25 de enero de 2011

Reflexión en torno a un orujo

El orujo, y estoy hablando del orujo blanco, que el de hierbas no deja de ser una variante, casi un sucedáneo, hace que acuda a mi cabeza cierta idea de purificación. Y es que una copita de orujo, en dosis breve, frío y en un vasito, es el remedio ideal para las digestiones difíciles. Si uno ha estado de comilona y ha caído en la tentación "tripera" no hay como echarse unos tragos de orujo para aliviar malestares, para conseguir "desfragmentar" el disco duro de nuestro aparato digestivo. Y es que dicen que lo que escuece alivia, y me parece que es bien cierto; de la misma manera que las infecciones del cuerpo se curan con alcohol y las del alma con penitencia, a la pesadez interior a la que nos ha podido llevar nuestra mala cabeza le viene bien un buen chute de este aguardiente para tonificar el cuerpo, y así, lo que incialmente puede ser un trago no en exceso grato, acaba convirtiéndose en chupito placentero. Con los años uno va aprendiendo que lo que más le conviene no suele tener que ver con la primera apetencia y si tras los postres lo que primero deseas para acompañar al café puede ser un gin-tonic o un whisqui, la experiencia acabará por hacerte optar por algo menos espectacular pero que sabes va a ser mucho más eficaz. Y es que la cosa hasta tiene su moraleja, porque así de entrada no es el orujo un manjar irresistible, una delicatessen de esas que uno reserva para las grandes ocasiones, ni siquiera un colofón que cierra una comida notable ... el orujo es eso, un punto de equilibrio, un remedio curativo.

No se porqué, tal vez por esos extraños vericuetos por los que discurren con frecuencia nuestra memoria y nuestra imaginación, la simple mención del orujo me lleva de regreso a mi servicio militar; como ya he contado en otras ocasiones, hice la mili en el Parque de Artillería de Valencia, un cuartel del que sólo quedan las ruinas y que en aquella época -hace treinta años- se caracterizaba por tener un número de servicios -guardias, retenes, refuerzos, ...- inversamente proporcional al reducido plantel de soldados, razón por la que uno acababa pasando muchísimas horas en su vetusto recinto. Y allí recuerdo, como si fuera hoy, una intrascendente conversación en la que intervenía, entre otros, un soldadito de Zamora: un hombre sencillo, pulcro y renegrido que hablaba con respeto y admiración de su abuelo, habitante de uno de esos pueblos castellanos donde el frío y la sequedad del paisaje curte tanto como la vida, y contaba como el hombre cada mañana incluía en su almuerzo unos cuantos lingotazos de un orujo cargado de grados que le recomponía para soportar las temperaturas heladoras y la crudeza del trabajo. Y yo, a pesar de la ignorancia que provoca pensar que la vida se reduce a ir a la Universidad y pasear por el asfalto, capté enseguida que allí había algo más que unos tragos de alcohol, que ese viejo castellano, a quien sin conocer podía imaginar como si lo estuviera viendo en persona, era viva representación de los hombres de su época y de su tierra, gente dura, poco habituada a las compensaciones de la vida, curtidos en la abnegación y el sacrificio, tan parca en frivolidades y chistes como abundante en honestidad, personas de fiar, aunque a lo mejor su mirada te echara para atrás en el primer contacto. Y ese orujo no era un capricho, un consuelo de media mañana, era casi una filosofía de la vida, un modo de enfrentarse a la rudeza del paisaje, la afirmación de una vida sin aristas.

Y no parece que la anécdota sea una exclusiva de los hombres de la vieja Castilla, porque no hay más que viajar, no de turista de visitas efímeras, no solamente a ver monumentos, sino mezclándote entre la gente, mirando en profundidad y uno se encuentra, con la misma piel rajada, las manos callosas y la mirada firme a viejos montañeses del Pirineo, gallegos que miran, piensan y hablan poco, andaluces trabajados por el cultivo de los olivos, extremeños recios y sufridores, ... personas de aquí y de allá que podrían escribir un libro redactado con trabajo, sufrimiento y sabiduría.




21 comentarios:

pater familias dijo...

No entiendo mucho del tema, pero quizá por eso también se les conoce como "digestivos", ¿no?

Modestino dijo...

Sí, recuerdo que en Salomó (Tarragona), donde cada año voy a hacer una calçotada, lo llaman "estomacal" ... con la l final muy catalanizada, eso sí.

ana dijo...

Has hecho una entrada formidable. Yo también he conocido gente de esa pasta, y es cierto; no se olvida. Representan una filosofía de vida que ya poco se estila, lamentablemente.

Un abrazo Modestino.

Modestino dijo...

Esa filosofía de vida se estila poco: los tiempos cambian, pero al menos podemos aprender a reconocer los valores de nuestros mayores, darnos cuenta que ni lo hemos inventado todo ni lo inventado es necesariamente mejor.

Mariapi dijo...

No había pensado en esa dimensión de los orujos. Seguramente eran el empujón necesario para afrontar trabajos y condiciones duras de verdad, no tanto como bálsamo, si no como energía.
Nunca he probado el orujo. Lo más fuerte con lo que me he atrevido después de una comida, el pacharán...
Gracias por esta novedosa visión, Modestino.

Modestino dijo...

El pacharán tiene un encanto especial y gusta a mucha gente. pero el orujo, filosofías aparte, viene de miedo para una buena digestión.

Además a mi me pasa como con el tabaco; no fumo, pero me gusta tomarme un cigarrito en la sobremesa de comidas especiales.

sunsi dijo...

No he probado jamás el orujo, Modestino. Pero lo que sí he hecho ha sido leer despacio tu post. Alivio para el trabajo duro, para combatir el frío, para la digestión... ¿Qué hago yo sin orujo en casa? Gracias por la explicación. Me apunto este buen estomacal.

Un saludo.

Ya estamos de lleno en la época de las calçotades...

veronicia dijo...

Mi tío-abuelo Paco siempre trabajó en el campo, hasta después de jubilarse. Es de entonces de cuando yo lo recuerdo con su peculiar petaca, una roñosa botella de alcohol de plastico.
La traía medio llena de orujo y a la hora del almuerzo se liaba su tabaco y bebía... los demás comíamos el bocadillo, nos mátabamos los mosquitos y lo escuchábamos contar historias imposibles.

opinadora dijo...

El orujo, como es tan fuerte ni lo he probado, ni creo que lo haga nunca, a lo más que he llegado es a un fray angélico.

El orujo me suena a eso que se tomaban algunos hombres en ayunas, antes de ir a trabajar para “matar el gusanillo”.Que hay que tener estomago y salud, para tomarlo en ayunas. También me recuerda al “sol y sombra”
Y a algo más fuerte, la absenta. Que en algunos sitios de España., se sigue tomando en fiestas, mezclado con otras bebidas. No se si seguirá estando prohibida.


A mi, repito no me va el alcohol. En primer lugar porque me sienta fatal, Ahora bien ,moderadamente ,debe animar el cuerpo y el espíritu.

Por cierto en tu periplo Valenciano, Modestino, probarías el “agua de Valencia”no’?

tomae dijo...

Esta entrada está llena "aguardiente sabiduría" . Como tarraconense tendría que apuntar el Chartreuse (amarillo) como parecido digestivo. Aveces acudo a él aunque no siempre lo encuentro en las cafeterías de Lérida.

...Hoy me han confirmado la fecha para la calçotada también en Salomó.

Brunetti dijo...

Ese chupito de orujo blanco es perfecto para dar positivo en la prueba de alcoholemia posterior a la comida, amigo mío. Claro que como tú no conduces....

El Chartreuse amarillo es, sin duda, un gran digestivo; pero nada comparable con el Charteuse verde, que puede llegar a alcanzar los 55grados. Lo más moderno, sin embargo, es hacer una mezcla con el verde y el amarillo: delicioso. Sea como fuere, tienes también asegurado el positivo en el control 'antidoping'.

Salud!

Modestino dijo...

Bueno, habrá que reservar el orujo para las comidas sin vehiculo ... o cuando conduce otro.
Mí periplo valenciano fue militar, por lo tanto poco propicio para el agua de Valencia: cerveza "El Turia" y combinados con ron u ginebra de garrafa. El agua de Valencia lo he probado en otros lugares y tiempos.

tomae dijo...

Salud Brunetti!

Chartreuse Episcopale, creo que es el verde con amarillo.

Modestino dijo...

En la vieja fábrica de Chartreuse de Tarragona es donde están ahora los Mossos d'Esquadra, ¿no es así?.

tomae dijo...

...creo que hay un museo (del famoso licor) . Te debes confundir con los mossos que habían? en la Plaza de los Carros, Ahora Los Mossos -La Policía Catalana- están en el complejo Lúdico-Comercial Las Gavarres, en la autovía a Reus.

¿se ha cometido algún delito?

meloenvuelvepararegalo dijo...

No te cuento la cantidad de variedad de botellas con orujo que tengo en casa: que si blanco, que si de hierbas, que si de moras, que si blanco sin etiquetar...
debe ser que vengo de tierras zamoranas :)
Me ha encantado esta entrada.
Un saludo,

Modestino dijo...

Es que el orujo ya no es lo que era, ahora todo es variedades y diseño.
Si los Mossos están en un centro comercial será que tieden al escaparate ... ;)

Driver dijo...

Cada Viernes Santo (con mayúsculas, en contra de la nueva ortografía,)nos juntamos en la iglesia de Nuestro Padre Jesús Nazareno unos 1.600 cofrades para sacar la procesión de los Salzillos.
Yo salgo de "comodín", no tengo puesto fijo, voy donde haga falta.
Donde mis Cofrades Mayordomos me manden.
Igual llevo Cruz, que empujo, que llevo el Estandarte. Depende del año.
Tenemos la costumbre de juntarnos un grupo de amigos en un bar.
Allí están los militares, los Cofrades, los músicos de la banda.
Por delante tenemos unas cinco horas de Procesión.
Nos ponemos moraos a orujos y a café.
Y cuando sale el primer rayo de sol e ilumina la cara a la Virgen, salimos en solemne Procesión.
Un poco "cocidos", es cierto.
Pero para soportar una cruz en el hombro durante cinco horas, no conocemos otro método.
Sabemos que el Señor nos mira, y que no nos lo tiene en cuenta.

Brunetti dijo...

Salud también para ti, Tomae.

En la antigua fábrica de Chartreuse, ubicada en la dsenominada "Plaça dels Infants" está previsto que se instale la Escuela Oficial de Idiomas, pero, mientras tanto, es un edificio que se está cayendo a pedazos. Imagino que la crisis galopante que sufrimos hará que ese proyecto se retrase sine die.

Modestino tiene buena memoria (bueno, rectifico: su memoria es casi paranormal), porque hace ya bastantes años, al comienzo de los traspasos a la Generalitat, los Mossos d'Esquadra estaban cerca de allí, en la "Plaça dels Carros", junto a la Estación de Renfe.

Modestino dijo...

Brunetti, memoria aparte, el que me acuerde de lo de los Mossos también significa que empieza a hacer ya mucho tiempo que marché de Tarraco ... y cada vez que lo pienso me entra la llorera.

meloenvuelvepararegalo dijo...

Sólo apuntar que en varios de los casos las botellas contienen orujo blanco y en plan caserillo mi familia le pone las moras, las hierbas, etc. No todos son comprados así.
Hoy ha tocado chupito de orujo?