13 de diciembre de 2010

El temido cartelito alcanzó al fotógrafo



Hace unos años, ante la periódica necesidad de renovar mi carnet de identidad, y como suele ocurrir en estos casos, necesité hacerme unas fotos: no se trata de robarle años a la realidad aportando en la oficina correspondiente unas imágenes en exceso cercanas a la 1ª comunión. Tras hacerme unas que no satisfacieron, en absoluto, no se si mi gusto o mi vanidad, acudí a quien necesariamente tenía que saber de ésto, una funcionaria dedicada a la renovación del referido documento, y le pedí consejo sobre el establecimiento de Huesca más adecuado para que tales fotos fueran de primera calidad. Sin dudarlo me recomendó a "JALPER", una tienda del ramo ubicada en la calle Vicente Campo, justo en la esquina con Juan XXIII.

El día que acudí a hacérmelas tuve ya claro que el consejo había sido acertado; se trataba de uno de esos fotógrafos de siempre; nada de franquicias, cadenas ni tiendecillas de aficionado, sino un lugar tradicional, con una habitación oscura en el interior y una profesionalidad evidente en la persona que me atendió, un señor que debía de estar entonces próximo a los 60 años. Y cuando hablo de profesionalidad, no me refiero solamente al buen hacer del concreto trabajo de sacar una foto tamaño carnet -algo que hizo a la perfección-, sino la realidad de esa sensación que uno tiene cuando no es atendido por alguien al que le da igual vender un jamón, una lima o una pluma estilográfica. cuando el que te recibe sabe lo que hace, incluso si hablamos de la simple relación humana; una profesionalidad que rezuma quien lleva años haciendo lo mismo sin caer en la rutina, quien le importa que salgas satisfecho de su tienda, que te aconseja sin tener en cuenta el importe de cada opción que te ofrece, ... El resultado, efectivamente, fue perfecto; no salí guapo, porque el hombre no era la Virgen de Lourdes, pero a la Comisaría de Policía pude llevar una foto adecuada, bien hecha y con un aspecto externo y un gesto respetables, porque la foto era para el DNI, y no parecía adecuado que reflejara la apariencia de quien va destinado a formar parte de un cartel de aviso de terroristas sueltos.

Y el pasado viernes, cuando daba una saludable vuelta por la ciudad -no saben lo que se pierden quienes alardean de no dar paseos- vi que el establecimiento se traspasaba; al fijarme descubrí el cartelito que anunciaba la jubilación del dueño, y comprendí que todos tenemos derecho a alcanzar y disfrutar un descanso que en este caso me constaba, además, era ganado a pulso. La próxima vez que por el mismo u otro motivo tenga que hacerme una foto, ya no podré acudir con la confianza de obtener un buen resultado, tendré que volver a investigar donde se encuentra un profesional de nivel, ... o resignarme a acudir a quien te enchufa la máquina como si fuera a poner la colada. ¡Feliz y merecida jubilación!.




8 comentarios:

pater familias dijo...

Ay, Modestino, qué suerte y qué envidia. ¿Crees tú que algún día tú y yo -o cualquier otro que se dedique a lo mismo que nosotros- podremos colgar este cartelito?

Yo no lo creo, me veo trabajando (por necesidad) hasta el final de mis días.

Modestino dijo...

Un buen tema para debate: ¿hay que desear la jubilación?, ¿es un trauma o un respiro? .... imagino que dependerá de muchas cosas. Pero a mí, de entrada, no me hace gracia que se acerque ... aunque aún me queda.

annemarie dijo...

Creo que es una profesión más que desaparece, y nosotros parecemos la asociación de comentaristas Los Matusalenes, no sé. :)) Yo tuve recientemente que renovar el carnet ese y la foto te la sacan allí mismo, te miden y no sé que más casi sin que te dés cuenta. Muy educado, el hombre me preguntó si la foto me gustaba, o si quería otra. Hilarante, tan mejor que Orwell.

Modestino dijo...

Yo es que soy muy camp ...ya hablé de peluqueros, de libreros, ...ahora de fotógrafos.

annemarie dijo...

Camp? Por Dios, eso no, querido Modestino! :))

Mariapi dijo...

Modestino, nada de jubilarse todavía...y mucho menos del blog ¿eh?.
Si es impuesta, y uno todavía tiene ilusiones y ganas de hacer en el trabajo...es una losa jubilarse.
A mi no me da mucho miedo, la verdad, tengo muchas cosas pendientes, que podré hacer entonces...

veronicia dijo...

Yo hago fotos de lo que llamo los "oficios perdidos" el afilador, el limpiabotas, el cambista en la calle, las mototaxis, los vendedores ambulantes de comida que suben a los autobuses...

Yo misma soy consciente de ser una especie en vía de extinción... en fin yo trabajararé mientras pueda porque trabajar para mi es señal de salud,

Modestino dijo...

¿Mototaxis?... no sabía que existían ;)