30 de abril de 2009

La gripe porcina



La OMS parece advertir que esto de la gripe porcina va en serio; según lo que he entendido tras leer los titulares de la prensa de hoy, estamos a un paso de la pandemia.

El vocablo pandemia procede del griego pandêmon nosêma (enfermedad), παν (pan = todo) + dêm (demos pueblo), es decir, enfermedad de todo el pueblo) y define la afectación de una enfermedad a varias personas a lo largo de un área geográficamente extensa. Se dice que una epidemia se convierte en pandemia cuando afecta al mundo entero, y da la impresión de que en eso estamos. De cualquier manera tengo la impresión de que existe un despiste generalizado acerca de la importancia de la enfermedad y del peligro real que trae consigo.

Uno tiene la impresión de que las autoridades sanitarias, empezando por la Organización Mundial de la Salud y acabando por nuestro Ministerio de Sanidad -menuda papeleta le ha tocado como debut a la pobre Trinidad- tienden a curarse en salud y a no escatimar advertencias acerca del peligro de la enfermedad, haciendo una especie de pirueta argumental para compaginar esta seriedad con el deseo de no causar alarma; al final lo que ocurre es que casi nadie sabemos bien a que atenernos.

No me cabe la menor duda de que hoy más que nunca el mundo está preparado para afrontar este tipo de sucedidos: la ciencia ha avanzado muchísimo y hay muchos medios para investigar, intercambiar opiniones, experiencias y criterios y colaborar unos con otros, pero no es menos cierto que la facilidad de comunicarse y la rutina viajera de media humanidad facilitan una teórica difusión de la enfermedad que no sería planteable en siglos anteriores.

La existencia de un peligro de infección generalizada, cuya gravedad y alcance no sabemos muy bien en estos momentos, nos enfrenta con una realidad que como nos asusta tendemos a obviar, la cual consiste en eso cierto desamparo con el que nos encontramos ante las fuerzas de la naturaleza y los peligros desconocidos. Todos conocemos a personas que tienen que encarar un cáncer, una enfermedad cardiovascular o cualquier otra afección grave y, dentro del drama que suele suponer, es habitual que lo acaben haciendo con fortaleza y hasta con naturalidad, pero ante un peligro generalizado e incierto, se nos presenta la tensión ante lo indeterminado, el miedo a lo desconocido, la incapacidad frente a aquello de lo que desconocemos si tenemos armas para vencerlo.

Por esta razón, en momentos como éste, uno agradece más que nunca la fe en Dios, aunque ésta sea frágil y uno no se libre ni de temores ni de incertidumbres. Pero al menos está seguro de que aunque no siempre lo entiendas, todo es para bien. Y que conste que,al menos por ahora, tengo la impresión de que es mayor la alarma que el peligro.



6 comentarios:

Sunsi dijo...

Yo... desconcertada. Ni idea de lo que hay que hacer y de lo que no. Pienso que si la tengo que pillar, la pillaré por mucho que me empeñe en que no sucederá. Por tanto... no lo pienso. No deja de ser un futurible. Igual peco de inconsciente. No sé...

Un saludo y gracias por toda la información.

Modestino dijo...

Yo creo que todos estamos desconcertados. Se trata de tener paciencia y ver como evoluciona todo.

Rosaura dijo...

Yo la verdad es que no lo pienso, aunque después de tu artículo me está dando más miedo. Lo último que he oído es que no hay que temer porque en España existe el tratamiento adecuado y de hecho se ha dado ya el alta a algunos de los afectados de aquí.

Modestino dijo...

No era ni intención causar miedo a nadie; me falta información y me faltan conocimientos para hacer pronósticos.
Sí me planteo como nos vamos a enfrentar los occidentales, decadentes y acomodados, a una epidemia de esas a las que están acostumbrados en los países pobres, que son la mayoría por cierto.

Brunetti dijo...

En mi pueblo siempre se ha dicho que no moriremos ni un minuto antes ni un minuto después de que nos llegue la hora.

Dicha esta obviedad, me gustaría añadir tengo una buena amiga y colega que, desde hace ya tres meses, está en México adoptando a un niño. Los trámites se han alargado tantísimo, que esta epidemia le ha pillado allí junto a su marido y su (ya) hijo de cinco meses. A veces, se tiene la sensación de que el destino es muy caprichoso (por no utilizar otro adjetivo quizá más apropiado al caso). Suerte a todos.

Modestino dijo...

Por supuesto, Dios ya tiene previsto cuando le toca a cada uno. Pero habrá que estar preparado.
Hace un rato he leído en "El Mundo" digital que no se que autoridad médica mundial avisa de que la epidemia puede extenderse al 50% de la población y que ahora es leve, pero que puede evolucionar a peor... Es decir, que la cosa va en serio.