26 de agosto de 2016

De lágrimas y de dudas


Esta mañana, entre las sonrisas y el buen hacer de las "chiquitas" que lo atienden, me he tomado un cortado en el bar que me pilla a medio camino del trabajo. Como siempre la televisión exhibía las noticias iban pasando ... no suelen ser buenas. Convertidos en el pan nuestro de cada día los intentos de pacto, las tensiones políticas y las amenazas terroristas, ahora el interés se centra, como es lógico, en el "día después" del terrible terremoto de Italia. Y entre las escenas que la tele nos mostraba, me ha estremecido la de una maestra llorando desconsolada ante los desoladores escombros de la escuela donde daba clase.

Deseo con todas mis fuerzas no acostumbrarme nunca al dolor ajeno, no perder jamás la disposición y la capacidad de identificarme con quien sufre, lo muestre de una manera o de otra; no es bueno avergonzarse de ser de carne y hueso. A veces me he cruzado ... me he rozado, con quienes ven en las lágrimas y en la tristeza como una especie de debilidad, incluso como una falta de aceptación de los designios divinos. He tenido que hacerme violencia para mantener mi estilo, mi forma de enfrentarme a la vida. Somos humanos, y si queremos al prójimo de verdad, del todo, necesariamente sufrimos ... y, necesariamente también, lo exteriorizamos, y hasta nos revelamos ante la desgracia ajena.

Comprendo el dolor de la maestra italiana, una mujer que en su desolación mantiene ese estilo elegante y digno tan propio de los transalpinos. Es difícil aceptar, no vale la resignación. Y sus lágrimas me recuerdan también las de alguien que ayer se rebelaba ante un drama similar ... A veces nos viene bien encararnos con Dios, ... luego,  en nuestro interior, podremos negociar, reflexionar con calma y con tiempo, y esperar la luz, esa luz que en determinados momentos se oculta, y al hacerlo se tambalea nuestro corazón, se oscurece nuestra mente.

Benditas lágrimas de ese rostro cuyo nombre desconozco por hacerme pensar, benditos mensajes que me enfrentan con las asperezas de la vida.

25 de agosto de 2016

Terremoto en país lejano

Un terremoto en Myanmar de 6,8 se siente en Bangkok y Bangladés

Al menos cuatro personas han muerto y 60 pagodas se han venido abajo, según la prensa local


Un terremoto de 6,8 de magnitud ha sido registrado en Myanmar (antigua Birmania) y ha sacudido los edificios de todo el país. Al menos cuatro personas han muerto y 60 pagodas en Bagan se han derribado por la fuerza del temblor, según el diario local Myanmar Times. Según el Ministerio de Exteriores, habría un ciudadano español entre los heridos, informa Efe. El centro del seísmo se ha localizado a 143 kilómetros de la ciudad de Miektila, a 84 kilómetros de profundidad, según el servicio geológico de Estados Unidos (USGS, en sus siglas en inglés).

Ayer nos despertábamos con la impresión del terremoto que había asolado la zona central del Italia. La noticia ha sido, con toda lógica, portada de todos los medios de comunicación digitales y escritos, y también ha protagonizado los telediarios y noticias radiofónicas. Esta mañana la noticia era un nuevo terremoto en Birmania, aunque en esta ocasión la tragedia no encabezaba diario digital alguno y  he tenido que enterarme a través de las redes sociales.

 Es posible que el seismo de Myanmar haya tenido menor entidad que el de Italia, ... lo ignoro. Pero esto no puede ser excusa para que haya habido semejante diferencia en el tratamiento de uno y de otro. ¿Hay países y ciudadanos de segunda fila?. Estoy seguro de que el dolor y el sentimiento de desolación antes estos dramas  son reacciones inmediatas en cualquier lugar del mundo.

 Hace poco una amiga estuvo unos cuantos días allí, y con el entusiasmo y la pasión por las gentes que le caracteriza, me fue informando de las formas de vida y costumbres de los habitantes de esos lugares. Generalmente se trata de gente sencilla, que vive pobremente y a quienes la vida les ha enseñado a espabilarse para buscar el sustento diario. Y como muestra, un botón: los niños de la zona se dedican a dibujar pájaros, flores, árboles, ... en papeles del tamaño de una postal, introduciéndolos en un plástico y pegando varios de ellos con celo ... Una vez elaborado el "producto" lo venden a los turistas y el dinero que reciben lo llevan a casa. He de confesar que semejante forma de "buscarse la vida" me produjo un sensación que tenía algo de ternura, otro poco de admiración y hasta un ramalazo de dolor.

Hace unos pocos días recibí una de esas "postales", en ella está dibujado, muy bien por cierto, un pajarillo de color rosáceo, posiblemente un "Cardenal". Lo puse bajo la pantalla del ordenador de mi despacho, así me servía para recordar a quien en su día lo había vendido y a quien me lo había enviado. Hoy ver el "dibujito" me produce tristeza, pero a la vez excita mi solidaridad y me mueve a rezar por quien posiblemente ahora lo esté pasando mal, aunque estoy seguro de que sabrá salir adelante, porque la naturaleza hace fuertes a quienes tienen menos.

 

21 de agosto de 2016

Una niña afortunada


Tengo amigos que han renunciado al washapp, y no les critico. No deja de ser una medida inteligente, una decisión que supone ahorrar más de una incomodidad e impertinencia. Pero  la aplicación tiene también sus ventajas, entre otras el permitirte, a través de una breve inspección de "fotos" y "estados", estar al día de determinadas circunstancias de la vida de tus contactos: cambios de look, incorporaciones a la familia, evolución de la descendencia, estados de ánimo, ...

Por esta vía descubrí hace poco más de un año que una antigua compañera de trabajo había sido madre: en la foto de su washapp brillaba como una estrella la imagen de una niña pequeñísima, quien no podía ser otra que su hija. Con tal motivo y por la misma vía le mandé mi más calurosa y sincera felicitación, a lo que me respondió, además de su agradecimiento, con una frase que no cayó en saco roto: "ha sido una niña muy deseada". Me pareció un pensamiento precioso, una manifestación de amor y generosidad llamativo ... me alegró no haberme equivocado,  confirmar que el corazón de quien había trabajado cerca de mí era verdaderamente tan bonito como siempre pensé. Y envidié no sólo la maternidad -y la paternidad correspondiente- que goza con la llegada de un ser totalmente dependiente, sino la condición de esa criatura que desde que se tuvo noticia de su cercana llegada se convirtió en la única razón verdaderamente importante para la vida de dos personas.

Ser una niña deseada es una maravilla. Algo que mueve entre otras cosas a la nostalgia y a la gratitud. Estoy seguro de que pertenezco a una generación de niños y niñas deseados, y no dudo que que en los tiempos actuales este deseo sigue vigente en tantos. Pero también aparece ante mis ojos el negativo de la foto, la posibilidad de que haya quienes consideren el anuncio de una llegada como una lata, ... o quienes pasado un tiempo de la llegada del bebé no eviten el egoísmo de plantearse los inconvenientes del nuevo "inquilino", olviden que ni pudo haber mejor deseo ni mayor alegría que haberlo visto cumplido. Mi trabajo me ha llevado demasiadas veces a conocer niños y niñas que, cuando menos en apariencia, son tratados como una carga molesta.

En mi oficina llevamos un tiempo en el que abundan las bajas por maternidad, algo que profesionalmente suele ser un incordio: gestiones, papeleos, suplencias, ... pero ¡bendito incordio!  ... ¡mil veces bendito!. Pocas cosas haré más a gusto que respetar embarazos y llenar los huecos que dejan.

Ahora en la foto del washapp de mi amiga luce la sonrisa abierta y enorme, ... verdaderamente bella, de esa niña deseada. Y no es para menos, en ese subconsciente que aún no debe de razonar mucho seguro que ya ha cuajado  la certeza de ser querida, de todo lo que supuso su llegada, de lo que supone su presencia y de los que supondrá su larga vida ... porque con esos ojos y esa sonrisa, esa niña se va a comer el mundo.

Nota: La niña de la foto la obtuve vía google, lógicamente no es la protagonista del post.

20 de agosto de 2016

Mi generación -y unas cuantas más- andan de luto


El pasado 17 de agosto falleció en Barcelona Víctor Mora, novelista y guionista de cómics. Mora había cumplido en junio 85 años y tiene una larga historia de creaciones de personajes e historietas, generalmente de aventuras, para tebeos y publicaciones infantiles y juveniles, amen de una complicada historia personal de exilio y militancia en el PSUC unida a su capacidad de sobrevivir a lo largo del régimen anterior.

Aunque la lista de personajes ideados por Víctor Mora es larga -el Capitán Kerr, el Sheriff King, el Corsario de Hierro, ...- mis recuerdos, e imagino que los de muchos, van unidos a dos creaciones que fueron protagonistas de buena parte de mi infancia: "El Capitán Trueno" y "El Jabato". El primero de ellos era un caballero español del tiempo de las Cruzadas que protagonizaba sus aventuras junto a un poderoso y enorme gigante llamado Goliath, tan lleno de brutalidad como de bonhomía y Crispín un jovencísimo y rubio muchacho de quien ahora descubro era hijo del conde de Northumbria y de su joven esposa Yolanda; al fallecer su madre -siendo bebé- había sido dejado bajo la custodia de Trueno, convirtiéndose con el tiempo en su escudero. En casi todas las aventuras se hacía referencia a la amada del capitán, Sigrid, la reina nórdica de Thule, siempre mencionada, aunque su figura no apareciera en exceso. Quedan en mi memoria esas frases lapidarias del protagonista: "Abrir paso, sarraceno, a un caballero español", " (...) mi condición de cristiano me impide ver como muere ese bellaco".

Pienso que el  Jabato tenía un poco de menos de fama que el Capitán Trueno, a pesar de lo cual sus tebeos también llenaban las estantería u otras dependencias de nuestras habitaciones de niños. El Jabato era un pacífico campesino que, esclavizado por Roma y convertido a la fuerza en gladiador, lideró una rebelión de gladiadores tras la que escapa del circo para dedicarse a recorrer el mundo como un justiciero errante. Sus compañeros de fatigas son Taurus, un gigantesco leñador, personaje paralelo a Goliath, que se suele pasar las historietas repartiendo bofetadas y Fideo de Mileto, un poeta escuchimizado, con su inseparable lira y que viene a ser como la versión romana y/o hispana del Asurancetúrix, el a la vez simpático y temido bardo de Asterix. Jabato también tiene su amor por ahí, una esclava liberada de nombre Claudia.

Los obituarios  nos cuentan muchas cosas sobre Víctor Mora, a ellos me remito. Por el momento, sirvan estas líneas como homenaje a quien tuvo el arte, la imaginación, la constancia y el saber hacer suficientes para hacer disfrutar a unas cuantas generaciones.

Descanse en paz.

18 de agosto de 2016

Una película de amor

Ayer falleció en Los Ángeles Arthur Hiller, un director de cine que ya contaba 92 años y que tras leer su filmografía compruebo que conozco muy pocas películas. No es ésto una novedad, porque no soy ni de lejos un cinéfilo, y seguro que mi amigo Tommy -y alguno más- sacaría petróleo con títulos y anécdotas. Me vienen a la cabeza "El hombre de La Mancha" (1971) con una pareja protagonista de lujo, Peter O'Toole y Sofía Loren, nombres que no pudieron impedir un inesperado fracaso de taquilla, "El hombre de la cabina de cristal" (1972), con Maximilliam Schell en su recurrente papel de criminal nazi juzgado al cabo de los años y "El expreso de Chicago" (1976), una comedia de humor que en su día me divirtió mucho y protagonizaban la pareja cómica formada por Gene Wilder y Richard Pryor.

Pero, sin duda, el film que consiguió que Hiller tuviera su lugar de honor en la historia del cine fue "Love Story" (1970), esa tierna historia de adolescentes cuyo amor trunca el destino por  causa de la enfermedad incurable de la chica. La película batió en su día records de ventas y consiguió que los cines de todo el mundo se abarrotaran de ciudadanos que lloraban desconsolados ante el drama que Hiller les contaba.  La película la protagonizaban dos actores que por entonces eran poco conocidos, Ryan O'Neal, quien estaba destinado a papeles de cierto relieve en cintas como "¿Qué me pasa, doctor?" (1972) de Peter Bogdánovich o "Barry Lyndon" (1975), de Stanley Kubrick y Ali Macgraw, una joven bien guapa que al cabo de los años brillaría, con un papel mucho menos tierno, junto a Steve McQueen en "La huida" (1972), de Sam Peckinpah.

Era un tiempo en que en el cine  se imponía un nuevo estilo, lo que se llamó el "nuevo cine americano", con películas como "El graduado" (1967), de Mike Nichols, "Cowboy de medianoche" (1969), de John Schlesinger, "Bonnie y Clyde" (1967), de Arthur Penn o "Danzad, danzad, malditos" (1969), de Sidney Pollack, todas ellas de un tono bien distinto a la "cosa sentimental". Con "Love Strory" Arthur Hiller quiso recurrir a lo de siempre, al guión clasico, a la historia que llega al corazón, al drama humano ausente de complicaciones. Yo tenía 11 años cuando se estrenó la película, pero recuerdo como si fuera hoy los comentarios de mi profesor de lengua, un hombre dinámico a quien gustaba compartir temas de actualidad con sus alumnos, hablándonos de una película que simplificaba lo que se veía por entonces en las salas, de la historia de amor entre un chico bien posicionado y una joven de familia humilde que, lejos de encaminarse a un "happy end", queda frustrada por la leucemia.

Pero aunque en este caso el final es triste, siempre sera  bello el amor, aunque  los diálogos, las frases -"Amor significa no tener que decir nunca lo siento"- puedan ser calificadas por algunos de tópicos, de superficiales. Al fin y al cabo, por frios que nos hayan vuelto las circunstancias, nuestra propia forma de ser, el polvo del camino o los desengaños de la vida, queda algo dentro que nos acerca a la ternura, a lo sensible, a valorar el cariño.




17 de agosto de 2016

Noche de luces


Anoche cene con varias personas. Fue una de esas cenas al aire libre. El clima era excelente: hacía una noche formidable -¡cómo brillaba la luna!- y el ambiente era grato, sencillo, amable, ... sincero: estuvimos muy a gusto. Las "viandas" fueron excelentes, pero no es el tema de ahora. A veces viene bien escuchar, también a quienes conoces poco, también cuando alguien mantiene opiniones distintas a la tuya: donde hay respeto, elegancia, argumentos y sana pasión es seguro que aprendes.

En un momento determinado a alguien se le ocurrió poner música, y si hasta entonces todo era armonía, la música reforzó la belleza del instante y tan sólo quedó aprovecharlo ... y seguir aprendiendo del gusto -¡el buen gusto!- ajeno, de unas canciones que transmitían algo: un fado, Neruda, Bunbury, ... La música siempre suma, engrandece y enriquece.

¡¡Gracias!!.


14 de agosto de 2016

Tres lecturas de hace tiempo


Cuando ya peinas canas desde hace tiempo y eres aficionado a la lectura suele ocurrirte que de algún recóndito escondrijo de la memoria reaparecen libros que leíste hace décadas y que, vete a saber porqué, permanecían ocultos en tu interior y etéreo fichero. Estos días laurentinos me he dedicado a remover recuerdos literarios y han aparecido unas cuantas novelas que bien a gusto volvería a leer y puedo recomendar sin excesivo temor a equivocarme.

Durante el año extenso que dediqué a servir a la patria como estaba previsto allá por el inicio de los 80, leí bastante. En algunas ocasiones, tras escoger la lectura, más bien intuitivamente, en la biblioteca del cuartel, en otras tras recomendación de alguna de las personas con las que me relacionaba por entonces. A este último grupo pertenecía un auténtico "clásico" de la literatura rusa, "La hija del capitán", de Aleksandr Pushkin. A veces pienso que se habla mucho de Tolstoi, Dostoyewski, Chejov, Gogol, ... como los grandes autores rusos, y siendo cierto se cita menos a este moscovita que vivió en la primera mitad del siglo XVIII y tuvo una vida de novela, muriendo en un duelo a pistola. A Pushkin cabe encuadrarle en la literatura romántica y "La hija del capitán" es sin ninguna duda su obra cumbre, escrita un año antes de su trágica muerte. Hoy la calificaríamos de novela histórica, pues se trata de una narración ficticia de la Rebelión de Pugachov en 1773 y 1774. Hoy en día esta novela que ya tiene cerca de tres siglos se encuentra entre las joyas literarias de más valor.

En tiempo de oposiciones la lectura fue una forma de descansar y evadirme para los escasos "tiempos muertos", y entre los libros que pasaron por mis manos estuvo "Edad prohibida", considerada junto a "Los renglones torcidos de Dios", una de las  novelas "esenciales" de Torcuato Luca de Tena. Luca de Tena pertenece a una generación de escritores que, en general, se encuentran entre mis favoritos indiscutibles en materia literaria, y puede que sea éste uno de los libros que influyeron en ese gusto específico. Se trata de una de esas novelas llamadas "de aprendizaje", con un protagonista que en primera persona relata sus recuerdos de adolescencia y primera juventud, ambientadas en la guerra civil y posguerra españolas. Un relato de toque romántico, muy "sentimentalón", pero a la vez muy bien escrito. Una novela para leer de un tirón, sin tensión y cuando uno necesita más aire fresco que dramones y complicaciones, por mucho que la trama de "Edad prohibida" no está exenta de toques ciertamente dramáticos. Hay quien la pone en relación con "La vida sale al encuentro", el libro de Martín Vigil que era lectura obligada entre los de mi generación, aunque yo no veo demasiado esa similitud.

Volviendo al servicio militar, recuerdo que leí bastante a Miguel Delibes, empezando por "La hoja roja", posiblemente mi novela preferida del vallisoletano -¡que ya es decir!- y de la que ya hablé en algún post ya lejano. Pero la obra que me ha venido a la cabeza en este rápido y caprichoso repaso ha sido "Parábola del naúfrago", uno de los relatos más originales de Delibes, una novela que alguien califica de "experimental", sin puntos y aparte y con capítulos en los que el genial escritor sustituye los signos de puntuación por su nombre ("coma", "Punto", "puntoycoma", ...). Se trata de una sátira en la que se critica la deshumanización a la que han llevado al hombre el capitalismo y el comunismo. Recuerdo que su lectura, a la vista de lo dicho anteriormente, no resultó precisamente fácil, pero a la vez que disfrute mucho con la misma. Tengo cierta curiosidad por comprobar como encajaría hoy la lectura de este libro, por un lado porque vete a saber si la originalidad del momento de su publicación (1969) ha podido quedar algo amortiguada con el paso del tiempo y por otro, porque aunque el transcurso del tiempo haya fortalecido mis hábitos lectores, también ha podido hacerme perder agilidad ante una lectura "especial".