15 de abril de 2009

Flaubert matiza


"La humanidad es como es. No se trata de cambiarla, sino de conocerla".

(Gustave Flaubert)


Gustavo Flaubert nació en Ruan, localidad francesa ubicada en la Alta Normandía el 12de diciembre de 1821 y falleció en Croisset(Baja Normandía) el 8 de mayo de 1880. Fue un excelente novelista que pasará a la historia principalmente por ser el autor de "Madame Bovary". Cuentan que el carácter de Flaubert ofrecía varias peculiaridades: era tímido e incluso extremadamente sensible y arrogante, pasaba del silencio a una vergonzosa y ruidosa verborrea. Flaubert fue un hombre de salud quebradiza, tendente a la tristeza y la melancolía y envejeció prematuramente, falleciendo de una hemorragia cerebral antes de cumplir los 60 años. Se relacionó con los grandes avanzados culturales del París de su época: Émile Zola, Alphonse Daudet, Turgenev, Edmond Rostand y Jules Goncourt, entre otros, manteniendo además una íntima relación de amistad con George Sand.

Me ha llamado la atención la frase que encabeza mi entrada; tal vez no sea aparentemente de una profundidad notable, pero si uno se para a pensar puede darle mucho juego a la misma. Habla de "conocer a la humanidad", y no estaría de más que todos nos preguntemos acerca de nuestro personal esfuerzo por conocer a los que nos rodean, único camino para llegar a algo tan imprescindible para facilitar la felicidad ajena como la comprensión. En ocasiones vamos tan deprisa, nos sentimos tan ocupados, pensamos que asumimos tantas responsabilidades que no somos capaces de detenernos a pensar en el de enfrente y, con ello, a ponernos en su lugar.

Es verdad, la humanidad es como es y las personas somos como somos, lo cual no significa que tengamos que conformarnos con aquello que hacemos mal, pero el camino de mejorar no puede estar empedrado de incomprensiones, agobios e imposiciones. Cuando no nos gusta algo que hace quien vive, trabaja o se relaciona con nosotros, no estaría de más que antes de arremeter contra él demos vueltas en nuestra cabeza acerca de las razones que le han llevado a actuar así, las excusas o atenuantes de lo hecho, ... incluso el acierto en nuestra valoración, no vaya a ser que no sea el otro el que se equivoca.

Todos podemos ayudar a los demás a mejorar, con nuestro consejo, con nuestro empuje y, sobre todo, con nuestro ejemplo; lo que no tengo tan clara es la legitimidad para impulsarles a cambiar: ¿Quienes somos nosotros para cambiar a nadie?, ¿estamos legitimados para pretender que el resto del mundo se adapte a nuestra idiosincrasia o nuestra particular forma de entender la vida?, ¿tan seguros estamos de nosotros mismos como para imponer criterios, formas y conductas?.

Puede que un buen ejercicio ciudadano pueda ser el comenzar a mirar al resto del personal con buenos ojos; caminar por la calle deseando el bien a quien se cruza con nosotros, incluso a quien no conocemos; no estaría mal aprender a alegrarnos de la felicidad del prójimo, algo que, por esas curiosas reacciones humanas, nos puede en ocasiones llegar a fastidiar. Para un cristiano una de las premisas esenciales, puede que la más importante, es el amor al prójimo, porque tras cualquier persona uno debería ver por encima de todo un hijo de Dios, alguien como él, ... pero a la hora de la verdad tendemos a olvidar el presupuesto.

Es bueno que cada uno sea como es, hay evidentemente unos límites, marcados por el respeto al resto, por la necesidad de que nuestras maneras de ser o hacer no dañen ni molesten a nadie, pero fuera de eso ¿qué obligación hay de unificar?, ¿no sería bueno superar esa tendencia actual a ser políticamente correcto?, ¿no hemos entrado en una peligrosa tendencia al pensamiento único?, ¿no hemos convertido en irrespirables determinados ambientes, ciertas reuniones?, ... ¿qué más da que el otro simpartice con el partido "gris" o con el "colorado"?, ni nos debería importar ni deberíamos desear que se cruce de acera.

Y ese afán por conocer puede ser extensible a nuestra historia, la de cada pueblo, la de cada nación, la de la humanidad entera ... con que facilidad opinamos, por ejemplo, de la caída del Imperio Romano, de la colonización de América, de la Inquisición, de las Guerras Mundiales o de las locales y, paralela y curiosamente, cuanta ignorancia existe acerca de las cuestiones más importantes de cada uno de estos acontecimientos ... porque aquí podríamos aplicar también la frase del gran literato francés: no se trata de cambiar la historia, sino de conocerla.

Foto: www.openorigins.com



12 comentarios:

pp1 dijo...

Que sabio comentarios
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annemarie dijo...

Y no te parece que tu Autor estaba siendo concientemente cínico, cuando escribió esa frase? Como son distintas las personas! Me acordaba de la poesía de Pedro Salinas, que publicaste hace tiempo.
Buenísima, la banda sonora de hoy! :))

Modestino dijo...

Es posible que el autor fuera conscientemente cínico ... ¿quieres decir que no he interpretado bien la frase? .... pues vaya;)

Sunsi dijo...

Igual puede tener dos lecturas:
- No se puede cambiar nada.La vida fluye a través de unas coordenadas determinadas sin posibilidad alguna de modificarlas. Y si no se puede... observa, aprende y quédate con lo que te convenga. Y adiós muy buenas.

- La interpretación de Modestino.

Puestos... y como a Flaubert no lo vamos a resucitar para que nos lo explique (Flaubert... novelista realista-naturalista... y puntal literario del determinismo), me quedo con tu amable interpretación, Modestino.

Un saludo

Modestino dijo...

Te agradezco la interpretación a ni favor, Sunsi, pero me parece que la frase de Flaubert se acerca más a la primera de las que citas. De cualquier manera, ahí queda mi visión particular de las cosas, de la que no tengo que retirar nada.
Y que me discúlpe Gustave :).

annemarie dijo...

Ay, Modestino! :)) Las interpretaciones son buenas todas, por lo menos aquí, en tu amabilísimo blog! Como muy bien dice Sunsi, el hombre Flaubert no era muy de amabilidades - es decir, no tenía muchas ilusiones sobre la Humanidad. (El dijo que "ser estupido, egoísta y gozar de buena salud son las tres condiciones para ser feliz; sin embargo, si falta la estupidez, las otras son inutiles :)) Los escritores tienen esa ventaja: no hace falta resucitarlos para saber lo que pensaban. De hecho, este post de hoy es como una continuación del post de ayer, no?

Y tienes toda la razón del mundo cuando escribes "quienes somos nosotros para cambiar a nadie?" Y también cuando escribes sobre la facilidad con que juzgamos otras épocas de la Historia. Ese es un punto de vista fecundísimo, en mi opinión. Un fuerte abrazo, Modestino.

Suso dijo...

Flaubert era un tipo más bien raro,en todos los sentidos. Su correspondencia es demoledora, nada aconsejable para gente en crisis,sea esta la que sea.Y su frase,que es muy buena, tiene mucho de pesimista. Era un compulsivo en lo personal y,supongo, que no hay mejor fórmula, si quieres llevarte bien contigo mismo, que aceptar que la humanidad es como es.

Y sí que es cierto que podemos ayudar a cambiar este mundo, con el ejemplo y la palabra.Entiendo la duda sobre la legitimidad..."¿Quienes somos nosotros para cambiar a nadie?, ¿estamos legitimados para pretender que el resto del mundo se adapte a nuestra idiosincrasia o nuestra particular forma de entender la vida?, ¿tan seguros estamos de nosotros mismos como para imponer criterios, formas y conductas?".

Y la solución está en la política, esos sí que a través de las leyes,justas e injustas, adaptan el mundo a sus criterios.

En lo personal , que es donde está la trinchera, sólo basta el ejemplo, la palabra,y poco más. Que es mucho.

Modestino dijo...

El mundo se puede cambiar, pero con las personas que hay en él. Yo sigo pensando que es más adecuado hablar de mejorar el mundo que de cambiarlo. La contrapartida es ste se puede empeorar...
Y completamente de acuerdo con lo de los políticos.

Máster en Nubes dijo...

Me ha gustado lo de que olvidamos que el prójimo es un hijo de Dios, a mi me pasa continuamente y con quienes tengo más cerca, la verdad.

Y lo de alegrarnos con el bien ajeno siempre, hay que ejercitarse en eso además de com-padecer o padecer con alguien sus penas...

Un abrazo, y odio a Madame de Bovary, sé que es hija de Dios también pero no la soporto ;-)

Aurora

Modestino dijo...

Ja, ja, ja... posiblemente odiar a Madame Bovary sea más disculpable que odiar a otros.

Rosaura dijo...

Parece que siempre te doy jabón pero tengo que decirte que el artículo de hoy me ha parecido memorable, en las ideas que has expuesto a partir de esa frase de Flaubert se refleja una ética que todo el mundo debería tener presente, ese respeto por el prójimo me parece tan bonito...el que personas de ideas diferentes puedan llevarse bien, intentar comprender las ideas del otro, estar abierto a nuestra posible equivocación, eso es ser flexible o tolerante y me ha convencido plenamente, deberían leer tu artículo nuestros políticos de ambos lados.

Modestino dijo...

Vale, vale Rosaura, le mandaremos una copia a Pepiño.