1 de abril de 2011

Papel de lija



En ocasiones somos como el papel de lija: asperos, desabridos, corrosivos, ... tal vez nos hemos levantado con el pie izquierdo, o han sido los avatares de la vida o las embestidas de los demás humanos los que nos han llevado a esta situación, pero las consecuencias son rotundas: no hay quien nos aguante y vamos repartiendo a diestro y siniestro: desaires, broncas, desprecios, frases cortantes, contestaciones intemperantes ... parece que nadie se puede quedar sin que le clavemos con buena puntería nuestro par de banderillas.

A todos nos puede pasar, nadie se libra de tener malos ratos y de caer en el error de hacérselos pagar al vecino; en cualquier tipo de relación, de pareja, familiar, de trabajo, de vecindad o de cualquier otra convivencia es inevitable que surjan choques, diferencias y roces, situaciones que uno ha de aprender a solventar ejercitando la paciencia, la capacidad de pedir perdón y perdonar, la comprensión, ... y que tire la primera piedra quien no ha incurrido el algo tan injusto como devolver afrentas en cabeza ajena.

Pero en ocasiones la cosa empieza a ser un problema de carácter, o lo que me temo es peor, de actitud ante la vida. Yo al menos me he topado en alguna ocasión con quienes sus maneras cortantes, su "piel de lija", parece derivar de unos planteamientos vitales concretos: ellos saben mucho, están muy convencidos de llevar la razón y andar muy bien preparados y contemplan al resto de los mortales más bien por encima, así no es difícil que lleguen a la conclusión de que no están a la altura y si tienes con ellos una relación de dependencia de algún tipo, acabas sintiendo en tus propias carnes el latigazo de quien te observa, habla o se dirige a tí como en permanente reproche, casi necesitando que te sientas culpable.

Es posible que haya ocasiones, a lo mejor bastantes, en los que nuestro intemperante individuo viene asistido de razón, o cuando menos de algunas razones, pero me parece -al menos me apunto a la tesis- que cuando se ejerce esa posesión de la razón con modos poco suaves y elegantes, tal razón se va perdiendo, hasta a veces llegar a no tenerla.

Y es que el papel de lija, además de su natural aspereza, ejerce una función de desgaste sobre la superficie que toca que puede llegar a ser perjudicial si se aplica sin cuidado y moderadamente. Bienaventurados los suaves, los dulces y los que saben sonreír sinceramente.


10 comentarios:

Brunetti dijo...

Ya lo dijo el gran poeta sevillano, Modestino: Mala gente que camina y va apestando la tierra.

Por suerte, es viernes. Esa es una realidad que ni siquiera esos cafres nos pueden sustraer.

Salud!

Anónimo dijo...

Ami la gente asi ,me dan mucha pena.Debe ser horroroso,aguantarse las 24 horas del dia.

veronicia dijo...

De las personas que son tan amargas, me aparto porque sólo me hacen daño.
Tal vez sean para mi el estado de animo los personas más difíciles de tratar, "caras de prunas agrias"... me quitan la sonrisa porque no entienden que sea simplemente de carácter alegre.

Durante mucho tiempo pensé que tenían remedio, pero he aceptado que son una batalla perdida, disfrutan haciendo infelices al resto.

Modestino dijo...

Tal vez he dado una descripción muy genérica ... imagino que habrá de todo, no creo que nadie sea siempre así.

Ni que nadie disfrute haceindo infeliz al prójimo.

pater familias dijo...

Me parece que hay poca gente así. Lo que sí existe es gente que algunos días están así. Sin ir más lejos, yo mismo.

Driver dijo...

Durante toda mi vida he perseguido un libro: "Los mejores trucos del mundo".
Estoy convencido que dicho texto existe, que ha sido escrito, pero nunca he logrado localizarlo.
...
Tengo entendido que en el capítulo XXI se describe la forma de abordar de forma satisfactoria una conversación con un "papel de lija".
Se trata, según este texto, de mirar fijamente a los ojos al "papel de lija", y elevar la voz con tal potencia, modulación, educación y puntito de cinismo (eso sí, sin perder la compostura), de tal suerte que el "papel de lija" comprenda que el interlocutor es harina de otro costal.

El texto apunta que la voz humana tiene tal multitud de matices (tono, timbre, intensidad, cadencia, ritmo) que su empleo adecuado puede domar a cuanta fiera salvaje se nos cruce en la selva de la vida.
...
PD: Modestino, le agradecería profundamente que si usted, buscador empedernido de textos, se tropezara alguna vez con dicho libro, adquiriese sin dilación un ejemplar para mí.

Yo se lo abonaría al punto y de buen grado, pues tengo más de una consulta al respecto pendiente de resolución.

Modestino dijo...

Descuide Sr. Driver, que investigare Lo del libro.
Efectivamente Paterfamilias, todos hacemos de lija alguna vez, pero es que hay algunos que parecen haber nacido con la lija puesta.

Mª Asunción Balonga Figuerola dijo...

Muy bonita entrada Modestino.
Yo soy una gran partidaria de tratar de ser siempre amable y considerada.
El mundo cambiaría para mejor si todos actuásemos con buenos modos e incluso afecto a nuestros semejantes.
Una sonrisa es el mejor regalo o una palabra amiga puede ayudarnos infinito.
Muchas gracias por tu toque de atención que reitero, comparto plenamente.
Un abrazo
Asun

Modestino dijo...

El problema surge cuando por ejemplo hay quién ocupa una posición profesional de responsabilidad, pues puede haber quién confunda el saber exigir con estar tieso y aspero.

Rosa Violeta dijo...

Si una sonrisa o un gesto amablle desarma al mas pintado