30 de marzo de 2012

Apetitos desordenados



Tengo que confesar que fui un niño glotón, y más en concreto tremendamente laminero; por esa razón no abandoné la barriga desde finales de COU y esa glotonería me ha seguido acompañando a lo largo de mi vida, por mucho que resultados de analíticas, consejos médicos y sucesos puntuales me hayan ido obligando a limitar excesos, además de que con los años la naturaleza, que suele ser sabia, te lleva a necesitar meterte menos "material" entre pecho y espalda y a uno se le va desarrollando cierto autocontrol, una especie de mecanismo de defensa que te ayuda a rechazar determinadas apetencias en determinados momentos.

Las pastelerías, muy especialmente las que revestían formas de panadería o lechería, fueron una debilidad permanente y en mis distintos recorridos habituales, o al menos frecuentes, tenía perfectamente delimitados los establecimientos en los que podía "repostar", con o sin motivo, y las diferentes "especialidades" de cada uno de ellos. Las ensaimadas de nata, una especie de pastelillos de hojaldre rellenos de cabello de ángel denominados, si no recuerdo mal, "bayonesas, los "pastisets",  los lazos, ... figuraban entre mis debilidades, y con cierta frecuencia caía en la tentación que se me presentaba, cosa que no sucedía diariamente, pues no siempre llevaba cobertura económica económica suficiente para darme el capricho y en ocasiones, teniendo dinero suficiente, mi propia conciencia de cierto exceso frenaba mis iniciales impulsos.

Queda dicho que mis gustos al respecto eran bastante amplios; en ocasiones bastaba un sobrio croissant o un bollo suizo -en "Dieste", ubicado en la calle Juan Pablo Bonet vendían unos grandes y esponjosos-, incluso recuerdo unos mantecados que una vieja lechería despachaba a una peseta: intuyo que los hacían con los sobrantes de días anteriores y su sabor variaba con los días. No obstante, mi debilidad especial fueron las palmeras de chocolate; el sabor tierno del hojaldre unido al baño de chocolate - a mi me gustaba cuanto más espeso mejor- tenían para mí un atractivo especial. En aquella época las palmeras solían ser de tres tipos, pues estaban las normales, las de chocolate y las de coco, aunque con el tiempo y como en casi todo, la cosa se ha ido sofisticando y hoy las venden también de chocolate blanco, de azúcar endurecido, de caramelo, ... Mi desorden alimentario fue en ocasiones excesivo, y así recuerdo algún sábado en el que regresaba de jugar al fútbol al mediodía y antes de llegar a casa a comer pasaba por la pastelería sita la calle Canfranc esquina con Bilbao -hoy ampliada y convertida en "superlujo"- y me zampaba una de esas palmeras, tras lo que llegaba a casa y comía con total tranquilidad. Hoy día no sería capaz de hacer eso, no solamente porque no tiene pies ni cabeza, sino porque automáticamente me convertiría en sujeto plenamente incapaz de comer nada más.

Con los años uno se va volviendo más exquisito, y sus gustos se encaminan hacia productos más delicados y menos contundentes; no obstante, no puedo evitar la atracción hacia las palmeras de chocolate, y aunque el hecho indudable de que son alimento prohibido -auténticas bombas de glucosa- y cierto pudor de ir dando cuenta de semejante material impiden que las consuma, siguen suponiendo cierta tentación. Eso sí, de vez en cuando veo algunas, generalmente presentadas en cutres envoltorios de plástico, que me provocan más bien rechazo, no se si porque se ha generalizado la "comida basura" o porque los años te vuelven exigente. De cualquier manera, una palmera de chocolate siempre será como un icono, algo que me recuerda caprichos adolescentes infantiles de poca trascendencia y esa irracionalidad con la que se suele ir por la vida a ciertas edades.

10 comentarios:

Anónimo dijo...

Lei que el azucar crea tanta o mas adicion que el tabaco.Y estoy muy de acuerdo ,de cocido madrileño o lentejas a la riojana ,no creo que hablaras igual.

Modestino dijo...

Un buen cocido es inmejorable, pero exige tiempo para comerlo ... y para digerirlo.

susana dijo...

Yo también soy muy golosa. A mí me pierden las bayonesas. De jovencita también tomaba demasiados dulces pero ahora me contengo. Un beso.

Dolores Ceballos dijo...

Yo me estoy quitando... jajajajajajaja
Como algún que otro dulce casero los fines de semana. No más. Eso sí, cuando hacemos dulces caseros no nos andamos con chiquitas.

Anónimo dijo...

A mi siempre me ha gustado mas los productos de bolleria ,que los pasteles y tartas.

veronicia dijo...

Me gustan las palmeras... pero me gustan más unas palmeras a las que llamo "pricesas" son mas pequeñas y sin chocolate las que hacen en la panaderías y las venden a granel...
Y lo que me encanta es entrar en una tienda de chucherías y comprar moras, nuves, gominolas de coca-cola, regaliz negro y rojo, gominolas de fresa... y pipas! yo a ésto lo llamo una fiesta.

Modestino dijo...

Al parecer los dulces caseros son mucho más sanos que los industriales.

Modestino dijo...

Las bayonesas son buenísimas, me encanta todo lo que tenga cabello de ángel. Recuerdo ahora otra debilidad de mi infancia, unas tortas aceitosas y pringosas llamadas "tortas de Olite".

Modestino dijo...

Compartimos gusto ..

Modestino dijo...

Buenísimas esas palmeritas. A mí los famosos "chuches" me empalagan más de la cuenta