5 de septiembre de 2008

Cuando llega la hora

Esta mañana me he enterado del fallecimiento de Antonio; habíamos hecho todo el bachillerato juntos, ese bachillerato que a muchos ya ni les suena y que era de siete años, y aunque desde que acabamos COU solamente nos habíamos visto con ocasión del 25 aniversario de tal evento, le guardaba cariño, como se lo guardo a todos aquellos que compartieron conmigo aquellos años que, aunque a veces nos parecieron duros, fueron siempre felices. En esa fiesta de bodas de plata colegiales me queda el recuerdo de su simpatía y de una cariñosisima despedida que irradiaba afecto y sinceridad.

Conforme pasan los años, uno se enfrenta cada vez con más frecuencia con la realidad de la muerte; pienso que, ante un hecho que uno sabe, con total seguridad, que se va a producir, uno no puede enfrentarse mirando hacia otro lado: es bueno asumir que nos vamos a morir y aprender a vivir en consecuencia. Frecuentemente me he encontrado con personas que se niegan a hablar del tema, es más, no quieren ni mentar la palabra, les suena a mal de ojo y me parece que es un error.

A mí no me hace ninguna gracia el morirme, incluso tiendo a ver cierta falta de naturalidad en algunos desapegos, pero a la vez entiendo que en la vida el hombre ha de enfrentarse con todo lo que es real, y asumir todo aquello que le llega, y la muerte está entre lo seguro. Lógicamente, para quienes estamos convencidos tanto de que existe un Dios misericordioso como de que el fin de esta vida pasajera es el inicio de la definitiva, la llegada de la muerte, amen de que nos exige poner los medios para merecer el premio, contiene un punto de paz y consuelo, aunque pongamos los medios materiales para retrasar el evento, que tampoco se está tan mal aquí.

Me parece que he divagado demasiado, simplemente quería aprovechar la posibilidad que me da internet para hacer mi pequeño homenaje a Antonio, con quien compartí las vicisitudes de la adolescencia y la primera juventud y cuyo recuerdo ya queda permanente en mi corazón.

Foto: www.seguros-web.com

1 comentario:

suso dijo...

Antonio. ¡Gran tipo!. Llegué a ese colegio en COU, y fue uno con los que hice migas(hicimos).

Mucho corazón, ojos azules, melena revuelta y buen conversador.

Yo lo vi también ya casado, aunque con los mismos hábitos de siempre.

Descanse en Paz que es , al final, lo que nos deseamos desde hace miles de años todos, y en todas las civilizaciones:morir sin cuentas pendientes y asuntos de los que mejor no hablar.
Y estoy seguro que Antonio descansa en Paz.