1 de septiembre de 2008

Un brindis por la humanidad

“Os doy un mandamiento nuevo: que os améis los unos a los otros. Que, como yo os he amado, así os améis también vosotros los unos a los otros”. Jn. 13, 34

Con frecuencia compruebo que vivimos en una sociedad en exceso individualista; caminas por la calle y en demasiadas ocasiones ves a personas andando, generalmente deprisa, mirando sólo al frente, indiferente ante el tipo con el que se cruzan, absolutamente ajeno a que la vieja que tarda en cruzar, el niño que llega tarde al cole, el portero que barre la calle o el kiosquero de la esquina, al igual que ellos, puede que hayan dormido mal, que tengan al cónyuge enfermo o que no sepan que hacer con la suegra. Cada uno vamos a lo nuestro, nos preocupa solamente lo nuestro y, en consecuencia y por desgracia, nos sale por una friolera el prójimo ... si acaso reservamos un pequeño espacio para los más allegados.

Me horroriza la indiferencia; la sensibilidad la tenemos todos, aunque unos la exterioricen más que otros, y por ésto todos necesitamos que nos tengan en cuenta, que nos hagan caso que se acuerden de nosotros, en los momentos buenos y, especialmente, en los momentos malos. A veces tengo la impresión de que hemos avanzado mucho en políticas sociales, en igualdad de oportunidades, en prestaciones diversas, ... lo que evidentemente es bueno, necesario, justo,.... pero a la vez tenemos presentes cada vez menos los problemas del resto.

Nuestra sociedad es, además, competitiva; en muchos trabajos la exigencia es tal que no es difícil quedarse rezagado, incluso no son pocos las empresas, despachos, gabinetes, entidades bancarias, etc en los que a partir de cierta edad la gente ya no interesa, como si fueran de "usar y tirar". No dudo que todo esto puede tener sus ventajas, pero tiene unos cuantos peligros: algunos se pueden sentir innecesaria e injustamente inútiles, se puede acabar imponiendo la "ley del más fuerte" y se acaba incentivando la puñalada por la espalda y el pisotón al contrario. Muchas veces echo de menos la comprensión hacia el nuevo y hacia el torpe, el afan de enseñar y crear escuela y la ilusión por trabajar en equipo.

Podríamos poner tantos ejemplos¡¡¡, desde el cliente que se cree con todo el derecho de exprimir e incluso abroncar a quien le atiende tras un mostrador o ventanilla hasta el "macho hispánico" que se empeña en calificar y clasificar a la camarera de turno como si estuviera convencido de que está facultado para ello, pasando por el jefe intolerante y déspota, el ciudadano tan imbuido de sus derechos como ignorante de sus deberes y el típico querulante que todos tenemos que soportar algunas veces. En todos ellos parece manifiesto el desprecio por los sentimientos ajenos, el más triste desconocimiento de los poroblemas personales del resto y un egoismo que ha sido alimentado desde distintas fuentes.

No quisiera ofrecer una imagen negativa de la sociedad, simplemente ofrecer unas pinceladas de lo que me parece mejorable; afortunadamente, uno se sigue encontrando muchas manifestaciones de generosidad, bondad y entrega desinteresada al resto, porque afortunadamente aún somos humanos.

Fotos: acamp.files.wordpress.com; mx.news.yahoo.com; blog.magnoliart.com



2 comentarios:

Sunsi dijo...

Hola, Modestino.Cuando leía tu entrada recordé un artículo que escribí hace tiempo.También entonces reflexionaba sobre lo que tú expones.Terminaba así:
"Pensaba que de cuando en cuando podríamos aparcar –aparcar no es sinónimo de olvidar-la violencia que nos envuelve, el malhumor justificado, los acontecimientos que nos angustian, nuestros miedos reales... y seleccionar alguna buena noticia de las que no salen en los informativos. Y decirse “hoy voy a ir a medias”, “multiplicaré o dividiré según convenga”. “Ir a medias” con nuestros habituales: los que nos topamos recién salidos de la cama, los que nos ponen o nos cobran la gasolina, los colegas del trabajo y de los minutos del café , los de la cola del súper, los que están al otro lado del teléfono... Y contagiar el “ir a medias” con los que hemos ido a medias. ¡Quién sabe! Tal vez se ponga de moda vivir desdoblando lo que nos hace sentir bien y replegando lo que enturbia las relaciones humanas. Suena utópico, pero ¡quién sabe! ¿Recuerdan la canción?. “Si tú eres así, qué suerte que ahora estés junto a mí”.

Buenas noches

Modestino dijo...

Gracias por tu aportación. Francamente sugerente todo lo que escribes. Vivimos demasiado deprisa, esquivamos el compromiso y vendemos a ir a la nuestra.