24 de diciembre de 2010

La belleza de la niebla



Los días de niebla siempre me han gustado; no sabría muy bien decir porqué, y tal vez algún psicólogo -o psicóloga- o quizás algún intérprete de sueños y deseos, pudieran explicar las razones. Algo de añoranza hay, pues tras tantos años por tierras catalanas y no habiendo estado nunca en Londres, mi experiencia de la niebla se reduce a mis años de infancia y primera juventud en Zaragoza. Hace un par de fines de semana, en Huesca la niebla bajó a ras de la calle, y pude experimentar de nuevo el placer de pasear en oscuridad, a pesar del frío, de la poca visibilidad y del ambiente de soledad y aislamiento que se crea ... o tal vez por eso.

Es mucho más fácil protegerse del frío que del calor; hay abrigos, bufandas, gorros, pañuelos, guantes, botas y toda la gama "Damart", así uno puede entregarse a disfrutar de la calle nublada sin miedo a constiparse, pelarse de frío o sentir crujir los huesos. Pero entre la serenidad del silencio, la paz del ambiente, el eco de los pasos, que indica vida a pesar de la oscuridad, y la propia tranquilidad del alma que descansa en medio del ajetreo urbano. Y entre la bruma aparecen gentes, historias, escenas y sucesos que nos deberían aportar algo, vivencias que compartimos sin hablar, casi sin mirar, en soledad.

Y es que la niebla me suele recordar esa soledad con la que te enfrentas al mundo, a los demás y a tí mismo, y que en la densidad del humo natural del invierno se convierte en necesaria para la reflexión, la idea, la decisión. Hay momentos puntuales en los que necesitamos encarnar ese alma solitaria que todos llevamos, en mayor o menor medida, en nuestro interior. Y la niebla, que purifica de sensaciones que sobran, de preocupaciones que pueden ser artificiales, pasa a ser testigo de nuestra vida, en momentos cumbres y en ratos tan supérfluos como imprescindibles.


14 comentarios:

pater familias dijo...

A mi me gusta observar la niebla desde la ventana, con la seguridad que ello te concede. Conduciendo, me hace pasar un mal rato y paseando tiene su gracia, pero no me da tanto que pensar.

veronicia dijo...

Había casi un kílometro de campo abierto y mi madre me había dicho miles de veces que regresara a casa inmediatamente antes de anochecer.
En invierno y con niebla puede haber oscurecido a las cinco y media...
Un kilómetro no es demasiada distancia, salvo si eres una niña y caminas en una oscuridad absoluta. Conocía perfectamente la senda y entre aquel silencio húmedo escuchaba un trote y la respiración de mi perra; galopaba a esperarme. Tenía el morro frío, el pelo mojado y las patas sucias; hablabamos hasta casa.
Cuando camino en la oscuridad de la niebla no se tener miedo ni sentirme sola aunque mantengo animadas conversaciones imaginarias.

Modestino dijo...

Cuando la niebla aparece carretera, evidentemente, no hay belleza que valga.

tomae dijo...

...a mí me hace pensar hasta donde alcanza nuestra mirada, y que puede haber mas allá de lo que vemos.

También en esa novela de Unamuno, que el padre de Sunsi, citaba de una forma tan extraordinaria...

Feliz Navidad Modestino¡¡¡

annemarie dijo...

Conoces "La Niebla", de John Carpenter? Es una delicia, aunque no me parece que haya envejecido completamente bien. Por aqui hay niebla casi siempre por las mañanas, todo el año, se llama barrão porque impide que llegue el viento, y creo que pocas cosas se comparan al conforto de escuchar el faro de madrugada.

opinadora dijo...

Desde luego la niebla tiene su punto de misterio, siempre que sea por la noche. Por el día no me gusta mucho, mas me molesta que otra cosa. Sin embargo por la noche, le da a la vida un aire de que cualquier cosa puede ocurrir….debe ser deformación de las novelas o películas de misterio. Claro que, sola no. ¡Que miedo¡

Modestino dijo...

La niebla es escenario óptimo para una novela de intriga, muy especialmente si la ambientas en Londres.
Autores de la época victoriana como Charles Dickens o Wilkie Collins lo utilizaron con maestría, y también una autora contemporánea que ambienta sus intrigas en dicha época, Anne Perry.

Modestino dijo...

No conozco el libro de Carpenter; y en cuanto a escuchar el faro ... yo había oído lo de escuhar el "fado" ;).... Un faro también tiene su "aquél"poético.

Y "Niebla" de Unamuno, es una de esas joyas literarias españolas, sin duda.

Brunetti dijo...

A mí no sólo me gusta la niebla, sino que adoro los días de lluvia: me ponen de buen humor, me relajo, rindo más, soy más feliz. Una rareza que casi nadie entiende, pero que sé que compartimos algunos.

Sin embargo, aquí donde vivo casi siempre hace ese sol radiante que tan buena prensa tiene y que tanto le gusta a la mayoría. Ya ves, amigo Modestino, las minorías siempre tenemos que claudicar.

Modestino dijo...

Huy, allí donde vives las minorías claudican bastante ... a mí la lluvia solamente me gusta si no salgo de casa.

annemarie dijo...

(El faro suena cuando la luz es inútil porque no puede verse por la niebla :)) Es una cosa del fondo de los tiempos. :))

opinadora dijo...

Por cierto lo de Jairo,pero vive ese hombre todavia ?.Que ha sido de el?

Suso dijo...

Opinadora, Jairo sigue viviendo entre nosotros. Está en el museo de Atapuerca. Lo encontraron en el tercer yacimiento.

En la inauguración de Mar Enfermo, antes de que pasase a llamarse Mar Muerto fue donde cantó la canción del post de hoy.

Cualquier día, Modestino, nos clavas una de Gloria,o de su hermana María Pilar , y ya me da algo.

Modestino dijo...

Jairo sigue vivo y en youtube se pueden encontrar actuaciones suyas recientes, ... y yo que pretendía sacar un día de éstos "Tu alma golondrina"...
Pues de Gloria ya saqué algo en su día ...