23 de abril de 2009

Rosa Aguilar



El nombramiento de la Alcaldesa de Córdoba como Consejera de Obras Públicas y Transportes de la Junta de Andalucía ha sido una de las bombas políticas de la semana. No tengo grandes comentarios que hacer al respecto y si IU ha decidido, como parece, suspenderla de militancia solamente puedo decir que desaparece de un plumazo una de las pocas cosas que no me gustaban de esta política andaluza.

No comparto precisamente el posicionamiento político de Rosa Aguilar, pero ya cuando ella tenía una participación activa en la política nacional me parecía una mujer con mucha fuerza, alguien que aportaba un tono de moderación y cierto sentido común al espectro más radical del Parlamento español. Con Rosa Aguilar comparto el ser de la misma generación (nació en 1957) y haber estudiado la carrera de leyes, pero, por encima de todo, comparto su hechizo por la ciudad de Córdoba.

Y es que Córdoba es la causa de que haya decidido darle a su hasta hoy alcaldesa protagonismo en mi blog. Corría el mes de octubre del año 2003 y yo asistía al Congreso de mi asociación profesional que se celebraba en Córdoba. Ya me había quedado prendado del curioso encanto del Hotel "Maimónides", donde me hospedaba, así como de la belleza de las cordobesas, mientras que en viajes anteriores ya estaba completamente conquistado por la Mezquita, el barrio judío y el de los toreros. Pero la clausura de ese Congreso tuvo un colofón maravilloso en dos dimensiones: una protagonizada por un espléndido concierto de un Coro en el interior de la propia Mezquita, sencillamente inolvidable; la otra tuvo la firma de Rosa Aguilar.

El acto de clausura del congreso estuvo presidido por diversas autoridades, entre las que se encontraba, lógicamente, la alcaldesa de la ciudad. Como el resto de sus compañeros de mesa presidencial, Rosa pronunció unas palabras, y aquí quedé hechizado por el fondo y la forma de sus palabras. No se si habló de más cosas, imagino que sí y se extendería en torno al mundo de la Justicia, pero lo que me cautivó fueron sus palabras sobre Córdoba: dificilmente se podrá encontrar alguien que supere una manifestación así de amor a los orígenes; Rosa Aguilar, con una voz preciosa, adornada por ese acento andaluz que, cuando se emplea con elegancia, engrandece la oratoria, realzó los encantos de su ciudad y nos invitó, con una persuasión admirable, a visitar sus rincones, hablando de las noches cordobesas en el sentido más elevado del concepto y señalando, lo recuerdo perfectamente, la magia de los silencios nocturnos cuando uno callejea por la ciudad, el arte de descubrir los rincones más bellos bajo la luz tenue de las farolas, enamorándonos de esos momentos de recogimiento y soledad que magnifica en Córdoba el silencio de la noche.

En un tiempo en el que el perfil de los políticos es, en mi opinión, más bajo que nunca, en el que la desconfianza hacia ellos ha subido hasta límites excesivos, es grato poder proclamar estar orgulloso de un alcalde o alcaldesa, algo que hasta ahora podían hacer los cordobeses.


8 comentarios:

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Sunsi dijo...

Comparto tu visión de Rosa Aguilar. Quedan pocos... pero aún existen algunos políticos, con un ideario muy distinto al mío, que saben y quieren se alcaldes de todos los ciudadanos. El alcalde de Zaragoza, hace poco, tvo un gesto que me dejó de piedra.

Aún existen...

Modestino dijo...

A Juan Alberto Belloch lo incluyo también en la lista de políticos diferentes, por su gesto y por unas cuantas cosas más.

Suso dijo...

Lo siento,a todo el mundo le gusta su pueblo, se llame Córdoba o se llame como se llame.Es lo que tienen los alcaldes. Pero en este caso no hay nada improvisado.Esto tiene que venir de muy lejos.

Sí que me parece una política que cree en el "servicio", y es valiosa, pero no es oro todo lo que reluce,lo que ha hecho, y cómo lo ha hecho, no está bien.

Hoy la escuché con Carlos Herrera y mantiene que hace dos días le ofrecieron el cargo, lo consultó con su corporación, con el secretario general de andalucía y con Gaspar Llamazares...a Cayo Largo no lo encontró, dice, estaba fuera de cobertura...

Y no me lo creo, esto estaba larvado desde hace mucho tiempo.

No sabe dónde se mete: no hay transfuga de Izquierda Unida al Psoe que le haya ido bien, si exceptuamos a Lopez Garrido, que tampoco.

Pero, bueno, había que saltar de un barco que se va a pique en las próximas elecciones. En eso hizo bien.

Brunetti dijo...

Córdoba.
Lejana y sola.

Jaca negra, luna grande,
y aceitunas en mi alforja.
Aunque sepa los caminos
yo nunca llegaré a Córdoba.
_______________________________

A pesar de lo que la gente pueda pensar, Izquierda Unida casi nunca ha ganado las elecciones en Córdoba; y, sin embargo, casi siempre ha gobernado, antes con Anguita y ahora con Aguilar. Creo sinceramente que se equivoca al dar ese paso, porque, aunque su idea última es llegar a ser algún día ministra del PSOE, en Córdoba lo tenía todo para ser feliz.

Pero parece que a los políticos les persigue siempre la ambición, como la sombra al cuerpo. Que le vaya bien en Sevilla. O no.

Modestino dijo...

a Diego López Garrido tampoco le ha ido bien: se ha quedado en situaciones periféricas. Y no te digo otros como Cristina Almeida.

Es cierto que a todos les gusta su pueblo, pero Rosa Aguilar tiene muchos más argumentos que los alcaldes de Lleida, Guadalajara o Badajoz, por poner tres ejemplos; y además Rosa los vendió de maravilla.

Rosaura dijo...

Vuelvo al blog después de varios días fuera, por cierto, estoy contentísima parece que también se va a poder practicar inglés en él, la verdad es que me viene genial. Me ha gustado mucho este artículo de Rosa Aguilar, dan ganas de transportarse allí y pasear por esas calles de noche, es imperdonable que nunca haya estado.
Tengo un dato de Rosa Aguilar que va a hacer que aún te guste más... creo que es creyente y encabezaba las procesiones, lo cual me ha gustado mucho porque rompe el estereotipo que se suele tener de la gente de izquierda unida.

Modestino dijo...

Hombre Rosaura, es posible que sea creyente pero encabezar las procesiones no significa necesariamente ser creyente, que se ve a mucho descréido militante presidiendo cofradías y portándo estandartes.