10 de enero de 2011

La preocupación de San Bernardo

Estoy leyendo "Luz del mundo", la entrevista que Peter Seewald realizó a Benedicto XVI y que plasmó en un librito tan modesto de aspecto como notable de fuerza; lo hago lentamente, saboreándolo, pues me está pareciendo un libro lleno de contenido, del que cabe aprovechar mucho, una autentica joya con las respuestas de un hombre excepcional de la que ya hablaré en su momento. En una de las preguntas el periodista se hace eco de un escrito de San Bernardo de Claraval realizado a instancias del papa Eugenio III en el que el santo francés plantea al santo padre una especie de examen de conciencia en el que incluye la preocupación por su mucho trabajo y que como consecuencia de ello "(...) rodeado de ocupaciones, cuyo número no deja de crecer y cuyo fin no ves, endurezca tu rostro". Me parece una sabia consideración, porque no nos quepa duda de que con los años, la carga de las preocupaciones, el polvo del camino, algún desengaño, el conocimiento del alma humana y el de las propias miserias, el aspecto de nuestra cara se nos puede convertir en adusto, la mirada distante y la actitud más severa de la cuenta.

Creo que todos tenemos la experiencia de que existen días en los que te levantas con el pie cambiado; poco a poco uno incorpora a la nómina de sus vivencias el tener momentos de no estar para nadie, incluso de odiar a la humanidad. Entonces uno ve acentuados los defectos del prójimo y parece como si pudiera encontrar consuelo afilando las uñas contra el vecino. También hay quien parece vivir en una permanente postura de ceño fruncido, porque en el mundo en que vivimos sigue habiendo personajes estirados, gente que mira por encima del hombro y hasta quienes hacen como los camellos, que pasean orgullosos unos injustificados aires de segura superioridad. Yo al menos me he encontrado quienes te saludan como si les tuvieras que pedir perdón por interrumpir su tiempo, o te explican y enseñan como ir por la vida sin que les hayas pedido consejo, todo ello envueltos en un aura de estirada "respetuosidad".

Pero volviendo al santo de medioevo, a los de a pié podemos caer en el error de exteriorizar nuestras preocupaciones y angustias de tal manera que acabemos siendo de esos individuos con temporadas difíciles, o en sentido más positivo, perdamos la ocasión de hacer el bien sencillamente a base de una sonrisa a tiempo y las oportunas dosis de amabilidad, respeto y delicadeza, que al fin y al cabo esto dura dos días.


8 comentarios:

pater familias dijo...

Estoy de acuerdo contigo respecto de aquellos que te saludan como si te hicieran un favor o te perdonaran la vida.

Yo, que soy muy dado a juzgar a la ligera, intento hacer esfuerzos por conocer a la gente. Me he llevado auténticos "chascos" con gente a la que creía muy estirada y, ya sea por timidez (en la mayoría de los casos), ya sea por cualquier otra causa, han resultado ser excelentes personas. ¡Y no veas cómo saludaban!

Modestino dijo...

Es cierto que la timidez puede llevar a engaños. Y surge de nuevo el debate de si ser tímido es un defecto ...

Mariapi dijo...

La lectura de "Luz del mundo" está siendo un verdadero regalo. Rompe estereotipos, a mi me resulta una visión liberadora.
Tienes razón, las responsabilidades, el peso de la experiencia nos frunce el ceño...y resultamos a veces patéticos.
Pero a mi hay un tipo de "reacción" que me saca de quicio. Casi prefiero un "gruñón crónico", que uno de esos seres que te aleccionan con su pose de "yo-ya-estoy-por-encima-del-bien-y-del-mal", y te miran perdonándonos la vida, a los demás mortales que todavía andamos con preocupaciones, mira, a mi esos "nirvanas", de gente estirada, es que me puede...

Modestino dijo...

El libro lo terminé el sábado y estoy preparando un post. Es distinto ... y es cierto que te da calma y paz leerlo.

Sí, hay quienes piensan que están por encima del bien y del mal: muy peligrosos ;).

sunsi dijo...

Ya estás de vuelta, Modestino. A mí "Luz del Mundo" me lo han traído los Reyes y lo he empezado hoy. Pues lo empiezo con muchas y buenas expectativas...gracias a ti y al comentario de Mariapi.

Tomo nota de lo que dices en tu último párrafo. Estoy pensando que exteriorizo demasiado todo... No vaya a ser que acabe amargando la vida de los demás sin pretenderlo.

Gracias por tus ponderadas reflexiones.

Modestino dijo...

A veces no hay más remedio que exteriorizaR ... que uno con frecuencia necesita desaguaderos, confiar sus cuitas a alguien.

veronicia dijo...

Si estoy contenta sonrío,
si estoy triste sonrio... con la esperanza de que los demás reflejen mi sonrisa, me la vayan devolviendo y pueda irme animando a lo largo del día.
Sonreir libera endorfinas, mejora el sistema inmunitario y embellece; :)

Modestino dijo...

Sí, sonreir libera, aunque a veces cueste.