llegó a componer 19 álbumes. Siempre mantuvo un ideario de izquierdas y en las últimas elecciones presidenciales francesas, no dudó en apoyar la candidatura de Philippe Poutou, el líder del partido de extrema izquierda "Nuevo Partido Anticapitalista", aunque más que ideología, Moustaki afirmaba que lo que tenía eran "pulsiones y utopías", y -era un hombre inteligente- un bagaje cosmopolita que le hacía sentir alergia por cualquier forma de nacionalismo. Su patria en casi los últimos cuarenta años abarcaba unos contornos menudos, los de la Isla de Saint Louis, enclavada en mitad del Sena a su paso por París. Ahora Georges Moustaki ha pasado a la historia. descanse en paz.






22 de mayo de 2013

El blog cumple cinco años algo seco de ideas

 
El pasado 15 de mayo, día de San Isidro, este "Cajón de Sastre" cumplió cinco años; se trata una edad que a las personas les mantiene la condición de niños, pero que en el mundo de la blogosfera significa sin duda una cierta madurez. Son cinco años desde que me diera por devolverle la vida al jurisconsulto Modestino, uno de los cinco grandes del Derecho Romano, por mucho que fuera el menos conocido, aquél que menos sentencias y aforismos dejó en herencia a los juristas modernos. Empecé esta bitácora casi a modo de prueba, como un ensayo, y a la hora de la verdad acabó convirtiéndose en una necesidad: muchas veces he dicho que el blog era para mí, fundamentalmente, una terapia, una forma de oxigenar mi espíritu, de descansar, de decir cosas que a lo mejor solamente me atrevo a hacer poniéndolas en boca de un "ente" inventado. Un breve repaso a las más de 1600 entradas que desde entonces han aparecido en este rincón acredita que ha habido evolución; no estaría de más que algún sociólogo, psicólogo o similar se diera una vuelta por aquí e hiciera un diagnóstico certero de la evolución del autor, alguien que ha cumplido el medio siglo en el camino, una circunstancia que el muy neurótico teme que le pese cada vez más.

Por aquí ha pasado gente variopinta, alguno permanece, otros se dejan querer y algún otro desapareció con la misma discreción con la que llegó. Me gustaría agradecer su colaboración, paciencia y cariño a todos y cada uno de los que han hecho comentarios, a quienes se han convertido en parte del contenido del blog, y, por supuesto, también a los lectores anónimos, aquéllos que con mayor o menor frecuencia se pasan por aquí a ver lo que dice este "personaje" de la blogosfera. Espero no haber molestado a nadie, y en cualquier caso pido disculpas si alguna vez he sido vehemente, críptico o inoportuno. En los últimos tiempos hay menos visitas, imagino que la razón es que todo termina cansando, a lo que cabe añadir que Modestino anda últimamente menos ocurrente, más lento de ideas, ... sin olvidar que andamos en tiempos revueltos y tal vez sean los años los que me hacen más prudente y me tapan la boca para según qué consideraciones.

Gracias a todos; seguiremos por aquí, aunque cada día pulula más por mi cabeza la idea de prodigarme menos, de tomarme respiros, de dar menos la tabarra.
 

21 de mayo de 2013

La solidaridad discreta


"Porque no faltarán menesterosos en medio de la tierra; (Mt. 26.11; Mr. 14.7; Jn. 12.8) por eso yo te mando, diciendo: Abrirás tu mano a tu hermano, al pobre y al menesteroso en tu tierra." (Deuteronomio, 15.11).

Son tiempos difíciles y hay mucha gente que lo pasa mal; no obstante siempre hemos tenido cerca a gente necesitada, lo dijo Jesucristo y consta en los cuatro Evangelios (Mt. 26.11; Mr. 14.7; Lc. 22.1; Jn. 12.8). Es posible que la prosperidad económica nos cegara e incluso que alguno pensara que el que no tiene dinero es porque no quiere, así de necios somos a veces los hombres. De cualquier manera, ante la necesidad ajena, y con la obligación de cada cual de buscar una sociedad más justa y una distribución más equitativa de los bienes, surge ese fondo bueno que siempre hay en las gentes y brotan iniciativas solidarias, se consolidan las que siempre ha habido y quien más quien menos se plantea cómo puede echar una mano. También, todo hay que decirlo, es el tiempo de algún que otro "figurón" que busca la foto en el diario, de quien se pone sus medallas en las redes sociales oreando ante la mirada del resto de la gente sus buenos sentimientos e incluso de algún predicador contemporáneo que echa broncas en la cola del super a quien no echa una mano al pedigüeño.

Siempre he conocido personas ejemplares en esta cuestión; gente que ha dedicado buena parte su tiempo -de algunos podría decir que su vida entera- a echar una mano a quien lo necesita, a volcarse con los pobres, los inmigrantes, los presos, los enfermos solitarios, ... con todos los que forman esa parte maltratada de la sociedad, ese sector que no ha tenido suerte, que ha quedado arrinconado en el agujero de la miseria y la marginación. Se trata de personas a las que he admirado, y buena parte de esa admiración tiene su causa en dos razones: la convicción y el cariño con el que realizaban su labor y el hecho de hacerlo calladamente, sin relumbrón, sin pregonarlo con trompetas y tambores, sin lucir estandartes que anuncian su filantropía, sin echar en cara a nadie sobre lo que hacen o dejan de hacer.

Yo pienso que la clave son las convicciones, basta con tener bien claro que el otro es igual que tú, que cambian las circunstancias, pero la dignidad personal es la misma. Recuerdo a una persona que conocí en Tarragona -comienzo a repetirme mucho y ya la he citado en otras ocasiones-, ella veía a Jesucristo en los pobres, en los presos ... y le daba igual cualquier otra circunstancia, para mí es un buen ejemplo, cuando empiezas a hacer distinciones se acabó lo que se daba. Puede haber muchos otros motivos ideológicos que muevan a la solidaridad, algunos, sinceramente, me dan cierto miedo, porque me suenan a odio, a revancha, pero cada cual se mueve por convicciones respetables. Eso sí, insisto en que no es siempre más solidario quien más se exhibe.

18 de mayo de 2013

La década romántica de Meg Ryan


Como ya he confesado otras veces, no soy un cinéfilo de paladar fino; me gusta el cine como entretenimiento y aunque creo que se valorar cuando un actor es muy bueno, con frecuencia me encapricho con nombres que no pasan de un nivel medio y que imagino que para los grandes expertos en la materia, y por aquí circula alguno, son artistas absolutamente prescindibles. Es el caso de Meg Ryan, una actriz nacida hace 52 años en el estado de Connecticut, que en la década de los 90 me encandiló en una serie de películas y que no parece vaya a pasar a la historia del cine, pues ni ha intervenido en ningún film de esos que revienta taquillas y acapara trofeos ni ella en persona ha ganado nada relevante, salvo tres ocasionales candidaturas a los "Globos de oro". Hoy en día Meg Ryan parece condenada a la consideración de actriz cuyo tiempo ya pasó y cuyas posibilidades de progresión han quedado cortadas, aunque nunca se sabe y todavía es joven para encontrar director y película que le den otra oportunidad. Ahora da la impresión de que es más famosa por sus apoyos, poco exitosos por cierto, a algunos candidatos a la presidencia del Partido Demócrata -Wesley Clark y John Kerry-, por haber adoptado a una niña china, andar comprometida con el medio ambiente y haber estado poco acertada en sus cambios de look. Eso sí, Meg Ryan fue durante un tiempo la reina de las comedias "pastelonas", un personaje con un aire y unos modos que rebosaban simpatía y ternura.

La película en la que terminé rendido al encanto de Meg Ryan fue "Tienes un e-mail" (1998), un film dirigido por Nora Ephron en la que la actriz junto a Tom Hanks dan vida a una historia de amor dulce y entrañable, de esas que a uno no le importaría protagonizar; el amor a través de la red, las citas a ciegas, la clásica lucha entre la pequeña librería y la gran superficie, ... y dos actores que te producen envidia; es posible que el film me pillara en un momento "peculiar" de mi vida, pero recuerdo que me afectó. Tras papeles de menos trascendencia en películas taquilleras como "Top Gunn" (1986) y "El chip prodigioso" (1987) su primer gran papel romántico se produce con "Cuando Harry encontró a Sally" (1988), un film en el que despliega ya sus encantos junto a Billy Cristal con unos diálogos entrañables y una declaración final de amor deliciosa, mientras en "Joe contra el volcán" (1990) explota por vez primera su capacidad taquillera junto a Tom Hanks, una pareja que volverá a funcionar en otra comedia inolvidable, "Algo para recordar" (1993), una especie de antesala del "e-mail" que también dirigió Nora Ephron y donde Ryan vuelve a aparecer vitalista, romántica, ... tal vez intrascendente, pero inolvidablemente encantadora. Hay dos muestras, quizá más frívolas, de la facilidad de la Ryan para la comedia "dulzona", "French Kiss" (1995), una especie de comedia de enredo junto a Kevin Kline y Jean Reno ambientada en París en la que Meg es una joven e inocente americana con pánico a volar y en la que se recurre al tópico argumento del novio listo y soso frente al caradura, que por supuesto se lleva el gato al agua y "Adictos al amor" (1997), un trabajo junto a Matthew Broderick con tonos picarescos y divertidos.

Pero en esa misma década de los 90, Meg Ryan también triunfó en papeles más dramáticos, y fundamentalmente destacaría dos películas: "Cuando un hombre ama a una mujer" (1994), en el que encarna a una mujer a la que la soledad a la que le conduce el stressante trabajo como piloto de su marido -Andy García- la lleva al alcoholismo, un drama duro, pero a la vez enfocado positivamente y "Ciudad de ángeles" (1998), una especie de fábula romántica en la que tiene como acompañante a Nicholas Cage y que relata una historia tierna, emotiva y trágica y que me trae unos recuerdos muy especiales de uno de esos momentos mágicos de mi vida en el que uno anda sensible a la "alegoría". Esos años también intervino en películas de corte muy distinto, como "Restauración" (1995), un film de época y "En honor a la verdad" (1996), donde interpreta a una héroe de la guerra de Irak. También hubo otras de mucha menor relevancia como "El genio del amor" (1994) y "Hurlyburly" (1998). En la filmografía de Meg Ryan siguen apareciendo unas cuantas películas a lo largo del nuevo siglo, pero o no han tenido excesiva trascendencia o yo he andado en exceso despistado al respecto. En cualquier caso, y sin descartar que la actriz vuelva por sus fueros, siempre quedará el recuerdo de esa chica rubia, de nariz respingona, voz tierna y mirada directa que durante unos cuantos años nos hizo pasar grandes momentos a unos cuantos amantes de la cosa "pastelona".

17 de mayo de 2013

La decisión de Angelina

La actriz Angelina Jolie se sometió a doble mastectomía

"La actriz estadounidense Angelina Jolie ha anunciado que se ha sometido a una doble mastectomía con el fin de reducir las posibilidades de desarrollar un cáncer, debido a sus antecedentes familiares. La actriz ha dado a conocer su decisión en una carta publicada en el diario The New York Times, donde ha explicado que es portadora del gen BRCA1, que aumenta dramáticamente el riesgo de desarrollar cáncer de mamas y de ovarios en las mujeres que lo poseen.
 
Solo 24 horas después de haber hecho público que se había sometido a una doble mastectomía, Angelina Jolie está considerando extirparse los ovarios, según informa la revista People."

La decisión de la joven actriz, hija del oscarizado John Voight y esposa de Brad Pitt, ha dado lugar a muchas portadas de diarios impresos y digitales y ha suscitado cierta polémica, lógica si tenemos en cuenta la magnitud y las consecuencias de una operación de este tipo. La motivación de semejante opción ha quedado clara y el deseo de no sufrir la tremenda e irreversible enfermedad que acabó con la vida de su madre mueven tanto a la comprensión como al respeto.

Ahora bien, no puedo evitar intuir que tras la operación de la protagonista de "Tomb Raider" se oculta esa filosofía de la vida que se ha impuesto en todo occidente por la que la muerte ha dejado de ser el final lógico y seguro de la vida para convertirse en un capítulo horrendo de la misma y, sobre todo, en un episodio que no debe de nombrarse, sobre el que hay que pasar de puntillas. En el fondo, la operación de Angelina Jolie da la impresión de que tiene su causa en una especie de deseo de perpetuarse, en un rechazo a una realidad incontestable: en este mundo estamos de paso, la vida terrena es temporal y provisional -la única incógnita es su duración- y la muerte es algo inevitable, que no podemos parar.

Quede claro que no voy por la vida ni de estoico, ni de héroe ni de resignado, no tengo ganas de morirme, comprendo y comparto el esfuerzo por prolongar nuestra vida el mayor tiempo posible y agradezco a tantos grandes hombres que han puesto su granito de arena para que cada vez tengamos una vida más cualificada y más larga. Pero me parece que una de las muchas cosas que podemos aprender de los ciudadanos de zonas menos desarrolladas del mundo es a asumir la muerte con naturalidad y sin dramas. Hay ocasiones en que da la impresión de que nos rebelamos ante algo que es natural, que nos invade un temor insano que nos mueve a decisiones que pueden ser excesivas.

No me atrevo a demonizar la decisión de la actriz estadounidense, me parecería injusto. Estoy seguro que lo ha hecho tras meditarlo y valorar las consecuencias, argumentos como el de dar una madre a sus hijos durante más tiempo son bonitos y de calado. En cualquier caso, como en tantas otras noticias que lees y escuchas, echo de menos ciertos valores, a lo mejor habría que volver a tener en cuenta el valor del sacrificio, del dolor y la enfermedad y el sentido de la muerte como cambio y no final de la vida, vamos a vivir con esperanza.

16 de mayo de 2013

Política y señorío

 
 
Hablando hace unos días con una persona de conversación fácil y grata salió el tema de la altura de los políticos actuales; no me gusta caer en la generalización y, muy especialmente, en ese hábito tan actual de rechazar a todos y no dejar títere con cabeza, pero no parece que si repasamos el panorama político de nuestro país podamos hablar de tiempos de grandes líderes, ni de personas de una enorme talla humana, intelectual y moral; creo pienso que mi interlocutor tenía razón cuando afirmaba que, entre otros valores, se echaba en falta el señorío que existía en décadas anteriores, y como ejemplo citaba el de Landelino Lavilla, un jurista leridano que con 41 años se convirtió en Ministro de Justicia del primer Gobierno de Adolfo Suárez, ese gabinete que algunos bautizaron como de "penenes" y por el que casi nadie dio en su día un duro y que en el plazo de un año terminó siendo capaz de desmontar el franquismo y convocar por vez primera desde la 2ª República, elecciones democráticas. Eso sí, a pesar de su juventud Lavilla no era un pardillo, pues con 24 años ingresó en el Cuerpo de Letrados del Tribunal de Cuentas y con 25 en el de Letrados del Consejo de Estado. Cuando Landelino Lavilla se sentaba por vez primera en su banco azul de las Cortes, ya se ganaba la vida perfectamente y había acreditado una valía indudable. Lavilla ocupó la cartera de Justicia de 1976 a 1979, dejando el Ministerio para pasar a ser la tercera autoridad del estado, es decir, presidente de las Cortes, cargo que ocupó hasta la llegada de los socialistas al poder en 1982; todos recordamos a Lavilla con cara de "poker" cuando Tejero apareció sorpresivamente en el Congreso de los Diputados aquel ya lejano 23 de febrero de 1981.

Pero no pretendo valorar la labor política de Lavilla, protagonista sin duda de una época histórica, con claroscuros y sucesos polémicos, pero sin duda apasionante y para muchos, entre los que me encuentro, notoriamente añorada. Tras la dimisión de Suárez el nuevo Presidente, el ya fallecido Leopoldo Calvo Sotelo, tomó el mando de un Gobierno y un partido que ya estaban heridos de muerte a causa de la crisis económica, el terrorismo de ETA y las tremendas disputas cainitas de la Unión de Centro Democrático (UCD), situación que derivó en un adelanto de las elecciones al 28 de octubre de 1982, una fecha en que como estaba anunciado el PSOE de Felipe González y Alfonso Guerra consiguió una abrumadora e histórica mayoría absoluta. A Landelino Lavilla le correspondió la dura y dramática tarea de recoger las cenizas de la UCD y encabezar su campaña electoral en unos comicios en los que el partido estaba de antemano condenado al fracaso. Así, mientras los socialistas llegaban al poder en olor de multitud y la Alianza Popular de Fraga crecía para instalarse en una reducida oposición, el partido que lo ostentaba hasta entonces no pasaba de los 11 diputados. Recuerdo perfectamente la figura de Landelino Lavilla con traje oscuro recorriendo mítines por España con todo el aspecto de estar haciendo "de tripas corazón", siendo notorio que no era precisamente un hombre nacido para hacer campañas ni andaba dotado de salero electoral ni de ese peculiar "glamour" político en el que había destacado su predecesor Adolfo Suárez y que por aquellas fechas rebosaba por todos los poros Felipe González.

Pero Landelino Lavilla supo perder, el batacazo fue tremendo y la humillación notable, pero el político centrista supo hacer mutis por el foro y volvió a su trabajo habitual, sin dramas, sin estridencias, sin reclamar pago alguno de servicios ni abono de deudas pendientes, algo que, además de significar que no era precisamente un "pelanas", sino alguien con oficio y beneficio, mostraba ese señorío del que hablaba más arriba. Lavilla renunció a su acta de diputado y pasó a formar parte del Consejo de Estado, a donde llegó con fundamento en un currículum profesional mucho más que en una labor política. En 1996 Landelino aspiró a la presidencia del Consejo General del Poder Judicial, aunque su nombramiento no se consumó. En 2006 ingresó en la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas, siendo también miembro de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación, de la que fue reelegido Presidente en enero de 2008. En la actualidad es miembro permanente del Consejo de estado. y aunque en su día fue protagonista de un fracaso electoral estrepitoso, con el paso de los años y la perspectiva del tiempo, el recuerdo de este hombre nos ofrece más el de alguien con capacidad y señorío que tuvo al virtud de retirarse a tiempo.

15 de mayo de 2013

La timidez, ¿un estigma?



Ramón García es un escritor castellano que, entre otras cosas, tuvo la fortuna de cultivar la amistad con Miguel Delibes; fruto de su relación con el inolvidable escritor vallisoletano publicó, aún en vida de éste, "El quiosco de los helados", un libro biográfico sobre Delibes que ahora estoy leyendo y del que daré buena cuenta aquí tras terminarlo. Aún ando por los años infantiles del literato y acerca de ellos García nos cuenta que el ilustre académico fue un niño tímido, algo que no ha dejado de otorgar cierta serenidad a mi alma, pues la timidez también marcó mi infancia y sus manifestaciones tienden a ser algo que sigue influyendo el resto de tu vida; y digo lo de la serenidad espiritual, porque no pocas veces he sentido por parte de determinadas personas una especie de enmienda a la totalidad a ese caracter tímido, como si andar por la vida pisando fuerte y arrasando con la propia personalidad fuera el único modo válido y saludable de funcionar.

No atribuiré a la timidez la cualidad de virtud, y alguna justificación imagino que tendrán las opiniones de ciertos moralistas -profesionales y aficionados- que la consideran una forma de ser que esconde algunas dosis de orgullo y egoísmo; ahora bien, no todos somos iguales, y cada uno va formando poco a poco su carácter, algo en lo que, evidentemente, influyen circunstancias familiares y ambientales, experiencias personales, relaciones de amistad y tantas otras cosas: Sobre esa personalidad en formación habrá que edificar la educación de los jóvenes, respetando todo lo bueno que hay en las diferentes formas de enfrentarse a la vida, ayudando a pulir lo oportuno y evitando tanto esa forma de enseñar que provoca que uno se sienta un desastre permanente como la tentación de introducir al personal en un molde. Bendito pluralismo que sabe valorar lo bueno de cada uno y huye de la uniformidad por mucho que se haga bajo la peligrosa bandera de la excelencia.

Los tímidos terminan frecuentemente siendo unos supervivientes; es fácil que en su día fueran los típicos niños torpones que habitualmente andaban a la cola en las carreras de fondo, no saltan el caballo o suben la cuerda ni con una pistola detrás, con unas capacidades intelectuales probablemente disimuladas, y hasta desconocidas, por su escasa facilidad para venderse, con tendencia a que sus pequeños fracasos y frustraciones se conviertan en dramas personales ante el éxito público de quienes siempre fueron hábiles para la medalla y el autobombo. Pero al mismo tiempo, el tímido puede aprender más facilmente el valor de la discreción, la elegancia del saber estar en su sitio, la oportunidad de callar a tiempo y mostrar las cartas cuando debe hacerse ... que en esta vida también hay fanfarrones e incluso quienes dan por supuesto que todos compartimos lo que no son más que convicciones propias, o meras experiencias personales que no todos mantienen.

El otro día me hablaron de un proverbio chino que dice que si estás muy seguro de algo a lo mejor debes empezar a sospechar que te falta información. Vete a saber si a lo mejor no es buena tanta certeza, o dicho de otro modo, aspiremos a que las seguridades vengan de fuera -y de lejos- y no tanto de nuestra propia cosecha, y en eso puede que los tímidos llevemos ventaja ... no presumiré de una timidez que muchas veces puede ser un obstáculo, pero conforme pasan los años envidio menos a algunos de esos que parece que lo tienen todo tan claro.

14 de mayo de 2013

¿Sabemos lo que queremos?



A veces pienso que a los ciudadanos de este país se nos podría aplicar el soniquete de la vieja canción: "¡¡¡¡ay!!!¡cómo hemos cambiado!", aunque puesto a pensar más a fondo, podríamos darle la vuelta al calcetín y al argumento y plantearnos si el problema no radica más bien en que en realidad no hemos cambiado nada, y a la hora de la verdad seguimos siendo superficiales, inmaduros y primarios. Los políticos nos han decepcionado, y parece que razones hay de sobra para ello, pero cuando veo según qué demostraciones, cuando busco entre los nombres que aparecen como las alternativas de futuro y encuentro, entre otros, el de Jorge Vestrynge, cuando observo a personas con aires desencajados ponerse aleatoriamente camisetas de distintos colores o gritar lemas e insultos mientras ponen cara de haber perdido los papeles, cuando la cacerolada se vende como vía sensata de portesta o hay quien recurre a posturas que suenan cercanas a la revolución rusa del 17 o al chandall de Maduro, me comienzo a plantear si sabemos realmente lo que queremos.

El otro día alguien que sabe del tema, porque le llegan datos fiables, me contaba que el fracaso escolar en Aragón es dramático, que dos de cada tres alumnos repiten algún curso en la enseñanza obligatoria, y me llama la atención que ésto no aparezca en las camisetas verdes, que las célebres mareas no digan nada ... porque parece claro que este fracaso viene de lejos, que no podemos endosarle la culpa en exclusiva a los recortes. Estos días varias manifestaciones han recorrido las calles españolas: ha habido huelga de educación y se ha realizado una escenificación llamativa y reivindicativa notable; no dudo que hay razones para ello, la educación es tan importante que nunca debería nadie plantearse reducir, recortar, restringir, ... Pero también me pregunto si es necesario que la lucha esté tan significativamente teñida de ideología, si entre quienes gritan y exigen se han colado algunos a quienes interesa más el conflicto que la solución, a los que mueve el odio y no la concordia. Y sobre todo, me pregunto si realmente quieren una escuela de calidad o una escuela a su medida y, muy en concreto, si la que existe ahora la consideran auténticamente de calidad. En la manifestación que hubo en Huesca vi puños cerrados, banderas rojas con la hoz y el martillo de la vieja Unión Soviética, alguna mofa gratuita de la religión, ... si ahí está la alternativa me parece que estamos apañados.

Tengo la impresión de que la crisis económica nos ha desmontado el "chiringuito", que de golpe y porrazo, cuando pensábamos que todo el monte era orégano y la vida muy bella, nos han descubierto las "vergüenzas" y han llegado de golpe todos los males. Parece que el sistema está agotado, y uno comienza a tener la impresión de que en vez de pararnos a pensar y aunar fuerzas -y superar divisiones y discrepancias- cada cual tira por la calle de en medio, hemos desempolvado caminos que buscan soluciones que hace mucho tiempo se demostraron nefastas y hay quien aprovecha para ejercitar eso del río revuelto. En los pasillos de las oficinas públicas, en torno a los puestos de los mercadillos, en los bancos del paseo, las esperas de los colegios y las colas de las taquillas los ciudadanos mostramos nuestra indignación y nuestro hartazgo, sabemos a quien disparar, pero no se si sabemos lo que hemos de buscar.
 
 

12 de mayo de 2013

Murió una voz increíble


En la madrugada de hoy, domingo, Constantino Romero falleció en Barcelona, tenía 65 años y padecía una enfermedad neurológica. Romero, un hombre polifacético -fue periodista, locutor, presentador, doblador y actor- había anunciado su retirada hace cinco meses y aunque su cara era conocida por todos y su talante, respetado y apreciado, destacaba fundamentalmente por poseer un voz excepcional, una de esas voces casi perfectas, con una dicción magnífica, un tono claro y un volumen excelente, una voz que llenaba el auditorio, el plató, la sala de estar de tu casa. Constantino Romero prestó su voz, por ejemplo, a James Earl Jones en su papel de Darth Vader, de manera que su nombre quedó para siempre unido a una de las mejores trilogías cinematográficas de la historia junto a los de George Lukas, Harrison Ford, Ewan McGregor, Natalier Portman, Alec Guiness, ...

La primera vez que tuve conciencia de la existencia de este hombre de cabeza pelada y bigote característico fue con el "El tiempo es oro", un concurso de TVE dirigido por Sergi Schaaf en el que el concursante había de superar varias tandas de preguntas de cultura general, para ser luego cuestionado sobre un tema específico de su propia elección y finalmente, con la ayuda de dos amigos y documentación enciclopédica, contestar a una pregunta final. Pero la realidad es que el trabajo de Romero venía de mucho antes, fundamentalmente como actor de doblaje, pues además de su referido trabajo en la´s películas de Lukas, puede presumir de haber sido la voz en España de Clint Eastwood -"los violentos de Kelly", "Harry el sucio", "Licencia para matar", "Fuga der Alcatraz", "El sargento de hierro", "Cazador blanco, corazón negro", "Sin perdón", "Los puentes de Madison", "Deuda de sangre", "Million dollar baby", "Gran Torino", ...-, a Arnold Schwarzenegger en las tres entregas de "Terminator" y las dos de "Los mercenarios", a Roger Moore en sus trabajos como James Bond "Octopussy", "Moonraker", "Panorama para matar", ...-, a Sean Conney en "Atmósfera cero" y "Cinco días y un verano", a Donald Sutherland en: "M.A.S.H." y "Novecento", a Rutger Hauer en "Blade Runner", entre otros, además de ser la voz del rey Mufasa en "El rey león", del juez Claude Frollo "El jorobado de Notre Dame" y del Ancestro Mayor en "Mulan". Hay que saber valorar la importantísima función que desempeñan los actores de doblaje, y tras ser conscientes de ello darnos cuenta de la brillantez del trabajo realizado por Constantino Romero.

En Televisión Romero se hizo famoso durante años, trabajando en distintos medios: TVE -"Ya sé que tienes novio" (1985), "El tiempo es oro" (1987-1992), "3x4" (1989), "La vida es juego" (1992-1993) y "Valor y coraje" (1993-1995)-, en Antena-3 -"La Parodia Nacional" (1996-2001), "Tele risa" (1997), "Alta Tensión" (1998-1999), "Tierra trágame" (1999), "Telerisa" (1999), "Una vez en la vida" (2001), "Domino_Day" (2001-2002) y "Pasapalabra" (2002)-, en Telemadrid -"La silla" (2002) y "Reparto a domicilio" (2003)- y en CMT -"Un paseo por Castilla-La Mancha" (2005), "Siempre ellas (2006), "Cantando en familia (2008)" y "Tierra de Tesoros" (2009)-. Como actor de cine su currículum se reduce a tres películas: "La verdad oculta" (1988), de Carlos Benpar, compartiendo reparto, entre otros, con Conrado San Martín, Assumpta Serna, Héctor Alterio, Ovidi Montllor y José Luis López Vázquez, "Di que sí" (2004), de Juan Calvo, junto a Paz Vega, Chus Lampreave, Luis Cuenca, Santiago Segura y Ornella Mutti y "Héroes" (2010), dirigida por Pau Freixas.

En el magnífico obituario que, como siempre, ha publicado "El País" se destaca la calidad de Constantino Romero como actor teatral, siendo alguien a quien recurría Mario Gas, un director de especial olfatop, para trabajos como "L'Opera de Tres Rals" (1984), "Sweeney Todd", de Stephen Sondheim, (1995), "A Little Night Music", de Stephen Sondheim (2000) y "Ascensión y caída de la ciudad de Mahagonny", de Bertold Brecht y Kurt Weill (2007). También destacó en "La botiga dels horrors", dirigida por Joan Lluís Bozzo (1987), "La Orestiada" (2004) y "Beaumarchais", de Sacha Guitry, bajo la dirección de dirigida por Josep María Flotats (2010). En la misma necrológica se pone de reflejo que el gusto y el carisma por el teatro le venía de joven, pues ya "en los años sesenta, siendo casi adolescente, y también con Mario Gas, participó en montajes no profesionales de textos como Historia de una escalera, de Antonio Buero Vallejo, Llama un inspector, de J.B. Priestley y Deja que los perros ladren, de Sergio Vodanovic."

Sinceramente, sabía de las capacidades de Constantino Romero, pero con su fallecimiento he descubierto que se trataba de un hombre dotado para muchas cosas, un verdadero tipo con grandes prestaciones. Descanse en paz.

10 de mayo de 2013

Adios al gran Alfredo Landa

El actor Alfredo Landa falleció ayer jueves en Madrid a la edad de 80 años; Landa, que había nacido en Pamplona, llevaba tiempo retirado de toda actividad profesional y con su salud precaria, especialmente desde el ictus que sufrió hace cuatro años. Con Alfredo Landa se marcha, por supuesto, un gran actor pero también un individuo cercano, alguien muy parecido al vecino de la esquina, al panadero, al padre que deja al niño en el colegio con la furgoneta en la que se va a trabajar, al camarero que lleva quinquenios poniéndote el café y echándote la caña como te gusta, ... Landa fue un hombre entrañable, un hispano tipo, alguien con quien se identificó medio país porque respondía al arquetipo del ciudadano español de posguerra. Y, evidentemente, fue también un actorazo, uno de los mejores que ha dado el cine español de la segunda mitad del siglo pasado. Su currículum es espectacular: un premio a la mejor interpretación del Festival de Cannes, dos "Goyas", además de un tercero honorífico, otro de la "Unión de actores", tres "TP de oro" y dos de ACE en Nueva York. Llevamos una tremenda racha de grandes de nuestro cine que se han ido, posiblemente sea Alfredo Landa uno de aquéllos cuya marcha va a doler más a todos, entre otras cosas porque fue un personaje muy querido.

Las primeras películas significativas en cuyo reparto que aparece Landa fueron tres de los grandes "clásicos" del cine español: "Atraco a las tres" (1962), de José María Forqué, "El verdugo" (1963), de Luis García Berlanga y "La verbena de la Paloma" (1963), de José Luis Sáenz de Heredia, en todas ocupando papeles secundarios: en la de Forqué fueron a buscarle al teatro para un papel que estaba previsto para Manolo Gómez Bur, mientras en la de Berlanga anda a la sombra de Isbert y Nino Manfredi y en la de Sáenz de Heredia a la de Concha Velasco. A partir de estas tres intervenciones el actor navarro no para de trabajar, con papeles importantes en películas tan diversas como "La niña de luto" (1964), de Manuel Summers, "Nobleza baturra" (1964), de Juan de Orduña, "Historias de la televisión" (1965), de José Luis Sáenz de Heredia, "Ninette y un señor de Murcia" (1965), de Fernando Fernán Gómez, "La ciudad no es para mí" (1965) y "Los guardiamarinas" (1966), de Pedro Lazaga, "Las que tienen que servir" (1967), de José María Forqué, "Los que tocan el piano" (1967), de Javier Aguirre, "El alma se serena" (1969), de José Luis Sáenz de Heredia y "Cateto a babor" (1970), de Ramón Fernández. En todas ellas Landa interpretaba papeles cómicos que conforme pasaban los años realizaba con mayor soltura y protagonismo.

En torno a 1970 comienza una nueva época, la que se ha llamado el "landismo", que en la Wikipedia se define como "un tipo de cine que intenta aunar la comedia fácil con cierto erotismo de baja intensidad". Landa fue un maestro durante casi una década y fue posiblemente "No desearás al vecino del 5º" (1971), de Ramón Fernández la primera muestra de este "género" y el film que le lanzó al estrellato, allí compartió protagonismo con Jean Sorel e Ira de Fustenmberg y contó con la colaboración de tres damas geniales y simpatiquísimas: Isabel Garcés, Guadalupe Muñoz Sampedro y María Isbert. A partir de ahí los títulos se precipitan: "Vente a Alemania, Pepe" (1970), de Pedro Lazaga, "Aunque la hormona se vista de seda" (1971), de Vicente Escrivá, "No desearás la mujer del vecino" (1971), de Fernando Merino, "Vente a ligar al Oeste" (1971) y "París bien vale una moza" (1972), de Pedro Lazaga, "Manolo la nuit" (1973) y "El reprimido" (1973), de Mariano Ozores, "Un curita cañón" (1973), de Luis M. Delgado, "Fin de semana al desnudo" (1974) y "Los pecados de una chica casi decente" (1975), de Mariano Ozores y "Esclava te doy" (1975), de Eugenio Martín. l lista es interminable, pues Landa era capaz de rodar hasta siete películas al año, y los títulos tenían todos ese tono tan "elocuente" y casi impúdico.

El año 1977 supone un cambio radical en la trayectoria de Alfredo Landa, y por encima de todo la acreditación de ser un actor enorme, un profesional del cine de los pies a la cabeza. La gran aparición del actor en este sentido se produce con "El puente" (1977), de Juan Antonio Bardem, un film de corte claramente comprometido y político en el que Landa presta su figura "característica" para encarnar al "españolito" que coge su moto para ir a ligar un fin de semana a Torremolinos y se encuentra con la realidad española más profunda. A partir de aquí, Landa abandona el "landismo", del que por cierto nunca renegó, y comienza una nueva época en la que destacan interpretaciones tan importantes como las de "Las verdes praderas (1979) y "El crack" (1981), de José Luis Garci y "La próxima estación" (1982), de Antonio Mercero. En 1984 landa hace uno de sus trabajos más espectaculares, con el maravilloso y estremecedor papel del fiel y sacrificado Paco de "Los santos inocentes" (1984), la formidable versión cinematográfica que dirigió Mario Camus de la novela de Delibes con la que Landa consiguió el premio a la mejor interpretación del Festival de Cannes, y sin solución de continuidad vuelve a lucirse por todo lo alto con "La vaquilla" (1985), de Berlanga, "Los paraísos perdidos" (1985), de Basilio Martin Patino y "Tata mía" (1986) de José Luis Borau. Son tres interpretaciones que sirvieron para consagrar definitivamente a un actor de los que marcan época.

En 1987 el actor fallecido consiguió su primer Goya al mejor actor principal por su trabajo en "El bosque animado", una deliciosa novela de Fernández Flórez magistralmente versionada para el cine por José Luis Cuerda, con guión del inolvidable Rafael Azcona y un reparto en el que junto a Landa destacan Alicia Hermida, Fernando rey, Amparo Baró, Luis Ciges y Manuel Aleixandre. En 1988, y junto a "El río que nos lleva", de Antonio del Real, donde vuelve a ser nominado para un Goya, trabaja, con tercera nominación incluída, en "Sinatra", de Francesc Betriu, donde junto a un trío tan llamativamente diverso como Ana García Obregón, Maribel Verdú y Mercedes Sampietro, encarna a un cantante que trabaja imitando al gran "Frankie" en un cabaret de Barcelona. Tras "Bazar Viena" (1990), de Amalio Cuevas y dos trabajos secundarios en "Marcelino, pan y vino" (1991), de Luigi Comencini y "Aquí el que no corre, vuela" (1992), de Ramón Fernández, vuelve a brillar con José Luis Cuerda en "La marrana" (1992), una comedia rural ambientada en el siglo XV que le valió su segunda estatuilla de Goya y sin solución de continuidad nos deleitó como médico de pueblo en "Canción de cuna" (1994), que inevitablemente le supuso su enésima nominación para los Goya. Hasta finalizar el siglo el actor trabaja con Antonio del Real en "¡Por fin solos!" (1994), Manuel Gutiérrez Aragón en "El rey del río" (1995), Carlos Suárez en "Los porretas" (1996) y José M. Borrell en "El árbol del penitente" (1998).

La primera década del siglo XXI supuso el último recorrido de Landa, aunque lo hizo sin perder brillantez alguna; así volvió a triunfar con Garci en la "Historia de un beso" (2002) y con Miguel Hermoso en "La luz prodigiosa" (2003), donde se reencontró con Nino Manfredi y recuperó la costumbre de ser nominado para los Goya. "El oro de Moscú" (2003), de Jesús Bonilla y "Tiovivo C. 1950" (2004), de José Luis Garci fueron la antesala de su último y enorme trabajo, "Luz de domingo" (2007), un trabajo de Garci basado en una novela de Ramón Pérez de Ayala ambientada en la Asturias de principios del siglo XX, cuando imperaba el caciquismo, con otra nominación para los premios Goya. No querría terminar este rápido recorrido por la filmografía de Alfredo Landa sin referirme a su inolvidable trabajo como Sancho Panza en la serie de televisión que en 1991 dirigió Manuel Gutiérrez Aragón y protagonizaron con él nombres ilustres como Fernando Rey, José Luis López Vázquez, Emma Penella, Manuel Aleixandre, José Luis Pellicena, Héctor Alterio, ... y la conmovedora imagen de Alfredo Landa olvidando su discurso y pasándolo mal en la entrega de su "Goya" honorífico, un momento difícil en el que quisimos más a Alfredo por verle más humano y frágil que nunca. Descanse en paz.

9 de mayo de 2013

Adios a un político italiano al 100 %


El pasado lunes, 6 de mayo, falleció en Roma Giulio Andreotti, un hombre que en enero había cumplido 94 años y que dedicó toda su vida a la política. Militó desde joven en el partido Demócrata-Cristiano (DCI) y llegó a ser hasta siete veces presidente del Gobierno de Italia, algo que a pesar de tener su mérito, no puede extrañar si consideramos la perpetua y constante afición de los italianos a cambiar de Gobierno cada dos por tres. En la actualidad era senador vitalicio. Andreotti era todo un personaje, con un aspecto delicado y prudente, caracterizado por una especie de "chepa" que fue creciendo conforme cumplía años y con un aire de estar dándotelas con queso bajo su apariencia frágil y educada. El nombre de Andreotti esta indisolublemente unido a la historia italiana posterior a la 2ª Guerra Mundial, en un país donde la DCI tuvo un poder casi permanente hasta que los escándalos financieros y políticos terminaron fagocitándola.

A la inteligencia indiscutible de Andreotti se debe la célebre frase de que "no es el poder el que desgasta, sino la ausencia de poder", una opinión que dice mucho de la agudeza y las formas de Andreotti; dicen los políticos españoles que le trataron que en varias ocasiones afirmó que a la política española le faltaba "finessa", consideración que mueve sin duda a la curiosidad, pues uno se pregunta qué querría decir el hombre con tal aseveración, aunque pronto intuye que el político romano pensaba o bien que éramos excesivamente apasionados y cainitas o, tal vez, que la clase política de la piel de toro tiende a andar carente de la sutileza suficiente para arrimar el ascua a su sardina, vamos que se nos ve el plumero. Quienes conocieron al gobernante fallecido alaban su elegancia y cordialidad, aunque también ponen de relieve su facilidad para la ironía y su habilidad para envolver a cualquier interlocutor por hábil que se preciara.

La vida política de Giulio Andreotti no anduvo exenta de polémicas y momentos difíciles; uno de sus momentos más difíciles fue con motivo del secuestro y posterior asesinato de Aldo Moro, líder indiscutible de la DCI al que en marzo de 1978 las Brigadas Rojas sometieron a un cautiverio que terminó el 9 de mayo con el cadáver de Moro en el maletero de un vehículo abandonado en la Via Caetani de Roma; Andreotti, presidente del Gobierno en aquellos días, mantuvo una posición de firme y dura negativa a la negociación que fue muy criticada. También fue relacionado con la Mafia, llegando a ser juzgado por su presunta complicidad en la muerte del periodista Mino Pecorelli en 1979, si bien terminó siendo absuelto tras un largo y duro proceso. Andreotti estaba casado y tenía cuatro hijos, presumiendo de haberle sido siempre fiel a su mujer tras 70 años de matrimonio.

Giulio Andreotti ha sido sin duda un político polémico, en la línea de tantos personajes públicos italianos de las últimas décadas; para algunos fue un maestro de la política y la diplomacia, para otros la reencarnación de Maquiavelo; de hecho no hay más que acudir a los distintos obituarios de los medios de comunicación para comprobar que el hombre no dejaba indiferente a nadie, y que en torno a su persona hay opiniones para todos los gustos. Ahora ya le toca descansar en paz para siempre.

8 de mayo de 2013

Balones fuera



El Govern:   'Extremadura financia la solidaridad con nuestros recursos'

"El director de la Agencia Catalana de Cooperación al Desarrollo (ACCD), Carles Llorens, acusa al Gobierno de Extremadura de financiar sus tareas de cooperación con los recursos económicos de los catalanes, mientras que la Generalitat ha tenido que reducir en un 90% el presupuesto para este sector en los últimos dos años".

En el eterno debate sobre lo que Cataluña da y recibe del resto de España todos tienen sus argumentos; tras 24 años viviendo en tierras del "Principado" he escuchado hasta la saciedad las quejas de muchos catalanes que consideran que mientras en su región se trabaja más y mejor y se aporta mucho dinero al tesoro común, éste no revierte luego en Cataluña, o dicho con palabras más rudas, que andan hartos de que el resto de España viva costa de lo suyo. Imagino que tal cantinela tiene su parte de justificación y que cuando compruebas como a personas de bien se les hincha la vena y se ponen tensos por el tema terminas pensando que por algo será, aunque de siempre no he podido evitar que muchas de estas lamentaciones me suenen a manipulación e insolidaridad. Tampoco está de más valorar que razones las hay por un lado y por el otro, y que cuando algunos te aseguran que Franco favoreció a Cataluña para tenerlos satisfechos y callados tal vez no sea sin fundamento, además de que no parece arriesgado afirmar que al progreso de Cataluña también contribuyeron quienes vinieron de fuera, aunque les faltara "pedrigree".

El debate es interesante, y sería bueno que todos aprendiéramos a vivirlo con respeto y elegancia, así como con capacidad de auto crítica y disposición para admitir las razones que avalan las tesis de ambos "bandos". De lo que no me cabe la menor duda, es de que los partidos nacionalistas catalanes, con quien sustenta ahora el poder a la cabeza y desde hace más de treinta años, han impuesto un mensaje parcial, tendencioso y sectario, y han fomentado institucionalmente la creación de distancias y la rotura de puentes entre unas regiones y otras, acentuando un lenguaje victimista que se intuye trata ce cubrir las propias miserias, de tapar su propia desnudez de argumentos. No es menos cierto que desde el centro muchas veces no se ha facilitado ni la concordia ni el diálogo, pero frases como la pronunciada por el tal Llorens no deja de ser un desprecio gratuito e hiriente a Extremadura y un alarde con tufillos demagógicos.

7 de mayo de 2013

Merendar con "La Campana"


Yo pertenezco a la generación del pan con chocolate; por supuesto que existían otras opciones: la carne de membrillo, los quesitos -"El Caserío", "MG", "La vaca que ríe", ...-, el salchichón, la mortadela y el chorizo, que podía ser "Revilla" o de Pamplona. Pero el chusco de pan con un par de porciones de chocolate suponen una imagen que vimos repetida durante años quienes nacimos entre los finales de la década de los 50 y los inicios de la siguiente. En mis tiempos el lujo lo representaban "Nestlé", que venía en unas tabletas envueltas en papel rojo y blanco y "Suchard", cuya grosor era inferior y se presentaba en un envoltorio de color malva. "Dolca" era la versión barata de "Nestlé", mientras que ocasionalmente aparecían en el armario otras marcas como "Hueso", "Zahor" e incluso unos chocolates llamados "Loyola" que se fabricaban en la loclaidad guipuzcoana de Oñati y tengo entendido tenían que ver con los jesuitas. No obstante, si había una marca que se llevaba la palma en fama y consumo era "Chocolates Elgorriaga", y muy en concreto las tabletas que bajo el nombre de "La campana" aparecían en el mercado envueltas en un papel amarillento con una campana con lazo rojo dibujada a un lado, una campana que más bien parecía un cencerro de esos que llevan las vacas.

La empresa "Elgorriaga" estaba ubicada en la localidad de Irún y aunque también elaboraban bombones, galletas rellenas y todo tipo de viandas con protagonismo "chocolateril", se hizo famosa por las tabletas de la campana que en su día parecían ser casi como el Real Madrid de los chocolates, algo que siempre se hallaría a la cabeza del consumo. Con el tiempo estos chocolates, que a los niños de mi época nos parecía el "acabose" y ahora tengo la impresión de que no eran precisamente una "delicatessen" absoluta, fueron perdiendo jerarquía y si acudimos a la historia que se relata en diversos rincones de la red podemos comprobar que la empresa ha hecho unas cuantas suspensiones de pagos, ha tenido desapariciones y reapariciones y ha llegado a estar bajo el "imperio" de la "Nueva Rumasa" , mientras que en la actualidad, desde marzo de 2012, el grupo alimentario vasco "URBASA GLOBAL BRANDS S.A" ha absorbido los activos industriales de la compañía e iniciado una nueva etapa. No tengo ni idea de la realidad actual de la "vieja Campana", pero estas tabletas "amarillosas" tienen indudable peso en el orden de prelación de mis pequeñas nostalgias infantiles.
 
 

6 de mayo de 2013

El panadero y el loro

Hace ya unos cuantos años -decenios para ser más exactos- eran habituales figuras como la del lechero o el panadero recorriendo con su carrito las calles de las ciudades y repartiendo la leche y el pan de piso en piso; la escena se repetía cada mañana a primera hora y convertía a estos modestos trabajadores en una parte más del paisaje matinal, junto a los padres de familia dispuestos a incorporarse al trabajo y los niños preparándose para asistir a sus clases del colegio. Me acuerdo perfectamente del panadero que venía por casa: un hombre enjuto, menudo y bastante seco, con poco pelo que se peinaba hacia atrás y siempre estaba húmedo, no se si por el agua o algún tipo de fijador; el individuo era callado y discreto, cumplidor y serio y más bien raro y reservado, aún me acuerdo unas navidades en las que mi madre comentó que el hombre, cuyo nombre creo que no conocí nunca, se había negado a recibir cualquier tipo de aguinaldo: había entregado la tarjeta de felicitación porque así de lo habían indicado en la empresa, pero consideraba que ya recibía de ésta una nómina que abonaba los servicios prestados. No soy capaz de concretar desde cuando este hombre, que por los inicios de los años 70 debía tener entre 30 o 40 años, se convirtió en el suministrador de pan de la zona próxima a la Puerta del Carmen ni cuanto tiempo anduvo por esos lares en tales menesteres, pero teniendo en cuenta que durante la infancia el paso del tiempo se hace más lento, calculo que al menos cinco o seis años tuvo protagonismo entre los personajes que pululaban con mayor o menor relevancia por mi vida.

Pero hubo un momento determinado en el que el panadero apareció en circunstancias distintas a las habituales, ya no lo veía solamente en funciones profesionales, ganándose el pan precisamente con el pan, sino que comprobé que el hombre poseía, como era de esperar, facetas bien distintas a la de trabajar como repartidor del alimento primordial. A partir de la temporada 1971-72, con el equipo de mis amores en 2ª División, comencé a ser asiduo de La Romareda y cada domingo me dirigía junto a mi hermano a nuestro estadio municipal para presenciar los encuentros del Real Zaragoza en un rincón que fue mítico y ya no existe: la zona de "Infantil", una esquina del campo a la que se accedía por la puerta 9 y en la que por el módico precio de 100 pesetas anuales podías ver todos los encuentros de Liga y el primero de Copa. Al campo la gente, como ahora, iba accediendo poco a poco, pero a la salida, y con la excepción de los habituales impacientes que se iban antes de que el árbitro diera el pitido final, todos los espectadores salíamos en manada y la gran mayoría enfilábamos a través de la Plaza Carlos III la avenida Fernando el Católico en dirección al centro de la ciudad con mayores o menores ánimos según hubiera sido el resultado del equipo blanquillo. En más de una ocasión coincidíamos en esa salida con el panadero, quien caminaba solitario y silencioso cargando en su mano derecha con un enorme transistor, de esos que con los años fueron popularmente denominados como "loros", con el volumen bien alto y escuchando los comentarios de los distintos "magazines deportivos", así quien caminara cerca de él podía escuchar a los históricos de la época, Vicente Marco, Joaquín Prat, Paco Ortiz, Eduardo González, Enrique Mariñas, ..., comentar las incidencias de la tarde futbolística, con los goles de Rexach, Amancio, Arieta o Quini, las jugadas polémicas protagonizadas por Goyo Benito, Gallego, Larrauri, Ovejero o Pedro de Felipe o las actuaciones buenas o malas de los trencillas de la época como Ortiz de Mendíbil, Rigo Sureda, Pascual Tejerina, Urrestarazu, Franco Martínez y, por supuesto, el inolvidable Emilio Guruceta. El hombre paseaba con su "loro" sin ningún complejo, evidentemente no era el único que ejercía tal costumbre y por las inmediaciones de la Feria de Muestras, la Plaza San Francisco y hasta el Cine Gran Vía se podía pasear al ritmo de los comentarios deportivos, algo que ahora chocaría bastante, pero que si lo piensas bien tenía su propio encanto. Eso sí, el panadero no movía una pestaña, el hombre mantuvo siempre ese aire de trascendencia y dignidad con el que caminaba por la vida, bien fuera con el carrito del pan, bien con el "loro" a cuestas.

4 de mayo de 2013

El 150 cumpleaños de "Casa Iglesias"



Hace unos días descubrí en Facebook que ´"Casa Iglesias" cumplía 150 años, y he de admitir que me quedé pasmado. He entrado muy pocas veces en este clásico establecimiento ubicado en el Coso Bajo de Huesca, pero no por ello me ha dejado de llamar la atención su estilo clásico, su escaparate lleno de objetos con sabor a clasicismo, ese aire de tienda de siempre que no puede faltar en una vía importante de una ciudad de provincias. La tienda tiene una magnífica página web -http://www.casaiglesias.com/index.htm- en la que todo se explica adecuadamente, por lo que me ahorro profundizar en la historia y características del negocio, aunque no puedo evitar comentar lo mucho que me ha llamado la atención que el fundador del mismo fuera un tal José Iglesias, un madrileño que había aprendido el oficio de impresor en Zaragoza y que había llegado a Huesca para cumplir sus obligaciones con la patria. Evidentemente, todo un ejemplo de capacidad de emprender, y todo un mérito el que un simple recluta del siglo XIX -estamos hablando aproximadamente del año 1863, fuera capaz de instalar en Huesca un comercio que ha pervivido hasta nuestros días.

"Casa Iglesias" es una papelería del viejo estilo, dicho por supuesto en el mejor sentido de la expresión. En su escaparate lucen esos juegos de escritorio que deleitaban a nuestros padres, con tinteros, botes para los bolígrafos, lapiceros y plumas, abrecartas, compartimentos para notas y cuartillas, ... así como plumas, agendas, dietarios, sin olvidar teléfonos antiguos, tableros de ajedrez y damas, portafolios, carpetas, ... todo ese muestrario de objetos que por mucho que avance la técnica siempre tendrán un hueco en el corazón de tradicionales y caprichosos. Y por supuesto, dos escaparates con las últimas novedades editoriales, algo que a los psicópatas de la lectura convertía al comercio en parada frecuente, casi obligatoria. En fin, era evidente que se trataba de un establecimiento de siempre, aunque no sabía que se remontaba a dos siglos antes: todo un mérito, un motivo evidente de alegría y enhorabuena.