3 de junio de 2009

Reflexión de un filósofo


Nada es tan difícil como no engañarse
(Ludwig Wittgenstein)

Wittgenstein, nació en Viena, en el seno de una rica familia de orígen judío convertida al protestantismo, aunque su madre y él había sido bautizado por el rito católico. Fue el más joven de los 8 hijos de Karl Wittgenstein, creador de la industria del acero en Austria y gran mecenas del arte, especialmente de la música. Wittgenstein fue un hombre polifacético, pues tras licenciarse como Ingeniero Aeronáutico y ser un auténtico genio de los inventos, llegó a la filosofía a través de las matemáticas. Procedía de una familia cautivada por las artes y tendente a la melancolía, tanto que dos de sus hermanos se suicidaron y él mismo confesó haber tenido planteamientos de hacerlo en más de una ocasión.

No creo que la frase que he elegido del filósofo austriaco sea la más significativa de su pensamiento ni la más compleja, pero creo que sí es tremendamente elocuente y, sobre todo, francamente real, pues no me cabe duda de que esa tendencia a autoengañarnos la tenemos todos los humanos. Si nos paramos a pensar la de veces que por ingenuidad, orgullo, precipitación o torpeza nos hemos dado la gran bofetada cuando aspirábamos al éxito, deseábamos a vencer la tentación o simplemente pretendíamos un logro o beneficio, seguro que somos capaces de llenar unas cuantas páginas.

Al hablar de los argentinos se dice que haremos el negocio de nuestra vida comprándoles por su auténtico valor y vendiéndoles por lo que se creen que valen; yo, con toda sinceridad, pienso que esta característica es extensible a la generalidad de las personas. Evidentemente la humildad y la sencillez son virtudes que se pueden cultivar y que nos ayudarán a ser menos fatuos, pero todos tendemos a tener un excelente concepto de nosotros mismos. ¡Con qué frecuencia nos descubrimos siendo exigentes y críticos hasta el extremo con los demás, mientras somos sumamente indulgentes con nosotros mismos!. Porque uno es ciego hasta límites insospechados con sus propias limitaciones.

En el mundo de la política esto pasa con frecuencia; hay muchos que aparecen como salvadores, que se piensan que hasta su aparición nadie ha sabido hacer las cosas: están encantados de conocerse y se pasean seguros de que todos les quieren mucho. Pero aún son más los que asumen responsabilidades importantes completamente ignorantes de la insuficiencia de sus habilidades, incluso de su propia incapacidad. Y es que hay que tener mucho cuidado con esos -y esas- que tienen carita de triunfador.

Muy relacionado con lo que nos dice Wittgenstein es el caso de quienes se acaban creyendo sus propias mentiras, quienes defienden con vehemencia lo erróneo y hasta lo pérfido, quienes primero buscan los argumentos y luego la tesis. Y ésto es algo que oculta a veces simple imprudencia y algunas otras auténtica mala fe.

Me temo que con frecuencia se engañan los futbolistas cuando al fichar por un equipo aseguran que eran hinchas desde pequeñitos, o cuando al marcar un gol se besan emocionados el escudo de la camiseta; y es que la emoción, la sensibilidad excesiva mueve al exceso y, con él, a la equivocación. Y se engañan los que van al matrimonio pensando que su media naranja estará siempre ciegamente a sus pies, o los que comienzan a trabajar con la falsa certeza de que en su vocabulario no existe la palabra fracaso, y quienes aseguran que nunca tendrán móvil, votarán en unas elecciones o acudirán al psicólogo .... y es que nos equivocamos todos tantas veces que frecuentemente ni nos damos cuenta.



10 comentarios:

ana dijo...

Es complicado no engañarse... como se nos meta algo entre ceja y ceja ... todo son premoniciones, afirmaciones, lo sentimos tan claro... que vamos hacia ello.

Afortunadamente luego está la Vida, que nos coloca, si no es de una manera será de otra. Tiempo al tiempo, y cada uno en su sitio.

Estupendas lecciones que nos da, la Vida... siempre. De humildad. Y de silencio.

Modestino dijo...

Es verdad, la vida te va poniendo en tu sitio, aunque a veces con cierto dolor.

Se trata de saber escuchar esas lecciones, de no ser sordo.

ana dijo...

Sí Modestino... los cambios de guión siempre se hacen a través del dolor, nada es fácil. Pero no nos queda otra que mirar de frente, intentar ser valientes... y honestos.

Y caminar.
A veces sólo con la intuición.
Y una oración.

No queda otra.

Anónimo dijo...

Desde que tenemos capacidad para razonar, sabemos que ésto no conduce a nada, bueno sí, a la muerte.
Por lo tanto, ya que estamos aquí, intentamos que sea lo más llevadero posible y por eso nos ilusionamos con cosas que nos motivan para seguir adelante.
Estudiamos para conseguir un trabajo que nos permita sentirnos útiles, nos enamoramos para compartir cosas etc,etc.
En el fondo no nos engañamos, solo disimulamos y ya se encarga la vida de recordarlo de vez en cuando.
Pero alguien dijo: Que dulce paz trae al final comprender que nada se comprende.

Sunsi dijo...

Estos posts son parte de uno de lo ratillos más buenos del día, Modestino. Me gusta cómo los enfocas. Con profundidad, con prudencia, con serenidad. Te dejan una palabra o una pregunta colgando.

A Wittgenstein (ahora no sé si lo he escrito bien) lo estudié en la carrera. Parte de su filosofía es lingüística.

La frase es tan redonda que es imposible dibujarla en esta vida. El autoengaño,a veces, es una defensa. Pero si lo piensas... dices : defenderte ¿de qué?, ¿de quién? Muchas veces de uno mismo. Y sobre todo a determinada edad, cuando ya has vivido mucho. Creo que nos aterra vernos como Dios nos trajo al mundo, sin avalorios, sin adornos, sin la careta con la que salimos a la calle y nos mostramos a los demás.

Por eso me parece que hay que darle las gracias a las derrotas. Ahí, en el suelo, sí existe la posibilidad de vernos como somos. Y siempre existe la posibilidad de que cuando vuelves a caminar te digas a ti mismo: ¿Y qué hacía yo con tanto cargamento encima? Complicarme la vida por mantener un tipo que no es el mío.

Gracias, como siempre. Saludos desde Tarraco

Modestino dijo...

Es cierto eso que dices de la autodefensa.

Y en cuanto a vernos como Dios nos trajo al mundo, conforme cumples años viene bien hacerlo "strictu sensu" .... el espejo de mi cuarto de baño solamente me permite ver cuello y cara .... cuando tengo ocasión de ver más es como una prueba de humildad.

Almendrado dijo...

Estoy de acuerdo con ese pensamiento, pero la regla sigue siendo la misma, nada nuevo del "conócete a tí mismo" que se atribuye a Sócrates y que te proyecta hacia tu interior para descubrir tus miedos e inseguridades y acabar siendo dueño de tí mismo. Pero este objetivo es difícil, hay que vivir muchos años para conseguir algo así, haber pasado por la experiencia de la vida y haberse estrellado unas cuantas veces por haber cerrado los ojos o no haber hecho caso a esos que tienen mayor experiencia que nosotros.

Saludos

Rosaura dijo...

Estoy contigo en que a veces tenemos dos raseros uno con nosotros y otro con el resto de la gente, me parece importante tener presentes las reflexiones que haces para que no nos pase o al menos para tener un espíritu un poco más crítico con nosotros.

Si siempre que tenemos el impulso de criticar a alguien, nos plantearamos cómo hubieramos reaccionado nosotros en igual situación, quizá nos lo pensariamos.

La verdad es que la humildad es una de las mayores virtudes que se puede tener, yo he tenido la suerte de conocer a algunas personas que la tienen y creo que eso las hace aún más grandes, aunque muchos no sepan darse cuenta.

Modestino dijo...

Hoy he paseado por la Feria del Libro de Zaragoza y he comprobado que precisamente acaba de salir un libro titulado "La familia Wittgenstein", y tiene muy buena pinta, por cierto.

FRANK dijo...

Creo que a la mayoría de nosotros nos gustaría ser los más listos y los más guapos; pero, tenemos que tener los pies en el suelo y ver la realidad.

Hay tontos que sólo ven su mundo; lo malo es que se lo llegan a creer de una manera tan intensa que son capaces de convencer a otros, todavía más tontos que ellos. Creo que debemos de tener espíritu critico con nosotros mismos; pero, de una manera racional y siendo lo más objetivos que podamos, auque esto no es fácil.

Rosaura tu eres una persona muy humilde que siempre valoras muchísimo a los demás.