17 de noviembre de 2008

Recordar

Dios nos ha dado la posibilidad de recordar y tiene que ser bueno, pero esa capacidad de volver el pensamiento y la mirada interior al pasado que, en ocasiones, posibilita momentos dulces y tiernos, regreso de sensaciones bonitas, incluso algún "revival" emocionante, puede ser fuente de dolor, de sufrimiento y hasta de malos sentimientos.Nuestros recuerdos frecuentemente viven con nosotros, y eso no es malo. En nuestro recuerdo quedarán para siempre los que ya se fueron, necesitamos la memoria para que sigan vivos en nuestro corazón los seres más queridos que un día abandonaron este mundo: nuestros padres, nuestros parientes, nuestros amigos ,... Es algo que nos mantiene unidos al pasado, que muchas veces se convierte en placebo para superar los malos tragos, aunque en ocasiones podamos sentir cierto vértigo al volver a pensar en una compañía que en esta vida no se va a repetir.

Hay recuerdos que no son buenos, ante ellos hay quienes optan por borrarlos de su cabeza, realizan una especie de "reset" mental, como si quisieran vivir al margen de los mismos, como si esos sucesos que les dolieron no hubiesen ocurrido nunca. Me temo que es un error, porque las personas suelen merecer que las tengamos presentes y los hechos pasados pueden ser fuente de experiencia.

Otras veces ocurre exactamente lo contrario, y los hechos dolorosos, la incomprensión, la deslealtad, la traición, la cobardía, ... convierten el recuerdo en rencor. Cuantas veces hemos escuchado eso de "yo perdono, pero no olvido" ... a mí me cuesta admitir que se pueda perdonar sin olvidar, al menos sinceramente y en toda su extensión. Aunque tampoco me creo demasiado a algunos que alardean de su capacidad de perdón y olvido, entre otras razones porque la sinceridad de una afirmación de este tipo se prueba más con el silencio que aireando bondades.

El rencor, en un blog vecino se hablaba hoy de ésto, suele ser causa de sufrimientos, muchas veces va unido a la necesidad de vindicación, al afán de resarcimiento ... y no es nada sencillo calibrar la bondad o maldad de estos sentimientos, porque es bien cierto que no es nada bueno el odio, la venganza, pero no lo es menos que en ocasiones el hombre necesita que se restaure la justicia. No es fácil olvidar determinadas afrentas, y no se en que medida es exigible al perjudicado que las aparque, que las obvie.

De cualquier manera, almacenar rencores es tremendamente corrosivo, impide trabajar con serenidad, volar alto y lleva consigo la pérdida de la paz interior, algo imprescindible en esta vida; por eso se convierte en fundamental que, por un lado, funcionen rápida y eficazmente quienes deban solventar estos desajustes y, por otro, todos aprendamos a calibrar con calma y suavidad nuestros desencuentros. Aunque también tengo bien claro que el haber sabido perdonar es algo de lo que influirá más cuando rindamos cuenta en el más allá: me tempo que vivimos en una sociedad donde no se enseña a hacerlo.

El recuerdo es mucho menos perjudicial cuando se convierte en nostalgia, cuando te lleva a la evocación, la añoranza o la sonrisa, cuando sirve para recuperar amistades, cuando es ocasión de reencuentros, cuando sirve para unir, para revivir, para recuperar confianzas.

Yo recuerdo que una vez me encontré con un antiguo director de mi colegio, un hombre bueno y sabio a quien comenté que frecuentemente recordaba con viejos compañeros los tiempos en que todos coincidimos, me miró con una sonrisa que intuí no exenta de cierta ironía y me dijo que "con el tiempo todos los recuerdos se vuelven agradables"; es verdad que la memoria a veces adorna el pasado, ... que sea para bien.


Fotos: alejandra64.wordpress.com, planetaazul.wordpress.com, santiagocasares.blogspot.com

11 comentarios:

Máster en Nubes dijo...

Me ha gustado, Modestino, por supuesto.

Sí, algún poeta lo ha dicho así...

Ser en la vida romero,
romero sólo que cruza siempre por caminos nuevos.
Ser en la vida romero,
sin más oficio, sin otro nombre y sin pueblo.
Ser en la vida romero, romero..., sólo romero.
Que no hagan callo las cosas ni en el alma ni en el cuerpo,
pasar por todo una vez, una vez sólo y ligero,
ligero, siempre ligero.

Que no se acostumbre el pie a pisar el mismo suelo,
ni el tablado de la farsa, ni la losa de los templos
para que nunca recemos
como el sacristán los rezos,
ni como el cómico viejo
digamos los versos.
La mano ociosa es quien tiene más fino el tacto en los dedos,
decía el príncipe Hamlet, viendo
cómo cavaba una fosa y cantaba al mismo tiempo
un sepulturero.
No sabiendo los oficios los haremos con respeto.
Para enterrar a los muertos
como debemos
cualquiera sirve, cualquiera... menos un sepulturero.
Un día todos sabemos
hacer justicia. Tan bien como el rey hebreo
la hizo Sancho el escudero
y el villano Pedro Crespo.

Que no hagan callo las cosas ni en el alma ni en el cuerpo.
Pasar por todo una vez, una vez sólo y ligero,
ligero, siempre ligero.
Sensibles a todo viento
y bajo todos los cielos,
poetas, nunca cantemos
la vida de un mismo pueblo
ni la flor de un solo huerto.

Que sean todos los pueblos y todos los huertos nuestros.
León Felipe.

Modestino dijo...

Esta poesía me suena toda, pero no sabía que era de León Felipe. Realmente preciosa.

Sunsi dijo...

Qué tema más bonito, Modestino. La vida es en parte presente y en parte la experiencia dulcificada por esos recuerdos. Con los buenos no hay problema. La memoria los retiene y los vuelve más tiernos si cabe.Incluso a veces puedes remontar un momento presente algo complicado con el sustento de esos recuerdos , hablando de ellos, rememorándoloscomo si los estuviéramos volviendo a vivir.

Los malos, los que te han dado un buen azote... ¡ahí sí que hay que tener arte para domarlos!

Esto me ha recordado la teoría del compost de Máster. No se pueden tirar porque forman parte de tu historia, pero removerlos diariamente te envenena, no te deja avanzar. Y cuando anida el rencor la hemos fastidiado. Nos quedamos ciegos para ver cualquier cosa buena que nos ofrece la vida.

Y es un círculo vicioso que acaba aplastándote. Vives por y para vengarte de algo que ya es irremediable.

¡Precioso el poema de León Felipe, Máster!

Un saludo

¿Mañana más? dijo...

¿Qué os pasa a los tres que estáis últimamente de lo más "pastoril", como diría Pepa?.

Hay que echarle un vistazo a los blogs y tres o cuatro a la vida, nenes, que estáis de un neura... Ufff, no sé si abrir un blog de esos de psicoterapia y forrarme con vosotros porque estáis muy mal, ¿eh?.

Ya basta de sufrimientos, malos recuerdos, que la vida es así y asá. SE OS VA LA FUERZA POR LA BOCA o, mejor dicho, por las teclas.

A ver si cambiamos los temas, ¿eh?. Que parece que os habéis aliado los tres para amargarnos la vida al resto.

Mira que yo pensaba que Modestino con lo de las tapas... pero no, que me voy a dar clase y a la vuelta me encuentro este artículo. Pero hijo mío, ¿no tienes algún hobby mentalmente sano?. Aunque sea irte de putas, digo, de picos pardos...

Yo, como el marido de Ana Ozores (la Regenta) a don Álvaro: "prefiero verla con un amante".

Pues eso, nenes, dejad ya las lágrimas y las lamentaciones que parecéis de Cuaresma en vez de Adviento.

Modestino dijo...

Mira Patricia, que amenazo con ponerme a hablar de fútbol y entonces sí que os torro a todos.

En cuanto a esa invitación que me haces ... pareces baturra de lo directa que has estado¡¡¡¡

Si abres el blog de psicoanálisis me avisas.

¿Mañana más? dijo...

Hombre, Modestino, ya sabes que soy brutalmente sincera, quizá demasiado pero, mira, conmigo por lo menos sabes a qué atenerte y, en estos tiempos de chuminismos varios, se agradece.

Pues mira, sí, prefiero que hables de fútbol, de tapas, de mujeres, de libros, de escapadas al campo, de política, de plantas, de CSI, de viajes, de partiditas al mus con los amigos, de los soportales de las cuatro esquinas, de canciones del pasado...

De lo que tú quieras, chato, pero dale alegría al cuerpo, que pareces un monje y eres muy joven tú para esas cosas de sufrimiento, que huelen a clero que apestan.

Cámbiate de confesor o de consejero espiritual, o lo que tengas, porque con el que tienes no vas al cielo, te han mentido, que en el cielo sólo entran los que se beben hasta los posos de la vida. Dios quiere que vivas, me lo ha dicho.

PD. Las otras dos... no os relajéis mucho que también tengo para vosotras, ¿eh?

Modestino dijo...

Que sí Patricia, que tú no eres de la capi, que tú eres Agustína de Aragón; lo tuyo es nobleza baturra y lo demás son mandangas.

No obstante déjame escribir de vez en cuando sobre sentimientos y convicciones, y no mezcles al clero en ésto, que lo escrito no tiene na que ver con confesores.

En el borrador del blog tengo preparado una entrada -no digo post porque me pegarías- sobre tema que dominas y espero que te guste.

Decías que te parecías a Cóncha García Campoy, pero ya te empiezo a imaginar como a Juana de Arco.

lumroc dijo...

Decía, un psiquiatra que escribió sobre el amor y el desamor que la persona sana tiene asumido su pasado, está instalado en el presente y mira con confianza al futuro.

En efecto, el ayer, el hoy y el mañana son coordenadas vitales fundamentales para el equilibrio emocional y el optimismo vital.

A veces, sin embargo, la asunción plena del pasado exige un cierto re-creamiento, un olvido consciente de algunos aspectos, un ‘dejar estar’. Mi experiencia es que muchas personas necesitan –necesitamos- esa (en parte) ‘mentira’. La rumiación constante de la afrenta (o de lo que subjetivamente se percibe como tal), el volver a repensar momentos dolorosos, el recuerdo constante del ser perdido, de la salud anterior, del tiempo que no volverá …. no sirve para nada. En ese sentido, es bueno, ante algunas experiencias, un ‘reset’, un cierto ‘formateo’ del disco del recuerdo …

Yo también conozco algún blog de gente amargada con la ‘oreja’ puesta en su ayer, que viven un presente “empastillado” y con un mañana que parece más bien incierto ….

¿Mañana más? dijo...

Totalmente de acuerdo con Lumroc y, encima, muy bien escrito.

Sunsi dijo...

Con tu permiso, Modestino. Transcribo un fragmento de Benedetti.

"Los escépticos y los optimistas se miran siempre de reojo.
Son desconfiados de nacimiento.

Los escépticos se burlan de los demás y se sí mismos. Se aburren de creer y no echan de menos las ausencias.

Los optimistas vencen el tedio y la fiebre. Aprenden del ayer y no lo borran. Conocen y reconocen que vendrá algo mejor y desde ya preparan la bienvenida.

Los escépticos van y vienen sin nada. Y lo que es peor, sin nadie. Abrazan el pesimismo como único consuelo. Inventan una tristeza sin lágrimas, dura como una piedra.

Los optimistas se entienden con el río y con el cielo que lleva en su corriente. Saben que allí navega la tutela mas leal, más respetable, y asumen el alma como agua.

Los escépticos son apenas mendigos, y el tiempo que transcurre les deja su limosna. No logran escapar del viejo laberinto y reciben mensajes que son indescifrables.

Los optimistas en cambio guardan a menudo algo de gloria, que no es siempre la de hoy y la de antes. Hacen un nudo con sus certidumbres y llenan su bolsillo de poesía."

Saludos

Modestino dijo...

Me ha encantado eso del reset, es cierto: lo necesitamos. Yo me doy cuenta de que a veces recurro a eso, al aparcamiento de aquello del pasado que me puede hacer daño.