3 de febrero de 2009

Una frase de Giacomo Leopardi



"Las personas no son ridículas sino cuando quieren parecer o ser lo que no son."


Llevo unos días más liado que la pata de un romano; entre viajes a Madrid y la elaboración de una serie de estadísticas anuales -una auténtica tarea de chinos- tengo el blog medio abandonado. También es cierto que hay ocasiones en las que uno no sabe muy bien de que hablar, había pensado hacerlo del Barrio de Salamanca, que ayer recorrí con reiterada admiración, pero tal vez sería demasiado dos referencias a la capi en sólo una semana.

Por eso he recurrido al google a la búsqueda de alguna frase que me diera una idea, acudiendo en mi rescate el poeta italiano Giacomo Leopardi, conocido como el poeta de la desesperación. Los escritos de Leopardi se caracterizan por un pesimismo profundo y sin atenuantes; su voz grita el desamparo del ser humano y la crueldad de la naturaleza, que en su caso le deparó una salud tremendamente quebradiza.

Pero dentro de su pesimismo, el poeta, nacido hace más de dos siglos en la localidad italiana de Recanati e hijo de un Conde que dilapidó su fortuna y una marquesa famosa por su tacañería, fue capaz de elaborar frases tan acertadas como la que encabeza mi post.

Creo que no habrá discusión respecto a lo atinado de la afirmación de Leopardi. Y es que no hay nada más penoso que ver a alguien intentar desempeñar en la vida un papel que ni le corresponde ni se encuentra preparado para hacerlo. En ocasiones el ridículo roza el esperpento, cuando quien cae en ello es torpe o poco inteligente.

Es posible que en los tiempos que corren abunden los que caen en esta trampa porque no se resisten a la tentación de ser políticamente correctos; algunos políticos no resultan extraños a la situación y no faltan las ocasiones en las que dan la cantada por querer demostrar cualidades que no tienen .... o incluso son capaces de engordar sus limitaciones más allá de la realidad. Claro, que no se andan a la zaga algunos de los "correveidiles" que acompañan habitualmente a ministros, concejales y consejeros, bien por hacer méritos ante sus "jefes políticos", bien por dorarles la píldora.

Tras la tendencia a aparentar pueden ocultarse ciertos complejos, de manera que mientras unos tratan de disimular un origen humilde del que deberían presumir, a otros les gustaría que el resto de los mortales pensara que tienen una cultura enorme y hablan de Mahler, Bernard Shaw o Antonioni con una facilidad pasmosa aunque no sepan ni de que siglo son, mientras hay hasta quien entra en competiciones con familiares, vecinos o compañeros de trabajo sobre quien es más deportista, bebedor o mujeriego desatando para ello toda su imaginación.

Y hablando de frases, recuerdo que durante años tuve clavada en el interior del armario de mi cuarto una foto de Charlot en la que se decía que es "Más importante que lo que piensen los demás de tí es lo que piensas tú de tí mismo": ¡cuánta sabiduría hay detrás de ésto!. Por un lado, tenemos que estar orgullosos de ser como somos, porque así nos ha hecho Dios, a la vez que seguros de nuestras convicciones, no porque no estemos dispuestos a escuchar y a ser flexibles, sino porque no nos acompleja lo que hacemos y pensamos.

Es una pena que en ocasiones caigamos en el error,... en la torpeza de ofrecer una imagen que no es real, aportar unas opiniones que no tenemos, realizar unas actuaciones en las que no existe coherencia entre el interior y el exterior, entre otras razones porque en realidad nuestra verdad suele ser más atractiva que nuestro teatro.

Fotos: rete.comuni-italiani.it


12 comentarios:

annemarie dijo...

Me encantó tu post.

Máster en Nubes dijo...

Buenas tardes, jurisconsulto, toda la razón Leopardi, sólo rídicylos si pretendemos ser lo que no somos. Pero es que somos, todos, muchas cosas, muy divertidas, otras más rollo. Por eso creo que hay que intentar ... "hacer el ridículo", atreverse con lo desconocido.

Un abrazo
aurora

Modestino dijo...

A veces nos cuesta aprender a reírnos de nosotros mismos. Además nos solemos equivocar al valorar a los demás y creemos que esperan de nosotros qué se yo que cosas, cuando sólo esperan que seamos nosotros mismos... si es que esperan algo.

Sunsi dijo...

Un consuelo que te quedes tú sin palabras. Y a veces no sepas qué contaren el blog. Me siento menos marciana.

Muy buen post. Animante. Porque parece ser que yo hago el ridículo muchas veces... o al menos eso dicen mis hijas...y yo sin enterarme. Se supone que no hacer el ridículo significaría no reírse a deshora, no moverse en exceso, no emocionarse, alegrarte de las cosas sólo moderadamente, no llorar en público... Vamos... que algunos deberíamos volver a nacer.

Saludos desde Tarraco

Modestino dijo...

Pienso que el gran mensaje de la frase está en que quién se nuestra como es no se equivoca, que no tenemos que tener miedo a que se conozca lo que somos, pensamos y poseemos. El camino de fingir no lleva a otro sitio que al ridículo.
Exteriorizar los sentimientos puede ser en un momento dado inoportuno, pero nunca ridículo. Lo que pasa es que todos al ser adolescentes y jóvenes tenemos un acentuado y exagerado sentido del ridículo que va desapareciendo conforme maduramos.

annemarie dijo...

La madurez y la completa ausencia de miedo a ser vistos como vulnerables, grandes conquistas de la vida!! :))

Modestino dijo...

Yo creo que todos, en mayor o menor medida, somos vulnerables, tal vez como bien dices la meta es que no te importe que se note.

annemarie dijo...

Sí, pero eso significa que hablamos de juventud de espíritu... :))

Anónimo dijo...

Es cierto lo que dice la frase, pero también depende de si los ojos que te observan solo quieren verte ridículo.
En muchas ocasiones tenemos actitudes negativas hacia las personas, nos fijamos más en quién dice o hace algo, que en el contenido del mensaje o de la acción

annemarie dijo...

Tienes razon, Anonimo. Y así estupidamente nos ahorramos conversaciones interesantísimas con gente inteligente, pero que discorda.

Modestino dijo...

Completamente de acuerdo, siguen existiendo cantidades importantes de perjuicios.

annemarie dijo...

Es decir, la realidad es más inteligente e interesante que nosotros y nuestros amiguismos? :))