25 de abril de 2013

José de San Martín habla del poder y la soberbia

"La soberbia es una discapacidad que suele afectar a pobres infelices mortales,
que se encuentran de golpe con una miserable cuota de Poder".

En el servicio militar se cumplía a rajatabla eso de que "la veteranía es un grado"; cuando llegabas al cuartel eras un "quinto", un novato y aquellos compañeros de desdichas que ya llevaban un tiempo bregando en la "batalla" estaban esperando al nuevo reemplazo como agua de mayo, desahogando sus frustraciones con el turuta pardillo, al que trataban con desdén, incluso le bautizaban con el chusco apelativo de "pollo". El recién llegado no tenía derecho prácticamente a nada, podía ser abrumado con todo tipo de novatadas cuya brutalidad e indecencia dependía de la mayor o menor actitud contemporizadora de los mandos, no se le respetaba turno de comer o cenar, era "castigado" con los peores servicios y mirado por encima del hombro por los más antiguos. Los más veteranos del grupo, que se ufanaban de estar muy próximos a la licencia -"¡qué poquita me queda!"- decían con orgullo-, se hacían llamar "abuelos" y algunos de ellos no cesaban de repetir esa condición como si ésta les diera poco menos que carta blanca para convertirse en personajes a los que casi adorar. Observé que cuanto menos cultura e inteligencia se les adivinaba, esa vanagloria era mayor, intuyo que posiblemente porque era esa una de las pocas ocasiones que tenían de destacar por algo en la vida.

Así somos los hombres, unos pánfilos ansiosos de encontrar algo de lo que presumir, con lo que sentirnos por encima de los demás y con capacidad de que éstos actúen conforme a nuestros antojos. El poder transforma, y frecuentemente para mal. Y no me refiero exclusivamente al poder político, a esos espejuelos que ciegan y conducen a la tentación totalitaria, al engaño a los electores, a la corrupción, al aislamiento social y al abuso, sino también a la ceguera que sufrimos en ocasiones cuando adquirimos, ocasional o permanentemente, una posición de prevalencia sobre alguien, por ridícula e injustificada que sea. Nos gusta en exceso mirar por encima del hombro, exigir respetos y reverencias que a lo mejor no hemos sabido ofrecer a otros nunca, exhibir demostraciones de poderío y mando, ese "aquí estoy yo" tan racial y tan hispánico. Todos, en mayor o menor medida, tenemos tendencia a caer en los errores del pavo real, ese bicho de plumaje exhuberante y colores brillantes que ejercita el hábito del "pavoneo" y no se da cuenta que todo su aparente encanto se derrumba como castillo de naipes en cuanto se observa su torpe caminar y en cuanto de da la vuelta y se le ve el trasero.

Deberíamos ser conscientes de lo efímero que es el poder humano, de lo fácilmente que se pierde y de lo peligroso que es sostener tu seguridad en ese poder si detrás de él no hay nada más.

8 comentarios:

susana dijo...

Me ha gustado la imagen del pavo.:) Un beso.

Anónimo dijo...

Creo que hay un dicho ,"Si quieres conocer a un hombre dale un poco de poder".

Modestino dijo...

Todos tenemos algo de pavo, Susana, otro beso!;)

Modestino dijo...

En Aragon decimos, "si quieres conocer a Juanico, dale un carguico."

Hereje dijo...

En el libro "En el poder y en la enfermedad" de David Owen, el autor utiliza el término "hybris" para denominar un síndrome que afecta en este caso al ámbito político, según el cual los líderes que lo padecen pierden el contacto con la realidad, se creen investidos de la razón absoluta, se vuelven soberbios en grado sumo, son inmunes a críticas o advertencias de sus allegados y colaboradores eliminando cualquier tipo de disensión, se creen los únicos capacitados para solventar las crisis o problemas presentes y son incapaces de reconocer cualquier equivocación de su parte....son un peligro para las sociedades que dirigen y para ellos mismos puesto que a la larga son depuestos de una forma u otra (democráticamente como Bush, Blair, Aznar o por la violencia en el caso de dictadores aquejados de variantes virulentas de hybris como Gadaffi o Mubarak)...mucho me temo que nuestros actuales gobernantes están aquejados ya del mismo mal...mal asunto puesto que las curas son limitadas y el daño aumenta con el tiempo de exposición.

Un saludo

Modestino dijo...

Entre otras cosas se habla del síndrome de La Moncloa, que lo han sufrido todos los presidentes españoles habidos desde la Transición.

No obstante, no hay creo que solamente se de el caso en la política, yo pienso en nombres como Garzón, Mourinho, ...

albert666 dijo...

Me gustaria saber la fecha del escrito. Muchas gracias.
marioliand@hotmail.com

Mario Liand dijo...

Me gustaria saber la fecha del escrito.