15 de enero de 2017

Adios a un pionero de la tele

El año recién terminado fue aquél en el que cumplimos 58 los del 58. Y es posible que los de nuestra generación -y alrededores- seamos los primeros que fuimos educados con la televisión como paisaje de nuestra casa. Y sin duda, entre quienes nos acompañaban sobremesas, anocheceres y tardes de sábado y domingo, recordamos a José Luis Barcelona, un presentador que trabajaba en los estudios de Miramar, en la ciudad condal,  y que a pesar de su apellido había nacido en la zaragozana localidad de Borja. El pasado 9 de enero este pionero televisivo fallecía a la edad de 84 años. En algunas de las fotos que han aparecido en los medios digitales José Luis Barcelona lucía una llamativa barba, había perdido pelo y se le notaba en la cara el paso de los años. Eso sí,  la mayoría le recordamos con sus características gafas, su pelo perfectamente peinado, una imperturbable sonrisa y esa dicción tan bien modulada de aquellos primeros héroes de la tele. Es uno de los más recordados presentadores de la sede televisiva de Barcelona junto a Joaquín Soler Serrano, Irene Mir, Federico Gallo y Mario Beut, entre otros.

La nómina de programas en los que intervino el locutor fallecido es larga, aunque el primer recuerdo que guardo de él, el que permaneció desde entonces unido a su persona en mi memoria, fue el de "Reina por un día", un espacio que presentaba junto a Mario Cabré, un polifacético personaje que, además de presentador, fue torero y actor, llegando a presumir -al parecer con exceso- de haber mantenido un romance con Ava Gadner. El programa estaba dedicado a las mujeres: éstas debían de enviar una carta a TVE con su sueño más importante: reencontrarse con un familiar, hacer un viaje, conseguir un electrodoméstico, ver el mar, ... La elegida era invitada a los estudios de Miramar, donde se le coronaba reina ... aunque solamente fuera por ese día. Como afirmaba Manuel Román en su obituario, Reina por un día "venía a ser una especie de la Cenicienta del cuento, llevada a la tele". La emisión tenía lugar la tarde del domingo, tras una serie del oeste -"Bronco Lane", "Cheyenne", "Bonanza"- y el inolvidable "Tarde de fiesta" de Juan Viñas, Franz Johan, Gustavo Re y las marionetas de Hertha Frankel. El espacio solamente duró un año, pero tuvo mucha fama, tanta que tras su finalización Barcelona y cabré hicieron una gira por España trasladándolo a la calle.

La lista de programas presentados por José Luis Barcelona es larga: "Música en su pantalla", "Primer aplauso", "Club del martes", "Orbe", "Discorama", "Lección de ocio", "Salto a la fama", "Kilómetro lanzado", "Carrusel del domingo" y "canciones de una vida", entre otros. En todos ellos exhibió una profesionalidad fuera de toda duda, un saber estar llamativo y una simpatía permanente. A él se le atribuye el acierto de trasladar a España la máxima de Groucho Marx de que “la televisión es cultura y cuando un programa no te gusta siempre puedes leer un libro”.

Poca gente conoce que José Luis Barcelona llegó a grabar un disco con la mítica casa "Belter"; en dicho "single"  interpretaba cuatro temas: "Bang bang", "Largo el camino", "Guantanamera" y "Poema de despedida". También aparece en la nómina de actores de doblaje, aunque no he conseguido averiguar si llegó a darle voz a algún actor. Fue un hombre discreto, cordial, con fama de excelente maestro colaborador de quienes empezaban a trabajar con él, amante de la fiesta de los toros y aragonés de pro. Descanse en paz.



6 de enero de 2017

El breve momento de gloria de un ciclista

Me entero "picoteando" por internet de la trágica muerte -al parecer se quitó la vida- hace ya más de cuatro años (12 de agosto de 2013) de Raymond Delisle, uno de esos ciclistas que formaban parte del larguísimo pelotón que cada año,  finalizando el mes de junio, iniciaban el Tour de Francia por los años 60 y 70. Delisle, nacido en 1943 en Ancteville, ciudad de la Baja Normandía,  era un fijo en la nómina del equipo Peugeot, uno de los más fuertes de Francia y cuyos ciclistas lucían un inconfundible maillot blanco con las siglas de la célebre factoría de vehículos en el pecho y cuadritos blancos y negros en la cintura. Eran tiempos en los que ni la radio ni la televisión española retransmitían en directo las etapas, y tan sólo conectaban para ver la disputa de los últimos 20 o 30 kilómetros. El inicio de la retransmisión del final de etapa era esperado con expectación, y fundamentalmente por razón de ver a diario esas breves imágenes quedaron en mi memoria los nombres de los grandes ciclistas de la época. Los franceses más brillantes de esos años eran Roger Pingeon, Raymond Poulidor y Bernard Thevenet. Delisle no estaba entre la flor y nata de los corredores, pero destacaba como un buen ciclista que aportaba sus mejores prestaciones en la montaña y solía terminar entre los veinte primeros clasificados. Fue uno de los mejores colaboradores de líderes del Peugeot como los citados Pingeon y Thevenet y junto a él, en distintos equipos,  también lucían excelentes "secundarios" franceses de la bici como Letort, Labourdette, Riotte, Danguillaume, Hezard, Catieu, Guyot, Chappe y muchos otros.

El corredor normando tuvo una brillante participación en el Tour del Porvenir, dedicado a jóvenes promesas, de 1963, donde quedó tercero tras el  luxemburgués Zimmerman y el suizo Maurer. No obstante, su gran momento llegó en 1969, cuando ganó el campeonato francés de fondo en carretera, victoria que le permitió lucir en las demás competiciones y durante un año el maillot tricolor con la bandera francesa.  Con tan honorable camiseta venció en la etapa del Tour de ese año que tenía su meta en la localidad pirenaica de Luchon, disputada precisamente el 14 de julio, fiesta nacional de Francia, pudiendo presumir de ser hasta ahora el único ciclista francés que ha ganado ese día y con ese maillot.

La que con toda probabilidad fue la gran oportunidad de su vida le llegó a Raymond Delisle cuando ya era un veterano corredor de 33 años en la edición del Tour de 1976. Seguía corriendo con Peugeot y su jefe de filas, Thevenet, quien había ganado e la edición anterior por delante del mismísimo Eddy Mercks, no rodaba entonces con demasiada soltura. Se corría la etapa 12ª, entre Port-Barcarès y Pyrénées 2000, y era líder el belga Lucien Van Impe, un buen escalador que militaba en el equipo Sonolor-Gitane y hasta entonces se había limitado a un segundo plano,  a la sombra de Mercks. El belga no estaba fuerte y Delisle, junto al italiano Bellini, el belga Pollentier y el español Menéndez atacó en el último puerto. Lo hizo con tal potencia que terminó quedándose en solitario y llegando primero a la meta  en una imponente demostración de fuerza y poderío. En ella sacó 4.59 al segundo, Menéndez y 5.14 al italiano Vladimiro Panizza, mientras Van Impe y el otro gran favorito, el holandés Jupp Zoetemelk -el célebre "chuparruedas"-, perdían nada menos que 6 minutos y 57 segundos. Mirar la clasificación daba vértigo, pues Delisle se hacía con el maillot amarillo y dejaba a sus dos máximos rivales a 2.41 y 2.47 respectivamente, quedando Poulidor a 4.17, Paco Galdós a 4.45 y Thevenet a 4.53.

Quedaban aún diez etapas, entre ellas el resto de los Pirineos y la del temible macizo del Puy de Dòme, pero al bregado ciclista normando se le presentaba una ocasión que al comenzar la competición era un sueño imposible. Entre los entendidos surgía la pregunta de si un hombre veterano, que no había contado en toda su carrera para el triunfo final y su mejor puesto final en la ronda había sido el 11º, iba a ser capaz de aguantar vestido de amarillo hasta París. A la hora de la verdad, el maillot principal del Tour solamente le duró dos etapas, y en la que concluyó en Saint-Lary-Soulan, en los Altos Pirineos, se lo tuvo que devolver a Van Impe. Con el paso del tiempo se dijo que todo había sido una táctica del director deportivo del Sonolor Gitane, el también francés Cyrille Guimard, quien ante el potencial peligro que veía en Bernard Thevenet, quiso hacer trabajar al Peugeot para desgastar a sus corredores, aprovechar el apoyo que debían prestar a Delisle y esperar pacientemente su oportunidad para recuperar el liderato.

Independientemente de trucos, estrategias y demás cuestiones, a Delisle siempre le quedó el orgullo de haber podido lucir el jersey amarillo de la vuelta ciclista de su país, que es además la más prestigiosa del mundo y haber sido un ciclista reconocido y apreciado en Francia. Tras retirarse montó un hotel en la localidad de Hébécrevon, también en la Baja Normandía. Allí murió de manera dramática. Descanse en paz.


1 de enero de 2017

Los últimos del 2016


En alguna ocasión alguien me ha comentado que mis valoraciones de los lirbos que leo tienden a ser positivas, que prácticamente incito a leer todos los que expongo. Creo que no es exactamente así, pero al menos en mi resumen de los siete libros leídos en noviembre dejo claro que dos de ellos no me han convencido, y eso que han sido publicados con cierta aureola. Eso sí, no puedo dejar de poner en el "podium" a una excelente y antigua novela negra, un ensayo sobre la muerte violenta de uno de los personajes más influyentes de la vieja Roma y una maravillosa colección de cuentos protagonizados por hindúes. La lista se completa con una buen ensayo histórico sobre la España contemporánea y la visión del Nueva York de los años setenta a cargo del último "Cervantes".

Hacía mucho tiempo que no leía nada de Arturo Pérez Reverte. Si la memoria no me falla,  el último libro del escritor cartagenero que pasó por mis manos" fue Trafalgar", y desde entonces ya ha llovido. Por esta razón inicié con ilusión a la tarea de leer "Falcó", su último best-seller: la aparición de un personaje nuevo, al parecer con vocación de repetirse y la llamativa promoción que ha tenido la novela  me movieron a pensar que podía estar de nuevo ante el Reverte del "Maestro de esgrima", "El club Dumas", "Territorio Comanche" o "La reina del sur". No se si ha sido por albergar estas amplias perspectivas, pero la lectura de "Falcó" me ha dejado frío. El personaje me ha parecido artificial, forzado, poco creíble ... aunque muy de la línea del autor, eso sí. Por otra parte, la historia, que tratándose de época real y reciente carece, en mi opinión, de credibilidad, de esas que van agotando páginas sin que te acabe de "coger". El final me resarció un poco y me pareció bueno y con fuerza. Seguro que los incondicionales de Pérez Reverte encuentran sus valores a "Falcó", y probablemente acertarán, pero más allá de ellos no es novela que recomiende.

En la web de "Libertad Digital"existe un apartado donde diversos intelectuales y periodistas muestran sus bibliotecas al lector. Uno de estos vídeos  tiene como protagonista a Florentino Portero, un verdadero especialista en cuestiones internacionales quien además estudió algunos años en el mismo colegio que yo, aunque un curso por encima. De tal reportaje saqué obtuve el consejo de leer "España (1808-1996): el desafío de la modernidad", un excelente ensayo de los historiadores Juan Pablo Fusi y Jordi Palafox en el que al hilo de los acontecimientos históricos sucedidos en nuestro país en el amplio espacio de tiempo citado, nos van explicando cómo España fue adaptándose poco a poco a los avances modernos, con épocas de mayor lentitud y algún que otro retroceso. Cada momento histórico se describe en dos partes, una primera donde se relatan los hechos histórico-políticos y una segunda en la que se explica la evolución económica y social del período. De esta manera se configura un libro muy bien estructurado, con una visión bastante objetiva de los hechos relatados y una valoración que en ocasiones se puede escapar a quien como yo no es precisamente un experto en economía, pero que da un diagnóstico bastante interesante que, en mi caso, aporta no pocas cuestiones escasamente sabidas.

Creo que fue en "Elemental", el blog negro-criminal del diario "El País", donde leí una laudatoria reseña de "El arrecife del Escorpión", novela escrita y publicada en 1955 por Charles Williams de la que "Editorial Medianoche" hizo en 2016 una acertada reedición. Williams fue considerado en su día como uno de los mejores autores de novela negra, a la altura de los grandes de la llamada "segunda época" como Jim Thomson, Ross Macdonald o Chester Himes. Muchos consideran a este autor tejano como el gran olvidado, alguien al que no se le ha reconocido la calidad de sus novelas. Tras leer el libro referido, me apunto sin duda alguna al grupo de quienes reivindican a Charles Williams, pues "El arrecife del Escorpión" me ha parecido una novela negra magnífica. El ambiente reflejado y los personajes que protagonizan el relato pienso que están a la altura de los mejores Hammet y Chandler. Un héroe venido a menos, una mujer hermosa casada con un tramposo, dos gangster de escuela, un misterio, una climax ... todos los ingredientes para disfrutar, con un toque de aventura incluido. En la novela se reflejan al mismo tiempo pasión, codicia, venganza, ... y también amor y generosidad. Y un final excelente y fascinante.

De vez en cuando viene bien leer un thriller: es una lectura que sirve de descanso, una vía de escape cuando necesitas huir del stress o similares. Con este planteamiento, decidí optar por una de las novedades literarias dle momento e inspirado por un artículo del antes citado blog "Elemental" del diario "El País", me hice con "La soga", una novela de éxito en USA y que suponía el primer trabajo de Matthew FitzSimmons, un profesor de teatro que por la vía de Amazón ha llegado al éxito de ventas. El blog citado calificaba al libro como un "thriller conspiranóico" y al quedar ubicado el argumento en el desarrollo de unas elecciones a la presidencia de los Estados Unidos, no dejaba de tener su toque actual y oportunista. Para que un relato de esta naturaleza responda a lo que se le exige es precisa una mínima corrección literaria y que su lectura despierte un interés, que sea "aditivo".  No le niego a FitzSimmons que el libro esté bien escrito, pero en mi opinión adolece de esa tensión, ese "enganche" que provoca  una lectura difícil de abandonar. Si tuviera que definir la trama de "La soga", la calificaría de "deshilvanada", algo que me parece grave si hablamos de un thriller. Lo leí hasta el final, y su desarrollono dejó de provocarme cierta curiosidad, pero no respondió a las expectativas. Queda por ver la opinión de otros lectores para ver si la carrera de este nuevo autor tiene continuidad.

Llegó a mis manos "La muerte de César", un excelente ensayo histórico sobre lo que la propia carátula del libro denomina "el asesinato más célebre de la historia", el de Julio César. Su autor es el historiador estadounidense Barry Strauss, quien ya ha escrito sobre episodios tan importantes como la guerra de Troya y la revolución de Espartaco. Queda dicho que el libro me ha parecido magnífico, francamente interesante. Strauss nos relata el asesinato de uno de los personajes clave de la historia de Roma prácticamente al minuto, con antecedentes y consecuencias. Las 273 páginas de que consta el ensayo -el resto son fuentes y notas a pie de página- nos ofrecen, al menos a quienes solamente sabíamos lo esencial, una amplia explicación de los hechos, nos argumentan las causas y entran en detalles que dotan al estudio de interés y amenidad. Por otra parte, hay una importante y enriquecedor estudio sobre los principales protagonistas de esta historia, no solamente la víctima y los victimarios -Bruto, Casio y Décimo-, sino del resto de personajes que giran en torno a los "Idus de marzo" en una u otra posición: Cicerón, Marco Antonio, Lépido, Sergio Pompeyo, Servilia, ... con especial referencia a la importancia histórica y la hábil postura de Octavio Augusto, con cuya consagración como emperador termina el relato. Un ensayo muy recomendable.

La reciente concesión a Eduardo Mendoza del premio  "Cervantes" me ha animado a volver a leer algo suyo. Habiendo pasado ya por mis manos sus "libros estrella"  -"La ciudad de los prodigios" y "La verdad sobre el caso Savolta"-, así como "Sin noticias de Gurb", las tres primeras entregas de su genial detective sin nombre y "Riña de gatos", que le valió el Planeta de 2010- pensé que era buena una oportunidad para leer "Nueva York", los recuerdos de su estancia en dicha ciudad como traductor de las Naciones Unidas. No se trata ni una guía de Nueva York ni un relato ordenado y exhaustivo sobre la gran ciudad americana, pero si una acumulación interesante y entretenida de la experiencia de Mendoza, que se marcho allí en 1973, estuvo diez años y escribió el libro en 1986. El escritor catalán nos habla de establecimientos, calles, costumbres, anécdotas concretas y, sobre todo, de personajes, algunos bien originales y curiosos. Todo ello sazonado con la excelente prosa y la divertida y ocurrente forma de escribir de Eduardo Mendoza, ... porque para disfrutar más de la lectura de un libro que me ha hecho pasarlo de miedo, es recomendable conocer bien la idiosincrasia de su autor.

Jhumpa Lahiri es una escritora estadounidense de origen bengalí de la que "Salamandra", una editorial que suele acertar con mis gustos, ha publicado en los últimos años una magnífica novela corta -"La hondonada"- y una recopilación de cuentos  -"Tierra desacostumbrada"-. Después del verano dicha editorial ha puesto en el mercado una nueva versión del libro que le valió a la escritora el premio "Pulitzer" de ficción del año 2000, "El intérprete del dolor", una colección de nueve relatos cortos verdaderamente maravillosos. Como siempre ocurre en los relatos de Lahiri, los protagonistas de sus historias son hindúes, en este caso emigrantes en países occidentales, unas ambientadas en éstos últimos y otras en la propia India cuando aquéllos se encuentran en período de vacaciones. Se trata de relatos en los que la autora está más preocupada de contarnos el carácter de sus protagonistas, sus pequeñas incidencias cotidianas y, de ahí el título, ese toque de sufrimiento del día a día, casi rutinario. Jhumpa Lahiri hace, desde mi punto de vista, un tipo de literatura suave y profunda a la vez que me encanta. Se lee muy bien y rápido.

30 de diciembre de 2016

Descansa en paz, princesa Leia


El pasado martes falleció. a consecuencia de un infarto de miocardio sufrido mientras volaba de Londres a Los Angeles el viernes anterior,  Carrie Fisher, actriz a quien inmortalizó su papel de princesa Leia en  "La guerra de las Galaxias", saga donde intervino en cuatro de sus películas: "Una nueva esperanza" (1977), "El imperio contraataca" (1980), "El retorno del Jedi" (1983) y "El despertar de la fuerza" (2015). Ayer nos enterábamos de la muerte de su madre, la también actriz Debbie Reynolds, quien había sufrido un ictus cerebral, posiblemente a causa del stress producido por el inesperado adiós de su hija. Debbie Reynolds fue en "Cantando bajo la lluvia" la inolvidable Kathy Selden, esa actriz de teatro aún desconocida, que primero menosprecia ante Don Lockwood (Gene Kelly) el arte del cine y luego sale de una tartacomo una de las bailarinas del coro que va a la fiesta a la que asiste el propio Lockwood. Reynolds forma parte en dicho film , junto a Kelly y Donald O'Connor, de una de las más maravillosas escenas de baile de la historia del cine. Sirvan estas líneas para homenajear a una y a otra.

Hoy no voy a  elaborar el currículum de madre e hija, ya hay una larga lista de enlaces digitales donde nos cuentan los detalles de sus vidas personales y profesionales. Hoy me limito a reflexionar sobre la fugacidad de la vida. Las películas de George Lukas no solamente constituyeron un hito en la historia del cine, fueron posiblemente el más llamativo acontecimiento cinematográfico de su época. Sus personajes principales -Darth Vader, Han Solo, Luke Skywalker, la princesa Leia, ...- forman parte de la vida, de las ilusiones de las generaciones de entonces. Por eso, la muerte de Fisher tiene un algo más que la simple desaparición de una artista famosa: es una manifestación del paso del tiempo, una llamada a la nostalgia y a la reflexión, un regreso fugaz y más bien efímero a la infancia, la adolescencia, la juventud, ... esos tiempos en los que miras el presente y vives, inconscientemente, como si todo fuera a durar siempre ... sin envejecer.

En ocasiones como ésta, tenemos la oportunidad de regresar con la cabeza y el corazón al pasado, y ¿por qué no?, volver a disfrutar de la belleza de entonces, aunque sean momentos que no regresen y al mirar hacia el futuro ya no ves un panorama extenso. Pero hay que pensar, ¡siempre!, en positivo y agradecer las ocasiones vividas, pensar, como dijo Lauren Bacall, que "fue bonito mientras duró" y seguir aprovechando nuestras oportunidades.

Descansen en paz Carrie Fisher y Debbie Reynolds, mientras permanecen vivas en el baúl de los momentos bonitos la princesa Leia y Kathy Selden.


27 de diciembre de 2016

Drama en el Mar Negro


Hace unas semanas muchos recibimos vía "Washapp", o escuchamos a través de "Youtube" a un tenor del coro del ejército ruso interpretando la Jota más célebre y sonora de "Gigantes y Cabezudos". A la sorpresa inicial se sumaron la admiración y el agradecimiento y muchos no dábamos crédito a nuestros ojos al ver y oir, concentrado y uniformado, a Vladislav Golikov cantar con energía y tino eso de "Aragón la más famosa, es de España y sus regiones ...". Daba gozo ver cómo primero cogía fuerzas e impulso el muchacho para, posteriormente, llenar el escenario con una voz maravillosa, cantando un tema que a tantos nos encoge el corazón, nos fortalece el cariño a nuestra tierra, su fe y  tradiciones, así como el orgullo de ser aragoneses.

El día de Navidad nos despertamos con el alma encogida al enterarnos de que buena parte del coro del ejército ruso viajaba en el avión militar ruso siniestrado en el Mar Negro y que en el accidente no había habido supervivientes. Golicov, a quien de una manera u otra todos acogimos como alguien próximo, casi nuestro, se encontraba entre los viajeros del avión.

En esta vida suele pasar que en un instante cambienos del la alegría y la satisfacción al dolor más grande. El haber tenido la oportunidad de oir y admirar a Vladislav Golicov sigue siendo una experiencia gratisima ... "la belleza permanece en el recuerdo". Y, sin duda, haya donde haya ido tras el trágico accidente que le segara la vida, seguro que también "se halla la Virgen" y también "se canta la Jota".


25 de diciembre de 2016

Luz navideña


A veces me pregunto si soy feliz ... en ocasiones entro al juego del "ego" y caigo en la torpeza de buscar presuntos obstáculos a mi felicidad. Debe de ser una especie de tendencia natural, humana, ... posiblemente más propia de inseguros. Pero caer en esta tentación no es justo.

Reflexiono y comprendo que no puedo ser infeliz ... fundamentalmente porque no tengo derecho a ello. Regodeándome en estos conceptos solamente consigo comportarme injustamente con tantos a los que la vida no ha tratado tan bien. Y lo que es peor, tropezar con la piedra de pretendidas infelicidades pone el peligro de dañar la felicidad de quienes con mayor o menor cercanía me rodean.

24 de diciembre de 2016

Feliz Navidad


Feliz Navidad. Os deseo una noche especial, distinta, llena de luz, alegre ... junto al Portal.

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