23 de septiembre de 2008

Ofensiva de ETA




No es fácil hablar con serenidad, con ponderación cuando hay muertes por medio; cuesta omitir frases excesivas y pensamientos vindicativos cuando te enfrentas a atentados como los ocurridos en los últimos días en los que ha fallecido una persona, hay varios heidos, daños cuantiosísimos y ha estado a punto de ocurrir una tragedia de dimensiones tremendas.

Me resultan repugnantes reacciones como las de la izquierda abertzale, que asegura que os atentados son respuesta a las ilegalizaciones, como si de por sí tales decisiones justificaran cualquier tipo de violencia; ¿a dónde hemos llegado?, me temo que nos encontramos ante un fanatismo ciego, alimentado desde muy pronto, germinado durante años que es capaz de sembrar la cerrazón suficiente como para cauterizar conciencias y desubicar valores. No existe reivindicación alguna que justifique la muerte de nadie. También me causan estupor, por no decir indignación las frases del Sr. Ibarretxe cuando dice que le "causan asco estos atentados", no dudo que los rechace, pero lamento que no sea capaz de rectificar actitudes ante los mismos, de recapacitar personalmente y de poner en marcha su conciencia.


Desgraciadamente, la violencia etarra no parece ser un simple tumor extirpable, un obstáculo que se puede quitar y, tras cauterizar la herida, regenerar el cuerpo. Llevamos demasiados años escuchando las frases que hablan de los "ultimos extertores", de "tensiones internas" y "corrientes negociadoras en la institución"; a estas alturas lo que uno comprueba es que la banda sigue viva al cabo de casi medio siglo y lo que intuye es que se ha creado un terreno abonado para su permanencia.

Ahora es el tiempo de las palabras de condena y de consuelo, de las concentraciones de duelo y repulsa, pero no parece que sea suficiente. Reconozco el mérito de los ministros y demás gobernantes cuando tienen que desempeñar el papel de visitar y consolar a los familiares de quien ha muerto, no les envidio la papeleta y estoy seguro de la sinceridad de sus sentimientos: situaciones así curten y humanizan, pero una muerte absurda nunca podrá ser compensada. Yo mismo he asistido a unas cuantas concentraciones: te honra compartir el dolor, tu solidaridad es sincera y sientes un vacío interior que no deja de significar capacidad de compartir, pero a la vez no puedes evitar cierta sensación de inutilidad.

No cabe duda de que vienen tiempos difíciles; hay crisis económica, pero todos nos acabamos sintiendo capaces de hacer el esfuerzo de abrocharnos el cinturón sin demasiadas cicatrices; la violencia, el miedo, la tensión, por el contrario, tienen efectos mucho más nocivos.

Que Dios les perdone y que Dios nos asista¡.

Fotos: www.jornada.unam.mx;

4 comentarios:

suso dijo...

Ibarretxe and company - no olvidar las declaraciones de Rafael Larreyna comentando en su blog que espera que durante su minutos de silencio en la Lendakariza sirvan para que Revilla rectifique sus declaraciones- cuando hablan después de un atentado, normalmente opinan y analizan, pero no demuestran sentimientos: ni lloran, ni rezan.

Modestino dijo...

El nacionalismo ciega, y me parece que frecuentemente invierte los valores, o cuando menos los desordena. Es patético observar los equilibrios que hacen algunos para condenar sin condenar y justificar sin que parezca que lo hacen.

Sunsi dijo...

Hoy es Santa Tecla. Fiesta grande en Tarraco. El cielo está gris. Y llueve desde ayer, sin parar. Invita a llorar y a rezar. Por tantos muertos.
Y por tantos críos -sólo son críos , de 12, 13 años- que esta noche han empalmado y han amanecido tirados por las calles de la ciudad, hasta la cabeza de alcohol y droga.

Modestino dijo...

Ese tema de los críos "colocados" daría para hablar mucho. Hay mucha filosofía barata, mucha demagogia -incluso institucional- y mucho descuido familiar detrás.

No se... a lo mejor me he vuelto mayor.