24 de noviembre de 2008

Muerte en una Discoteca



La prensa madrileña lleva días dedicando bastante espacio a la muerte violenta en la Discoteca "Balcón de Rosales" del joven Álvaro Ussía el pasado 15 de noviembre. El joven madrileño, pariente lejano del célebre periodista y escritor Alfonso Ussía, falleció como consecuencia de la paliza a la que presuntamente le sometieron los porteros de dicho establecimiento.

Hay que tener mucho respeto ante un hecho tan triste y dramático y, sobre todo, ante el dolor de una madre y unos hermanos que han sufrido una pérdida tan importante, pero en algún momento me he llegado a plantear si no se han llevado las cosas demasiado lejos; y no porque me parezca el hecho irrelevante, que no lo es, sino porque me ha dado la sensación de que ha habido un exceso de fuegos de artificio, se ha producido un despliegue excesivo y han tomado protagonismo algunas personas a quienes no les correspondía el mismo. Si yo fuera familiar directo del chico creo que hubiera preferido que respetaran más mi intimidad y mi dolor.

Si hablamos de los problemas que se plantean en torno a los jóvenes de hoy, no me parece poco importante el de los lugares y los modos de diversión. En los fines de semana se ha extendido el culto al noctambulismo, la aspiración al record etílico y el afán de descubrir centros de diversión cada vez más sofisticados y originales. En este mundo de "Discotecas", "botellones" y "After Hours" hay algunas cosas mejorables y otras, sencillamente, lamentables.

Hace más de un año asistí a una mesa redonda en una ciudad del Alto Aragón que trataba sobre el tema de la juventud y las drogas; algunos de los que nos sentábamos en la mesa describimos una situación que entendíamos preocupante: los adolescentes tienen fácil acceso a todo tipo de sustancias, el ambiente que gira en torno a determinados establecimientos no facilita las cosas y algunos de nuestros jóvenes tienden a ser potenciales víctimas de adicciones y trastornos mentales. Quienes así hablamos fuimos tachados por una asistente de ser negativos y visionarios, pero me parece que pretender ver normalidad en la situación no es más que ponerse un velo en los ojos.

Posiblemente mi error en la citada mesa redonda fue no ser capaz de hacer entender que no estaba realizando un alegato contra la juventud, sino mostrando mi visión de un problema que creo real. No se trata de arremeter contra unos jóvenes a los que les queda mucho por conocer, aprender y experimentar, sino de asumir que hay costumbres y hábitos peligrosos y ambientes inadecuados. No dudemos de que detrás de estos problemas se encuentra quien hace su negocio, quien vive a costa de ellos y aquí es donde hay que incidir. La venta de alcohol a los jóvenes, el consumo de cocaína y drogas de diseño, la explotación de la inmadurez de los adolescentes no son hechos extraños a muchos de los que viven de ésto.

Y por supuesto, las autoridades políticas también tienen mucho que decir en este ámbito; los establecimientos necesitan autorizaciones, revisiones y controles y las actividades horarios y reglamentación, y de lo que se trata es de tomar las medidas necesarias, pasando por encima de expectativas electorales, intereses económicos y relaciones personales.

También me pregunto si la clave del problema no tendrá que ver también con la formación y la cultura imperante; no deja de ser curioso entender cómo puede encontrarse diversión compartiendo cubata en un local con una música infernal a todo volumen, rodeado de gente a quienes no se puede entender lo que te dicen. Estoy seguro de que existen alternativas mucho más oxigenantes y creativas, aunque al final siempre acaba saliendo la tendencia gregaria.

Y está la posición de los padres de los menores; ¿hasta que punto el matrimonio medio español sabe a donde van sus hijos los viernes y sábados por la noche, con quién están y a qué se dedican?. No me parece nada fácil la situación de los padres, tengo bien claro que tienen una importante resposabilidad en velar por la integridad de sus hijos, pero no se si están en condiciones de hacerlo con garantías, si tienen al alcance las facilidades para ello. Cabe hablar de padres pasivos que hacen dejación de sus obligaciones, que los hay, pero ya he visto excesivas veces a padres desesperados, en ocasiones cuando ya es demasiado tarde y me duele que quienes de una manera u otra tenemos responsabilidades seamos tan ineficaces.

El hecho luctuoso que ha dado lugar a mi comentario corre el peligro de quedarse en una simple exhibición de sentimientos e indignaciones, plenamente justificados, pero posiblemente estériles; por desgracia no es el primer caso, pero parece que hay miedo a buscar las causas y a poner los remedios.

Y a propósito del hecho referido, no puedo resistirme a dejar constancia de algo que también me hace pensar; Alvaro Ussía murió por la brutalidad de unos porteros de la Discoteca, no generalizo, por supuesto, pero me parece muy peligroso conceder poder a quien no lo sabe administrar; veo muy criticable la actitud de quienes posiblemente no se pararon a revisar a quien concedieron amplias facultades de control y vigilancia. De mi servicio militar recuerdo con horror los diez minutos que pasé en la cocina del Campamento de Rabasa (Alicante), a cargo de la misma se encontraban unos pocos soldados vestidos de cocineros que trataban a los reclutas con una brutalidad propia de las galeras romanas; se había concedido poderes a quien no los dosificaban y quienes no sabían cortar sus abusos eran tan responsables de éstos como aquéllos.


Fotos: http://www.madridinfosite.com/, http://www.ruidos.org/, http://www.estrelladigital.es/

9 comentarios:

Mery dijo...

Aunque haga siglos que no salgo la verdad es que a veces de noche una pasa vergüenza ajena por ver a niñitas de (supuestamente) dieciocho años con una melopea que no pueden con ella y que no saben ni hablar, arrastrándose por los rincones y con el excesivo maquillaje corrido... No negaré que yo también me he pegado mis juergas y más que me voy a pegar (esperemos en un futuro no muy lejano) y que alguna vez yo también, como todos supongo, me he pasado con el alcohol. A ver eso se entiende, se entiende que sea una vez cada tanto, que es cierto qu ehay días en que por mil circunstancias a uno le puede sentar peor, pero lo que no veo normal es el salir hasta las ocho de la mañana siendo tan jóvenes. No sé cómo se lo permiten los padres. Además de que a esas horas ya ni disfruta uno bailando ni nada, estás reventado (a menos que te drogues claro...). En fin, que es el pez que se muerde la cola pero yo sigo pensando que el problema es que estamos llegando a un punto en que la sociedad es demasiado permisiva con los jóvenes, que ya parece que si un padre le pega un cachete al hijo es que es un maltratador... hombre mejor eso a dejar que haga lo que le de la gana, ¿no? Que es normal que los jóvenes cometan sus propios errores y así puedan aprender de ellos, pero hombre que les cueste un poquito más cometerlos que se lo ponemos en bandeja.

Modestino dijo...

Ante todo, bienvenida al blog Mery y gracias por tu aportación.

Pienso que no podemos cargar la culpa en los jóvenes, pues ellos aprovechan lo que se encuentran. Es un problema educativo, de formación de la conciencia, de alternativas claras y evidentes, de estimulación de la cultura y el saber,...de tantas cosas ...

Y es un problema también de intereses creados. Hay quien se aprovecha y los jóvenes son víctimas de determinados negocios y determinadas modas impuestas, de la misma manera que lo son de ciertos desaprensivos que funcionan por internet.

Pero aquí nos pasamos el día poniendo verde al resto y nadie hace autocrítica.

Gloria dijo...

Quisiera que si es cierto que hay porteros brutos, no lo es menos que hay clientes brutos, y no sólo eso, clientes brutos, armados y cargados de alcohol (y otras cosas).

A veces oigo a la gente despotricar de los porteros de discotecas, y yo la verdad es que nunca he tenido problemas al respecto: una de las razones es que voy poquísimo de discos, ja, ja... pero ahí cabe plantear el que, si la gente va a mogollón a un local que se pone de moda, y éste no tiene un aforo infinito, pues es obvio que no cabe todo el mundo, y una vez lleno, se dan esas situaciones en las que el portero no te dejará entrar porque eres moreno, o levas bambas verdes, o corbata rosa... pero básicamente, porque no hay sitio y punto.

En vez de mosquearse, creo que es más práctico emigrar a otro local y punto... o buscarse una manera alternativa de pasar el tiempo de ocio, como ir al cine, ir en patines, practicar la esgrima, pasear por el monte, jugar al mus, construir maravillas del mundo con cerillas, hacer escalada, cazar gambusinos, leer folletones, participar en concursos de tortillas de patata, practicar piragüismo, etc...

El quid de la cuestón, para mí, es que parece ser que la unica manera de pasárselo bien que conciben muchos chicos es ir a la discoteca y pillar un "cebollón" ya sea de base alcoholica o de vaya usted a saber qué... El problema, no es ese tipo de actividad de ocio, per se, sino que no vean ninguna alternativa a ello, quien sabe si por ignorancia o por seguir al rebaño.

En mis años mozos no teníamos esos problemas: como mucho la propina nos daba para un refresco o ir al cine, así que el alcohol solía estar bastante fuera de presupuesto. Y si no había dinero, siempre podíamos saltar la tapa del cementerio, actividad totalmente gratis y alta en emociones ;p

Modestino dijo...

Creo Gloria que has contado mucho mejor que yo lo que he querido decir, faltan cultura e imaginación y sobra espíritu gregario.

Por supuesto que la labor de los vigilantes es difícil y no se la facilitan nada, pero existe ese tipo de personas que abusan de su fuerza y de su situación, también entre los clientes, claro.

Anónimo dijo...

Todo esto es un desencuentro terrible entre lo que sentimos los padres aún con niños pequeños... si nos ponemos a pensar lo que nos espera.

Para mí es desalentador ver cómo cuando les haces la entrevista de salud a los jóvenes, su respuesta ante los hábitos con el alcohol es decir tranquilamente que son bebedores importantes de fin de semana, y cuando dicen importantes es que se ponen hasta el cuello de copas todos los fines de semana. Lo cuentan con tranquilidad, sin ser conscientes del problema.

Es terrible y desolador. Yo me pregunto en qué piensan los padres cuándo les ven regresar... en su impotencia... no sé... verdaderamente no sé qué pensar.

He presenciado verdaderos desencuentros emocionales en urgencias a raíz de temas de este tipo.

La verdad es que es muy impactante. Y no creo que sea sencillo evitar todo esto con el clima en el que vive la gente joven.


Ana.

Sunsi dijo...

Lo que te pasó en la mesa redonda, nos pasa a cuatro padres que nos tachan de alarmistas.
Intentaré no extenderme, Modestino...pero es que tocas un tema...

Lo primero, deciros que tenemos cuatro hijos (20, 18, 16 y 13 años). Si lo menciono es porque lo vivimos en nuestras carnes, mi marido y yo.

Salir... obviamente un día u otro salen. Pero ¿a partir de qué edad? ¿Y una edad concreta es un baremo que sirve para todos? ¿Hasta qué hora? ¿Se le va a buscar? ¿Han de dormir en casa o da igual que duerman en casa de los amigos?

Teóricamente a los 16 ya pueden entrar en una discoteca. En la práctica ya a los 14 falsifican el DNI. Y beben, no porque les guste sino porque el resto lo hace... y viceversa. Es una cadena. En la franja de los 16 a ls 18 creo que pueden salir, pero con un tope:
el tope es ese momento en que ellos ya no dominan la noche (¿la 1h, las 2h?). Y si los dejas has de saber que tú te fastidias. O porque los recoges o porque estás pendiente de que vuelvan. Y cuando vuelven, con mirarles a los ojos tienes más que suficiente (ya no digo el aliento...)

¿A los 16? A lo 16 estudian bachillerato y si son mínimamente responsables saben que no pueden perder tantas noches.

Mínimamente responsables. Esta es la madre del cordero ¿Y cómo se hace eso? "Qué suerte; qué responsables son tus hijos..."

¿¿¿Suerte??? La suerte se fabrica desde que nacen. Si de pequeños no estás con ellos, en la adolescencia jamás te contarán nada. Y si no te cuentan no puedes dialogar. Y si no dialogan no te enteras, vives en las montañas de Heidi. Luego de suerte, nada.

Yo no tengo santos en vida, pero sí es cierto que hablamos mucho y se enfadan cuando dices no. Y al cabo de un tiempo te dan las gracias. Pero durante ese tiempo hay que resistir y seguir dándoles cariño.

Ya acabo, Modestino, que si no... no me dejarás comentar por pelma;
pero quería añadir algo que me parece importante. Enseñarles a retrasar sus caprichos. "Quiero..."
"Vale, pero ahora no puede ser; habrá que esperar al mes que viene o al cumpleaños..."
El todo, ahora y ya los deforma. Y cuando salen a "la vida" no están acostumbrados a hacer ese paréntesis que conlleva sopesar si bebo o no, si acepto eso o lo rechazo...

Complicado pero no imposible.
Y perdón por el rollito.

Saludos desde Tarraco

Gloria dijo...

como dice Sunsi, la educación, y la actitud de los padres pueden ayudar a evitar ciertas actitudes juveniles, tans suscepcitles de dejarse influenciar: aunque estoy hablando de hace una década y media, mi hermano salía a veces con sus amigos de bares, bailongos, etc... Pero al ser básicamente abstemio y no fumador, pues el se tomaba un agua y un zumito, y sus amigos eran, eso, buenos amigos que no le decían "nenaza" por no fumar o tomarse un quinto de cerveza como ellos.

Desgraciadamente, muchos chavales/as lo que tienen en realidad es "pseudo-amigos" que los meten en ciertos hábitos, so pena de ser excluidos/as el grupo, y no tienen los redaños de decir "no, yo no fumo" o "gracias, pero no me apetece un chupito" (y que conste que sólo he mencionado un par de vicios "legales").

Hay otro tema y ese es el presupuesto. No hace mucho, una madre de chavales adolescentes me comentaba que "como no iban a hacer botellón, pobres, si com treinta eurillos apenas les llega para un par de cubatas el fin de semana", de lo cual deducí que hay padres que dan demasiado dinero/propina a sus hijos, y que parece que asuman que emborracharse es la única manera en la que se lo pueden pasar bien.

Que les den los cinco durillos para pipas que me daban a mi de propina y ya verán como el alcohol deja de ser un problema.

lumroc dijo...

Hya un refrán que dice: "si quieres saber quien es Juanico, dale un carguico"

Y eso es lo que pasa con algunos gorilas. Que les han dado una parcela de poder y la ejercen tal y como son ellos: brutos, arbitrarios, inhumanos, salvajes ...

Mery dijo...

Quizá no me haya sabido explicar, pero a eso me refería, a que no podemos esperar a que ellos mismos se pongan límites, sino que se los ha de poner la sociedad y sobre todo los padres, pero parece que cada vez hay menos tiempo para prevenir digo educar.