20 de febrero de 2009

La calle sin niños

Ayer, jueves, y hoy es fiesta en los colegios de Huesca; se celebra lo que se llama la "semana blanca", tiempo en el que se tiene la costumbre de dar vacaciones a los escolares para que puedan disfrutar de unos días en la nieve. Ayer, poco después de las 8.30 y cuando me dirigía al trabajo por el camino habitual, me encontré con la enfermera del dentista al que suelo ir, una mujer llena de vitalidad y simpatía, y me hizo notar lo triste y silenciosa que está la calle cuando no hay niños camino del colegio.

Yo, que hasta ese momento andaba "empanado" entre cavilar sobre las preocupaciones del día y quitarme de encima alguna que otra sábana pegada a la nariz, no he había dado cuenta de la situación y comencé a comprobar que, efectivamente¡, no se veía un alma y el brillo de un día que amanecía luminoso carecía de vida y fuerza por la ausencia de quienes cada mañana otorgan a la calle un encanto, una vitalidad, una alegría especial.

El detalle me sirvió para comprender lo importantes que son los niños para la sociedad; no solamente son el futuro, la garantía de la continuidad, del progreso, ... también son una realidad que siempre está en el plato positivo de la balanza del presente; a partir de ahora estaré más atento, trataré de fijarme más y sacar provecho de los ojos ilusionadas, los gritos entusiastas, los guiños amistosos, las travesuras imprevisibles, los gestos inquietos y hasta las caras de frío.

Es impepinable cumplir años, y cada vez aparece más lejana esa infancia que también nosotros protagonizamos en su día, pero tal vez manteniendo el espíritu de entonces y valorando el de la infancia de ahora, ese envejecimiento será más llevadero y afectará menos al espíritu.






Fotos: www.diariodelaltoaragon.es; www.lasprovincias.es

6 comentarios:

Sunsi dijo...

La ciudad sin niños. Cuentan que algunos países del norte de Europa son así... no hay casi niños en la calle. Porque no nacen.

Qué recuerdos de niños de antaño -nosotros- en la calle, jugando, sin peligro. Alegría de la buena. Combas, patines, competiciones de yo-yo. Y en los pueblos... bicicletas con merienda ... improvisadas excursiones en las que se acababa apuntado toda la peña.

Todo estaba menos controlado y el ocio no tenía tantas cortapisas.

El curso que viene parece ser que en Cataluña también nos apuntamos a la semana blanca... o azul, que aquí hay playa.

Un saludo

annemarie dijo...

No idealices los niños. Son todo menos seres ideales, aunque sean muchas veces personas totalmente apasionantes- como los adultos... :))

Máster en Nubes dijo...

Tú te acuerdas de Chitty, Chitty Bang Bang? Ese pueblo aquel sin niños, todo desolado... y con el tipo ese narigudo que iba a atraparlos donde estuvieran ¡qué miedo!

Aunque también, como apunta Annmarie... tú que eres lector ¡el Señor de las Moscas, todavía más miedo!

Un abrazo, jurisconsulto

ana dijo...

Bueno... a mi los niños sí me parecen ideales. Ideales y geniales.

En fin, que soy de las que cuando permanece al lado de un niño les va poniendo caras, les hago muecas... y ellos... ellos siempre responden con risas... con sus gestos nada forzados. Y siguen con el juego mientras les des cuerda... (ponerles caras es un juego muy divertido... hacer como que no has hecho nada y zas!... otra cara rara... tienen expresiones geniales ante semejante actitud... pruébalo ahora que vas a estar más atento a su presencia).


También son muchas las veces que mi hija desde la ventana de atrás del coche le sigue la corriente a alguien que le ha hecho algo parecido entre parada y parada de semáforo... le encanta. Siempre responden con naturalidad.

Son ideales por auténticos, genuinos y geniales... los niños.

Sí... pienso que cuando deja de haber niños, algo triste cubre el mundo de adultos en el que nos quedamos... será por el silencio.

SERÁ POR LA AUSENCIA DE RISAS.

Y una de las razones por las que adoro mi pueblo es por su ruido... que aún está lleno de niños, como dice Sunsi... patines, bicicletas, meriendas, la comba.... LAS RISAS DE NUEVO.

Me ha encantado este post.

Modestino dijo...

Yo también había oído eso de los paises del centro y norte de Europa, especialmente de Austria y Suecia. Y en España podríamos tener un fenómeno parecido de no se por los emigrantes; el otro día me contaban que en la provincia de Huesca habían aumentado los habitantes en los últimos diez años, pero que habían bajado los nacimientos de "autóctonos".

Master, sí que recuerdo "Chitty Chitty Bang Bang", una buena película aunque se nota que no es de Walt Disney. No he leído "El señor de las moscas", ni me atrae demasiado. Recuerdo que en 1976 Chicho Ibáñez Serrador dirigió una película llamada "¿Quién puede matar a un niño?".

Coincido con Annemarie en que no hay que idealizar a los niños, pero también con Ana en que los niños son ideales y, sobre todo, geniales. A mí también me gusta ponerles caras y sacarles la lengua, sobre todo a los más pequeños. Efectivamente, sus reacciones son sorprendentes.

annemarie dijo...

Puedo intentar convencerte a la lectura de “El dios de las moscas”? :)) Es un libro apasionante. Golding vivió las dos guerras, y luchó en la segunda. Ganó el Nobel en los años ochenta, y tiene una manera de ver el mundo como la de Chesterton, de A. Christie, de K. Atkinson – que es muy británica, en mi opinión. Los hombres son vistos como ciudadanos, no como partes de familias: naturales, a-naturales, anti-naturales, sobrenaturales. Estos autores utilizan liberalmente la capacidad de pensar sin referencia a ortodoxias, porque honestamente les son desinteresantes.

“El dios de las moscas” es un libro brutal sobre la organización del poder en la sociedad, sobre la fragilidad de la civilización: juegos de poder crudamente protagonizados por encantadores niños dejados solos en una isla, forzados a sobrevivir, a inventar modos de organización política que son, claro está, muy conocidos, finalmente. :))

Golding utiliza magistralmente esos seres ideales-y-geniales-que hacen-guiños para describir la violencia y la ambiguedad de la naturaleza humana. El libro fue escrito como respuesta a un otro en que idénticamente unos niños se ven aislados en una isla, pero se comportan magníficamente, de acuerdo con el papel de criaturas encantadoras que tanto nos sosiega.

Existe una película muy buena, de Peter Brook, y creo que también una versión más reciente, que no conozco.