27 de marzo de 2013

Recordando Azoque


La calle "Azoque" de Zaragoza no es precisamente la más elegante y clásica de la ciudad, pero no cabe ninguna duda que desde hace mucho tiempo es un lugar de paso, una de las más frecuentadas por los ciudadanos de Cesaraugusta, en cuanto se halla en el centro de la villa y se convierte en frecuente lugar de paso para ir al Coso, la calle Alfonso o la Plaza del Pilar, o como lugar de acceso a 5 de marzo, el Paseo de la Independencia y Plaza de España. No he conseguido adivinar qué se entiende por Azoque y tendría que hacerme con uno de esos libros sobre las calles de Zaragoza para encontrar el motivo por el que se dio este nombre a la calle que une la Plaza del Carmen con la de Salamero, popularmente llamada "del Carbón". Recuerdo perfectamente que en mi infancia la calle de Azoque era pateada por un motivo u otro todas las semanas, y aunque no solía tratarse de lugar de destino, sus estrechas aceras y su enorme movimiento de coches y peatones la convertían en zona viva y llena de ambientes bien variados.

En las últimas décadas la calle Azoque ha ido siendo ocupada por Inmobiliarias, tiendas de informática, franquicias, establecimientos de "chuches" e imagino, aunque ahora no me consta en concreto, que de alguna tienda de chinos, pero cuando comencé a ser consciente de su existencia tenía una variedad de tiendas mucho más plural y atractiva. Y si había un sitio que le daba sabor y personalidad a toda la calle era "Los Navarros", un bar típico, cargado de solera y habitualmente lleno de clientes, que hacía sentir desde la calle el aroma de las gambas y los langostinos, las olivas rellenas, los salazones y los bocadillos de calamares; en "Los Navarros" se escuchaba el sonido ininterrumpido de la voz humana, el permanente latir del corazón vitalista y amante del sano "compadreo" del zaragozano. En un principio el establecimiento estaba ubicado en la misma esquina con la Plaza del Carbón, un local viejo y destartalado en tonos rojos y metálicos, lleno de carteles de toros de cualquier época y que suplía lo vetusto e incómodo de la instalación con la porfesionalidad y el saber hacer de quienes lo regentaban; allí estuve en muchas ocasiones con mi padre, que sabía encontrar los sitios más adecuados y sanos dentro de la oferta del ramo. A finales de los 60 el bar se trasladó al mismo centro de la calle Azoque, a un local más amplio y adecuado que se convirtió durante muchísimo tiempo en lugar de reunión donde compartir alegrías y penas "como Dios manda".

En la zona más próxima a la Plaza del Carmen había un lugar significativo que no dejaba de tener su parte de misterioso; me refiero al oscuro pasaje que conducía al Teatro Fleta; la entrada principal a éste se encontraba al otro lado, en lo que hoy es Avenida César Augusto, pero en Azoque se iniciaba un misterioso acceso que te aseguraban llegaba a dicho cine, aunque no recuerdo haber nunca traspasado la línea de inicio del mismo; recuerdo que a la puerta se instalaba un quiosco de prensa, que era el límite hasta donde llegaron mis ojos en dicho lugar que posblemente ahora no sería capaz de situar. Muy cerca del mismo se ubicaban dos pastelerías, ambas con una fachada de llamativo color negro, una de ellas era más bien panadería y creo recordar se llamaba "Viena del Carmen", mientras la otra era una de las "grandes" de la época, especializada en tartas y pasteles y se anunciaba como "Montañés". Si mi memoria no me falla, también se ubicaba por allí una tienda de una cadena de perfumerías llamada "Chiro", una especie de franquicia de la época que empleaba unos repartidores que funcionaban por la ciudad con unas motillos que en la parte de atrás tenían instalada una especie de caja de madera con el nombre del establecimiento.

Al otro extremo de la calle se ubicaba -y ahí sigue- el Colegio Santa Rosa, uno de los muchos colegios de monjas que se ofertaban por entonces; he de confesar que para mí siempre fue un misterio, pues así como la Compañía de María -La Enseñanza- era el colegio de mi hermana al que yo mismo había ido de pequeño, las Escolapias era donde había estudiado mi madre, en Santa Ana lo habían hecho mis tías paternas, Teresianas y Carmelitas eran unos "clásicos" y el Sagrado Corazón y Jesús y María eran por entonces los colegios "pijos" del lugar, era incapaz de etiquetar a santa Rosa, un centro del que nunca había escuchado de nadie que acudiera a él. También se ubicaban por allí una especie de tienda de relojes, transistores y demás que parecía traída directamente de la zona portuaria de Barcelona, otra de objetos de regalo, una zapatería denominada "Velilla" donde no se vendían precisamente "Sebagos", "Nike" ni "Callagham" y una teinda de saneamientos. Todavía no habían aparecido el Mercado que existe ahora, la Cafetería "Azoque" que terminó sucumbiendo y donde ahora hay una especie de "Burguer" de medio pelo, la Taberna "Azoque", donde entre otras cosas hacen una torrada de foie de primerísima fila y un establecimiento de bacalao en el que comí una vez y no estaba nada mal.

Los tiempos han cambiado, ahora es más época de franquicias y establecimientos fríos, pero la calle Azoque sigue siendo esa vía de unión, ese acceso a los lugares más emblemáticos de la ciudad.

8 comentarios:

sunsi dijo...

Ya me he paseado por los recuerdos de tu tierra, Modestino. Una delicia de descripción. Lástima tanta franquicia. Me llama la atención la cantidad de colegios religiosos que existen en Zaragoza. Me han dicho que la oferta es muy buena...

Modestino dijo...

Ahí está el contraste: antes comercio, ahora franquicias. La oferta de colegios religiosos sigue siendo amplia, aunque las sedes han ido trasladándose a la periferia, salvo Santa Rosa, Escolapias y alguno más.

Sergio dijo...

Desconocía la existencia de este blog y me ha encantado este artículo. Sobre todo porque me ha transportado a mi niñez a principios de los 80, cuando acompañaba a mi abuelo que trabajaba en el mercado de la calle Azoque. Era una vía que transitaba a menudo por la cercanía existente con mi colegio de Escolapios de Conde Aranda, así como por vivir mi tía abuela en la antigua calle Capitán Portolés prolongación de la mencionada Azoque.
Respecto al topónimo Azoque copio lo aparecido en "Los nombres de las calles de Zaragoza
en el siglo XV (Toponimia urbana)" de Gaudioso Giménez Resano:
Calle de Azoque.— La principal del barrio moro. Entre la
calle de la Fustería, la plaza de la Alfóndiga y la de la
Mezquita Mayor. Se refiere al emplazamiento del mercado: del
árabe al-sûq 'mercado'. La calle y el nombre subsisten en la
actualidad.

Así pues, el mercado de Azoque parece ser de una antigüedad mucho mayor de la que cualquiera nos pudiésemos imaginar.

Un saludo.

Modestino dijo...

Es curioso lo del Mercado, qué no había quedado grabado en mi memoria, me alegra haber resultado útil para ejercitar tu nostalgia, algo qué algunos critican pero que viene bien hacer en ocasiones. Y gracias por la explicación del nombre de la calle.

Mª Asunción Balonga Figuerola dijo...

¡Hola Modestino!

Me ha gustado mucho leerte porque ha sido un recorrido muy ameno e instructivo de una ciudad que me parece muy atractiva e histórica pero que desconozco, excepto el Pilar, claro.
Y es que siempre paramos un momento, viajando, pero con prisas y de paso.
A ver si algún día la disfruto con paz.
La patria chica...¿verdad, amigo?,
como eso nada...!!!
Bien. Si no nos "vemos", descansa y ¡Buena PASCUA!
Asun

Modestino dijo...

En Zaragoza hay cosas mejores eh, Asun? ... sólo que la nostalgia te hace recordar der todo.

Brunetti dijo...

A mí, la que me encanta es la calle Don Jaime.

Buena Pascua, amigo.

Modestino dijo...

De la calle Don Jaime, como del Gobierno, hablaremos otro día. Aunque ya hablé en su momento de Fantoba.