12 de abril de 2013

Candil en mano


Diógenes de Sinope fue un filósofo griego perteneciente a la escuela de los cínicos, vino al mundo en Sínope sobre el año 412 a. C. y murió en Corinto en el 323. Cuentan que el hombre caminaba por Atenas a plena luz del día alumbrándose con una lámpara, y si alguien le preguntaba la razón respondía: «Busco un hombre». Y puede que hoy en día haya muchos que andemos siguiendo los pasos de este hombre austero y sobrio que dicen los cronistas de la época se preocupó menos de formar escuela que de llevar una vida recta, de acuerdo con los principios de autonomía y desprecio de los usos de la sociedad. He de admitir que una mirada rápida y genérica a la sociedad que nos ha tocado vivir me mueve al desaliento; el desprestigio de las instituciones, me temo que muchas veces ganado a pulso, el descontrol en el uso indiscriminado e indigesto de las redes sociales y esa España que parece alimentar sus ideas con la tele-basura, el humor chabacano de algunos medios y la frivolidad a la hora de interpretar sucesos y noticias pueden generar, si uno no se planta a meditar y valorar, una percepción terrible del nivel intelectual y moral de bastantes de nuestros conciudadanos.

Pero, afortunadamente, en cuanto uno abre los ojos al exterior aprende a conocer a fondo a la gente y va descubriendo que muchos guardan secretos que no es que no sean inconfesables, sino que ponen de manifiesto una bondad y un compromiso social que la discreción y el pudor, parte de su propia grandeza, ocultan a los ojos de la mayoría. Cada hombre, cada mujer, individualmente, libre del gregarismo y la reacción primaria a la que con tanta frecuencia nos inclinamos, esconde unos valores superiores a los que refleja la sociedad en su conjunto. Por eso, ante el desánimo al que puede llevar la injusticia, la irracionalidad, la violencia, la agresividad, el tribalismo más o menos ilustrado;... tanta estulticia que corre por ahí, hay que evitar caer en el error de cerrar los ojos ante quienes son capaces de hacer campañas en facebook y escribir libros para dar de desayunar a los niños que van al colegio en ayunas; los que dedican su tiempo libre -incluso el que no tienen- a colaborar con Cáritas, Manos Unidas y cualquier otra organización similar, a quienes detrás de quien mendiga o está preso ven el sufrimiento y no la molestia, el alma de esa persona y no su realidad o su pasado.

Menos mal que aún quedan quienes nos dan ejemplo, quienes consiguen que la ridícula luz del candil se amplíe con la luz natural de la bondad y el amor al prójimo.

12 comentarios:

Pilar Lachén dijo...

Me siento aludida por tu comentario.
No te olvides de aquellos que ponen trabas a los que intentan ayudar a los demás y hacen que las buenas acciones desaparezcan y que se desista de continuar.
Esta sociedad está completamente deshumanizada y nos lleva a todos a ello: a ser primero yo, después yo y para terminar yo.

Modestino dijo...

De esos siempre ha habido Pilar. Pero mi post es una reaccion personal para autoconvencerme que en medio de la deshumanizacion se ocultan almas "humanizadas". La vanidad es inherente a la persona, me temo.

susana dijo...

Si no existieran esas personas, nada tendría sentido. Un beso.

Alberto dijo...

Siempre hay almas humanizadas, y menos mal.

Lo que pasa es que la sensación que se tiene es que los que salen adelante en este mundo actual son los deshumanizados. Eso es descorazonador.

Modestino dijo...

Si, Susana, hay personas que te hacen volver a creer en la humanidad.

Modestino dijo...

Se dice que los gobernantes no son mas que titeres de quienes mandan en la oscuridad, y algo de eso debe haber.
No obstante no creo que haya que hablar solamente de la deshumanizacion de quienes mandan, tambien vivimos en una sociedad enferma y cada dia se palpa el odio, la agresividad, el destierro de palabras como perdon y gracias, ...

Driver dijo...

Bien.
Veamos.
¿La estadística nos puede ayudar?
Algo tan frío como los números nos puede echar una mano.
Tal vez.
...
Vemos, hablamos y escuchamos a las personas de uno en uno.
El cajero del banco.
El camarero.
La señora.
El señor.
El niño.
El abuelo.
...
Pensemos por una vez que estamos delante de cien personas.
De las normalitas.
Sentadas cada una en una silla.
...
Les vamos a hacer una pregunta simple a todos.
Por ejemplo...
¿HACES DAÑO NORMALMENTE A LOS DEMÁS?
...
Cada uno de los cien, lleva un antifaz que preserva su identidad.
...
Tu vas anotando una a una las respuestas.
...
De las cien respuestas, quitas diez, las más titubeantes.
Anotas seguro las respuestas rápidas.
Y del resultado final (90), las divides en tres grupos, las del SI, las del NO, y las de TAL VEZ.
...
Miras los resultados.
NO - 75%
TAL VEZ- 10%
SI - 5%
...
Luego, tras ver los resultados, piensas: "los árboles no me dejan ver el bosque".

Y vuelves a hablar con las personas de una en una.
El cajero.
La señora.
El señor.
El niño.
El abuelo.
...
Y las miras de otra forma.

Mª Asunción Balonga Figuerola dijo...

¡Hoy, precioso y profundo, amigo mío!
Gracias y felicidades
Asun

Mª Asunción Balonga Figuerola dijo...

Y digo "precioso" por eso tan bonito de sembrar esperanza incluso en el modo de escribirlo..por matizar:-)
A

Mª Asunción Balonga Figuerola dijo...

Y digo "precioso" por eso tan bonito de sembrar esperanza incluso en el modo de escribirlo..por matizar:-)
A

Anónimo dijo...

Estaba buscando ropa para una persona que está en la carcel. Es un anciano tiene 75 años (y que no me digan que con esa edad no hay nadie cumpliendo condena). No tiene a nadie, nadie lo ha visitado en los ultimos 5 años... En esas estaba, en lo de comprar ropa cuando una chica que caminaba tambaleandose me ha pedido dinero (algo ) y yo no tenia dinero así que se lo he pedido a quien venía conmigo pero me ha dicho que no que se lo gastaría en droga, que le estábamos haciendo un favor.

Me ha dolido no darle nada aunque se lo gaste en droga, y casi me pongo a llorar, no por la chica sino por mi, por que clase de persona soy que no puedo darle a quien me pide con la mano extendida.









Modestino dijo...

A driver mi agradecimiento por lo humano y grato del comentario, a Asun por verme con buenos ojos y al Anónimo decirle que lo que vio es el pan nuestro de cada día: cuando alguien te pide por la calle puedes pensar que te engaña, pero nunca te equivocaras ayudándole.