6 de agosto de 2011

Mirlos en el cesped



No creo que sea yo de esas personas que tienen alma de poeta, pero siempre me ha gustado trastear en torno a quien la posee, tal vez porque es una de aquellas capacidades que envidio; el otro día estaba paseando por los alrededores del río Sarela, un pequeño afluente del Sar que circula por Santiago de Compostela en compañía de alguien que no solamente tiene ese atributo, sino que ejerce habitualmente como poeta y al pasar por un pequeño parque y advertir que unos cuantos mirlos pululaban por ahí, hizo un encendido elogio de la belleza de estos pájaros cuando están junto al césped, añadiendo que el canto del mirlo es uno de los más hermosos que existen.

He de reconocer que nunca me había parado a pensar en el tema, es más, confirmando mi condición de urbanita no tengo bien claro que hasta ese momento hubiera sabido distinguir un mirlo de un vencejo, ni mucho menos cómo es el trino de cada cual, pero una vez hecha la consideración tengo que admitir que inmediatamente me identifiqué con la situación. En ese momento, no tuve ninguna duda de lo grato que sería hacerse con un buen libro y quedarse sentado en el césped combinando el interés de la lectura con la serenidad de la imagen y la belleza del sonido, ... o simplemente contemplar esas manifestaciones tan sencillas de la naturaleza, disfrutarlas, agradecer a Dios que las haya creado y servirse de ellas para consolidar la paz interior y la serenidad propia.

Bien claro tengo que un mirlo no es más que un pájaro negro, poco dado a ternuras y sensibilidades, que el césped no es más que un terreno con hierba donde puede haber de todo y no siempre limpio, pero me quedo con la capacidad de descubrir poesía y belleza en cosas tan ordinarias, tan a ras del suelo, en lo bueno de aprender a capturar momentos, a aprovechar regalos tan simples como inesperados.


14 comentarios:

veronicia dijo...

Durante toda la semana pasada las golondrinas por fin habían volado del nido que construyen en casa
Salieron a volar los tres polluelos, pero uno de ellos no pudo y quedó en el suelo.
Al principio lo subí al nido; temía que muriera por el frío de la noche
A la mañana siguiente estaba en el suelo.
Sus hermanos durante el día se situaban a su lado y su padre y su madre le daban comida. Nunca vi tres golondrinas todo el día en el suelo del jardincillo. Y a sus padres alimentarlas allí. Decidieron no abandonar al polluelo más pequeño hasta que pudiera volar.
Cuando anochecía su madre piaba diferente; el polluelo se escondía y los demás volaban.
El sábado bajé como cada mañana y el pequeño estaba muerto. Caido en el suelo mientras las hormigas lo recorrían y sus hermanos lo seguian esperándo en su sitio como cada día.
Lo enterré en el jardincillo; pero el sábado no se escucharon las golondrinas.

Modestino dijo...

Vaya!, yo esperaba que la historia tuviera "happy end".

veronicia dijo...

Y yo...

Se esforzaron tanto por su polluelo... nunca vi eso en pájaros.

Pero escucho ahora mismo las golondrinas otra vez... y se que estas se iran en otoño y regresaran en primavera.

Modestino dijo...

Como Becquer ... "Volverán las oscuras golondrinas en tu balcón sus nidos a colgar ..."

Brunetti dijo...

Coincido contigo, Modestino: la poesía siempre me ha parecido un arte dificilísimo. Quizá por eso sea tan minoritario (siempre he creído que hay más poetas que lectores de poesía, lo cual es una exageración por mi parte, lo sé).

De todos los amigos "lectores" que conozco, sólo uno es un verdadero enamorado y apasionado de la poesía. Lo era ya en plena adolescencia y todavía hoy está al tanto de cualquier novedad editorial. Acumula un volumen ingente de libros de poesía en su repleta biblioteca, y me consta que los relee: es la ventaja de la poesía, que se puede releer mil veces y disfrutar otras tantas.

Para mí, que soy un negado en la materia, me sigue sorprendiendo y maravillando que él sepa interpretar y descubrir esos conceptos o imágenes que se esconden detrás de cada verso.

Es funcionario de prisiones; circunstancia ésta que no sé si calificarla como anecdótica o, cuando menos, curiosa.

veronicia dijo...

Alma de poeta.
Brunetty es tan cierto lo que escribes... he gastado cantidades ingentes de energía tratando de comprender "idiomas" que me son ajenos pero ése es el mío por naturaleza.
También gasto cantidades ingentes de energía en que no me mate el exceso de sensibilidad, tal vez curiosamente elegimos trabajos como funcionario de prisiones para no terminar victimas de esos excesos.

tomae dijo...

Ni pajarillos ni poesía, yo creo que nuestro amigo tiene hambre de fútbol, y se a imaginado a ese mirlo cantando como al árbitro silbando el inicio del partido en el césped de la Romareda...

¡qué también tiene su métrica!

Driver en Valencia dijo...

Mirlo negro en la pradera,
que punteas el instante,
buscas nutrientes, navegas,
y me regalas,
la belleza incandescente,
de la inquietud milagrosa,
aquella que hoy nos huele,
como el clamor de una rosa.

Mirlo negro,
¿dónde vas?
dime hoy qué vas buscando
o jazmines o nisandros,

tal vez rubíes,
entre almas rebuscando.

Modestino dijo...

Los poetas son seres especiales, Brunetti, tienen una sensibilidad distinta, específica ... y en parte les envidio: ahí tienes a Driver ;).
Tomae ... sí hay que hablar de pájaros en relación al Real Zaragoza, habría que hacerlo de cuervos ... o de buhos.

Éric Cantona dijo...

A propósito del Zaragoza, léete esto Modestino: http://www.elpais.com/articulo/deportes/nueva/burbuja/futbol/elpepidep/20110803elpepidep_2/Tes

Modestino dijo...

Ya lo leí, ya ... pero no me quiero deprimir más.

susana dijo...

Yo me puedo pasar las horas contemplando la naturaleza. Tenía un mirlo en la ventana que cantaba muy bien, pero siempre sobre las cuatro de la mañana. Por suerte, ya cambió de sitio. Un beso.

Modestino dijo...

Queda muy poético eso de que te despierte un mirlo ... pero sí es a las 6.00 a.m.... entonces más que poético es un latazo.

Tepecenter-cesped natural en rollos dijo...

Buenas
Si tienes mirlos en el cesped natural , es por las lombrices , tramquilo que le haran daños a tu cesped
Saludos
Tepecenter-Tepes