27 de mayo de 2017

La primera muerte de James Bond


El pasado miércoles nos despertábamos con la noticia del fallecimiento de Roger Moore. El actor había nacido hacía 89 años en Londres y tenía la condición de Sir, a la que ha sido tan aficionada Isabel II con respecto a las celebridades británicas. Roger Moore no era el típico actor inglés criado en el teatro como lo fueron Lawrence Olivier, Alec Guiness o Anthony Hopkins, sino que comenzó ejerciendo de modelo para destacar posteriormente en películas de acción y series televisivas. Moore era un hombre apuesto, además de un gentleman y un dandy y supo explotar estas condiciones a base de asumir papeles para los que siempre parecía -y de hecho, lo solía ser- el más indicado. Roger Moore intervino como teniente al final de la II Guerra Mundial, se casó cuatro veces y fue embajador de buena voluntad de Unicef. Siempre destacó como una persona amable y simpática, muy lejos del divismo y la vanidad que ejercitan algunos y amante de lujos y de la buena vida: conocida es su faceta de fumador empedernido, con especial cariño por los "Montecristos".

En mi memoria la primera referencia del actor fallecido se remonta a una serie televisiva, "El Santo", en la que Roger Moore encarna a Simon Templar, un refinado ladrón que roba a gente de moral dudosa, o claramente depravada. En los años 60 recuerdo la serie como la más célebre de la programación de la entonces única televisión de España. Eso sí, mi recuerdo es meramente nominal, pues nunca llegué a ver un programa que se transmitía en horas nocturnas y entre semana, lo que era un obstáculo insalvable por cosa, rombos aparte, del horario colegial. "El Santo" era una de esas series tan célebres como vetadas como "El fugitivo", "Los intocables" o "El agente de CIPOL". En la serie Moore conducía un Volvo blanco y era, como casi siempre, un conquistador empedernido. Años después también triunfó en otra serie televisiva: junto a Tony Curtis protagonizó 24 episodios de "Los persuasores". El argumento involucraba a dos millonarios aventureros aclarando misterios y ayudando a personas, especialmente bellas mujeres, a resolver problemas. Evidentemente, Moore y Curtis estaban como pez en el agua.

A pesar del indudable éxito de sus trabajos televisivos, el do de pecho definitivo en las pantallas lo dio Roger Moore al resultar elegido para el papel de James Bond en sustitución del mítico Sean Connery. No cabe duda de que el actor reunía todas las condiciones para encarnar al célebre agente 007: apuesto, simpático, audaza y mujeriego, además de unas indudables dotes para triunfar en el cine de acción. Roger Moore protagonizó siete películas como James Bond: "Vive y deja morir" (1973), "El hombre de la pistola de oro" (1974), "La espía que me amó" (1977) —su favorito—, "Moonraker" (1979), "Solo para sus ojos" (1981), "Octopussy" (1983) y "Panorama para matar" (1985). Tomasso Koch en "El País" nos habla de su experiencia como Bond: "Roger Moore, en la piel de 007: "El británico fue, a la vez, el actor que asumió y dejó el papel del espía en edad más avanzada: debutó en el rol con 45 años y colgó traje y pistolas con 57, cuando, tal como admitió, las chicas Bond con las que mantenía romances en las películas podían ser sus hijas, o incluso nietas: "Básicamente, era 400 años demasiado viejo para el papel". De hecho, se planteó dejarlo ya cuatro años antes, en 1981, tras Solo para sus ojos, y su última aparición en la piel del personaje, en Panorama para matar, le horrorizó. Aun así, el guion de la siguiente entrega, Alta tensión, se escribió pensando en él, y fue amoldado a toda prisa a Dalton."

Roger Moore intervino en muchas películas más, pero pienso que sus papeles televisivos y, por encima de todo, sus trabajos como James Bond son el núcleo fundamental de su carrera. También recuerdo una película de mercenarios  dirigida en 1978 por Andrew V. McLaglen, "Patos salvajes", que protagonizó junto a otros dos británicos de primera fila: Richard Burton y Richard Harris, y seguro que más de un experto cinéfilo que lee este blog nos podría resaltar alguna más. Ahora Moore se ha convertido en el primer 007 de carne y hueso en fallecer. Descanse en paz.

25 de mayo de 2017

Cita el domingo


El cartel lo explica bien, el domingo por la tarde la Sala Moncayo del IES Miguel Catalán de Zaragoza albergará un concierto benéfico. El definitivo granito de arena lo ha puesto un profesor de Instituto que ha invertido parte de lo ganado en el programa-concurso "Pasapalabra" en adquirir un piano. La idea la tuvieron cuatro jóvenes médicos voluntarias que han colaborado, "in situ" por supuesto, con la misión que tiene la Fundación "Emalaikat" en Turkana, una de las zonas más pobres de Kenia. Allí trabajan, ... entregan toda su vida, una serie de personas que se han creído eso de "amar al prójimo como a sí mismos", que entendieron lo de que "Cuanto hiciereis por uno de estos pequeñuelos a mi lo hicisteis", ... que comprenden que necesitan escuchar lo de "tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, ...". Y con su vida nos despiertan la conciencia y los mejores sentimientos a quienes andamos mucho más cómodamente por Europa, en ocasiones sufriendo por nimiedades.

 Queda dicho que la iniciativa viene de cuatro chicas con ganas de hacer el bien y sentido de la solidaridad. Anima comprobar que en estos tiempos de tensiones e individualismo  sigue habiendo quienes acreditan algo tan imitable como saber querer, tan necesario como pensar en el resto, tan admirable como ser valientes. Cuando, por vías indirectas, me entero de lo que han hecho y siguen haciendo estas jóvenes -las llamaría niñas porque podrían ser mis hijas, pero demostrado queda que han madurado pronto- siento alegría de que haya gente así, agradecimiento por comprobarlo, certeza de que estas doctoras comienzan su trayectoria curando el alma y una firme voluntad de compromiso: ¡no puedo faltar a la cita!.





23 de mayo de 2017

Horror en Manchester


22 muertos y 59 heridos en un atentado suicida en un concierto en Manchester 

A veces tengo la impresión de que nos confiamos, que tendemos a olvidar el estar sobre un polvorín y seguimos viviendo alegres y tranquilos, ajenos a peligros y dramas más o menos cercanos e inminentes. Es posible que no deje de ser un mecanismo de autodefensa, que sea mejor andar distraídos de lo que nos puede pasar. Pero cuando regresa la barbarie, no podemos ni evitar un estremecimiento, un dolor grande ni desentendernos, mirar para otro lado.

¿Quiénes son los locos capaces de organizar una matanza de inocentes como la de esta noche en un concierto de la cantante Ariana Grande en el "Manchester Arena" de la ciudad británica?. ¿Quién puede soportar sobre su conciencia la muerte de más de veinte personas, entre ellas niños?. ¿Qué razón puede dar? ... A quienes andamos lejos, a los que por ahora no nos afecta en vivo y en directo la tragedia, nos queda compartir el dolor, rezar por los muertos, los heridos, sus familiares y amigos ... y ¡por favor!, que nunca nos acostumbremos.

15 de mayo de 2017

De pérdidas y rebeldías


Cuando alguien nos deja surge, inevitablemente, el dolor. Un dolor que, lógicamente, tiende a andar en proporción al cariño, la cercanía, ... la amistad que manteníamos con quien fallece.  Al llegarnos la noticia de una pérdida, que puede ser más o menos esperada, la cabeza y el corazón acumulan sentimientos encontrados: un aluvión de recuerdos, la conciencia de no haber estado siempre a la altura, de omisiones, ocasiones perdidas, ... y, por supuesto, momentos inolvidables, tiempos de brillo y luces, ... y la figura de quien falta que se impone en todo su esplendor.

Es sin duda ley de vida, para quienes creemos en Dios, en la eternidad, siempre queda la esperanza, la confianza, a veces algo forzada, en quien entendemos sabe más. Pero tal vez no es tiempo de regatear dolores, de esconder tristezas, ... llorar al ausente no deja de ser una forma de velarlo, de compartir el momento, con quien se ha ido y con los seres más cercanos que sufren un vacío inconsolable. No tiene por qué ser malo encauzar las rebeldías. La arrogancia puede revestir distintas formas, no somos quienes para asumir representaciones ni para dictar instrucciones sobre modos de reaccionar. El dolor, el desconsuelo son legítimos, y rebelarse puede ser otra forma de rezar.


10 de mayo de 2017

Mis maestros involuntarios


En la vida de cada uno de nosotros siempre ha habido maestros. Unos vienen impuestos, sus enseñanzas nos llegan por razones de sangre, convicción o simple casualidad: todos procuramos asimilar lo que nos enseñan, agradecerlo -tantas veces lo que nos transmiten tiene su origen en el amor que nos procuran- ... y cuando es preciso lo modificamos o adaptamos a las circunstancias y a la inevitable evolución del tiempo. Hay maestros que se atribuyen tal condición y pretenden "encajarnos" sus pensamientos con mayor o menor tenacidad y, a veces, autoritarismo ... maestros que tal vez se creen que lo saben todo y deberían dedicar más tiempo a aprender sobre la naturaleza humana.

Pero también hay maestros involuntarios, personas que nos enseñan sin pretenderlo, que regalan esas lecciones impagables que se dictan desde la humildad, la sencillez, la naturalidad. Gente que te tropiezas incluso accidentalmente, que con una palabra, un acto de servicio, una atención amable, ... una simple sonrisa sincera, ... son capaces de mostrarte un modelo de vivir, de orientarte hacia el bien, de desear decirles, aunque sea interiormente, en silencio: tu modo de actuar me ayuda a ser mejor.

Me he tropezado con muchos y muchas de éstos, y a veces me gustaría decirles, al oído, bajito, sin grandes aspavientos, "¡gracias!, ¡qué suerte tuve de encontrarme contigo!!!" ... "¡¡Cuanta luz eres capaz de dar sin creértelo, sin andar de divo!!".

1 de mayo de 2017

Libros del mes del libro


El mes de abril es terreno abonado para la lectura. No se sabe si los libreros, las empresas editoriales o "El Corte Inglés" han elegido el 23 de abril como día oficial del libro. La realidad es que hay más información que nunca sobre el tema y los lectores irredentos ponemos especial interés en nuestra afición. Yo, particularmente, he cerrado seis lecturas en abril, y creo que recomendaría cualquiera de ellas. La estrella del mes se la pongo al último de esa enorme aparición francesa que ha sido Pierre Lemaitre, pero con la misma fuerza alabaría a la última entrega de Michael Cónnelly, a las breves memorias de una premio Nobel como Herta Muller o a una deliciosa recopilación de relatos sobre africanos en España. Sin olvidar una breve y divertida obra de teatro de Mihura y una original novela gallega.

Recuerdo que de pequeño las películas que TVE proyectaba los domingos por la noche estaban vedadas: la cuestión del horario era fundamental, pues acababan muy tarde y al día siguiente había colegio. Esta norma tuvo alguna excepción, como "Los últimos de Filipinas" o "Solo ante el peligro", films considerados de interés suficiente como para restar horas de sueño. También hubo "bula" para "Melocotón en almibar", un film de Antonio del Amo que protagonizaban Carlos Larrañaga y María Mahor. Con el tiempo descubrí que se trataba de un guión adaptado de una comedia de Miguel Mihura, uno de los grandes del género en España, fundador entre otros de la mítica revista "La Codorniz". Muchos años después he leído el libro, una divertida comedia en torno a unos atracadores cuyos planes se tropiezan con una cándida monja de la caridad. Aunque siempre resulta complicado leer obras de teatro, escritas más bien para su representación, se trata de un libreto divertido y sencillo que se lee de un tirón y sirve para estar entretenido uno de esos  ratos sueltos del fin de semana.

Creo haber comentado en otras ocasiones que Michael Connelly suele ser una apuesta segura. Hacía años que no elegía una novela suya y, rompiendo mi criterio de leerlas por orden de aparición, me hice con su último éxito, "Del otro lado", en el que su detective favorito, Harry Bosch, coincide con Mickey Haller, abogado protagonista de otros libros que queda, además, consolidado como primo suyo. Una vez más Connelly ha respondido a la confianza y su novela me ha parecido de las mejores dentro del género policíaco. El argumento viene con la peculiariedad de que Bosch está separado de la actividad policial y es contratado por su citado primo para investigar un delito del que se acusa a su cliente, a quien éste considera inocente ... es decir, Connelly colabora con la defensa, de ahí el título. La situación provoca un doble conflicto a Harry Bosch: tiene que luchar con su propia conciencia y con la incomprensión de sus compañeros. El libro está bien escrito, mantiene la atención y, como es frecuente en el escritor de Filadelfia, la intriga se centra más en las circunstancias de los hechos que en la identidad de su autor

"El libro de Jonás", del escritor y periodista gallego Ramón Pernás, lo incluyo entre esos libros con los que me encapricho sin saber muy bien porqué: la novedad de un autor que no conocía, una portada sugerente, un argumento interesante, ... no sabría muy bien explicar la razón de mi elección. De hecho adelanté su lectura al encontrarlo disponible en la Biblioteca Pública de Zaragoza. Una vez terminada la novela lo primero que se me ocurre es definirla como lectura "muy gallega", por eso de que uno no acaba de saber bien que se pretende y por la afición de muchos autores de aquellas tierras a lo mágico, a lo esotérico. Se trata de un libro bien escrito, con un toque no se si definir como poético o musical, sin un argumento muy definido pero que se va leyendo con agrado. La historia que nos cuenta está ambientada en un pueblo figurado de Galicia, ubicado en la costa de Lugo. Tiene la originalidad de colocar como protagonista a un personaje que de hecho no llega a aparecer en directo, Justo Pastor. un niño del pueblo que perdió un ojo por causa de una flecha casera fabricada con la varilla de un paraguas y cuya vida y paradero son todo un misterio cuya averiguación entretiene al resto de personajes a lo largo de las 286 páginas de que consta la novela. Sin duda un relato original y curioso.

En mi lista de fravoritos, Pierre Lemaitre ha alcanzado la condición de escritor principal. Como decía, según consta en la contraportada del libro, Ramón Ventura en "El Periódico de Cataluña", "es "un autor imprescindible de la novela actual, policíaca o no". "Recursos inhumanos" es su última novela publicada en castellano, con el premio de mejor novela negra europea a cuestas y una crítica excelente, ... si a esto añadimos que fue el libro elegido por mis amigos de la tertulia del género negro de Huesca para regalarme con motivo de mi marcha de la ciudad, con la dedicatoria escrita de todos ellos, sobraban los motivos para leerla cuanto antes. Pienso que el regalo, cuestiones sentimentales aparte, ha valido la pena. Un guión original, un protagonista lleno de fuerza -un genuino "perdedor"-, junto a unos personajes trabajados y un contenido de crítica social, unido a una sátira demoledora de la crisis actual, han conseguido que la lectura fuera amena, interesante y, en aumento conforme avanzaba páginas, aditiva. La estructura de la novela, en tres partes perfectamente delimitadas: antes, durante y después, me ha parecido muy conseguida. Es la tercera novela que leo de Lemaitre y cada vez me gusta más.

Curioseando por internet descubrí este "Africanos en Madrid", una recopilación de relatos escrita por Nicolás Melini, un escritor y cineasta canario que leyendo la solapa del libro se comprueba ha publicado de todo y bastante. Componen el volumen seis relatos cortos y una conferencia pronunciada por el autor en homenaje a un hispanista senegalés fallecido. El hilo conductor de las historias, todas ellas con aura de verosímiles, es la vida de los emigrantes subsaharianos en la capital de España. Se trata de un libro que de entrada me resultó lo suficientemente atractivo para comprarlo, que en algún momento y comenzada su lectura, tuve la tentación de valorarlos como un poco "planfletillo" y con el que he terminado disfrutando de lo lindo. El contenido es de lo más plural: problemas de papeles y relación con la policía, amistades y amoríos con españoles y españolas, el problema de la ablación genital femenina, ... todo ello planteado en un tono humano, a veces desdramatizador y con visión positiva y profunda. La conferencia que se transcribe al final se convierte en una interesante llamada al mestizaje, al intercambio cultural y al amor a la patria de origen. Un nuevo acierto de la editorial "Reino de Cordelia".

Helga Muller, escritora  nacida en Rumanía y residente en Alemania, recibió el Nobel de literatura en 2009. Este hecho y el venir editada por "Siruela" me pareció aval suficiente para leer su última publicación en España, con un título tan original y complicado como "Mi patria era una semilla de manzana". Se trata de una serie de reflexiones autobiográficas plasmadas en forma de respuestas dadas a la filósofa y traductora Angélika Kramer. La conversación versa sobre la cruda juventud de la autora, marcada por su disidencia del régimen comunista de Nicolai Ceaucescu, las persecuciones sufridas por parte de la "Securitate" rumana y la huella que dejó en ella el colaboracionismo de su padre con los nazis y el largo internamiento de su madre -5 años- en un campo de concentración soviético. El relato de Muller es durísimo, además de ser realizado desde un planteamiento tremendamente negativo y pesimista. A pesar de tener la forma de entrevista, destaca sobremanera la calidad literaria de la escritura de Herta Muller, con unas descripciones de personas, lugares y hechos cargadas de metáforas y riqueza de vocabulario. Las vivencias de la escritora son de un interés vital e histórico importante y son contadas al detalle. La propia forma de escribir de la galardonada escritora y el tono constante de carga negativa que ofrece lo que cuenta exige concentración y paciencia en la lectura.

28 de abril de 2017

Tres cuestiones taurinas



En los últimos siete días se han acumulado motivos para que yo hable de toros. La llamada fiesta nacional es hoy cuestionada por bastantes, pero sigue produciendo afición y noticias.

La primera es el fallecimiento de Sebastián Palomo Linares, el torero jienense que falleció en el Hospital Gregorio Marañón de Madrid el pasado 24 de abril tras no poder superar una delicadísima operación de corazón. La prensa da muchas vueltas estos días a su situación sentimental, a las relaciones con sus hijos, al problema de su herencia, ... Para mí, fundamentalmente,  la figura de Palomo Linares me trae recuerdos infantiles, pues fue él uno de los grandes matadores que surgieron en la generación posterior a figuras de la categoría de Antonio Ordóñez, Diego Puerta, Paco Camino, "El Viti" o "El Cordobés". Recuerdo haberle visto siendo yo un niño en la Plaza de Zaragoza en su época de novillero, cuando junto a él sonaban nombres de jóvenes en alza como "Paquirri", Miguel Marquez o Angel Teruel. Palomo Linares fue un torero podroso que anduvo por las alturas del escalafón taurino mientras estuvo en activo y pasó a la historia por dos motivos: en la Feria de San Isidro de 1972 cortó un rabo en Las Ventas tras 37 años sin que nadie lo hiciera y mantuvo junto al "Cordobés" una particular batalla con los empresarios que les valió el nombre de "guerrilleros". Descanse en paz.

La segunda cuestión taurina que me llamó la atención durante estos días tiene que ver con Curro Díaz, matador de toros en activo, de raza gitana y paisano de Palomo. Se trata del típico torero con duende, con veinte años de alternativa, que fue cogido al entrar a matar a su segundo toro el pasado día de San Jorge en la Plaza de la Misericordia de Zaragoza. Díaz había realizado una gran faena y con la espada se jugaba cerrarla con corte de orejas. El torero lo dio todo en la estocada, tanto que resultó cogido en una pierna con una herida de 15 cm. En un gesto torero de pundonor y valentía espero, aguantando el dolor, a que el toro doblara y recogió dos merecidas orejas que paseó por el ruedo entre el clamor de un público admirado. Tras la vuelta al ruedo, pasó a la enfermería, donde hubo de ser operado. Toda una demostración de pundonor y torería.

La tercera referencia es menos llamativa. Durante mi infancia mi afición a los toros superaba a cualquier otra. De esta manera, no solamente me fijaba en las grandes figuras de la época, como la anteriormente mencionadas y algunas más: "El Litri", "Mondeño", Gregorio Sánchez, Jaime Ostos, Andrés Vázquez, Antonio Bienvenida, ..., sino también en toreros modestos, de esos que toreaban poco, en plazas de segunda o tercera y, frecuentemente, a toros difíciles, de esos de los que renegaban las figuras. Uno de esos toreros era Enrique Patón, un hombre nacido en Figueras, que desarrolló buena parte de su carrera en Cataluña, donde ahora han cerrado la puerta a los toros. De hecho tomó la alternativa en Barcelona en septiembre de 1967, siendo apadrinado por un torero que triunfó en la capital condal, "Chamaco" y en presencia del malogrado "Paquirri". El pasado día de San Jorge, finalizada la corrida en la que fue herido Curro Díaz, tuve la ocasión de saludar a Enrique Patón, en la actualidad empresario taurino con personalidad y prestigio, que me pareció un hombre cordial, inteligente y de cierta bonhomía.