26 de junio de 2012

Libros de junio

Para quienes solemos tomar las vacaciones en julio, el mes que le precede viene a ser la antesala de un tiempo que permite leer más que de ordinario. Por eso, mis lecturas de junio no han sido excesivas, y la mitad de las que aquí aparecen no son más que libros ya comenzados y avanzados en la segunda quincena de mayo. No obstante, cabe hablar de dos excelentes novelas policíacas, absolutamente recomendables, un nuevo encuentro con Ignacio Martínez de Pisón, un escritor aragonés que se ha convertido, desde mi punto de vista, en uno de los más seguros valores del panorama literario español contemporáneo y el descubrimiento de John Fante, uno de esos escritores norteamericanos de mediados del siglo XX que nos enfrentan con la vida ordinaria de la América profunda. Junto a ellos, ha habido también alguna lectura más de relleno que completa el muestrario mensual al que me he apuntado en los últimos tiempos. A mi regreso del descanso anual -no me atrevo a añadir ese calificativo de merecido- espero poder ofrecer una lista más amplia de libros leídos, ... y espero haber acertado en la elección de mis encuadernados compañeros de viaje; el verano siempre es ocasión de incrementar el hábito de leer, descubrir libros interesantes y desempolvar alguna que otra joya.

Ignacio Martínez de Pisón se ha convertido en uno de mis autores españoles actuales favoritos, habrá quien piense que ando influenciado por el paisanaje y su condición de acérrimo zaragocista, pero con independencia de tales circunstancias pienso que es uno de los mejores hoy en día. Me habían recomendado vivamente "Dientes de leche", un relato ambientado en la Zaragoza del franquismo y que se centra en torno a la familia creada por Raffaelle Cameroni, un italiano que había llegado a España durante la guerra civil reclutado por las brigadas que Mussolini envío a Franco para echarle una mano. Tal vez lo mejor de Martínez de Pisón es la agilidad con la que narra, ese aire fresco que uno nota cuando lee sus novelas. El autor zaragozano nos cuenta con naturalidad, excelente redacción y cierto tono de humor los dramas, aventuras y sucedidos, algunos bien chuscos, de Cameroni, su mujer y sus hijos, sin prescindir de las necesarias referencias históricas, pues al ritmo de la vida de los protagonistas en España se van viviendo intensamente los sucesos de posguerra, desarrollo y postfranquismo. "Dientes de leche" tiene un toque entre entrañable y familiar, y refleja formidablemente cómo fue la vida de tanta clase media en unos años que comenzaron dramáticos y poco a poco se fueron convirtiendo en más alegres y festivos, sin olvidar los dramas y contradicciones de la época.

Hacía tiempo que me habían recomendado "Llenos de vida", una novela de John Fante, escritor y guionista de cine fallecido en 1983 y que alcanzó el éxito después de su muerte. Fante pertenece al movimiento literario llamado "realismo sucio", que al parecer muchos piensan tiene su origen en Charles Bukowski, aunque éste ha asegurado que él se inspiró precisamente en Fante, Raymond Carver es otro de los representantes de este estilo. Una de las peculiariedades de esta novela es que el protagonista es el propio escritor, que es tratado por él mismo con notoria autocrítica. En la novela se tratan los temas que según cuentan los expertos son constantes en las novelas de John Fante: la pobreza, el catolicismo en relación a la comunidad italoamericana y la incomunicación, en la familia o en la pareja. El autor ambienta su relato en Los Ángeles, pero se adentra en la América profunda a través de la figura de su padre, que vive en un pueblo recóndito y a quien va a buscar en un viaje narrado de manera, en mi opinión, tan prodigiosa como hilarante. Me ha parecido una novela formidable, de esas que se leen gratamente en uno de esos fines de semana tranquilos no sólo por su brevedad -156 páginas a doble espacio-, sino porque muchas veces para disfrutar con la lectura no necesitas ni grandes argumentos ni especiales intrigas, basta algo bien escrito y un enfrentamiento con lo ordinario, lo de cada día.

Hace bastantes años que descubrí a Petros Márkaris, el autor griego creador de un personaje tan delicioso y bien diseñado como el comisario Costas Jaritos; de un tirón me leí las tres primeras entregas protagonizadas por este policía entrañable: "Noticias de la noche", "Defensa cerrada" y "Suicidio perfecto", pero a pesar de haber quedado encantado con ellas he tardado casi cinco años en leer el cuarto de la serie, "El accionista mayoritario", una novela en la que vuelve aparecer una intriga tan bien elaborada como las anteriores, con los mismos toques de espectacularidad que caracterizaban a las citadas, con un Jaritos imprescindible, una acertadísima versión griega del Brunetti de Donna León, el Laurenti de Veit Heinichen o el Adamsberg de Fred Vargas. No obstante, además del misterio concreto de cada caso, lo que convierte a las novelas de Márkaris en una lectura irresistible es la magnífica descripción de los personajes permanentes, desde el tal Jaritos hasta su mujer, Adrianí, con la que mantiene una relación divertida y genial, sin olvidar a su hija Katerina, su futuro yerno Fanis y su superior, cuyas relaciones no son siempre serenas, el Guikas. Márkaris añade una agilísima crítica socio-política de las instituciones y la sociedad griega que contribuye a incrementar el interés de la novela. "El accionista mayoritario" es de esos libros que se leen de un tirón y dejan abiertas las puertas a seguir con la serie.

No cabe duda de que Dennis Lehane es uno de los autores del género policiaco más brillantes de USA; ser el autor de "Mystic River" y "Shutter island" otorga, sin duda, un prestigio indudable, pero lehane tiene también sus detectives fijos, en este caso Patrick Kenzie y Angela Gennaro, cuya primera novela, "Un trago antes de la guerra", la sensacional aparición del autor en el panorama literario que le valió el Shamus Award, uno de los premios más prestigios que puede conseguir un escritor novel del género negro. Se trata de una de las mejores novelas del género que he leído, con unos personajes extraordinarios, unos diálogos ágiles y sugerentes, un argumento interesante y, eso sí, una brutalidad notable. La novela está ambientada en Boston y tiene todos los ingredientes para convertirse en uno de esos libros que cuesta dejar, con problemas raciales, políticos corruptos, bandas de jóvenes criminales y dos detectives con los que te identificas a la primera y que, trabajo profesional aparte, tienen ambos su pasado oscuro y sus dramas personales. Lehane sabe dotar a sus novelas, además, de un toque de humor negro que las mejora más, si cabe.

En una de mis frecuentes "exploraciones" por el mundo de la intriga escandinava he terminado junio leyendo "Hablaré cuando esté muerto", una novela de la sueca Anna Jansson que aseguran ha vendido más de un millón de ejemplares en su país y que está encuadrado en una serie de diez novelas protagonizadas por la policía Maria Wern y enmarcadas en el pequeño barrio de Roma de la isla sueca de Gotland. No dudo de que el libro se haya vendido tanto, pero pienso que puestos a comprar novelas suecas hay un buen número de autores de bastante más altura. Existe ciertamente una intriga que te mantiene la atención, pero la novela hay que incluirla en la lista de libros prescindibles; pienso sinceramente que la autora no consigue redactar adecuadamente la historia, que se lee farragosamente y en la que se echa de menos originalidad y un mínimo de calidad. En definitiva, una novela flojita y completamente prescindible que dudo haya obtenido en España el éxito de ventas que aseguran logró en su país de origen. Me ha costado mucho leerlo, lo que no se si se debe a la traducción o a lo enrevesado de la forma de scribir de la autora.


24 de junio de 2012

Muere Galiardo

Juan Luis Galiardo, uno de los actores españoles con más dilatada trayectoria y un hombre de una personalidad arrolladora, falleció el viernes en Madrid a la edad de 72 años víctima de un cáncer de pulmón que ha sido devastador y fulminante. Acabo de leer el obituario de "El País", un periódico que borda esta sección, y allí he descubierto en Galiardo a un personaje especial, con un baúl de vivencias, explosiones de carácter y alguna que otra locura realmente apasionante. Había nacido en la localidad gaditana de San Roque, aunque si es verdad que uno es de donde estudia el bachillerato, hay que incardinarlo en Badajoz, y la verdad es que viendo su personalidad y sus interpretaciones al actor fallecido le cuadran bastante los aires extremeños, pues entre otras cosas ofrece una apariencia de conquistador y aventurero. Hace cuatro años tuve, curiosamente, un encuentro ocasional con Juan Luis Galiardo en el ascensor de un hotel valenciano, algo de lo que dejé constancia aquí, por lo que dejo un enlace que puede servir como homenaje particular a este hombre que en un par de minutos se me mostró amable, dicharachero y sencillo: http://modestino.blogspot.com.es/2009/09/en-la-linea-de-galiardo.html.

En la trayectoria profesional de Galiardo ocupa, indudablemente, un papel principal el cine; en los años 70 era, junto a Máximo Valverde, Ramiro Oliveros y alguno más, el galán por excelencia del cine español, si bien conforme pasaron los años comenzó a interpretar papeles de mayor calado y que iban mucho más allá de trabajos de "guaperas" en "españoladas" de medio pelo. Me ha llamado la atención que la primera película en cuyo cartel de actores aparece es una versión cinematográfica de "El camino" (1961), la gran novela de Delibes llevada al cine por Ana Mariscal y en la que el actor fallecido ocupa un lugar bastante secundario. En la década de los sesenta apenas hizo papeles principales, entrando en el reparto de films como "Crimen de doble filo" (1965), de José Luis Borao y "El juego de la oca" (1966), de Manuel Summers, siendo sus primeras intervenciónes protagonistas "Mañana será otro día" (1967), un drama social dirigido por Jaime Camino, junto a Sonia Bruno, que todavía no se había casado con Pirri y "Stress-es tres-tres" (1968), de Carlos Saura y con Geraldine Chaplin de compañera de reparto. A partir de este momento Galiardo entra de lleno en el cine comercial de la época, protagonizando películas de Mariano Ozores, Pedro Lazaga, Vicente Aranda, Javier Aguirre, Rafael Romero Marchent, ... en esta línea se pueden incluir títulos como "La chica de los anuncios" (1968), "Después de los nueve meses" (1970), "El apartamento de la tentación" (1971), "Clara es el precio" (1975), "Mayordomo para todo" (1976), "Imposible para una solterona" (1976) y "Esposa de día, amante de noche" (1977), sin olvidar dos trabajos de mayor enjundia con Rafael Gil en 1975 como fueron "Los buenos días perdidos", con guión de un joven Antonio Gala, y "Novios de la muerte", así como "El clan de los inmorales" (1974), de José Gutiérrez Maeso, junto a Helmut Berger y Sidney Rome, a la que con los años atribuirían un largo romance con Julio Iglesias y "Comando Txikia (Muerte de un presidente)" (1976), un film sobre el asesinato de Carrero Blanco dirigido por Juan Luis Madrid.

En la década de los 80 Juan Luis Galiardo hace ya un cine de más contenido; inolvidable fue su intervención en "El disputado voto del señor Cayo" (1986), de Antonio Giménez Rico, basada también en novela de Delibes, una fábula política en la que protagoniza un formidable duelo interpretativo con Paco Rabal. "El señor de los Llanos" (1987), de Santiago Sanmiguel, "Soldadito español" (1988) del propio Giménez Rico y "Papeles secundarios" (1989), de Orlando Rojas, son otras películas destacadas de la década. En los noventa trabaja con el gran Berlanga en "Todos a la cárcel" (1993), encabezando un reparto estelar junto a José Luis López Vázquez, Agustín González, Santiago Segura, José Sazatornil, José Sacristán, Manuel Alexandre y Luis Ciges, con Regueiro en "Madregilda" (1993), junto a José Sacristán, Juan Echanove y Fernando Rey, con Juan Luis Cuerda en "Así en el cielo como en la tierra" (1995), junto a Fernando Fernán Gómez y Paco Rabal, con José Luis Garcia Sánchez en "Tranvía a la Malvarrosa" (1997) y "Adiós con el corazón" (1999), con Fernando León de Aranoa en "Familia" (1996), con Carlos Saura en "Pajarico" (1997) y "Tango" (1998) y con Fernando Trueba en "La niña de tus ojos" (1998). Evidentemente, una década cargada de trabajo realizado con grandes actores y directores.

De los últimos años destacan llamativamente dos interpretaciones de un significado especial: "Lázaro de Tormes" (2001), de Fernando Fernán-Gómez y José Luis García Sánchez, protagonizada por Rafael Álvarez "el Brujo" y con compañeros de reparto del nivel de Manuel Alexandre, Álvaro de Luna, Agustín González, Francisco Rabal y Francisco Algora y "El caballero Don Quijote" (2002), de Manuel Rodríguez Aragón, convirtiéndose junto a Peter O´Toole en el único actor en haber interpretado tanto al Quijote como a Cervantes, su autor. Otras películas de este nuevo siglo en las que intervino el actor fallecido fueron "El Coronel Macià" (2006), de José María Forn, "Miguel y William" (2007), de Inés París y "La chispa de la vida" (2011), de Alex de la Iglesia, sin olvidar el magnífico documental de José Luis García Sánchez, "Por la gracia de Luis" (2009), en el que se homenajea a Luis García Berlanga y en el que Juan Luis Galiardo interviene junto a Violeta Cela, Jaime Chávarri, Antonio Gamero, Javier Gurruchaga, José Lifante, Guillermo Montesinos, Antonio Ozores, Andrés Pajares, Juanjo Puigcorbé, Elvira Quintillá, Mónica Randall, José Sacristán, José Sancho, Rosa María Sardá, Concha Velasco, ...

En Televisión actuó bastante menos, a pesar de lo cual nos dejó intervenciones inolvidables y de éxito, muy especialmente en el papel de "El Chepa", ese siniestro y entrañable abogado de "Turno de oficio", un éxito televisivo entre 1986 y 1987, junto a Juan Echanove y Carmen Elías con la magistral dirección de Antonio Mercero y con reposición en 1996. Fue también muy buena su interpretación del cacique y "donjuanesco" Alvaro Mesía en "La Regenta" que dirigida por Fernando Méndez-Leite emitió TVE en 1995, compartiendo una espléndida cabeza de cartel con Aitana Sánchez-Gijón, Carmelo Gómez, Héctor Alterio y Amparo Rivelles. Y por supuesto, también estuvo a la altura poniéndose la piel del General Armada en "23 F, el día más difícil del Rey", bajo la dirección de Silvia Quer. Otras series recientes de televisión en las que intervino Galiardo fueron "Puerta con puerta" (1999), con guión de Alfonso Ussía, "Moncloa ¿dígame?" (2001), de Oriol Grau y "La hija del capitán" (2008), dirigida por José Luis García Sánchez, de la trilogía "Martes de Carnaval", de Ramón María del Valle-Inclán.

Juan Luis Galiardo fue una figura, humana y profesional, llena de matices, de luces y sombras, de sorpresas. Arriba he dejado el enlace de mi encuentro con él, y puedo asegurar que en pocos minutos se quedó conmigo y se mostró como alguien muy humano, lo que diríamos "un tipo enrrollado". Dejo el enlace de un gran artículo de Juan Cruz en "El País":


23 de junio de 2012

Trevor Francis: un nombre, un recuerdo



Hace un par de meses leía en la prensa que el ex-futbolista inglés Trevor Francis había sufrido un ataque al corazón y se encontraba recuperándose en un hospital; el hombre cumplió el pasado 19 de abril 58 años y no cabe duda que se trata de una edad peligrosa para la cosa cardiaca. Inmediatamente volvió a mi cabeza uno de esos nombres de los que te olvidas no se sabe porqué, pero que en su día formaron parte de los jugadores que uno admiraba. Siempre me ha gustado el fútbol de las islas, y Francis ocupa un lugar importante de esa larga lista de atacantes británicos que tanto me hicieron disfrutar: Kevin Keegan, Kenny Dalglish, Glen Hoddle, Gary Lineker, Mark Hateley, Terry McDermott, ... El jugador, nacido en Plymouth y formado futbolísticamente en el Birmingham City, era el clásico delantero que se escoraba hacia la derecha, rápido, ratonil e incisivo y formaba parte del Nottingham Forest, un club inglés sin excesiva historia y que en la actualidad lucha por regresar a la Premier League, pero que a finales de los años 70 ganó dos Copas de Europa seguidas y entró en la elite del fútbol inglés, imponiéndose a los clásicos de siempre: Manchester United, Liverpool, Chelsea, Arsenal, ...

Trevor Francis fue quien marcó el gol decisivo de la final de la Copa de Europa de 1979 -así se llamaba entonces la actual "Champions League"- disputada por su equipo frente al Malmoe sueco, una final inédita que terminó con victoria inglesa por 1-0 y que acabó resultando bastante aburrida. Para llegar a la final los de Nottingham había realizado la machada de eliminar en dieciseisavos al Liverpool, campeón de las dos ediciones anteriores y uno de los grandes favoritos; a partir de entonces el camino fue mucho más asequible: AEK de Atenas, Grasshopper suizo y Colonia alemán. El partido decisivo se jugó en el Estadio Olímpico de Munich. El gol de Francis se produjo acabando el primer tiempo, al rematar el extremo a bocajarro con la cabeza un centro que venía de la izquierda; un gol que valió un título. Al año siguiente los ingleses repitieron la hazaña, y tras eliminar a los suecos del Östers IF, los rumanos del FC Argeş Piteşti, al Dinamo Berlín de Alenania Oriental y al incombustible Ajax de Amsterdam, vencieron en la final al Hamburgo de Kaltz, Magath y Keegan por otro exiguo 1-0, si bien Trevor Francis no jugó el partido, que se celebró en el Santiago Bernabeu. La carrera de Francis a partir de estos éxitos no alcanzó la brillantez que se esperaba; el jugador fue traspasado al Manchester City en 1981, jugando después en dos equipos italianos, Sampdoria y Atalanta, para regresar en 1987 a las islas y jugar en Glasgow Rangers, Queens Park Rangers y Sheffield Wednesday, habiendo vestido en 52 ocasiones la camiseta de la selección inglesa.

En aquél Nottingham además de Trevor Francis también destacaban otros jugadores; en primer lugar el meta Peter Shilton, una autentica leyenda del fútbol inglés: llegó a jugar 1390 partidos y se retiró el Leyton Orient de la 4ta división inglesa a los 48 años; Shilton debutó en el Leicester City y antes de llegar a Nottingham jugó en el Stoke City, donde sucedió al mítico Gordon Banks, después militó en el Southampton, Derby County, Plymouth Argyle, Wimbledon, Bolton Wanderers, Coventry City, West Ham United y el citado Leyton Orient. Otro jugador destacado era el extremo zurdo John Robertson, autor del gol que sirvió para vencer al Hamburgo en la final de 1980; un jugador con apariencia de orondo, pero rapidísimo y muy peligroso; Robertson, 28 veces internacional por Escocia, jugó toda su vida en Nottingham, con excepción de dos años que militó en el Derby County. Otro excelente jugador era Tony Woodcock, un atacante muy hábil y eléctrico que tras la final ganada al Malmoe fichó por el Colonia alemán, regresando tres años después a las islas para jugar con el Arsenal, volviendo en 1986 a militar en el Colonia; Woodcock fue 42 veces internacional con Inglaterra. También destacaban el veterano centrocampista escocés John McGovern, capitán del equipo y que había llegado al Forest procedente del mítico Leeds United, el ofensivo lateral derecho Viv Anderson, que jugó también, entre otros, en Arsenal y Manchester United y fue 30 veces internacional, el lateral escocés Kenny Burns y el delantero Garry Birtles, el típico ariete inglés flacucho y goleador.

El hombre clave de este equipo fue Brian Clough, un entrenador que estuvo 18 años con los de City Ground y cogió al equipo como semicolista de la Championship -2ª división- en enero de 1975, ascendiéndole en dos años y consiguiendo dos Copas de Europa; Clough, que ya había llevado al Derby County a ganar la Liga inglesa, había sido un ariete goleador en el Middlesbrough -el popular "Boro"- y el Sunderland y era un hombre de carácter: sus declaraciones directas, arrogantes y en ocasiones polémicas, le llevaron a tener problemas con varios presidentes de los clubes en que estuvo, llegándose a asegurar que ésta fue la causa por la que no llegó a ser elegido seleccionador inglés. El Nottingham Forrest fue perdiendo fuerza hasta que en 1993 bajó a la 2ª división inglesa; aunque regresó en un par de ocasiones, en 1999 bajó definitivamente, llegando a estar un par de años en la League One -3ª división-, siendo en la actualidad uno de los equipos punteros de la Championship -2ª división-, confiando sus aficionados que más pronto que tarde reverdezca viejos éxitos. Mientras Trevor Francis se recupera de su accidente cardiaco y siempre quedará en el recuerdo como uno de los hombres clave de un Nottingham que fue dos años seguidos el rey de Europa.

22 de junio de 2012

¡Pero qué horribles!



Hace tiempo que los veo expuestos por ahí; en algunas zapaterías, en el "Schlecker", en los oscuros y abigarrados bazares de los chinos ... y siempre me han parecido tremendamente feos; al principio pensé que se trataba de calzado de trabajo, pero poco a poco he ido comprobando que el personal se lo pone en cualquier sitio, que nuestras calles, paseos y plazas son continuamente pisados por esos zuecos negros, morados, rojos, amarillos, ... y hasta en el propio trabajo ves a chicas de lo más monas y estiladas portando semejantes armatostes en sus pies. Imagino que deben de ser supercómodos, incluso es posible que sean utilizados con fines terapéuticos, a lo mejor hasta existe un estilo que los justifique y recomiende, ... pero, al menos por ahora, me parecen un insulto al buen gusto y la elegancia.

Es posible que el problema sea mío, que todavía ande anclado en una estética anticuada y condenada a desaparecer, pero me resisto a admitir que calzar unos zuecos de plástico con agujeros y de colores vivos añada nada positivo al buen vestir del personal. He asimilado, y hasta les encuentro el punto, las sandalias hawaianas, también las de "plásticurri" que llevan algunas mujeres tal vez con un modelete caro, o la alpargata de yute que no se que diseñador puso de moda, hasta las "Victoria" sin cordones que lleva el 50% de las chicas jóvenes con apariencia de estar a punto de enseñar el dedo gordo: son contrastes que tienen su gracia, su elegancia propia. Pero andar por la calle con unos zuecos bastos y enormes , con apariencia de ir a quitar el polvo del recibidor, aventar la alfombra en el patio de luces o elaborar un potaje en la cocina del "Bar Juanito" añade bien poco a la buena convivencia.


21 de junio de 2012

¡Dios salve al solsticio de verano!



La palabra la escuché muchas veces, pero hasta ahora no me había parado a profundizar sobre el hecho; y es que al parecer esta noche es la del solsticio de verano, algo que no tiene porque ser "moco de pavo". Dice la "wikipedia" que en este solsticio la longitud del día y la altitud del sol al mediodía son máximas respecto a cualquier otro día del año. Efectivamente, en el Hemisferio Norte es llamado “Solsticio de Verano” y es el día más largo del año, marcando paso de la primavera al verano.

Estos días finales de junio me devuelven a la infancia, cuando volvias a comprobar que el curso había pasado con la velocidad del rayo y te enfrentabas a los últimos días de colegio con la ilusión de un verano que sonaba a época mágica, todo ello con independencia de la mayor o menor incertidumbre de las notas finales y si las vacaciones se presentaban con algún aliciente en forma de viaje a la playa. Por aquellos años nos conformábamos con bastante poco, y la perspectiva de no tener obligaciones escolares bastaba para desplegar la imaginación y alimentar las ilusiones. ¡Que lejos quedaba septiembre ese día que te despedías de tus compañeros de clase como si partieras lejos y por mucho tiempo!, y es que cuando eramos unos "locos bajitos" dos meses y pico eran toda una vida.

La palabra solsticio puede sonar a cursi, en exceso culta y hasta rimbombante, y lo cierto es que a mí me basta con hablar de verano, un tiempo que puedes convertir en más relajado y muy especialmente aquél en el que disfrutas las vacaciones; porque este año las añoro y necesito de manera especial. No se si es el tiempo, los calores, las noticias preocupantes de la prensa o la edad que vas alcanzando, pero ando estresado y suspiro por unos días de descanso en los que pensar poco y complacer los pequeños y lícitos caprichos que te pide el cuerpo. A la hora de la verdad las cosas vendrán como Dios quiera, pero este año no me sirven filosofías complicadas, ideas de aventura ni excusas retorcidas, y si hay solsticio que la palabreja anuncie relax, paz interior y renovación completa. ¡Que el solsticio nos sea favorable!.


20 de junio de 2012

Entre el diluvio y las tinieblas


"…Porque como en los días antes del diluvio estaban comiendo y bebiendo, casándose y dándose en casamiento, hasta el día en que Noé entró en el arca, y no entendieron hasta que vino el diluvio y se los llevó a todos ..." San Mateo 24:36-39

De unos tiempos a esta parte el ambiente es cada vez más catastrofista, comenzamos las semanas con el cierto relajo que ofrece el fin de semana, pero entre mercados, primas, ibex, rescates y demás dramas, a los ciudadanos, aunque la mayoría no entendemos en exceso de estos asuntos, se nos presenta un futuro negro y desalentador. Últimamente pienso mucho en Abraracurcis, que solamente tenía miedo de que el cielo le cayera encima y se consolaba con la célebre frase de que "eso no tiene porqué ocurrir mañana", y si pienso en el gran jefe galo es porque uno empieza a tener miedo de que, en esta ocasión, exista el peligro de que el bombazo sí que ocurra mañana, ... o pasado.

Ahora todos cargamos las tintas sobre nuestros políticos, quienes consideramos se han portado con venalidad, nos han engañado y son los principales culpables de que la cosa esté tan mal, sin olvidar a los banqueros, grandes empresarios y demás personal sobre quienes suelen caer las iras populares. Y me temo que no nos falta razón y los padres de la patria deberían recapacitar, reconocer sus errores y, por supuesto rectificar; pero me resisto a excluir al resto del mundo de las culpabilidades, entre otras cosas porque siempre he pensado que los políticos no son más que reflejo de la sociedad en que vivimos. Además, la desconfianza y la zozobra han dado alas a algunos que reaccionan con la irracionalidad, desproporcionalidad e injusticia que suponen, desde mi punto de vista, el alboroto, el insulto y la violencia. Y ante todo ésto el panorama se convierte en desalentador, porque ni confiamos en quienes ostentan responsabilidades ni parece que haya alternativas sanas y decentes, al menos a la vuelta de la esquina.

Sinceramente, creo que la frase del Evangelio de San Mateo relativa a los tiempos del diluvio es trasladable a nuestros días; en occidente hemos vivido como si nunca fuera a pasar nada, ajenos a prudencias y precauciones, olvidados de la sobriedad y la ponderación, abrazados al "vale todo" y al "yo soy más que tú", sin controlar ambiciones, deseos y pruritos, arrastrados por los impulsos más ciegos a los que a unos llevaba el afán de dinero, a otros el de poder y algunos más la radicalización de sus nacionalismos. Y así hemos creado un monstruo con el que hemos convivido entre divertidos y satisfechos; el monstruo tenía muchos brazos y ahora se revuelve contra sus engañados compañeros de juegos.

Yo lo tengo claro, llegan unos tiempos nuevos y en ellos nos tendremos que acostumbrar a la austeridad, a carecer de cosas que ahora nos parecen imprescindibles, a ser menos viajeros, menos caprichosos y menos propietarios, a andar por la vida más con visión de servicio y de sentido de las obligaciones que con afán de pisar y exigencias desmedidas. Y es que me temo que estamos ante una crisis que algún día terminará, pero las situación no revertirá al pasado, y el futuro será de otra manera, de una forma bastante menos "glamourosa": pero no hay mal que por bien no venga, y a lo mejor descubrimos que podemos ser más felices viviendo con menos ... todos aprendimos que tras el diluvio, hubo un momento en que Noé abrió la ventana y entro de nuevo la luz y la paloma enviada regresó con un ramo de olivo en la boca, porque en la tierra hay tinieblas, pero aquí Dios sí es capaz de devolver la iluminación.





19 de junio de 2012

El fracaso de la selección holandesa



Holanda suele ser una de las favoritas al triunfo final en cada competición en la que juega; en esta Eurocopa que desde hace unos días ocupa el ocio de bastantes y que ahora entra en su fase más emocionante, no era menos y el conjunto que entrena Bert Van Marwijk, un hombre que por cierto no me sonaba nada, parecía un serio candidato a llegar muy lejos, máxime si consideramos que hace tan sólo dos años fue subcampeón del mundo y que en el plantel naranja aparecen nombres tan sonoros en el panorama futbolístico como Robben, Sneijder y Van Persie. A la hora de la verdad, la antigua "naranja mecánica" ha cosechado derrota tras derrota y ha tenido que regresar a casa a la primera tras no conseguir obtener ni un sólo punto en el denominado, con ese exagerado dramatismo que le damos los "futboleros" a estas cosas, "grupo de la muerte".

A lo mejor puede resultar gratuito buscar las razones del fracaso, analizar lo sucedido, y el único motivo de la debacle hay que buscarlo en que el balón unas veces entra y otras no, y ya se sabe que en esto del deporte rey se puede pasar del día a la noche y viceversa con un par de decisiones arbitrales, algún balón en el poste o cualquier otra eventualidad que supera cualquier previsión de mister y jugadores. No obstante, me siento capaz de llegar a tomar en consideración tres razones que han llevado a toda una generación de futbolistas a perder su última oportunidad de conseguir un título internacional con su selección. En primer lugar, pienso que Holanda no ha conseguido meter savia nueva adecuada en el equipo, cuya principal carga la han seguido llevando las estrellas de siempre, que tienen por cierto cada vez más años a sus espaldas. Así, de la misma manera que en el Mundial de 1974 a los Cruyff, Haan, Krol o Suurbier se añadieron unos jovencísimos Rep, Rijsbergen o Neeskens, en esta Eurocopa van Marwijk no ha contado con jóvenes con el nivel suficiente para formar junto a los de siempre un conjunto importante, y si lo tenían no lo han demostrado.

Por otra parte, pienso que el mister holandés no ha arriesgado en exceso, sacando en sus dos primeros partidos un doble pivote enormemente defensivo, el que formaron el veterano y ex barcelonista Mark Van Bommel y el polémico Nigel de Jong, ambos caracterizados por su poca ambición ofensiva y por no estar exentos, especialmente el segundo -que se lo pregunten a Xavi Alonso-, de ciertas dosis de usos violentos. Esta opción por el antifútbol, contrastado por supuesto por las grandes condiciones técnicas de sus hombres ofensivos, ha podido pasar factura a los "orange".

También pienso que las figuras de la Holanda más reciente son jugadores a los que, teniendo una enorme calidad, les suele faltar algo para acabar de redondear actuaciones y trayectorias; pienso que Robben y Sneijder, ambos con pasado madridista, son los más completos de todos, pero aún así les falta ese punto necesario para pasar de excelente jugador a fenómeno y mientras Robben acaba siendo reiterativo en sus jugadas, a Sneijder le falta continuidad. A Robie Van Persie, que para muchos es el mejor del equipo, le veo como un jugador que empieza mucho y acaba poco, mientras Rafa van den Vaart me parece el típico jugador de jugadas sueltas, con buen toque y poco juego de conjunto, a la vez que Huuntelaar no deja de ser un "armario" con olfato de gol y Dirk Kuijt un "peleón" con poco cuerpo y algo pasado de vueltas.

En definitiva, es posible que Holanda haya tenido mala suerte, todas las grandes selecciones han tenido su Waterloo y es muy fácil hablar a toro pasado, pero creo sinceramente que la temprana eliminación del tres veces subcampeón mundial no debe extrañar a nadie. Eso sí, no saquemos pecho que ayer los nuestros pudieron perfectamente quedarse también fuera y darnos el disgusto de la década.


18 de junio de 2012

No caminamos por una alfombra




Seguramente no nos pasa a todos, pero algunos nacimos como en una burbuja, mamando en los mundos de "yupi", estudiando en colegios enmoquetados y, muy especialmente, pensando que eso era lo normal, que todo aquél que te cruzabas por la calle también comía caliente, tenía la vida organizada e iba a Misa los domingos. Yo soy de los que andaban preocupados por los negritos de África y cuando las monjas del colegio al que acudí hasta los 6 años nos pedían el papel de plata de las tabletas de chocolate para ayudar a aquéllos, me parecía una manifestación de la sabiduría de la naturaleza el que a mí me gustara el chocolate y a los africanos el papel que lo envolvía. Con los años la vida te va enseñando y aprendes que no es de color de rosa, que para descubrir los dramas que provoca la pobreza no hay que cambiar de continente, pues te los encuentras a la vuelta de la esquina y que la trayectoria de cada cual no está marcada puntualmente de manera previa y convencional, sino que el mismo punto de partida puede conducir a situaciones bien distintas y hasta contradictorias. Yo soy de los primeros miembros de esa generación en la que unos cuantos se perdieron por el camino a base de adicciones de efectos entonces desconocidos, unas vidas malgastadas sin demasiada culpa y con excesivas ignorancias.

Nuestros padres lo pasaron mal, ellos supieron lo que es el la guerra, el hambre, el miedo y lo supieron porque lo sufrieron, tal vez por eso vivieron demasiado pendientes de que no nos ocurriera a nosotros, puede que en exceso y les hemos salido acomodados, ingenuos y cobardones ... imagino que unos más que otros. Mis años de estudiante siempre los recuerdo como tiempos de agobios e incertidumbres, pero a la vez siento una notoria añoranza por ellos, pues me consta que no deja de ser la mejor época de la vida, a la vez que, con la madurez, comprendes que los problemas de entonces no solían ser tales y lo que me parecía un mundo no era casi nunca trascendente. La vida te acaba enseñando que el camino ni es recto ni uniforme ni limpio de obstáculos, que nadie te recibe en ningún sitio con la guardia formada ni te extiende una alfombra roja por la que andar con frente alta y aires de superioridad, y cuanto antes lo aprendas mejor te irá.

Ahora andamos en época de crisis y nos enfrentamos a un panorama hasta ahora desconocido para muchos; hay quien nos ha vendido unos años 60 y 70 llenos de oscurantismo y en los que unos pocos vivían bien y la mayoría lo pasaba mal: no es el mundo que yo he conocido, y aunque admito cierta falta de contacto con el mundo real durante mi infancia, más bien pienso que fueron épocas de crecimiento y de arraigo de la clase media. De la transición hasta ahora todo han sido, como dicen los catalanes, "flors i violas", pero de pronto se nos ha desmontado -siguiendo con los dichos del "Principat"- la "paradeta" y lo que hasta ahora valía, comenzamos a plantearnos que no sirve y, sobre todo, nos cuesta asumir que hay que empezar a renunciar a lujos, hábitos y alguna que otra comodidad ... y es que nos hemos mimetizado en una sociedad que huye de lo que resulta doloroso.

16 de junio de 2012

El "10" de la mejor Alemania

Si hay una posición en un campo de fútbol que siempre ha tenido un toque de distinción es la de "10"; con el paso de los años y las nuevas tácticas es posible que se haya desfigurado algo la condición de líder "zurdo" de un equipo, pero nadie podrá olvidar lo que significaron Pelé para el Santos y la "canarinha", Bobby Charlton para el Manchester United y la selección inglesa que ganó el Mundial de 1966, Maradona para la Argentina de 1986, Platini y Zidane para el resurgir de Francia como selección o Zico para el Brasil mágico y frustrado campeón de 1982. Para que un equipo rinda es preciso que tenga un buen portero, que el centro de la defensa esté bien cubierto y que arriba haya alguien con un buen promedio goleador, pero para lograr títulos, de cualquier tipo, es preciso además que alguien aporte el toque de técnica, capacidad organizativa y liderazgo que ofrecen ese tipo de jugadores. En la Alemania que impuso su ley en Europa -y no sólo en ella- durante esa década fantástica que va del Mundial de 1966 al de 1974 destacaban jugadores tan significativos como Franz Beckenbauer, Gerd Muller, Haller, Uwe Seeler, Breitner o Hoenness, pero el número diez, quien ofrecía las necesarias dosis de técnica y colocación, quien repartía juego por doquier, hacía pases a 200 metros y tenía un tiro durísimo era un poco mediático zurdo del Colonia llamado Wolfgang Overath. Cuando Alemania, tras varios intentos fallidos, conquistó la Copa del Mundo de 1974, el equipo no comenzó a carburar hasta que Helmut Schoen puso en el equipo titular a este hombre que algunos consideraban ya de vuelta en esto del fútbol.

Overath fue siempre fiel a un equipo: el Colonia, que en los años 60 y 70 era uno de los poderosos de la Bundesliga, título que ganó en 1962, 1964 y 1978, habiendo ganado también las Copas alemanas de 1968, 1977, 1978 y 1983; en Zaragoza le recordamos por un éxito menor, pero significativo por estos pagos, pues en 1971 se impuso en el I Trofeo "Ciudad de Zaragoza", que ese año consistió en un triangular entre los anfitriones, los alemanes y los belgas del Anderlecht. En el F.C. Koln -ese es su nombre original- destacaban con Overath el formidable lateral zurdo Karl-Heinz_Schnellinger, un rubio rapidísimo que enseguida emigraría a Italia y Wolfgang Weber, un central que marcaría el gol que originaría la prórroga de la Final del Mundial de Inglaterra. Tanto en el Colonia, equipo del que con los años llegaría a ser presidente, como en la selección alemana, con la que jugó 81 partidos, Overath se convertía en el eje de su equipo, con una zurda prodigiosa con la que realizaba unos pases increíbles y disparaba con tanta dureza como dedicación. El jugador disputó la friolera de 765 partidos con el Colonia en los que marcó nada menos que 287 goles, a los que habría que añadir los 17 conseguidos con la zamarra blanca de Alemania. Overtah fue titular indiscutible de la selección germana en tres Mundiales: el de Inglaterra-66, donde los teutones perdieron la final con el equipo anfitrión con polémica incluída, el de México-70, cuando los germanos se vengaron de los ingleses en un increíble partido de cuartos y fueron derrotados por Italia (3-4) en una semifinal sensacional, acabando terceros merced al gol que el propio Overath hizo encajar a Uruguay y el de Alemania-74, cuando Alemania fue campeona al imponerse a la "naranja mecánica" de Cruyff en una durísima final, y en la que Overath puso el toque de calidad y veteranía a un medio campo en el que lucían los jóvenes Uli Hoenness y Rainer Bonhof. El jugador del Koln no fue titular, por el contrario, en la Eurocopa de naciones ganada por Alemania en 1972, pues coincidió con la época más brillante de quien luego sería madridista Gunther Netzer, otro "Diez" realmente sobresaliente.

Wolfgang Overtah era el típico jugador que impresionaba al verle deambular por el campo, con buena planta y excelente colocación, de esos que uno se da cuenta enseguida que saben en cada momento lo que tienen que hacer y donde han de estar situados. Era un jugador serio, poco amigo de esas bravuconadas y polémicas a las que frecuentemente son aficionados los futbolistas. Su palmarés y su trayectoria fueron espectaculares, a pesar de lo cual su nombre no suena demasiado, al menos a quienes no habían nacido aún cuando jugaba; pero no cae ninguna duda de que si en la Alemania de su época en la defensa brillaba el nombre de Beckenbauer y en la delantera los de Uwe Seeler y "Torpedo" Muller, a la hora de hablar de los centrocampistas el primer nombre que había de nombrarse, y bien alto, era el de Overath.

15 de junio de 2012

Resuelto el dilema de la ventanilla



Sí, ya se que soy reiterativo, tal vez obsesivo, pero no lo puedo evitar: en el fondo el blog me viene bien como desaguadero, como vía de escape, como modo de desahogar tensiones y algún que otro cabreo. El pasado miércoles hice un rápido viaje de ida y vuelta en AVE a Tarragona y volví a toparme con la dictadura de los medios tecnológicos y los usuarios psicopatizados de los mismos. Eso sí, la situación me ayudó a resolver el nuevo dilema que surge cuando compras un billete: hasta hace poco uno pedía un billete y le tocaba el asiento que le endosaba no se sabe si la suerte, el destino o la voluntad del vendedor; ahora puedes elegir vagón y número de asiento y siempre surge la duda de si es mejor coger "ventanilla" o "pasillo", algo que tras la experiencia del miércoles personalmente ya he resuelto.

A las 20.33 horas accedía en el andén de la absurda estación "Camp de Tarragona" -algún día habría que hablar del dislate de poner la estación del AVE a 14 km de la ciudad- al vagón nº 5 del tren que me devolvería a la estación zaragozana de Delicias y una vez hallado el asiento "15-D" comprobé que en el "15-C" viajaba el típico "madurete" intrépido y dinámico rodeado de toda la parafernalia "emprendedora"; para acceder a mi asiento, situado en zona ventanilla, el hombre hubo de retirar el portátil de la mesita, desenchufar varios cables que unían dicho portatil y el móvil con unos auriculares que a la vez ejercían de teléfono, ... todo ello mientras intuía por su parte cierto desagrado de ver interrumpido su brillante trabajo de gestión.

Me arrellané en mi asiento, casi compungido, subjetivamente avergonzado de haber ocasionado tanta molestia a un salvador de la patria y me dispuse a pasar la afortunadamente escasa hora y diez minutos de viaje, agradeciendo a la providencia que aún siga funcionando el AVE y me permitiera que mi "encajonamiento" no fuera a durar demasiado. Yo dormitaba, mientras mi compañero no paraba de darle a la tecla de su ordenador y a frecuentar diálogos telefónicos sobre compras, ventas, precios y otras "gaitas". Mi azoramiento -llamemosle así- era tal que ni por asomo me planteé salir del asiento, pues supondría una nueva odisea de recogidas, desenchufes, meneos, idas y venidas ... y quedé privado de la posibilidad de ir al bar, que no deja de ser un capricho, aunque también de acudir al W.C., lo que puede ser una necesidad -incluso una urgencia-, pero cualquiera se atreve a interrumpir la actividad del vecino, pues a esas alturas ya me daba miedo que por culpa de mi incontinencia pudiera subir la prima de riesgo.

Llegué a Zaragoza y hube de volver a pedir permiso al "triunfador" para que desmontara su "despachito", casi avergonzado de interrumpir de nuevo tan trascendentes labores, y bajé del vagón sintiéndome por fin mínimamente libre. De ahí marché a la estación de autobuses a coger el último que sale cada día para Huesca a las 22.15, un bus que pasa por los pueblos de la ruta, donde va dejando a los que regresan a sus casas de sus trabajos de camareros, limpiadoras, cuidadores, ... gente sencilla para los que viajar en medios públicos tiene un carácter más social y menos complicado, que saludan al conductor, que aparentan solidaridad con el prójimo, ... todo un himno al buen tío -y buena tía- de la calle. Ah, y por supuesto, a partir de ahora, ventanilla "nunca mais".




14 de junio de 2012

Nando Molinos vuelve a casa



Fernando Molinos Granada es ya el próximo presidente ejecutivo del Real Zaragoza; sobre el papel su llegada a la máxima jerarquía del equipo aragonés equivale a que el polémico dueño del club Agapito Iglesias se aparte de la dirección y deje las riendas ejecutivas y administrativas del mismo a un hombre del fútbol, alguien cuya vida ha estado siempre ligada al deporte del balón redondo. Eso sí, como toda decisión del soriano suele ser tomada, con motivos bien justificados, con recelo, los aficionados zaragocistas estamos a la expectativa de comprobar si este hombre próximo a cumplir los 62 años, que curiosamente también nació en Soria aunque sus primeros veinticuatro años los pasó casi íntegramente en Zaragoza y que es toda una institución en un club de la solera del R.C.D. Español, va a poder desarrollar su función con mando y sin interferencias. De cualquier manera, a mí me ilusiona esta contratación, pues Molinos es hombre de fútbol, es zaragocista y, cuando yo era un chaval asiduo de la equina de infantil -¡inolvidable puerta 9!- era la gran esperanza de la cantera aragonesa.

Molinos llegó jovencísimo al primer equipo del Zaragoza, debutando con 20 años en 1ª División durante la temporada 1970-71, circunstancia que tiene especial mérito si consideramos lo difícil que históricamente ha costado llegar a jugar con el Zaragoza a los de la casa y la poca paciencia que se suele tener con los mismos. Molinos pertenece a una generación de canteranos que no tuvo la misma suerte que él: el meta Alonso, el lateral izquierdo Eusebio, los centrocampistas Fabra y Salvatierra, el extremo Padilla y el ariete Galdós, entre otros eran también jugadores con condiciones y aunque Galdós y Salvatierra jugaron algún año en el primer equipo ninguno cuajó en primera como Molinos. La temporada fue nefasta para el equipo, que bajó a segunda con números sonrojantes, pero Molinos demostró cualidades y en segunda división se convirtió en uno de los jugadores básicos para conseguir un ascenso que llegó por los pelos junto a veteranos como Violeta, Rico, Ocampos y Luis Costa, Molinos era un jugador de raza, con una condición física increíble, capaz de pasarse los 90 minutos corriendo y con un especial don para marcar a la figura del equipo contrario, a quien conseguía aburrir: entre sus víctimas están los mejores cerebros de la época, como Johan Cruyf, Marcial, Manolo Velázquez, Netzer, Luis Aragonés, Villar, ... Molinos se asentó en el centro del campo del Zaragoza y ya de nuevo en 1ª división formó una media sólida y compensada con dos mitos del zaragocismo: Javier Planas y Pablo García Castany, siendo fundamental para que ese año de regreso a la élite el Zaragoza se convirtiera en un equipo eficaz fuera de casa, donde logró nueve empates y una victoria, consiguiendo la igualada nada más y nada menos que en el Bernabeu, Camp Nou, Mestalla y Calderón.

Pero Molinos tuvo tres grandes inconvenientes: en primer lugar, era hijo de Antonio Molinos, entrenador y periodista y una de las figuras más importantes del fútbol aragonés de la época, lo que dio lugar a injustas e infundadas acusaciones de enchufismo, en segundo lugar, la afición zaragocista solía por entonces ser muy exigente y dura con los de la cantera, mucho más que con cualquier "tuercebotas" llegado de Sudamérica, y un sector de ella le hizo la vida imposible por entender que carecía de técnica, cuando no se daban cuenta que un hombre como él era necesario en cualquier equipo. Su tercer problema fue la llegada de Nino Arrúa, el eje del famoso equipo de los "Zaraguayos", quien se incorporó al Real Zaragoza en octubre de 1973 y formó con los mencionados Planas y García Castany un centro del campo de ensueño; Molinos pasó al banquillo y jugó muchos menos partidos. Con la referida media el Zaragoza hizo dos temporadas espectaculares, quedando los terceros en la primera y siendo subcampeones en la siguiente, si bien no estaría de más puntualizar que tales logros los cimentó en su estadio, donde era intratable y cedió tan sólo siete empates en dos años, mientras a domicilio el equipo bajaba muchísimo, consiguiendo en ese mismo tiempo tan sólo 9 empates -los mismos que el año anterior- y 4 victorias, algo en lo que posiblemente tuvo que ver la ausencia de Nando Molinos. El presidente del Español Manuel Meler -un aragonés de Borja que dirigía a los periquitos con maestría y elegancia- hizo una oferta a Zalba por Molinos, que se marchó por unos 4 millones de pesetas al equipo del hoy demolido estadio de Sarriá en el verano de 1974. En Barcelona Molinos triunfó por todo lo alto, estuvo diez años y cuajó como un hombre de club, primero como futbolista y luego como directivo.

Fernando Molinos no es precisamente un desertor del arado, sino un hombre con dos carreras, Derecho y Ciencias Sociales, cultivado, elegante y respetuoso. Ahora tiene desde luego un papel dificilísimo, porque llega a un club en quiebra, se va a mirar con lupa todo lo que haga y se enfrenta a un entorno dominado por el oscurantismo de unos y la desconfianza de otros. Los nombres de Molinos y Jiménez hacen, a pesar de todo, soñar con que las cosas pueden estar comenzando a cambiar a orillas del Ebro: ¡que así sea!.












13 de junio de 2012

Semana de selectividad



Esta semana se celebran por toda España los exámenes de selectividad; con tan "tremendo" motivo los telediarios nos hablan de jornadas tensas y nos muestran a unos estudiantes con aspecto de no haber roto un plato y una juventud insultante haciendo una declaraciones de tono y contenido casi equivalentes a las que podrían hacer quienes se van de guerrillas o a una operación a vida o muerte. Al final suelen aprobar casi todos, y esta primera experiencia académica en solitario y ante un tribunal más exigente y lejano que el habitual suele quedar en una faena más bien de rutina, sin lucimientos, pero también sin revolcones, por más que siempre habrá un mínimo tanto por ciento de disgustos, de los que también se aprende y que suelen tener solución un par de meses después.

La selectividad me devuelve al año 1975, cuando recién terminado COU fui la primera promoción que se enfrentó con semejante prueba; hecho un pipiolo comparecía un caluroso día de junio en el edificio "Interfacultades" del Campus de la Plaza San Francisco y me enfrenté a unas pruebas de matemática común, linguística, economía e historia, mientras al día siguiente tocaba resumir una conferencia y realizar un comentario de texto. Pienso que no estuve excesivamente brillante, pero al final la cosa salió bien y me convertí en universitario, algo que por entonces me parecía el acabose, aunque luego comprobara que no era para tanto. El recuerdo del acontecimiento me mueve a mirar con ternura a los estudiantes que ahora se enfrentan a una selectividad que si bien sigue siendo un coladero como aquella primera vez, tiene ahora esas exigencias de sacar determinadas notas para poder entrar en algunas carreras que la convierten en una prueba más agobiante de lo que parecía entonces.

De cualquier manera, tengo la impresión de que cuando se habla de la selectividad se utiliza en ocasiones un tono excesivamente exagerado, casi dramático; no creo que sea malo someter a quienes van a ser protagonistas del futuro de la nación a un test difícil, ponerles el listón medianamente alto. Es más, tengo la impresión de que cuando se piensa de una enseñanza de calidad, lo primero que debería tenerse en cuenta es aumentar el nivel de exigencia, que a la Universidad lleguen quienes están en condiciones de rendir adecuadamente, algo que no debería hacer sufrir a nadie.


12 de junio de 2012

Black Power en las Olimpiadas

Los Juegos Olímpicos de Méjico de 1968 fueron los primeros que viví con cierta conciencia; ya caminaba por el mundo cuando se celebraron los de Roma (1960) y Tokyo (1964), pero en los primeros aún carecía de raciocinio y cuando se desarrollaron los segundos mis intereses no incluían los Juegos que ideara el Barón de Coubertin. recuerdo incluso cómo una mañana de septiembre del 68 acudí con mi madre y mis hermanos a las inmediaciones del Mercado Central, donde ese día pasaba por Zaragoza la antorcha olímpica camino del país de los aztecas. El estratosférico record mundial de Bob Beamon en salto de longitud, la aparición del entonces revolucionario nuevo estilo en altura introducido por Dick Fosbury, la Final de 100 metros lisos ganada por Jim Himes en la que todos los participantes eran de raza negra y el vencedor bajó por vez primera de los 10 segundos, el triunfo del mejicano Felipe Muñoz en los 200 metros braza y los triunfos africanos en media y larga distancia (el keniata Kipchoge Keino en 1500, el tunecino Mohamed Gammoudi en 5.000 y el etíope Mamo Wolde en Marathon) son eventos que, con cierta lejanía y algo borrosos, guardo en mi memoria. Pero posiblemente el hecho más llamativo de los Juegos tuvo un cariz menos deportivo: la aparición del Black-Power en plena celebración de los mismos.

Era el 17 de octubre de 1968 y se celebraba en el estadio la final de los 200 metros lisos; la victoria fue para el estadounidense Tommie Smith, que obtuvo un tiempo de 19.83 segundos; tras él entraron el australiano Peter Norman -20.07 seg- y el también estadounidense John Carlos -20.10 s-. Cuando llegó el momento de la recogida de medallas, y ante la extrañada mirada de los asistentes, Smith y Carlos se aproximaron al podio de una manera algo peculiar: ambos iban descalzos, con unos calcetines negros -representación de la pobreza de los negros-, John Carlos llevaba la chaqueta del chándal desabrochada, con un collar de cuentas que representaba a aquellos afroamericanos que murieron colgados, linchados o en los barcos que transportaban esclavos de África a América, mientras Smith portaba una bufanda negra, en representación del orgullo de su raza, llevando los dos una insignia del Proyecto Olímpico por los Derechos Humanos, una organización en contra del racismo en el deporte. El australiano Norman también la llevaba, en solidaridad con sus compañeros, y por último, Tommie Smith llevaba puestos un par de guantes negros, como John Carlos había olvidado los suyos en la villa olímpica, Smith le prestó el guante izquierdo a Carlos. Cuando sonó el himno de los Estados Unidos de América, Tommie Smith y John Carlos agacharon la cabeza y alzaron el puño enguantado. El hecho tuvo consecuencias inmediatas y Smith y Carlos fueron expulsados de la villa olímpica y del equipo estadounidense.

Ambos atletas, al regresar a su país sufireron el boicot y el desprecio de todos, y aunque siguieron compitiendo y posteriormente se pasaron al fútbol americano. Smith, que tenía 11 récords del mundo, el único trabajo que encontró fue lavando coches en un aparcamiento, aunque terminaron echándole porque su jefe dijo que no quería que nadie trabajara con él; la esposa de John Carlos se suicidó. Con el tiempo las figuras de ambos fueron redimidas y ahora su actitud ya no es considerada como una provocación, sino como un heroico ejercicio reivindicativo. En aquellos tiempos, yo era un niño educado en la corrección política y en el respeto a la autoridad establecida, por eso fui incapaz de comprender que ambos atletas no eran unos gamberros que se cargaron una ceremonia de entrega de medallas, sino unas personas que recordaron al undo una realidad que, en pleno siglo XX y en el país más avanzado del mundo, estaba completamente viva, el que las personas de raza negra no fueran consideradas de la misma manera que los blancos.

En Múnich 72, las siguientes olimpiadas a las de Méjico, Vincent Matthews y y Wayne Collett, primero y segundo en la Final de 400 metros lisos realizaron una escena parecida, presentándose a recoger las medallas vestidos informalmente, el primero con el chandal abierto y colocado de cualquier manera y Collett con pantalones cortos, a la vez que mientras sonaba el himno estadounidense ambos se dedicaron a hablar entre ellos y gastarse bromas. Aunque ambos atletas negaron que fuera una nueva manifestación del Black Power, el COI les expulsó de los Juegos. El dramático secuestro por unos terroristas palestinos del equipo olímpico de Israel, que terminó trágicamente con la muerte de once atletas israelíes, cinco terroristas y un oficial de la policía alemana restó lógicamente fama a este asunto, que no tuvo la trascendencia del de Méjico.

11 de junio de 2012

Cuando ruge la marabunta




"Seis días después del polémico veredicto de Mubarak, el ágora de Tahrir ha dictado su propia sentencia. Encaramada a una precaria tribuna, una singular corte popular ha condenado a la horca al dictador y "su banda" ante el júbilo de cientos de espectadores".

Tras la llamada "primavera árabe", un acontecimiento histórico que parecía llevar aires de libertad, ecos de rebelión y un oxigenante afán de buscar una sociedad más justa y equilibrada, no parece que en Egipto corran vientos de esperanza y equidad. El que durante treinta años fuera presidente del país Hosni Mubarak, una especie de faraón moderno, pasó de tener el poder más absoluto a caer en la más dramática de las desgracias, siendo encarcelado y sometido a un juicio que hace pocas semanas terminó con su condena a cadena perpetua. Las imágenes del viejo dictador enfermo y postrado ante el tribunal fueron estremecedoras y, sin tener demasiadas dudas de que Mubarak hizo méritos para acabar de esta manera, uno no podía dejar de sentir cierta lástima ante una persona derrotada y hundida.

La cadena perpetua es un fallo duro, tremendo; el ex mandatario quedará sometido a encarcelamiento hasta el final de sus días, y por mucho pasado glorioso que tenga no creo que las cárceles egipcias sean lugar grato para vivir, aunque que la salud del ilustre preso hace prever que no permanezca entre los vivos excesivo tiempo. Pero el pueblo no ha quedado satisfecho con una sentencia que considera escasa y no suficientemente ejemplarizadora; ni tengo datos suficientes ni me considero en condiciones de opinar sobre qué pena le correspondía a Mubarak, pero me rechina enormemente ese afán de venganza de los ciudadanos egipcios, esa especie de ansia de sangre y escarmiento que muchas veces da la impresión que tiene su origen más en el odio, la irracionalidad y el descontrol de la masa que en justos anhelos de justicia. Cuando escucho soflamas que invitan a al encono contra determinadas personas por razón de reales o presuntas infracciones cometidas, cuando la justicia se reclama desde la visceralidad y el deseo de venganza no puedo evitar entrar en cierto desánimo y me hace temer que el inicial sentimiento de indignación ante lo que es injusto y dañino pueda derivar en un descontrol y una violencia que nunca pueden ser buenas. Es verdad que es muy fácil hablar a tantos kilómetros de distancia, desde donde resulta difícil ponerse en la piel del pueblo egipcio, pero toda esta actual vindicación me descompone y mucho. Juan Pablo II lo dijo en el Mensaje para la Jornada Mundial por la Paz de 2002: "No hay paz sin justicia, no hay justicia sin perdón", y en esto de perdonar creo que todos tenemos que aprender bastante.


9 de junio de 2012

Otra época, otro fútbol



La foto, en mi opinión, no tiene desperdicio; y lo que he de confesar me estremece un poco es que no estoy hablando de tiempos desconocidos para mí, pues el partido que en la imagen está a punto de comenzar corresponde a una época que he vivido en vivo y en directo. Tal vez verla me sirva para recapacitar sobre el paso del tiempo, pues un espectáculo tan caduco y pasado como el de las cinco personas que posan para la posteridad forma parte de mis vivencias, es decir, que uno se hace viejo y no puede remediarlo. A las generaciones actuales, acostumbradas a jugadores galácticos como Messi, Zidane, Drogbá o Ronaldinho, equipajes carísimos y botas de lujo y colores, balones perfectos, que nada tienen que ver con los pelotones plomizos y trasteados de entonces, árbitros que olvidaron el negro hace quinquenios y campos de fútbol modernos y llenos de comodidades, este fútbol en el que todo era tan uniforme, rancio y primario les debe de sonar a auténtica prehistoria.

No estoy en condiciones de ofrecer los datos exactos del partido en cuestión, ni de sus protagonistas, aunque de acuerdo con lo que se puede deducir a simple vista, la fecha del encuentro no andará muy lejos de la horquilla de tiempo que va de 1966 a 1969; el partido es un Elche-Sabadell -o viceversa- y apostaría sin miedo a perder que el árbitro que preside la fotografía -y dirigió el match- era el Sr. Camacho, uno de los refereés más celebres de la época. En cuanto a los capitanes el del Elche es Iborra, un central que jugó casi toda su carrera en el equipo franjiverde y formó parte de la mítica defensa Ponce, Iborra, Canós, mientras que el del Sabadell juraría que se trata del lateral diestro Isidro, un jugador formado en el Real Madrid, casado con Carmen Flores, hermana de la "Lola de España" y padre del Quique Sánchez Flores, que ocupara su mismo puesto en el Valencia, el Real Madrid y el Zaragoza, aunque me consta que el capitán habitual del equipo arlequinado en esa época solía ser el volante Muñoz; también el citado Isidro componía un trío defensivo que recitábamos de memoria los niños coleccionistas de cromos de la época junto al argentino Pini y al valenciano Arnal.

No obstante, no me cabe la menor duda de que el verdadero protagonista de la foto es el linier de la izquierda de la misma; no se me podrá negar que si no fuera por la presencia en aquélla de personajes conocidos podría colar que nos encontrábamos ante el fotograma de una película de Berlanga, pues el citado linier ofrece una apariencia próxima a Pepe Isbert, Erasmo Pascual o Valentín Tornos. El hombre debía de tener su mérito, pues a sus años y por bien poco dinero tenía que correr la banda cada domingo mientras desde la grada tendría que escuchar las imprecaciones menos gratas y caritativas que pueden oírse, y quien sabe si algún que otro paraguazo perdido en algún día de lluvia.

No obstante, y como decía alguien por estos lares no hace mucho, este fútbol ancestral y tópico, con número de la Guardia Civil incluido, es digno de añoranza y, posiblemente, resultaba algo más limpio, sano y heroico que los lujos y artificialidades del negocio en que ahora lo han convertido unos cuantos.


7 de junio de 2012

La inesperada muerte de Manolo Preciado



En la madrugada de ayer falleció Manolo Preciado, un infarto ha acabado con la vida de uno de esos hombres entrañables que nos hace conocer el fútbol; acababa de fichar por el Villarreal y había sonado como una alternativa a Manolo Jiménez en el Zaragoza. Preciado fue un hombre marcado por la tragedia: su esposa Puri falleció en 2002 a causa de un cáncer de piel, dos años después, su hijo Raúl, de 15 años, perdía la vida en un accidente de moto y hace poco más de un año había perdido a su padre, que murió atropellado mientras empujaba un vehículo. Manolo Preciado no dudó entonces en declarar: "La vida me ha golpeado fuerte. Podría haberme hecho vulnerable y acabar pegándome un tiro o podría mirar al cielo y crecer. Opté por la segunda opción", , una frase que le define y que nos ofrece la seguridad de que alguien así estará ahora muy alto.

Manolo Preciado era cántabro, pues había nacido en la localidad de El Astillero el 27 de agosto de 1957; aunque la popularidad de la que gozaba le viene de su trabajo como entrenador, también podía exhibir un curriculum como futbolista que incluía la 1ª División, pues debutó con el Racing de Santander durante la temporada 1977-78, permaneciendo en el club del Sardinero cinco temporadas, de las que tres lo fueron en la máxima categoría. El Racing en el que debutó Preciado era un equipo consolidado entre los modestos de primera, con jugadores tan acreditados como el portero portugués Damas, su compatriota Quinito, los veteranos Geñupi, Rojo II, Sergio y Díaz, el central recientemente fallecido Arteche, que ficharía por el Atlético de Madrid y llegaría a internacional, el ariete paraguayo Orlando Jiménez, que luego jugaría en Valencia y Español y dos jovencísimos delanteros que con el tiempo destacarían en equipos grandes como Marcos Alonso y Quique Setién. Preciado era un defensa peleón y serio, que podía ocupar la posición de central y lateral zurdo y ofrecía seguridad, y aseguran además que tenía cierta habilidad para provocar penaltis. El Racing bajaría a segunda, donde jugó Preciado dos temporadas, logrando el ascenso con su equipo de siempre y disputando su última temporada en Santander (1981-82) de nuevo en primera, con un conjunto blanquiverde muy distinto a aquél en el que debutó y donde se habían incorporado jugadores como Castaños, Mantilla, Sañudo, Pedraza, Verón, Bernal, Villita y Angulo. Posteriormente estuvo en equipos de categorías más bajas, aunque todos ellos con tradición: Linares, Mallorca, Alavés, Orense y Torrelavega.

Tras una carrera digna como futbolista, Manolo Preciado se convirtió en un entrenador de buen nivel; siempre estuvo en equipos modestos, a los que supo sacarles el máximo partido; era un hombre que estudiaba a los rivales, que sabía sacar jugo a cada uno de los jugadores que entrenaba y tenía un carácter que le permitía conjugar la exigencia con el buen trato. En las entrevistas y declaraciones posteriores a los encuentros sabía decir la palabra oportuna, era ocurrente y simpático. A lo largo de su trayectoria como míster consiguió cinco ascensos de categoría, el primero de ellos en la temporada de su debut en el banquillo con la Gimnástica de Torrelavega, a quien ascendió a 2ª B como campeona de su grupo de 3ª división; al año siguiente repitió la misma hazaña con el Racing B, a quien volvió a subir años después; sus dos últimos ascensos lo fueron a la máxima categoría: la temporada 2003-3004 con el Levante y la 2007-2008 con el Sporting de Gijón, que llevaba diez años en la división de plata. También entrenó a su Racing en dos ocasiones y al Real Murcia en otra. Con el Sporting hizo un trabajo formidable, manteniéndose en primera tres temporadas seguidas con un equipo limitado y un presupuesto mínimo, aunque en la última terminó siendo cesado y sustituído por Javier Clemente.

Como queda dicho, Preciado no solamente fue un ejemplo como profesional, sino también como persona, como un hombre que lo perdió todo y supo levantarse con fe, fortaleza y buena cara. Descanse en paz.


El anuncio de Tío Pepe



Con el país inmerso en una crisis sin precedentes, enfrentados a un futuro tan oscuro como incierto y en un ambiente en el que se respira derrotismo y crispación, parece casi una frivolidad entrar en debates sobre un anuncio de vinos, pero ya sabemos que por estos lares tenemos cierta capacidad de mantener el equilibrio emocional polemizando sobre cuestiones menores, y de la misma manera que en su día ocupamos buena parte de nuestro tiempo, y la prensa de su espacio, en debatir sobre la presencia del inefable toro de Osborne en los laterales de nuestras carreteras, ahora nos preocupa la decisión de la tienda de Apple de no reponer el famoso anuncio de "Tío Pepe" que desde 1936 presidía el edificio del Hotel París. Para muchos la célebre marca de vinos de las Bodegas "González Byass" nos ofrece la oportunidad de recordar viejos tiempos, como esos anuncios de la tele que repetían eso de "está como nunca" o esos discos que regalaban junto a las cajas de las botellas de vino de Jerez, por eso no puedo evitar sentir cierta pena cuando se plantea poner fin a la presencia de tan castizo anuncio en el kilómetro 0.

No deberíamos hacer dramas de estas cosas, y puestos a defender la conservación de inmuebles, habrá que agradecer a quien corresponda que se hayan conservado tan bien las catedrales de Burgos y León, el Escorial, la iglesia de Santa María del Mar de Barcelona, el Palacio Real, La Torre del Oro o el Alhambra de Granada, cuestión mucho más trascendente que un simple anuncio publicitario; pero todos tenemos nuestro corazoncito y agradecemos que siga en pie aquello que mantiene un valor simbólico, sentimental, ... lo que nos devuelve a tiempos pasados, nos ingresa en el camino de la nostalgia y nos permite explicar a los que vienen detrás de nosotros las pequeñas tonterías que nos entretenían en nuestros años mozos.

Por esta razón, y a pesar de que semejantes campañas puedan correr el riesgo de parecer exageradas, superficiales, ... casi ridículas, me agrada que en Twitter haya habido una reacción favorable al regreso del anuncio, y me sumo al deseo de que la botella vestida de andaluz ocupe de nuevo ese lugar preferencial en la Puerta del Sol, un deseo cercano a la ansiedad, casi equiparable al de ver a nuestra selección de nuevo en lo más alto.

6 de junio de 2012

Mi cariño aumentará cuando vea que eres imperfecto.



No debe de ser mala la exigencia ... para educar bien a los hijos y prepararlos a una vida que se avista compleja, para conseguir que los profesionales que dependen de ti rindan como quien recibe el servicio merece, ... para convertirse uno mismo en persona cumplidora, de bien y de provecho parece que la exigencia debe de ser una de las condiciones imprescindibles. Pero tan cierto como ésto es que las personas somos seres con imperfecciones, limitados y capaces de no hacerlo todo precisamente bien; y esa idea qué tanto emociona a algunos de la búsqueda de la excelencia, actividad que no dudo debe de ser estupenda, no la acabo de ver como actitud exenta de peligros: por un lado el de crear ídolos que, al ser de carne y hueso, siempre acabarán mostrándose con los pies de barro y, por otro, el de acabar viendose uno convertido en un déspota que, con excusas del tipo de ir siempre por delante, ser partidario de las cosas bien hechas y otras frasecillas similares, acaba haciendo la vida insoportable a quien de una u otra manera tiene de uno mismo algún tipo de dependencia.

¿A quién no le pasa que el exceso de exaltación de las virtudes de una persona le lleva, puede que inconscientemente, a ir alimentando en su interior cierta falta de simpatía hacia la misma, algo que con la reiteración puede incluso convertirse en inquina?; cada vez más necesitamos modelos humanos, y como humanos, imperfectos. Hay quien dice, y debe de tener razón, que cualquier ídolo que nos construyamos en esta tierra acabará decepcionándonos, lo que nos debe de llevar tanto a asumir que al fijarnos en cualquier persona, actual o histórica, no es aconsejable el camino de la idealización, como a buscar la madurez y rectitud de juicio necesarios para no tachar a nadie al primer chasco.

No discuto la necesidad que los hombres y mujeres de hoy -como los de ayer- debamos poner los medios por ser mejores, por pulir defectos, por aprender a hacer las cosas mejor, pero me parecen peligrosos los caminos que llevan al rigorismo, entre otras cosas porque me temo que se alejan de la realidad, de la experiencia común a todos. Así, me resulta mucho más atractiva la vía de saber reconocer errores y pedir disculpas que la de los cuadros de honor, el perfeccionismo y las perfectas organizaciones. Es más, yo pondría el límite del deber hacer en el esfuerzo por no perjudicar a nadie, por no hacer daño al vecino más o menos cercano; evidentemente cabría hablar de otras cosas esenciales, pero líbranos Señor de quienes nunca se contentan, de quienes pululan por la vida cual humanoides elaborados con receta.



5 de junio de 2012

El fútbol gallego regresa a la élite



Con la consumación del ascenso del Celta de Vigo el pasado domingo, el fútbol gallego ha hecho pleno y la próxima temporada volverá a tener representación en la máxima categoría; yo personalmente estoy muy contento, pues una Liga sin representación de esa mágica tierra del nordeste siempre me parecerá incompleta. Además, tengo una especie de predisposición a desear que por primera división anden los clásicos, razón por la cual me ha dolido el descenso de Sporting y Rayo y siempre me parecerá preferible que lleguen arriba equipos como Depor, Celta ó Valladolid que otros, igualmente respetables, pero a los que les falta la nota de la tradición ... nota de la que por cierto no carece el Córdoba, un club que me encantaría acabara siendo el tercero en discordia por diversos motivos y al que ya ví jugar con Madrid, Barça, Zaragoza, etc, ... en mis tiempos mozos y donde jugaban nombres tan llamativos como Miguel Reina, Luis Costa, Juanin, Jára, Manolín Cuesta, Del Bosque, Rojas, Fermín o Cruz Carrascosa. Tanto Depor como Celta gozan de mis simpatías y tendrán sin duda un hueco importante entre los grandes del fútbol español.

El Deportivo de La Coruña tuvo no hace mucho tiempo un papel preponderante en nuestra Liga, llegando a obtener un título y a ganar dos Copas del Rey, además de caminar por la zona alta de la clasificación durante mucho tiempo. Bajo la sabia dirección de entrenadores del prestigio de Arsenio Iglesias y Jabo Irureta los blanquiazules nos acostumbraron a un fútbol de alta escuela que llegó a tutear -y a veces a superar- a los hoy en día intocables blancos y blaugranas; todos recordaremos siempre nombres como Djuckic, Bebeto, Aldana, Fran, Donato, Mauro Silva, Rivaldo, Boro, Djalminha, Makkay, Valeron o Songoó; los problemas económicos obligaron a Lendoiro a bajar el punto de mira en los fichajes, pero siempre tuvo gran habilidad para reciclar carreras de jugadores comprados a precio de saldo, caso de Arbeloa, Verdú, Filippe Luis, Juan Rodríguez, Adrián, ... Cuando yo comencé a seguir esto del balón redondo el Depor era un equipo ascensor, que podía, eso sí, presumir de haber aportado a España dos de las más llamativas figuras del fútbol de los 60, como Luis Suárez y Amancio Amaro y que alternaba las divisiones de oro y plata manteniendo en su plantilla jugadores modestos pero de buen nivel como Manolete, fichado por el Valencia, donde no triunfó, Loureda, un fino gallego que se negaba a viajar en avión, el extremo Cortés, el goleador Beci o el zurdo Rubiñán, que terminó en el Bernabeu, sin olvidar a Domínguez, Bellod, Plaza, Cervera, Luis, Juanito, ... Con la llegada de Lendoiro, un personaje polémico pero que sabe de fútbol y se maneja muy bien en estos mundos, el Coruña se convirtió en "Super-depor", algo que sin duda aspira a reeditar ahora.

El Celta de Vigo no presenta un palmarés tan brillante; ha estado cerca de ganar la Copa del rey en dos ocasiones, pero en ambas mi Zaragoza le cerró el camino; mi primer recuerdo del Celta en primera -ya había estado en años anteriores- se remonta al ascenso del año 1969, cuando llegó a la máxima categoría teniendo en sus filas a jugadores con cierto nombre, como Enrique Costas, un medio de cierre que acabaría siendo titular del F.C. Barcelona y la selección española, el mítico capitán Manolo, que jugaba de central, los extremos Lezcano y Jiménez o los centrocampistas Rivera, Villar y Juan; los vigueses fueron trampeando en primera, con algún descenso, y siempre tuvieron buenos peloteros: Fernández Amado, Doblas, Castro, Lucas, Maté, Gudelj, Cañizares, Otero, Andrijasevic, ... hasta que en la segunda mitad de la década de los 90 misters como Irureta, Víctor Fernández y Lotina dispusieron de unos jugadores de ensueño que acabaron llevando al club de Balaídos a jugar la Champions League, allí se juntaron el campeón del mundo Mazinho, Mostovoy -un auténtico zar-, el fino israelí Revivo, Ludo Penev, Catanha, Gustavo López, Edu, Cáceres, Peter Luccin, Michel Salgado, Valery Karpin, ... una serie de "primeros espadas" que consiguieron vivir los años más dulces de la historia del club de Vigo. Al final, todo se fue a pique y tras un purgatorio de cinco temporadas en la división intermedia el Celta vuelve a su lugar natural.