29 de febrero de 2012

Doce del patíbulo

Era ésta una película que hace tiempo tenía ganas de ver y por una razón u otra siempre quedaba como asignatura pendiente; una vez cumplida la aspiración, puedo afirmar que me he llevado una sorpresa, y no porque me haya parecido mejor o peor de lo que esperaba, sino porque me esperaba algo distinto, ya que dos terceras partes del film pueden ser perfectamente calificados de comedia y solamente en la última parte de la cinta puede hablarse propiamente de una película bélica, con toda la acción y el drama que ésto lleva consigo y que era lo que, en mi imaginación, pensaba iba a encontrar. La historia de doce convictos, condenados por delitos gravísimos -algunos a morir en la horca- y son reclutados para una operación suicida con la promesa de redimir así sus castigos es desarrollada acertadamente por Robert Aldrich, autor de películas tan destacadas como "¿Qué fue de Baby Jane?", "Sodoma y Gomorra" o "El emperador del norte" y que sabe manejar perfectamente el material que tiene: una historia atractiva y un elenco de actores de primer nivel, auténticos veteranos en ésto de hacer papeles de duros, psicópatas y/o villanos. A lo largo de las dos horas y media que dura la película no hay tiempo ni para aburrirse ni para tomarse un respiro, por mucho que no estemos ante una película mítica y que no fue precisamente film protagonista en la correspondiente gala de los Oscar, por mucho que tuviera cinco nominaciones y llegara a ganar la estatuilla al mejor montaje.

Queda dicho que el elenco de actores es llamativo, y si tuviera que destacar a un par de ellos me quedaría ante todo con Lee Marvin, fiel a su papel de duro e imperturbable mayor británico y, por encima de todos, John Cassavetes, quien borda el papel de un perverso y desagradable condenado a muerte, Cassavetes fue nominado al Oscar al mejor secundario por este trabajo, si bien al final se lo llevó George Kennedy, con un papel menor en la película de Aldrich y que ganó el premio por otro film mítico: "La leyenda del indomable". Pero reconocido el trabajo de ambos, no puede olvidarse el excelente trabajo de otros tres actores de carácter como Donald Shutterland, que representa a un "delicioso pasota", Charles Bronson, con la frialdad y dureza que caracterizó toda su carrera y Telly Savalas, que esta sumamente creíble como un iluminado y demenciado psicópata. Fuera de la nómina de los reos desempeñan papeles mucho menos agradecidos dos ilustres de Hóllywood como Ernest Borgnine y Robert Ryan.

Como se ha dicho, buena parte de la película tiene mucho de comedía; el entrenamiento del grupo de militares más burdo, grosero y maloliente que jamás se ha conocido da lugar a escenas francamente oxigenantes, como la revista que pasa Donald Shutterland como falso general a una compañía formada, coronel incluído, el contundente modo con el que Lee Marvin enseña a subir la cuerda a Trini López o la respuesta que Marvin da a la pregunta de si deben disparar a los nuestros o a los enemigos: "si no les importa, comiencen por nuestros rivales". También es cierto, que la aventura que nos cuentan tiene su parte de inverosímil, pero así han sido tradicionalmente las películas de guerra; en la fase final del film , cuando el comando protagonista llega al castillo donde celebran una fiesta un buen número de oficiales nazis, Aldrich consigue crear el climax y la tensión adecuadas para completar una película de esas que uno no olvida nunca.


28 de febrero de 2012

Corrupciones y corruptelas

Los políticos en nuestro país tienen el prestigio por los suelos; me temo que con toda la razón del mundo los ciudadanos han perdido la confianza en quienes detentan la importantísima función de regir nuestros destinos: son demasiados casos de corrupción y desajustes, llevamos mucho tiempo con exceso de ampulosidades y fuegos de artificio y cuando han llegado los tiempos de las penas y las carencias la gente ha buscado culpables y está convencida de haberlos encontrado, no en exclusiva pero sí de modo principal. Y es una pena, porque al menos uno, y a pesar de slóganes que en ocasiones me suenan a tentación totalitaria, entiende que estos personajes le representan y lo que considera que cruje son lo principios morales de los individuos y no las bondades de un sistema que, siendo imperfecto, me sigue pareciendo el menos malo. Están apareciendo demasiados casos lamentables como para echar un capote a nadie, pero no se si es bueno caer en la tentación de volvernos "peronistas" o "jacobinos", y sobre todo que las torpezas de nuestros padres de la patria no nos impidan ver que son hombres como nosotros, que viven en la misma sociedad que nosotros y que muchas veces no podemos hacer nuestra la celebre frase "de esta agua no beberé".

Salta a la vista que son quienes tienen más poder los primeros que han de predicar con el ejemplo, y sin han perdido credibilidad ellos mismos deberán recuperarla demostrando su capacidad de rectificar. Pero muchas veces, cuando escucho la visceralidad -tantas veces justificada- con la que se atacan las venalidades de este tipo, pienso que tal vez algunos de los que tanto se indignan y claman al cielo no se han parado a pensar en sus propios modos de hacer, en si a lo mejor -a su nivel- también incurren en algún tipo de corruptela. Porque, desengañémonos, en la vida diaria uno se encuentra con personas que no pagan por sistema los gastos de la comunidad de vecinos, hacen picaramente compatible realizar un trabajo y cobrar el paro, alardean de haberse examinado del carnet de conducir en nombre de otro o de haber acabado la carrera a base de chuletas, sisan en el supermercado sin ninguna necesidad, contratan un abogado, un gestor o un fontanero y éstos tienen que perseguirles porque una vez prestado el servicio no hay forma de que lo abonen, no pagan el alquiler del piso y no por falta de liquidez, se aprovechan de la instalación de luz del vecino o hacen trampas de todo tipo en la declaración de renta, en la cola del autobús o en la compra diaria. Y es que hay ocasiones en las que tengo la tentación de pensar que esa medida tan rígida que tenemos para los demás desaparece en cuanto surge la necesidad de analizar el propio comportamiento y nos volvemos ciegos del todo para adquirir la capacidad de descubrir nuestras propias trampas.

Habrá quien piense que corrupción política la ha habido siempre, y en alguna medida imagino que habrá sido así, pero creo que hasta hace un tiempo el problema de los políticos estaba mucho más en las ambiciones de poder, en el hambre de mandar o incluso en el peligro del revanchismo que en el afán de engrosar los bolsillos, y que esa debilidad de la corrupción, es decir, de aprovecharse de las circunstancias para engrosar ilícitamente patrimonio e influencias es algo que ha ido creciendo de unos tiempos a esta parte. Yo me planteo si la causa de esta triste lacra puede estar en que la sociedad ha perdido valores, en que a quienes se han convertido en unos "trincones" les faltan esos principios que deberían servir de muro de contención a la tentación de "sacar tajada". Y, no nos engañemos, tal pérdida de valores se ha producido en la sociedad entera y nos afecta a todos, de manera que no estaría de más recapacitar sobre las costumbres propias antes de despotricar de las ajenas, por mucho que es cierto que quienes ocupan cargos de relevancia han de ser los primeros en predicar con el ejemplo y en rendir cuentas cuando no lo hacen.

26 de febrero de 2012

Me ha caido bien este "chico"


Apenas recuerdo haber visto un par de películas en las que actuaba Quique Sanfrancisco, uno de esos incombustibles actores de los que algunos conocemos más su cara y su nombre que sus trabajos. Sanfrancisco me ha parecido siempre un actor bastante condicionado por su peculiar físico, muy encasillado en papeles cómicos y con unos innegables aires de personaje peculiar y estrafalario, aunque no carece de mérito ha trabajado con directores de la notoriedad de Eloy de la Iglesia, Manuel Gutiérrez Aragón, Alex de la Iglesia, Imanol Uribe y hasta Luis García Berlanga en la última película del gran cineasta valenciano, "París Tombuctu", sin olvidar su presencia en el teatro, donde intervino en obras tan distintas y significativas como "Misterioso asesinato en Manhattan" y "El enfermo imaginario". Su propia vida es digna de una película, pues estuvo en la legión, donde la "wiki" asegura que llegó a ser "francotirador" y él mismo reconoce que no se reenganchó porque su madre, la actriz Queta Ariel, fue de propio a buscarle a Fuerteventura; también anduvo enganchado en la heroína en los difíciles años 80 y ha sido un personaje con toques bohemios, noctámbulos y "golfos" ... y, por supuesto, alguien simpático y con pinta de que sus aficiones no le han llevado nunca a hacer daño a nadie. Con los años me enteré que era hijo del ya fallecido Vicente Haro, un secundario habitual del teatro televisivo de los 60 y 70, que en la época andaba unido a Ana María Vidal, con la que por mi ingenuidad infantil y los "maquillajes" de la época creía estaba casado, pues aún andaba en los tiempos en los que creía que los niños se engendraban por vía sacramental.

En la última página del Heraldo de Aragón de hoy domingo aparecía una sana y simpática entrevista con el actor madrileño que, sin decir grandes cosas, mostraba una naturalidad y, sobre todo, una independencia y libertad de criterio que me han gustado especialmente. Las palabras del actor que ha elegido Raúl Lahoz, un buen periodista aragonés, para el titular del reportaje ya me han parecido valientes: "El cine español continúa en el pasado más rancio", una afirmación susceptible de opiniones de todo tipo, pero que demuestra que Quique Sanfrancisco no se casa con nadie y que, desde mi punto de vista, pone el dedo en la llaga, anunciando que no cabe utilizar el calificativo de rancio solamente cuando de valorar a quien mantiene posturas conservadoras se trata, y bien claro tengo que el actor no es precisamente conservador, aunque en la propia entrevista asegura que no se pronuncia políticamente y no es de derechas ni de izquierdas.

Afirma Sanfrancisco que el cine español "necesita imperiosamente acercarse a la calle, tocar la realidad", añadiendo que "no ha evolucionado". Pero donde me he sentido más identificado con este individuo a quien creía -uno se equivoca con sus intuiciones más de lo que cree- frívolo y superficial, ha sido cuando ha asegurado literalmente que le parece "una aberración que todavía se busque como hilo conductor temas como la Guerra Civil, Franco, curas, ...", añadiendo que lo dicho le suena "a panfletario, localista, retrógrado" .. y preguntando a quien le entrevistaba si creía que "podemos exportar esta argumentación a alguna parte". Me temo que afirmaciones de este calibre le pueden suponer al artista que las ha realizado la interdicción entre determinados sectores del séptimo arte elevados a la condición de "lobby", pero denotan, desde mi punto de vista, un sentido común y una inteligencia notables. Hace tiempo que tengo la impresión de que se está tratando de suplir la falta de imaginación y el déficit de calidad y recursos intelectuales a base de recurrir a tópicos, sobreentendidos o reinterpretaciones de la historia.

En fin que cuando Enrique Sanfrancisco ya no es el actor joven y emergente que conocí, sino un casi coetáneo -nació en 1955- que peina canas y arrastra sus primeros achaques, ha engrosado la lista de personajes de la farándula que sigo con interés.

25 de febrero de 2012

Faros nórdicos e intriga

La literatura nórdica de intriga sigue provocando mi curiosidad; como he dicho tantas veces, tras ponerse de moda los autores escandinavos las editoriales españolas comenzaron una carrera por publicar novelas policíacas que venían de Suecia, Noruega, Dinamarca, Islandia, ... fenómeno que obliga a esmerarse a la hora de discernir lo bueno de lo malo, pues de todo hay. Con el listón puesto tan alto por Mankell y Larsson no es fácil encontrar algo que te satisfaga plenamente, aunque hay unos cuantos autores que mantienen un buen nivel. Recientemente he tenido la ocasión de leer dos novelas desarrolladas en Suecia que tienen en común que la trama se desarrolle en torno a un faro, con ese especial encanto que suele tener lo que se ambienta en torno al mar, sobre todo cuando éste se nos presenta en estado salvaje y con notas de peligrosidad. Una de ellas se desarrolla en la pequeña localidad costera de Marstrand, en la costa Bohuslän del mar del Norte y la otra en la isla de Öland, localizada frente a la costa de Småland, en el mar Báltico.

Demasiados personajes en pocas páginas






"La mujer del faro"
Ann Rosman
Salamandra. Barcelona (2010)
283 páginas

Resumen:
Apasionada de la navegación a vela y de su trabajo de policía, Karin Adler espera la ocasión de emprender su primer caso criminal. Por fin, cuando en el viejo faro de un islote frente a la pintoresca villa de Marstrand aparece un cadáver detrás de un tabique, la investigación cae en manos de Karin y de su compañero, el puntilloso agente Folke. Al principio sólo cuentan con un breve listado de desaparecidos y un anillo de boda; sin embargo, cuanto más profundizan en la historia de los habitantes de la localidad, mayor es la distancia entre el apacible paisaje y la turbia realidad. La aparición del cuerpo sin vida de un submarinista vuelve acuciante la necesidad de esclarecer los orígenes de un drama que comenzó hace más de sesenta años. Una agente de policía navegante, una isla presuntamente idílica y una trampa mortal.


Llevaba más de un año detrás de este libro: suponía una novedad dentro de la "saga" nórdica, había sido anunciado en la prensa como una buena novela y el argumento parecía interesante; el hecho de que semana tras semana comprobaba cómo era continuamente sacado de la biblioteca confirmaba las buenas perspectivas, pero a la hora de la verdad, cuando me pude hacer con él y leerlo he de admitir que le tengo que poner alguna pega.

La novela se leía muy bien al principio, y las primeras cien páginas confirmaban las buenas impresiones; desde mi punto de vista la gran virtud del libro de Rossman es que la historia que cuenta es buena: un argumento atractivo, una intriga que se desdobla paralelamente en dos épocas bien distintas y determinados toques de realidad histórica que aportan un indudable punto de interés. En este sentido hay que valorar el trabajo de esta novel autora sueca, que no se limita a relatar una intriga cogida con alfileres, sino a desarrollar una trama bien urdida desarrollada por unos personajes que son de carne y hueso.

El problema es que conforme avanzaba la lectura ésta se iba haciendo algo más confusa; evidentemente pudo ser cosa del lector y no del libro, pero comentándolo con otras personas confirmé que a ellos les había pasado algo parecido. En varias ocasiones tuve que volver sobre mis pasos y refrescar sucedidos e identidades y a algunos episodios me costaba encontrarles coherencia. Pienso que la razón de estos problemas cabe encontrarla en que hay un exceso de personajes, demasiados para un relato que no llega a las trescientas páginas; tanto personaje da lugar a una superposición de historias que lleva el riesgo de producir confusión y quitarle agilidad a la lectura, algo esencial si hablamos de novela policíaca. Por otra parte tuve la sensación de que en algún momento la autora se lía y deja algún cabo suelto mediado el relato.

Éso sí, la narración recupera el ritmo en la parte final de la misma, y Ann Rosman consigue cerrar la novela con acierto, logrando que se de ese efecto sorpresa tan adecuado en este género y ofrecer al lector una solución inteligible a un conflicto que se había ido enrevesando a lo largo del relato. En definitiva, una excelente historia a la que le falta hilazón para convertirse en una novela redonda.

Buena segunda parte






"La tormenta de nieve"
Johan Theorin
Mondadori. Barcelona (2011)
390 páginas

Resumen:
Un crudo invierno golpea la isla sueca de Öland. Katrine y Joakim Westin han abandonado la ciudad y se han mudado a la isla con sus hijos, donde han comprado la vieja y señorial casa de Eel Point, junto al faro. Sin embargo, su idílico retiro termina cuando el cadáver de Katrine es hallado en la playa. A partir de ese funesto día, Joakim tendrá que luchar para mantener la cordura y ocuparse de sus hijos. Además, la casa que a priori parecía el perfecto hogar se va convirtiendo en una maligna influencia para él. Joakim nunca ha sido supersticioso, pero ¿de dónde proceden los susurros que oye en Eel Point?¿Con quién habla su hija en sueños una noche tras otra? El fin de año está al caer y una terrible tormenta de nieve se acerca a la isla; Joakim teme que las historias marineras que ha oído sobre maldiciones en Eel Point sean ciertas.


"Tormenta de nieve" es el segundo volumen que se publica en España de "El cuarteto de Öland", una serie de intriga escrita por el sueco Johan Theorin y que abarca las cuatro estaciones del año; ya comenté en su día las buenas impresiones que me había producido "La hora de las sombras", editado en nuestro país en verano de 2010 y que hacía referencia al otoño; este segundo libro, no hay más que leer el título, tiene que ver con el invierno. Theorin mantiene el buen nivel del primer volumen y nos ofrece una historia que destaca fundamentalmente por estar bien construída, por saber manejar los tiempos e ir mostrando al ritmo adecuado las distintas etapas del misterio que trata de desgranar.

Con la perspectiva que da el haber leído ya dos novelas de este autor creo que no me equivoco si pongo el acento en el toque de cierto pesimismo que caracteriza sus relatos y, sobre todo, los pensamientos de sus personajes. Tal vez contribuya a este aire más bien triste el paisaje oscuro y agreste de las costas donde se halla la isla de Öland y las propias características del otoño y el invierno nórdicos. Especialmente en esta novela llama la atención cómo el lector se acaba metiendo, casi a la fuerza, en los aires de zozobra y tensión propios de una tormenta de nieve.

La novela de Theorin ofrece la peculiariedad de introducir en la narración ciertos elementos "escatológicos", pues en ciertos momentos de la narración algunos personajes parecen entrar en relación con los muertos, lo que dota a la novela de una indudable originalidad, por mucho que cuando de este género de literatura se trate uno prefiera encontrarse con historias bien asentadas en el suelo. Además, y al igual que en el caso de "La mujer del faro", el autor incluye, junto al relato de la historia principal, algunos capítulos en los que se retroatrae a tiempos mucho más lejanos, lo que consigue hacer sin romper el ritmo de la novela ni poner palos en las ruedas al lector.

El autor consigue que el final sea sorprendente, electrizante, tenso e, incluso, un poco caótico ... pero de cualquier manera se trata de un excelente colofón. En las librerías ya se encuentra la tercera entrega de este "cuarteto", por lo que habrá que plantearse no tardar excesivamente en hincarle el diente. Sin duda se trata de una "saga" que responde a las exigencias de una buena novela de misterio escandinavo.


24 de febrero de 2012

El "tremendo" respeto de algunos a la libertad



La cantante Nena Daconte ha desatado la ira de los proabortistas en las redes sociales, después de conocerse que actuará el próximo 24 de marzo en el acto coordinado por la Plataforma Sí a la Vida, en el Día Internacional de la Vida.

Dejo constancia de una nueva muestra de tolerancia de un buen sector de personas; no cabe duda de que andamos en tiempos de nuevos dogmas, que hay personas para las que no cabe ni el pluralismo ni el respeto a las posturas y opiniones ajenas. Resulta verdaderamente curioso comprobar cómo en estos tiempos de relativismo, cuando se ha enarbolado la bandera de negar la existencia de la verdad, cuando todo vale y para cualquier manera de actuar se exige libertad y respeto, a quienes se postulan contrarios al aborto se les somete al etiquetaje, la lapidación pública y, prácticamente, la interdicción civil.

He de confesar que no sabía ni quien era Nena Daconte, aunque al oír alguna de sus canciones todas me sonaban a escuchadas, pero a partir de hoy merece mi admiración por tener el valor de defender sus ideas sin miedo a las consecuencias que eso puede conllevar para su éxito como cantante. Ahora el lobby de la "progresía" -dicho entre comillas porque ni son todos los que están ni están todos los que son- la tachará definitivamente de la lista de "escogidos" y pasará a ser considerada casi como una proscrita. Pero estoy seguro que hay mucha gente de bien que está de su parte, aunque sea en silencio, porque hay quienes viven la vida más discretamente que otros.

La noticia nos dice también que "En la red social Twitter, el hashtag #NenaDaconte recoge numerosas burlas e insultos contra la cantante. Algunos usuarios la ven como a "una nueva María Ostiz", y otros dicen que es "Norma Duval 2.0", calificándola como "musa antiabortista" y como "musa de la extrema derecha"". Uno ya empieza a estar harto de un par de cuestiones: el que te pongan tan gratuitamente el cartel de "extrema derecha" ... porque, me pregunto yo, ¿qué significa ser de extrema derecha?, a ver si es que hay quien tiene los conceptos atragantados; al mismo tiempo también comienza a cansarme esa cierta sacralización de las redes sociales, donde parece haber quienes no tienen en la vida otra cosa que hacer que andar colgados las 24 horas a twitter o facebook, opinando de todo cuál oráculos infalibles y a veces ejercitando la bien poco noble tarea de desinformar y manipular.

Un brindis por Nena Daconte.


23 de febrero de 2012

Ecos de Gibraltar



Cuando leo que García Margallo, nuestro actual Ministro de Asuntos Exteriores, parece haber desempolvado el tema de Gibraltar me parece regresar al pasado, a esos años en los que el famoso Peñón aparecía como un auténtico icono de las más históricas y relevantes reivindicaciones españolas. Uno de los recuerdos más vivos de aquellos telediarios de la década de los 60, protagonizados por las armónicas voces de Jesús Álvarez, David Cubedo y un entonces jovencísimo José Luis Uribarri, es el del Ministro de la época, Fernando María Castiella peregrinando de aquí para allá en busca de algún avance en el tema Gibraltar. Eran, evidentemente, otros tiempos, existía ese aislamiento, esa visión parcial de la vida y de las cosas que originaba ciertos fervores patrióticos y unas aspiraciones que posiblemente fueran utópicas y, sobre todo, menos trascendentales de lo que nos parecían.

La crisis de octubre de 1969 supuso la caída en desgracia de hombres como Fraga, Solís Ruiz y el propio Castiella y Franco entregó la cartera de este último a Gregorio López Bravo, quien superó a su antecesor a la hora de salir día sí día también en la tele, pero, al menos yo lo recuerdo así, se habló muchísimo menos de Gibraltar y el nuevo ministro se dedicó a viajar por otros lugares del mundo. Desde aquellos años la cuestión de Gibraltar perdió protagonismo, y como consecuencia lógica se destiñó esa aspiración común de los españoles respecto a un territorio que considerábamos ilícitamente sustraído. También es cierto que vinieron tiempos en los que nos ocuparon asuntos de enorme trascendencia, con la transición, el fenómeno terrorista, las sucesivas crisis económicas, los escándalos de todo tipo, sin olvidar que de unos tiempos a esta parte ya tenemos los éxitos deportivos para hacer patria.

Hace cuatro veranos me di una vuelta por Gibraltar, y allí sentí algo distinto, no era lo mismo que conocer Salamanca, Santiago de Compostela, Ronda, Toledo o San Sebastián, ... ni siquiera París o Roma, era pisar un terreno que en mi infancia tenía un significado bien especial. De vez en cuando ha seguido oyéndose hablar de incidentes, discusiones, desencuentros diplomáticos, pero hasta ahora no parecía que hubiera excesivo interés en recuperar los tiempos de las reivindicaciones. Intuyo que ahora no hay más que escarceos, palabras y gestos, entre otras razones porque llevamos entre manos cuestiones mucho más graves y preocupantes que la titularidad de un montículo de tierra. Pero no deja de sonar bien eso de pretender que los ingleses nos devuelvan algo.


22 de febrero de 2012

En busca de los otros brotes verdes


Hace un tiempo una vicepresidenta económica de este país hablaba de "brotes verdes" para referirse a la pretendida existencia de ciertos signos de recuperación económica que, al parecer, el tiempo se encargó de desmentir. No se si tales palabras se debieron a un arrebato de optimismo y buenas intenciones o a un intento de confundir al personal, pero de cualquier manera no voy a hablar de economía. Desgraciadamente seguimos en crisis, y no da la impresión de que esto mejore en los próximos meses, con lo que de brotes verdes es mejor callar si de macroeconomías y microeconomías hablamos.

Tengo la impresión de que la crisis económica nos ha puesto una venda en los ojos y acabamos pensando que lo único importante es reducir cuanto antes el número de parados, recuperar posiciones en Europa y que vuelva la confianza a los mercados, cuando, sin negar importancia a algo tan grave como la existencia de gente que no llega a fin de mes, desde hace bastante más tiempo que la económica nos asola una crisis de valores de unos efectos igual de desoladores. Creo sinceramente que nos equivocamos si avivamos la idea de que, en España y en Europa todo marchaba sobre ruedas hasta la llegada del crack económico, pues en realidad el camino de la gran catarata cuyo final ahora parecemos enfocar se inició mucho antes.

Por esta razón he tomado la decisión de salir a la calle en busca de esos brotes verdes, no en forma de datos financieros, sino con rostro y forma humana. Me temo que corramos el peligro de desinflar nuestros ánimos y energías comprobando que las noticias solamente hablan de corrupción, incremento de la delincuencia y conflictos de todo tipo, a la vez que uno tiene la sensación de enfrentarse a una sociedad agresiva, desconfiada y dada a la visceralidad y el aspaviento. Y seguro que no es así, y pateando pueblos, calles y caminos se pueden seguir encontrando tantas historias que hablan de hechos mucho más reconfortantes, quizá el problema estribe en que no nos terminamos de quitar las orejeras que nos impiden ver el panorama en su totalidad, con la perspectiva adecuada. En España siempre hemos tendido a ejercitar ese visceralismo del que piensa que "el que no está conmigo está contra mí", mentalidad que me temo más de uno, desde las dos posiciones -si es que sólo hay dos- dominantes y opuestas, se ha encargado de acentuar en los últimos tiempos. Creo que haríamos bien en dejar de buscar enemigos en cada uno que se cruza en nuestro camino, no vaya ser que no sean más que pacíficos e inofensivos molinos de viento. Y creo que soy el primero que tendría que aplicarme el cuento.

Hay que descubrir esos otros brotes verdes, los que nos hablan de solidaridad, de trabajo abnegado, de amor al prójimo, de capacidad de agradecer, de amistad sincera, ciega y desinteresada, de servicio a los demás sin esperar réditos, de gente que mira de frente, a la cara y de manos estrechadas con energía, de una sonrisa que no va más allá de lo que es: una sonrisa, de miradas que dan a entender que a quien la realiza le importas sin tener en cuenta -en absoluto- lo que tienes o lo que le puedas dar ... no se si pido mucho, si me he puesto romántico, cursi o "sermonero", pero ando cansado del rigorismo de unos, la visceralidad de otros, el resentimiento de algunos, la mala uva de bastantes, el retorcimiento de más de uno ... y mis propios demonios personales.

21 de febrero de 2012

La tapa y la croqueta



Hace ya tiempo que escuché el sabio consejo de que a partir de una edad conviene cambiar los hábitos alimenticios, y siempre, evidentemente, para tender a la moderación y la reducción de todo lo que suponga calorías, grasas, proteínas, etc. Pero he de reconocer que habitualmente he sido un paciente difícil y obstinado si de renunciar a determinados placeres gastronómicos se trata; por esta razón ante la impepinable -y plausible desde mi punto de vista- costumbre de proceder con cierta frecuencia, cuando menos semanal, a disfrutar de un buen aperitivo a base de caña o vinito y una buena tapa -o dos- he sido recalcitrante a la hora de considerar que las mejores tapas siempre vienen a base de fritos, de manera que he sido esclavo de croquetas, empanadillas, calamares a la romana y todo tipo de productos pasados por la sartén y embadurnados de aceites, harinas y similares.

Pero ya va siendo hora de asumir eso de que "de los 50 para arriba no te mojes la barriga" y comenzar a aprender que existen alternativas excelentes a esa serie de productos que, por sabrosos que estén, lo único que hacen es incrementar hasta límites inadmisibles tus índices de colesterol y triglicéridos, convulsionar tus vasos sanguíneos y, en definitiva, atentar contra tus expectativas de vivir el mayor número de años posible. En esta cuestión hay maestros -y maestras- consumados, aunque uno haya tardado en aprender a compaginar la buena vida con el respeto a la propia salud: ha llegado la hora de asumir que la tapa es una opción válida, pero no así la croqueta, una opción cuya periodicidad debería ser nunca.

Cuando se contemplan, en ocasiones extasiado, las excelentes exhibiciones de tantos muestrarios de las barras de bares y restaurantes, es bueno aprender a prescindir de tanta "maravilla rebozada" y comprobar como unos buenos boquerones, unas anchoas bien aliñadas, algún tipo de tapa protagonizada por el atún de calidad, unas gambas a la plancha -¡no con gabardina!- o todo tipo de pequeños placeres que el arte culinario y la imaginación humana son capaces de elaborar pueden dar satisfacción en igual o mayor medida que las croquetas de jamón, las empanadillas de bonito o los sandwiches de jamón y queso que entran con primor pero inciden en el organismo como una plaga destructora.

Sirva esta pequeña disquisición como elogio y exaltación de la buena costumbre de ofrecer de vez en cuando al cuerpo una satisfacción tan placentera como lícita desde el punto de vista gastronómico a la vez que se respetan los mínimos necesarios para evitar que del disfrute se pase a la agonía.

19 de febrero de 2012

En la muerte de Enrique Sierra



De nuevo nos encontramos con una muerte prematura en el mundo de la música, pues en la mañana del sábado nos hemos levantado con la noticia difundida por los teletipos del fallecimiento de Enrique Sierra de su guitarrista Enrique Sierra, uno de los fundadores del grupo junto a los hermanos Auserón. Sierra falleció en Madrid a la edad de 55 años, pasando a engrosar la leyenda de la nueva ola musical que a finales de los 70 y principios de los 90 revolucionaron el por español, como en su día la engrosaron Antonio Flores, Enrique Urquijo y Antonio Vega.

Radio Futura es uno de los grandes grupos de su época, tal vez junto a Nacha Pop y El último de la fila los auténticos líderes de ese momento histórico de la joven música de nuestro país. La vida de Radio Futura se prolongó hasta 1990, fecha de caducidad del grupo en la que sus componentes se buscaron cada uno la vida por su cuenta. El grupo, con Enrique Sierra a la cabeza, formó parte de la célebre y tantas veces mencionada movida madrileña, que como nos cuenta la wikipedia fue "un movimiento contracultural surgido durante los primeros años de la Transición de la España posfranquista, que se generalizaría y convertiría muy pronto en la Movida española y se prolongó hasta mediados de los años ochenta, comenzando con el renombrado Concierto homenaje a Canito promovido por los que posteriormente se convirtieron en Los Secretos y teniendo su primer refrendo multitudinario en 1981 con "El Concierto de Primavera" de la Escuela de Arquitectura.".

La canción más célebre de Radio Futura fue, sin ningún género de duda, "Escuela de calor", sin olvidar el pegadizo "Enamorado de la moda juvenil", si bien la canción que a mi me ha gustado siempre más es "Veneno en la piel", que traigo aquí en homenaje al músico fallecido. Descanse en paz.




18 de febrero de 2012

Marta Rivera de la Cruz en su línea


"La vida después"
Marta Rivera de la Cruz
Planeta. Barcelona (2011)
384 páginas





Sinopsis
Victoria lleva en Nueva York la que parece una vida envidiable: da clase en la universidad, tiene un marido rico y guapo y un ático en el Upper East Side. Cuando recibe la noticia de la muerte de Jan, su mejor amigo, regresa a Madrid para asistir al funeral. Allí se encontrará con la sofisticada Chloe, antiguo amor de Jan; con su hija, la rebelde Solange; con Marga, su esposa; con su excéntrica suegra, Shirley… Un giro de los acontecimientos obligará a Victoria a permanecer en Madrid, donde tendrá que enfrentarse a la desconfianza de cuatro mujeres que nunca creyeron que su amistad con Jan fuese del todo sincera.
La vida después es una novela sobre los amigos y el afecto, y también sobre las relaciones entre mujeres. Una historia en torno al complicado mapa de los sentimientos donde hay lugar para los conflictos, los celos y la envidia, pero también para el cariño, la lealtad y la entrega.

Ya había leído dos novelas de esta autora: "Hotel Almirante" y "La importancia de las cosas", dos excelentes relatos que fueron suficientes para convencerme llegar a dos conclusiones, que Marta Rivera de la Cruz escribe muy bien y que su lectura resulta grata y entretenida; varias personas de cuyo buen gusto me fío me han asegurado que su mejor novela es "Que veinte años no es nada", aunque antes de enfrentarme a ésta un regalo de reyes me ha llevado a la lectura de "La vida después", el último libro que ha sacado al mercado. Quedan confirmadas las afirmaciones que he realizado antes, por mucho que en el ranking de novelas la dejo en la medalla de bronce, algo que no significa ni que no me haya gustado ni que su calidad sea inferior a las otras, pues ya se sabe que la satisfacción por una lectura puede depender de circunstancias y matices que van mucho más allá de cuestiones puramente objetivas.

Tal vez el inconveniente mayor que he encontrado ha sido el salto en el tiempo, el lugar y la historia que la autora realiza en un momento concreto de la narración, impresión puramente personal pues es posible que a otros el cambio de escenario y personajes les parezca lo mejor de la novela. De cualquier manera, he de insistir en que Rivera de la Cruz me parece un auténtico descubrimiento en un momento en el que la literatura española necesitaba alguien capaz de ir más allá de posturas beligerantes, relatos ideologizados u obsesiones revisionistas. "La vida después" viene a plantearnos problemas de ordinaria administración, y así nos habla de las complicadas relaciones entre cuatro mujeres afectadas de distinta manera por la muerte de un hombre y pone sobre el tapete una cuestión tan interesante como es la posibilidad de que arraigue una amistad entre un hombre y una mujer sin necesidad de que cuajen atractivos físicos, es decir, sin que ocurra nada más que el hecho de "ser amigos", un tema que me parece tiene su interés y su atractivo, así formulan la cuestión los editores: "una historia de ternura sobre la que gravita una pregunta fundamental: ¿es posible que dos personas de distinto sexo se quieran sin amarse? ¿Pueden un hombre y una mujer ser nada más que amigos?".

Marta Rivera de la Cruz es, en mi opinión, una autora a seguir: me parece una persona inteligente, escribe con una elegancia deliciosa y lo que nos dice en sus relatos acaba siendo llamativamente sugerente; sus novelas no aportan ni suspense, ni tragedias ni pasiones, por mucho que siempre van acompañadas de un toque notable de sorpresa y encantos, pero es que las novelas de esta autora no necesitan toques de drama ni misterio, basta una forma de contar refrescante y ágil para convertir la lectura en un momento deseable donde se disfruta mucho.

17 de febrero de 2012

¿Y qué hay del espíritu carnavalesco?



Esta última Navidad se pusieron de moda en algunos ambientes, en las redes sociales, en ciertas manifestaciones de personajes mediáticos, en el aire que se respiraba en general ciertos vientos de rechazo a la Navidad; recuerdo perfectamente un comentario en facebook de alguien que aseguraba que "la Navidad me estomaga", a la vez que había quien parecía pretender generalizar la crítica al espíritu navideño. Existe, por supuesto, la libertad de expresión y si de lo que se trata es de criticar la conversión de unas fiestas entrañables, para muchos de un profundo significado, en algo superficial y derivado hacia el consumismo, me uno a la crítica; pero detrás de algunas de estas actitudes yo intuyo más bien una más o menos oculta obsesión por atacar los sentimientos cristianos de bastantes, por arrinconar las manifestaciones religiosas más tradicionales y confundir la deseable aconfesionalidad del Estado con un sectario y agresivo laicismo.

Por eso, ahora que llega el Carnaval me pregunto si ese afán desmitificador se va a extender también hacia esta costumbre que, por mucho que se pretenda remontarla a tiempos muy pretéritos, no tiene ni de lejos la tradición y el arraigo de la Navidad. Si el gran argumento para echar jarros de agua fría a quienes nos gusta ejercitar ese espíritu propio de las últimas fiestas del año fue la crisis y el desánimo ciudadano que ésta causa, no parece que en estos momentos andemos tampoco como para echar cohetes y ejercitar el arte de disfrazarnos y montarnos en coloridas carrozas, a pesar de lo cual no he leído ni escuchado comentarios peyorativos hacia ello. Y no pretendo denostar los carnavales, pues pienso que cada cual puede hacer lo que le venga en gana, incluso me parece delicioso ver como se disfrazan los niños más pequeños de superman, de espadachín o de hada, pero además de que uno no tiene ya ni edad ni humor para irse a cenar vestido de arlequín, domador o conejo, me gustaría saber si también se ponen de los nervios los enemigos de la Navidad.


16 de febrero de 2012

El caso "Arancha"



Se habla mucho estos días de la polémica surgida a raíz de la inminente salida al mercado de las memorias de Arancha Sánchez Vicario; en ellas la tenista pone de "chupa de dómine" al resto de su familia, en especial a sus padres, a quienes acusa de haberle anulado como persona y poco menos que haberla dejado en la ruina. La madre de Arancha hizo pública una nota en la que contestaba a su hija y aseguraba que lo que ésta decía era completamente incierto, acusándola de buscar humillarles a ella y su marido, quien al parecer se encuentra muy delicado de salud, en tratamiento de un cáncer y en los inicios del Alzheimer. El affaire, como era de esperar, ha abierto el celo de la prensa y cada día se cruzan declaraciones y comentarios sobre la situación.

Durante días me he resistido a hablar de un caso que me parece que se les ha ido a todos de las manos; puedo comprender la situación de quien fuera en varias ocasiones ganadora de Roland Garrós y se convirtió hace dos décadas en uno de los pocos referentes deportivos de la época en nuestro país, pero no me parece, de entrada, correcto el airear las intimidades familiares publicándolas en un libro, algo que entre otras consecuencias establecerá sobre la cabeza de la autora la permanente sospecha de publicar sus desencuentros familiares para sacar con ellos tajada económica. Pero como la noticia me llevó en cuanto la leí a rememorar de inmediato un encuentro del pasado y a sacar a continuación una conclusión que me parece interesante, he decidido sacar el tema en mi rincón particular.

Hace ya muchos años, entre 1986 y 1987 -trabajaba yo en Barcelona y de ahí la fijación aproximada de fecha- coincidí en un viaje en tren de Tarragona a Barcelona con la madre de Arantxa Sánchez-Vicario; ambos viajábamos en el mismo vagón y en asientos contiguos. Yo no sabía que esa señora era la madre de los famosos tenistas, pero ella se encargó enseguida de que me enterara: no paró en la hora y pico de trayecto de contar en voz bien alta las hazañas de sus retoños; me llamó poderosamente la atención la forma en que la mujer hablaba de sus hijos, como si fueran de su nuda propiedad, intuía en sus manifestaciones tanto una especie de afán de presumir de las virtudes -en este caso deportivas- de aquéllos, algo disculpable en una madre, y cierta voluntad de dominio de sus vidas, algo que ha facilitado que, tras leer la noticia, volviera inmediatamente a mi memoria este encuentro ferroviario completamente casual.

A raíz de todo ésto, salvando por supuesto el hecho de que me faltan datos y no soy quien para entrar en las concretas desventuras familiares de nadie, sale a la palestra el problema de los padres posesivos, de esas personas que parecen abducir a sus hijos para convertirlos en lo que a ellos les gustaría que fueran y vigilar sus pasos hasta el agobio. Ser padre es algo muy difícil y conlleva la responsabilidad legal de velar por los hijos hasta la mayoría de edad y la moral de no volverles nunca la espalda, pero para educarlos no bastan los principios y las atenciones, hay que sumar algún elemento más, entre otros uno llamado libertad. Eso sí, me produce una enorme tristeza el que alguién que debería predicar con el ejemplo no sepa lavar en casa los trapos sucios.


15 de febrero de 2012

La Academia y DiCaprio

Hace unos días en la entrada de un blog el propietario del mismo mostraba su sorpresa por la pretendida falta de feeling de la Academia de Hollywood con Leonardo DiCaprio; lo cierto es que un año más el actor californiano se ha quedado con la miel en los labios, y a pesar de que muchos pensaban que su interpretación de J. Edgar Hoover en la película dirigida por Clint Eastwood podía darle "chance" para obtener su primera estatuilla, ni siquiera ha sido tenido en cuenta para la nominación al mejor actor principal. Es verdad que DiCaprio ya ha sido designado oficialmente como aspirante al Oscar en tres ocasiones anteriores -"¿A quién ama Gilbert Grape?" (1993), "El aviador" (2004) y "Diamante de sangre" (2006)-, pero dicen quienes entienden de ésto que se trató más bien de nominaciones de relleno y el actor no tuvo nunca posibilidades reales de hacerse con el galardón. Es más, no deja de ser llamativo que la que puede ser su película más célebre, "Titanic" (1997), no le sirvió para conseguir ni una sola de las 14 nominaciones que obtuvo en film de James Cameron en la edición correspondiente, un signo más de que la figura de DiCaprio no acaba de ser bien vista entre quienes cortan el bacalao en el certamen cinematográfico más importante del mundo.

El actor, que empezó muy joven en esto del cine, ha sido llamado por casi todos los mejores directores del momento, comenzando por el propio Cameron en la referida "Titanic" y siguiendo por el mismísimo Martin Scorsese, nada menos que en cuatro ocasiones -"Gangs of New York" (2002), "El aviador" (2004), "Infiltrados" (2006) y "Shutter Island" (2010)-, sin olvidar a Woody Allen -"Celebrity" (1998)-, Danny Boyle -" La playa" (2000), Steven Spielberg -"Atrápame si puedes"- (2002), Edward Zwick -"Diamante de sangre" (2004)-, Ridley Scott -"Red de mentiras" (2008) y Sam Mendes -"Revolutionary Road" (2008)-, además de la mencionada "J.Edgar" de Clint Eastwood. Difícilmente se puede encontrar un actor que en el escaso espacio de trece años haya sido tenido en cuenta por un número tan importante -e impactante- de grandes directores.

Ignoro si existen circunstancias que retraen a quienes compete la posibilidad de alzar a Leonardo DiCaprio a los altares precedidos por la alfombra roja, aunque siempre se puede pensar que existen motivos políticos, personales o ideológicos, a la vez que tampoco cabe olvidar que auténticos dioses de la pantalla como Paul Newman, Bárbara Stanwick o Kirk Douglas tardaron decenios en conseguir un Oscar, y los dos últimos tan sólo honorífico, mientras que Marylin Monroe, Edward G. Robinson o Robert Mitchum no lo obtuvieron nunca. Lo que mueve claramente a debate es la real valía de Leonardo DiCaprio, pues si se profundiza entre las opiniones de los críticos, se comprueba que no hay unanimidad de criterio sobre su calidad como actor y aunque hay quienes le consideran uno de los mejores, también he encontrado opiniones que aseguran que se trata de un artista sobrevalorado y que nunca podría haber soñado llegar tan lejos. A mí me falta criterio para opinar, aunque he disfrutado con unas cuantas de sus películas, algunas de las citadas y otras como "La habitación de Marvin" (1996), "Red de mentiras" (2008) y "Origen" (2010). Se admiten opiniones.


14 de febrero de 2012

Ese sonido que cabrea



Ya se que no es la primera vez que la tomo con los móviles, pero es que la cosa empieza a pasar de castaño oscuro: hemos perdido el norte y hemos convertido el aparato ese en algo tan vital como la cafinitrina para el cardiaco o los antistamínicos para el asmático. No insistiré en el uso del móvil en el AVE, por mucho que hace uno par de domingos en un viaje de una hora acabé hasta el moño de las conversaciones en voz alta de unos cuantos y unas cuantas. Pero su empleo en reuniones, conferencias y todo tipo de actos públicos se ha convertido en una especie de monumento a la falta de respeto.

No existe conferencia, misa, recepción o acto público en el que, frecuentemente en varias ocasiones, no suenen los diferentes sonidos de un móvil; sin ir más lejos, me encontraba hace unos cuantos meses en una reunión y sin avisar comenzó a sonar el himno nacional, y es que el personal coloca a su móvil los sonidos más sorprendentes. Aunque tengo por norma quitar la voz a mi móvil en cualquiera de estas ocasiones, he de reconocer que no puedo decir de este agua no beberé, pues me encontraba presenciando un acto militar en la Ciudadela de Jaca y en pleno homenaje a los muertos comenzó a silbar mi móvil, así que no estuve precisamente oportuno, aunque puedo jurar que fue un error ocasional.

Hay que ser comprensivo con aquellas personas que, normalmente por su avanzada edad, carecen de habilidad para manipular el aparato y dejarle en condiciones de que no suene, pero hay casos de auténtico descaro. Hay quien da la impresión de que hasta disfruta haciéndose el ocupado y el interesante, incluso hasta quien comienza a hablar entre discursos u oraciones de misa dominical, en una manifestación de falta total de educación y de respeto, pues no se me ocurre otra cosa para calificarlo. El otro día estaba en una toma de posesión de cierta relevancia y al tipo que estaba a mi lado le comenzó a sonar el móvil, ante lo que no sólo no hizo nada por suprimir el sonido, sino que a la tercera lo cogió y dijo al micrófono: "Háblame", cual si fuera un misterioso oráculo ... y pensé "¡vaya cretino!", porque el hombre daba la impresión de que se hacía el interesante. Me temo que hay personajes que piensan que su tiempo y sus asuntos son tan importantes que el resto del mundo hemos de andar resignados y genuflexos ante sus formas de hacer, pero se equivocan, pues suelen quedar como unos torpes.


13 de febrero de 2012

Al final la vida te pone en tu sitio

El gran actor británico Alec Guinness cuenta en sus memorias una anécdota personal ocurrida en Londres en tiempos de la 2ª Guerra Mundial. Guiness se había incorporado como marinero a la armada británica y al poco tiempo fue ascendido a oficial. El actor reconoce que nunca se consideró una persona especialmente capacitada para la milicia, aunque al parecer el hombre tenía sus debilidades y en algún momento se le subieron los galones a la cabeza. De esta manera, en una ocasión en la que acudió vestido con su flamante uniforme a una sesión de la ópera, al ver un buen número de damas de todas las edades que iban ocupando sus asientos, le dio por pensar que en ese momento él debía, a la fuerza, llamar la atención y ser la envidia de madres e hijas en cuanto unas desearían  casar a sus primogénitas con un joven como él y otras ser galanteadas por un oficial de marina. Metido de lleno en estas disquisiciones vio como una señora de edad se dirigía a él y enseñándole su entrada le solicitaba que le indicara donde se encontraba su asiento y le acompañara hasta él. Con este sencillo error de la mujer -una auténtica "plancha"- Alec Guinness se cayó del "guindo", aterrizó en el suelo y comprendió que de vez en cuando la providencia te ayuda a despejar vanidades: la buena mujer le había puesto, inocentemente, en su sitio.

A las personas nos pasa en ocasiones lo mismo que al oscarizado protagonista de "El puente sobre el río Kwai" y "El quinteto de la muerte", entre muchos otros films, que nos creemos importantes, nos deslumbramos a nosotros mismos por unos méritos, prebendas o títulos que seguramente hemos magnificado y acabamos cayendo en la cuenta de que lo que hagamos, pensemos o aparentemos importa bastante poco a la mayoría de mortales que nos rodean y, en cualquier caso, lo valoran de manera bien distinta a la nuestra. No obstante frente a estas ridículas actitudes existen dos peligros: por un lado la ceguera que nos puede llevar a no ser conscientes de nuestra fatuidad y, por otro, el que, precisamente por caer en aquélla, vivamos en un mundo aislado y ajeno a la realidad que nos hemos creado y que viaja en dirección distinta y distante al de los otros humanos, tanto que no se cruzan nunca.

En cualquier caso, al final siempre es la vida la que nos acaba poniendo en nuestro sitio, conforme pasan los años, si no te has convertido en una especie de monstruito ególatra -hay que ser muy tonto para esto, pero a veces ocurre- acabas comprobando que los uniformes, las medallas, las pompas y los tratamientos son efímeros, temporales de escaso peso, ... pura chatarra ... y terminas siendo consciente de tu verdadero papel en la vida y en la tierra, cuya relevancia no depende de los galones que ostentes o hayas ostentado.

12 de febrero de 2012

En la muerte de una voz maravillosa

Hace tiempo que sabíamos que la vida de Whitney Houston llevaba siendo una especie de infierno desde hace unos cuantos años; llegó a haber un conato de reaparición y se quiso vender que la cantante de New Jersey revivía de sus cenizas, pero pronto se vio que la buena voluntad no basta y Whitney distaba mucho de ser la de antes. Como tantos otros artistas, Whitney Houston cayó en el error del alcohol y las drogas y era un juguete roto, razón por la cual no nos ha podido sorprender la dramática noticia de su repentino fallecimiento en Los Ángeles, donde al parecer apareció anoche muerta repentinamente en la habitación de un Hotel de Beverly Hills: no sabemos nada de la causa de su muerte y seguro que mientras se conoce se harán todo tipo de especulaciones, aunque lo que ahora nos importa es que ya es leyenda una de las voces más impactantes de la música contemporánea. La wikipedia nos cuenta que, según datos del "Guinness World Records" Whitney es en la actualidad la artista más galardonada de todos los tiempos, con 2 premios Emmy, 6 premios Grammy, 30 premios Billboard Music Awards, 22 American Music Awards, entre otros, con un total de 415 premios en su carrera; además a lo largo de su vida ha vendido más de 170 millones de álbumes, sencillos y vídeos. Houston llevaba el soul en la sangre, pues era la música que cantaban su madre Cissy Houston, sus primos Dionne Warwick y Dee Dee Warwick y su madrina Aretha Franklin y con esa música comenzó su carrera cantando en los clubs nocturnos de New Jersey.

Recuerdo haber descubierto a Whitney Houston en un viaje a Zaragoza con un compañero de trabajo allá por los finales de los 80, quedando embelasado con canciones como "All at once", "You Give Good Love", "Saving All My Love For You" o "Take Good Care Of My Heart" y anotando ya para siempre su nombre en mi lista de cantantes imprescindibles. La película "El guardaespaldas", junto a Kevin Costner y con ese inolvidable "I will always love you", que permaneció en lo más alto de las listas de éxitos de los Estados Unidos durante veinte semanas consecutivas, su momumental aparición con esa joya de la música que fue "One moment in time" o el lanzamiento de su imponente recopilatorio fueron otros momentos recordados en la vida de esta cantante que no supo encajar el éxito, pero que no por ello dejó de ser menos grande y menos universal.

Ahora Whitney Houston ha pasado a la historia, sus canciones son ya patrimonio de todos y es el momento de desempolvar sus éxitos y disfrutar con ellos; detrás quedan una vida apasionante y unos errores que le han costado muy caro. Pero por encima de todo está una voz inconmensurable, poderosa y rica, luminosa, fresca y pura, con el tono de una soprano. De hecho Houston es comúnmente conocida como «La Voz», en referencia a su talento vocal excepcional; De acuerdo con The New York Times, «el estilo vocal de Houston ha tenido un impacto significativo en la industria de la música» y ha «revitalizado la tradición del evangelio-soul-pop».


11 de febrero de 2012

"La marcha Radetzky", Joseph Roth.



La marcha Radetzky
Josep Roth
Edhasa. Barcelona (2011)
374 páginas.


A través del ejemplo de la familia Trotta, vinculada al emperador Francisco José de manera casi legendaria, Joseph Roth describe la decadencia austrohúngara y las condiciones sociales de su país, en el siglo XVIII. La novela narra la historia de tres generaciones: el fundador de la dinastía salva la vida al joven emperador durante la batalla de Solferino, su hijo se convierte en fiel servidor y funcionario del monarca y el nieto hará carrera en el ejército, abrumado por el peso de su apellido.

Hace un tiempo leí, no recuerdo donde, que las tres grandes novelas históricas del siglo pasado han sido "Yo Claudio", de Robert Greaves, "El nombre de la rosa", de Umberto Eco y "La marcha Radetzky", de Joseph Roth; la de Eco la leí hace tiempo, "Yo Claudio" cayó hace menos y acabo de terminar "La marcha Radetzky", una formidable recreación de la decadencia del Imperio Austro-húngaro. El libro me ha parecido magnífico, una de esas lecturas que viene bien hacer despacio, saboreando lo que relata el autor, entre otras cosas porque lo de menos es lo que éste dice, pues lo más importante es la maravillosa descripción del ambiente, de los personajes y de la forma de vida de los habitantes de un imperio que, sin que ellos se dieran cuenta, agonizaba.

Joseph Roth era para mí un autor casi desconocido, no porque ignorara su calidad, que me había sido ensalzada por bastantes, sino porque hasta ahora solamente había leído "Hotel Savoy", una novela que no me acabó de llenar y que en la obra de Roth no parece que sea algo más que una obra menor. Tras leer "La marcha Radetzky" no me cabe duda de que estamos ante uno de los grandes autores europeos del siglo pasado. Roth describe a la perfección el ambiente decadente y desalentador que caracterizó los últimos momentos del Imperio Austrohúngaro, viene a ser como una especie de novela coral en torno a un lugar y una época que tuvieron mucho que ver con la historia europea del siglo XX.

Se trata de una novela con unos personajes perfectamente creados, unos protagonistas a los que Roth nos muestra de un modo que abarca tanto el drama como la caricatura. El eje de la novela gira en torno a la familia Trotta, comenzando por el abuelo, el "héroe de Solferino" a quien el emperador agradeció su acto heroico concediéndole el título de Barón, su hijo, el Barón Trotta, a quien su padre prefirió hacer funcionario antes que militar y el hijo de éste, Carlos Joseph, quien se convierte en el Teniente Trotta y cuyas desventuras abarcan buena parte de la novela. En torno a estos personajes se mueve el resto, quienes conforman una sociedad que Roth describe formidablemente entre ociosidad, banquetes, amoríos, casinos y duelos. A lo largo del libro no pasa nada en especial, aunque poco a poco se va viendo como la sociedad camina hacia la hecatombe.

Son admirables las distintas escenas con las que el autor nos muestra el ambiente de principios de siglo en esa parte de Europa; puestos a elegir, destacaría tres momentos que me parecen magistrales: la descripción minuciosa y detallista de un banquete al que asiste el protagonista y en la que se juntan el arte literario con un tono satírico innegable; también resultó una delicia leer el magnífico dibujo que hace Joseph Roth de la figura del viejo emperador Francisco José y, finalmente, el tan cruel como caricaturesco relato de la reacción de los asistentes a una fiesta, casi todos militares, ante las primeras noticias del atentado de Sarajevo, donde fueron asesinados el heredero del Imperio, Archiduque Francisco Fernando y su esposa y que fue la espita que encendió la mecha de la 1ª Guerra Mundial.

"La marcha Radetzky" es, sin ninguna duda, uno de esos libros de lectura casi obligada, una auténtica obra de arte.


10 de febrero de 2012

Zambia recupera la sonrisa



El 27 de abril de 1993 se producía un terrible accidente de avión en Gabón, los treinta pasajeros de un Buffalo perteneciente al ejército zambiano que acababa de repostar en la localidad de Libreville murieron en el acto, entre ellos el presidente, tres técnicos y 18 jugadores de la selección de fútbol de Zambia. Los jugadores regresaban de las Islas Mauricio, donde se habían impuesto a la selección local por un rotundo 0-3 en partido de la primera fase de la Copa de África y componían en aquel momento una de las selecciones con más futuro de un continente africano que comenzaba entonces a anunciar su enorme potencial futbolístico. Tan sólo se escaparon de la catástrofe los tres futbolistas que jugaban en Europa y debieron trasladarse por su cuenta: Musonda, del Anderlecht, Johnson Bwalya, del Bulle suizo y Kalusha Bwalya, del PSV Eindhoven.

El hecho conmocionó el mundo del deporte y supuso un mazazo para la progresión futbolística de un país que parecía llamado a ser puntero en el emergente fútbol africano. Hace mucho tiempo que pienso que en el fútbol de África está el futuro: los equipos africanos destacan por la frescura y creatividad de su juego, son depositarios de un fútbol exento de rigores tácticos, rico en ideas y de una refrescante ingenuidad; África aparece para muchos como un reducto del fútbol más puro y libre de presiones. El gran problema siempre ha sido la ausencia de sentido práctico y frecuentemente selecciones destacadas como Ghana, Costa de Marfil, Camerún o Malí caían eliminadas de los grandes torneos demasiado pronto, tras deleitar a los espectadores, debido a falta de concentración o errores infantiles. La aparición de jugadores como Etoo, Drogba, Essien, Yayá Touré, ... acredita que está cada vez más cerca el momento de ver a una selección de la zona en lo más alto.

La tragedia de Zambia dejó al fútbol de país centroafricano sumido en la desolación y la crisis, pero como todo en esta vida, lo bueno y lo malo, no dura para siempre y en estos días en los que se está celebrando la Copa de África precisamente en Gabón, Zambia ha podido cobrarse su deuda y, contra todo pronóstico, eliminó el pasado martes al potente combinado de Ghana -la selección africana que llegó más lejos en el último Mundial- y jugará la gran final contra uno de los favoritos, Costa de Marfil, un equipo que decepcionó en Sudáfrica pero que cuenta con una de las grandes estrellas de la competición, el ariete del Chelsea Didier Drogba, sin olvidar a su compañero de equipo Salomon Kalou o jugadores tan conocidos por estos pagos como Kone y Zokora. Independientemente del resultado de la Final, ya podemos afirmar que Zambia ha sido una de las grandes triunfadoras del Torneo africano, ya está de nuevo en la cima y esos jugadores que perdieron la vida hace casi veinte años y estarán siempre vivos en el recuerdo de sus compatriotas tienen unos herederos dignos y dispuestos a llegar donde el destino no dejó a aquéllos.




9 de febrero de 2012

Carteros de antaño

No seré yo quien diga que cualquier tiempo pasado fue mejor: no cabe duda de que en cuestión de funcionamiento del correo hemos avanzado mucho y ahora quienes trabajan en este servicio gozan de unos adelantos y unas comodidades que antes no existían; pero no por ello renuncio a enarbolar las banderas de la nostalgia y el recuerdo para evocar aquellos carteros de mi infancia, a lo largo de esos inolvidables años 60 en la que era familiar la figura del cartero, con su uniforme de color azul y la enorme bolsa de cuero marrón al hombro llena de cartas, postales y certificados pateando las calles y repartiendo su "mercancía" de piso en piso y de puerta en puerta. A uno le queda grabada la manida imagen del cartero enfrentado con el perro de turno, son recurrentes las tiras del Fred Basset en la que el célebre can del cómic preparaba cual batalla decisiva sus tácticas frente al cartero de turno, mi visión de estos funcionarios es mucho menos polémica y bastante más agradable, nunca vi a un cartero perseguido o herido por un chucho, ni a estos animales siendo maltratados o despreciados por un encargado de repartir correspondencia. Para mí un cartero es, en el fondo, un mensajero de noticias, alguien que te trae el recuerdo de un ser querido, una felicitación, un detalle de cariño, alguien que te puede facilitar un buen momento, que hasta puede formar parte del acerbo importante de tu vida.

Yo recuerdo haber vivido la instalación de los buzones en la entrada de las casas; hasta entonces el cartero llamaba a tu puerta, donde entregaba en mano la correspondencia; no dudo que tales buzones supusieron una mejora en las condiciones de trabajo de estos profesionales e incluso una mayor comodidad para los vecinos, pero ese "paseo" por la vecindad tenía un "algo" de humanidad que puede provocar añoranzas; eran tiempos en los que cada día sonaba también el timbre que tocaban el lechero y el panadero, eventos que aportaban brotes de solidaridad, conversaciones amistosas, detalles de sana cotidianiedad. Hoy en día nadie conoce la cara ni la identidad de quienes te siguen prestando un servicio útil, no llamamos a la gente por sus nombres de pila ni les identificamos cuando les encontramos en el cine o en el fútbol, ... y es que no puedo evitar acordarme de que al salir de La Romareda casi siempre coincidía con el señor que nos traía el pan a casa, que regresaba Gran Vía arriba portando un transistor tamaño familiar con el que escuchaba el carrusel deportivo.

En la zona donde vivía trabajaba un cartero llamado Ricardo; se trataba de un hombre afable, simpático hasta decir basta, que conocía a los vecinos, saludaba a los chavales que por allí funcionábamos y formaba parte del escenario urbano de la época, como el pescatero, la señora de la mercería, el dueño de los ultramarinos, el pastelero del número 5 o el matrimonio que vendía golosinas. Un día, recuerdo que era por navidades, Ricardo se murió de un infarto, es una de esas muertes repentinas e inesperadas que me produjeron mayor conmoción en esos años infantiles, y la vecindad le lloró, no se hablaba de otra cosa y el hombre quedó a partir de entonces en ese rincón que uno guarda en su interior para las personas entrañables que uno no querría nunca que desaparecieran.




8 de febrero de 2012

Dejó de publicarse un clásico



La noticia no es de hoy sino de septiembre, pero hasta ahora no me había enterado de que la Revista "Don Balón" había dejado de publicarse. Imagino que internet y la existencia de uno prensa más modernizada han obligado a esta publicación mítica a poner fin a una historia que, si no recuerdo mal, comenzó el año 1975. Hacía ya mucho tiempo que no compraba un ejemplar de una revista que inició el legendario José María García, fundamentalmente porque, acertadamente o no, el fútbol es para mí una pasión y la situación del Zaragoza me quita las ganas de estar al día; pero durante muchos años fui fiel lector de una revista que me permitía descubrir secretos de la liga española, conocer jugadores de otros países, seguir las mejores ligas del mundo, actualizar fichajes y rumores y un montón de cosas más.

"Don Balón" solía estar en los quioscos los martes o, como muy tarde, los miércoles; a media tarde solía hacer una escapada a alguno de los establecimientos de prensa cercanos para adquirir el número correspondiente: la perspectiva de tenerla en mis manos me mantenía en una mezcla de ilusión e impaciencia por ponerme al día del contenido de esa semana. Recuerdo que no era excesivamente barato, pero consideraba que valía la pena el gasto por la calidad del contenido. La revista comenzó teniendo un tono polémico y novedoso, aunque con los años se volvió más aséptica; nunca olvidaré, por ejemplo, la polémica suscitada cuando los reporteros de la misma descubrieron el contrato que el entonces ídolo zaragocista "Nino" Arrúa había firmado con el Atlético de Madrid teniendo todavía contrato en vigor con su equipo, la revelación hizo correr ríos de tinta y forzó el que tal contrato quedara en agua de borrajas y el paraguayo renovara por los blanquillos. La expulsión de Cruyff frente al Málaga, la gravísima lesión de José Antonio Camacho, las andanzas de Maradona en Barcelona, la polémica en torno al árbitro Jacinto de Sosa Martín, los turbios manejos del presidente madridista Ramón Mendoza, el Mundial de España, ... 35 años de la historia del fútbol fueron vividos semana a semana. Nombres como Pablo Porta, Alfredo Di Estéfano, Javier Clemente, Udo Lattek, Joao Havelange, César Luis Menotti, Pierluigi Collina, Michel Platini, Zinedine Zidane y tantos otros protagonizaban páginas y páginas de papel couché.

A principios de temporada se vendía el "Extra-Liga", con datos y fotos de todas las plantillas de 1ª y 2ª división, que se actualizaban en el mercado de invierno; eran también esperadas las ediciones extraordinarias con motivo de las distintas competiciones nacionales e internacionales; durante muchos años guardé el número especial publicado con motivo del triunfo del Real Zaragoza en la Recopa el 10 de mayo de 1995. Nombres míticos como Cruyff, Pelé, Santillana, Rivelino, Maradona, Zico, Beckenbauer, Rumennigge, ... fueron portada de la revista, que tenía secciones especiales de fútbol internacional, entrevistas, jornada de liga, rumores, artículos de fondo, ... toda una gozada que uno solía reservarse para disfrutar cómodamente y sin prisas en las últimas horas de la jornada. Recuerdo que almacenaba números y cuando en verano surgían los rumores de fichajes los desemplovava para conocer a quien quería fichar el equipo de mis amores: así descubrí a jugadores como Sergio Berti, Matías Almeyda, Juninho Pernambucano, Jesper Blomqvist, Juan Alberto Barbas, Rubén Sosa, Matts Magnusson, Fernando Cáceres, Savo Milósevic, Oscar Alfredo Ruggeri, ... En Navidades siempre aparecía una portada con un futbolista célebre disfrazado de Papa Noel y al finalizar el campeonato, unos magníficos números especiales llenos de valoraciones, datos y detalles que leía al dedillo.

Hoy en día no hace falta buscar las fuentes para conocer más sobre equipos, futbolistas, entrenadores, ... recurres al google o a cualquiera de las miles de páginas webs que tratan el tema y enseguida se encuentra abundancia de información abundante y actualizada, pero también es cierto que ha desaparecido la magia del papel, la curiosidad de la búsqueda afanosa de datos y la expectación de un día y una hora de la semana.


















7 de febrero de 2012

La decadencia y los temores

Estoy terminando de leer "La marcha Radetzky", la ópera prima de Joseph Roth y un magnífico y demoledor dibujo de la decadencia del Imperio Austro-húngaro; en dicha novela, de la que no tardaré en hablar extensamente, se nos muestra a unos personajes que sobreviven en medio de ese declive, inconscientes del mismo y aferrados a una vida y unos usos caducos e insalvables, erradamente convencidos de que nunca pasa nada y ajenos al drama que se les viene encima. A mí esa situación me ha recordado a la Europa actual y, más en concreto, en cuanto es algo que contemplo en vivo y en directo, a nuestro país. Cada vez estoy más seguro de que estamos viviendo el final de una época, de que muchas de las cosas que hasta ahora nos parecían intocables no sólo han comenzado a desestabilizarse, sino que están muy cerca de derrumbarse definitivamente. Hasta hace bien poco instituciones como la Monarquía, la democracia parlamentaria o el sistema financiero las considerábamos indiscutibles, andábamos por la vida seguros de vivir en el lugar ideal y de estar firmes y arraigados en la zona próspera del planeta. Ha bastado una crisis económica de dimensiones llamativas para que todo haya entrado en zozobra, la duda se haya instalado en el ambiente y seamos cada vez más conscientes de que la tierra que pisamos no es firme sino inclinada y pantanosa. Y pienso que el gran problema no es precisamente tal crisis, sino la ausencia de soportes morales que nos hace incapaces de reaccionar y nos somete frecuentemente a un miedo al futuro derivado de la contemplación de la fragilidad de lo que entendíamos sólido.

Mi generación, como las posteriores, ha vivido siempre envuelta en la comodidad y la ausencia de problemas importantes; las guerras las hemos vivido de lejos y, con mayor o menor holgura, la inmensa mayoría hemos tenido siempre las judías en el plato, la enseñanza accesible, la playa cercana y la televisión puesta. Quienes como yo nacimos avanzada la década de los 50 vivimos casi todos una infancia feliz, ajenos primero a las veleidades políticas y expectantes e interesados después en los sucesivos eventos que trajeron consigo la transición democrática y tantos acontecimientos de todo tipo ocurridos en nuestra historia reciente. Por eso nos puede suceder que empiecen a flaquearnos las piernas cuando llegan los tiempos de la inquietud y los sudores fríos, y es que en el fondo nos entra el miedo a perder privilegios, a que la vida ya no sea tan cómoda y a que lo que hasta ahora parecían argumentos demoledores e irrefutables ya no lo sean tanto. Pero me temo que estamos ya en el punto de no retorno y ya no cabe recurrir a nuestra posición, a nuestros logros y a nuestros derechos adquiridos, porque cada vez se cuestiona más casi todo y nos acercamos a una época nueva, radicalmente distinta a la vivida hasta ahora, esa forma de vida que nos parecía la única válida. El problema está, desde mi punto de vista, en el peligro de que el cambio llegue con la fuerza de una riada que asola por donde pasa mientras se han evaporado los principios morales sólidos y no aparecen líderes válidos y creíbles para enarbolar su bandera.

Yo soy más bien cobarde y poco amigo de que cambien las cosas, pero no puedo negar que detrás de eso se esconde ese egoísmo tan propio de la naturaleza humana; por eso me voy haciendo a la idea de que muy posiblemente nos toque comenzar a vivir de maneras muy distintas a las que hemos conocido hasta ahora y que más vale agarrarse a la fe, que en el fondo es lo que nos tiene que sostener pues no se si Dios andará contento de nosotros, pero más vale que contemos con El, que vienen curvas.

5 de febrero de 2012

Ha fallecido Ben Gazzara



El viernes día 3 de febrero falleció en Manhattan a la edad de 81 años el actor Ben Gazzara; el actor, natural del mismo Nueva York, padecía un cáncer de páncreas. Mi primer recuerdo de este actor se remonta a una película de la serie B, "Odisea bajo el mar", film que protagoniza y en el que comparte cartel con dos excelentes veteranos como Ernest Borgnine y Walter Pidegeon; en dicha cinta Gazzara encarna al comandante de una expedición de rescate submarino al que recuerdo serio y antipático, casi una "esfinge". Buscando las necrológicas de los diarios de mayor tirada nacional descubro que el actor fallecido era considerado uno de los primeros actores "indie", que así se llama a aquéllos que intervienen en películas independientes, las cuales deben de ser autofinanciadas por quienes las sacan adelante. ABC insiste en la circunstancia de que Gazzara se formó en la célebre escuela neoyorquina de "Actors studio", donde también se iniciaron Marlon Brando y Al Pacino, algo que concuerda con su prolongada trayectoria inicial en el teatro, donde intervino en obras de la enjundia de "La gata sobre el tejado de zinc", de Tennessee Williams; al parecer el actor comentaba a sus íntimos que al no haber cortado con la escena con la rapidez que lo hizo el mencionado Brando perdió muchas oportunidades de triunfar en la pantalla.

Como ejemplo claro de película "indie" muchos citan "Maridos" (1970), un drama dirigido por John Cassavetes, amigo de Gazzara y co-protagonista del film junto a éste y a Peter Falk, aunque para mí no hay duda de que la película más importante en la que intervino el actor fue "Anatomía de un asesinato", de Otto Préminger, en la que interpreta al teniente Frederick Manion, acusado de haber asesinado al propietario de un bar; James Stewart, Lee Remick, Arthur O'Conell y George C. Scott componían junto a Gazzara un plantel de auténtico lujo. De su primera época pueden destacarse también "Vivir es lo que importa" (1961), "Cuatro convictos" (1962), donde trabajó con Sammy Davis Jr., Stuart Whitman, Vincent Price y Rod Steiger, "Vida sin freno" (1965) y "El puente de Remagen" (1969), con dos habituales del cine de acción como George Segal y Robert Vaughn, el inolvidable Napoleón Solo del "Agente de C.I.P.O.L."

En la década de los 70 cabe destacar, en primer lugar, dos films interesantes: "Capone" (1975), dirigido por Steve Carver, con John Cassavetes y Silvester Stalone en el reparto y donde interpreta al legendario mafioso y "El viaje de los malditos" (1976), una ambiciosa producción dirigida por Stuart Rosemberg y con un reparto de lujo -Max Von Sydow, Faye Dunaway, James Mason, Orson Welles, José Ferrer, Oscar Werner, ...- en la que se relata un histórico viaje de judíos que vivían en la Alemania nazi de un llamativo contenido dramático. De la misma época son dos películas en las que el actor compartió escena con la gran Audrey Hepburn, con quien al parecer mantuvo un idilio, "Lazos de sangre" (1979), de Terence Young, un drama amoroso en el que también actúan James Mason, Irene Papas, Romy Schneider y Omar Shariff y "Todos rieron" (1981), una calificada por algunos fallida comedia de Peter Bogdánovich en la que interpreta a un mujeriego detective que recibe el encargo de vigilar la conducta de la esposa de un rico millonario.

Otras actuaciones recordadas de Ben Gazzara fueron su papel de Don Bosco en la película que sobre la vida del santo dirigió Leandro Castellani en 1988, el thriller "Conspiración en la sombra" (1997), junto a Donald Sutherland y Charlie Sheen, "Happiness" (1998), una comedia irónica, crítica e inmisericorde comedia sobre los miembros de una familia de un suburbio de New Jersey, "La trama" (1998), de David Mamet, otro thiller de acción continua y, por encima de todas, "El gran Lebowski" (1998), en la que a las órdenes de los hermanos Coen tuvo unos compañeros de reparto del nivel de Jeff Bridges, John Goodman, John Turturro y Julianne Moore. Gazzara fue también el actor fetiche de su amigo John Cassavetes, con personajes para el recuerdo en cintas como la referida "Maridos" (1970), "El asesinato de un corredor de apuestas chino" (1976), y "Noche de estreno" (1977), donde trabajó con la mujer del director, Gena Rowlands. En televisión fue un habitual de las grandes series, donde puede destacarse su intervención en la segunda parte de la película sobre la vida de Juan Pablo II, protagonizada por John Voight y en la que también aparecen actores tan ilustres como Cristopher Lee y Giulianno Gemma, sin olvidar "¿Quién mató a J.F. Kennedy?" (1977), "El ángel negro" (1998), "Ciegas de amor" (2002) Y "La familia: honor y respeto" (2006).

Como se ve, Ben Gazzara fue un actor polifacético: comenzó en el teatro y luego fue capaz de intervenir en películas de géneros bien distintos. Fue también un personaje sincero, que admitió su tendencia a la depresión, algo que demuestra honestidad y valentía. Descanse en paz.