13 de abril de 2009

Ambiciones, celos, rencores y puñaladas traperas

A veces me entra el complejo de que ando por la vida con un lirio en la mano y, en consecuencia, no me entero de la Misa la media. Los años, las experiencias y algún que otro bofetón inesperado me han ido enseñando a comprender que ni todas las sonrisas son sinceras, ni la mayoría las amabilidades gratuitas ni casi ninguna alabanza desinteresada; aún así me sigo sorprendiendo cuando descubro con qué frecuencia se ponen de manifiesto en el entorno público y privado las miserias de la condición humana.

Recientemente lo he comprobado en una institución de ámbito local en la que ando metido; yo, que soy un recién llegado que ni pincho ni corto, observaba un trato versallesco entre todos los que de una manera u otra se relacionaban en el entorno de la misma: sonrisas, detalles, elegancia formal y palabras suaves protagonizaban toda relación. Tanta forma florentina se redujo a polvo en cuanto asomó a la luz el caramelo del poder: las ambiciones, la revancha y la tentación conspiratoria surgieron como por arte de "birli-birloque": ya no hay cohesión, sino corrillos, ya no todos somos unos tipos excelentes, sino que unos son torpes, engreídos o insolventes para los otros y viceversa, ya no somos un grupo de amigos sino un conjunto de personas con miedo a dar la espalda a las otras.

Lo anteriormente referido no lo es más que a modo de ejemplo, pues pienso que estas situaciones tienden a ser el pan nuestro de cada día; es posible que haya ámbitos donde es más fácil el menudeo de pasiones de esta naturaleza, es el caso del mundo de la política, donde para prosperar da la impresión de que es casi condición necesaria aprender a trepar, conspirar y pisar al contrario, o el de la Universidad, convertida según dicen algunos en un coto cerrado y endogámico, pero me temo que estos conatos de tensión y mal estilo se extienden a muchos otros lugares, empresas, instituciones y hasta familias.

Supongo que la causa final de todo esto habrá que encontrarla en el pecado original: la condición humana es así y no vamos a aprender nunca, pero no deja de ser triste comprobar cómo nos ciega la ambición, algo que nos impide ver con perspectiva nuestras reales capacidades, que con no poca frecuencia nos lleva a sobrevalorarnos, a perder la objetividad y a atribuirnos una "imprescindibilidad" absolutamente artificial. Junto a ello, no es infrecuente la aparición de las celotipias, algo a lo que lleva la envidia y la absurda necesidad de compararnos, males que se acentúan cuando con mayor o menor motivo descubrimos razones para el rencor y la "vendetta", aquí se acentúa algo que observo cada vez con mayor arraigo en la sociedad actual: la absoluta incapacidad de perdonar.

Toda esta situación puede llevar a la puñalada por la espalda; cada vez uno se encuentra con más individuos que no se paran en barras a la hora de empujar al otro para poder subir ellos, caiga quien caiga y caiga como caiga. Las habladurías, las gestiones a la espalda, las zancadillas imprevistas y hasta las más genuinas traiciones se convierten en justificables si con ellas se pueden alcanzar metas soñadas, puestos de lucimiento o ganancias suplementarias.

Hay que tener cuidado, pues uno corre el peligro de pasar de apretar el lirio a desconfiar de todo bicho viviente, lo que ni es bueno ni justo ni realista, sigue habiendo quien mira a la cara, camina de frente y no tiene doblez ni dolo.


10 comentarios:

Sunsi dijo...

Cuando te encuentras con estas situaciones, aunque son viejas, no dejas de sorprenderte. ¿Por qué? ¿Era necesario? Y enseguida piensas... ha ganado pero es imposible que duerma tranquilo. Ganancia con sabor amargo. Y después te planteas... al final del final...¿Será feliz con tanta puñalada?. ¡Qué peso innecesario!

Sí hay gente que mira de frente, sin trampa ni cartón, Modestino.

Creo que todos conocemos gente honrada, de ley, que te reconcilia con el ser humano. Y entonces sabes que lo que existe es el bien... El mal, la mala uva, el medrar pisando a quien sea que se cruce en el camino... es su ausencia.

Y tela, con perdón si es que me equivoco, el mundo en el que os movéis unos cuantos. Dios mío. Qué afán de poder...de figurar...

Un saludo

Modestino dijo...

Yo pienso que hay gente que pega la puñalada y duerme tranquilo, creo que lo considera parte del juego.
En cuanto al afán de poder, de figurar ... puede que sea algo innato a la condición humana y la clave esté en sabes administrarlo bien... o más bien dominarlo.

Rosaura dijo...

Me da mucha pena que lo que cuentas en el blog sea cierto, la verdad es que, sobre todo en el ámbito de la empresa privada, siempre se ha contado eso y también en el de la Universidad, y lo mas terrible es que duerman tranquilos, me sentiría fatal si uno de mis hijos sale así, es mucho mejor no triunfar socialmente que hacerlo a costa de pisar a otras personas.

Tintin dijo...

Terrible realidad la que cuentas Modestino, y lamentablemente creo que está pegada cual sustancia viscosa a la condición humana.Todos caemos en esa tentación, y lo importante es estar alerta para revisar cada uno sus comportamientos, actitudes y comentarios.
¡ No hay mal o bien que cien años dure ¡ ni siquiera veinte o treinta para mucho trepador de tres al cuarto, pero... cuanto gusta el oropel, la importancia de ser esto o lo otro, decir que estuvimos aquí o allá, que conocemos a fulano o a mengana, que gusto da el poder o la fama, .. y todo eso, sabiendo, inexorablemente, que todo tiene su final...
Qué bien hechos estamos, vive Dios...

Modestino dijo...

Es posible ste nos cueste conocernos bien a nosotros mismos.

Sunsi dijo...

Modestino... yo también lo pienso.
Al final, vivir así te hace una costra en la conciencia...

Saludos de nuevo

annemarie dijo...

Como te entiendo, Modestino! Y cuando tienes la suerte de que no pase dentro de tu casa...

Modestino dijo...

Efectivamente, también en las familiasan estas cosas, y no te digo cuando hay herencias, dinero o repartos por el medio.

Máster en Nubes dijo...

La envidia es un pecado malo y muy poco productivo, además, no reporta al que la sufre más que mal. Y desafortunadamente dicen que es el pecado "español" por excelencia, si esto puede decirse ;-)

Hay que difundir la idea de que uno no es feliz, que si le va bien en el curro en lo sentimental es un desastre o que tiene una enfermedad muy mala, lo que sea, algo malo, algo, para no levantar envidias.

Hay envidia en las empresas, en la universidad, en el mundo cultural es de horror. No se perdona el éxito aunque éste sea chiquitín. Hasta internet es un caso paradigmático, hay blogs a los que no se les perdona que tengan éxito, lectores, comentaristas y gente que aprecia al autor: no se puede resistir.

Si cada uno mirásemos nuestro prado y tratásemos de regar la hierba, poca o mucha, que tenemos y que es la que nos toca, otro gallo cantaría. Pero no, la del vecino a veces nos parece "mejor", ay...

Lo dicho, si es posible difundir siempre la idea de que uno está fastidiado por algo, es mucho más prudente ;-) que parecer feliz.

Gran entrada, Modestino, en diana. Por eso no hay emprendedores a penas en este país: se prefiere decir que robaron a emularlos... entre otras cosas.

Aurora

Modestino dijo...

Gracias por lo de "gran entrada", excelente contestación responderia yo: clara, elocuente, incisiva.
Sí, hay mucha envidia, en todas partes y en algunas cabezas, en grandes dosis. ¡Y lo que corroe la envidia!.